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miércoles, 28 de octubre de 2026

ALBERTO MOLINA, CAPITÁN Y CABALLERO

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (28/10/2026) estas notas, que tituló “ALBERTO MOLINA, CAPITÁN Y CABALLERO”: “…Habíamos escrito en un despiece: “Molina siempre juega bien”. Y cuando, para su revisión, pasamos la prueba al director, Alfonso García Ramos, respondió con aquella imponente voz ronca que tronaba en la Redacción de ‘La Tarde’:

        -Cambia la frase esa, porque alguna vez jugará mal o se equivocará y entonces no sabrás hacia dónde despejar.

        Pero es que Alberto Molina Navarro, de verdad, tenía un rendimiento muy regular, de muy alto nivel, era una constante de entrega y acierto. Y entonces escribimos aquella apreciación que, en efecto, puede parecer maximalista. Hasta que el sabio director nos hizo ver que si el fútbol no es una ciencia exacta, aquel adverbio y aquella idea debían ser revisados.

        Nos acordamos del hecho -son de esos episodios que, ocurridos en la edad juvenil, jamás se olvidan- en el curso del homenaje que hace algún tiempo le fue tributado a Molina en el Puerto de la Cruz. Sus mentores pueden sentirse satisfechos: difícilmente se logra aunar un sentimiento de respeto y afecto tan notable como el que concentró el que fuera defensa central del Club Deportivo Tenerife. Por eso reproducimos aquella grata impresión que conservamos en el retrospecto.

        Allí estaban sus compañeros, presidentes y dirigentes del club, un entrenador como Manuel Delgado Meco, la plana mayor de los veteranos de la U.D. Las Palmas y del club albiazul, políticos como el entonces presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero; y la alcaldesa portuense, Sandra Rodríguez, quien vivía su primer acto público como tal, y otros colegas suyos que quisieron acompañar a Molina que, naturalmente, estuvo arropado por su familia.

        Fue el homenaje un canto a la memoria futbolística. Los recuerdos se desgranaban solos en tanto que algunas imágenes de momentos históricos del equipo suplementaron los testimonios. Alberto Molina pudo probar en carne propia lo que se le quiere, lo que transmitió a la afición tinerfeña dentro y fuera de la cancha. El central que siempre jugaba bien y lució los galones de capitán con solvencia, tiene a gala, además, no haber sido expulsado jamás de un campo de fútbol. En su brillante hoja de servicios, enriquecida desde que se incorporó a la plantilla procedente de los filiales de la Unión Deportiva, figura aquella célebre eliminatoria de Copa con el Real Madrid, feliz y sorprendentemente resuelta para el Tenerife. Molina se las tuvo que ver con Santillana y con Pirri, convertido, a la desesperada, en delantero centro.

        Quedaba por escribir esa página del homenaje que vivió como un juvenil debutante, profesando su militancia tinerfeñista y su canariedad contrastada en cada convocatoria que ha de comentar. Lo hizo con la modestia de siempre, como cuando iba al cruce o sacaba de puerta o se anticipaba al atacante o despejaba de cabeza. Hasta terminó aceptando el envite del presidente para una próxima partida de pericón. Nunca supimos si llegaron a jugarla.

        ¡Quién nos iba a decir que con el paso del tiempo coincidiríamos como comentaristas en la tertulia deportiva de la Cope Tenerife conducida por Guillermo García Saavedra! Ahí estuvimos cuatro o cinco temporadas compartiendo impresiones y criterios. No jugó Molina, prudente y meticuloso, siempre guardaba un apunte que desprendía de su experiencia y sabiduría futbolística. Discrepaba con caballerosidad y recomendaba con nobleza, haciendo gala ante los micrófonos de otro pundonor tan brillante como aquel que derrochaba en su etapa activa. En aquellas sesiones de radio seguía jugando bien.

        Molina se convirtió en leyenda albiazul, claro que sí. Primero, porque ha sido el jugador que más partidos oficiales ha disputado con el Club Deportivo Tenerife. Y luego, porque atesoró los valores que le hicieron acreedor a la Insignia de Oro y Brillantes de la entidad, otorgada en 1976 por la directiva que presidió otro grande, Julio Santaella Benítez, Colo; y a la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, impuesta ese mismo año por el que fuera presidente de la Federación Tinerfeña de Fútbol, Vicente Álvarez Pedreira.

        Durante trece años ininterrumpidos, efectivamente, pudo admirarse a aquel defensa central recio, valiente, sobrio, seguro, eficaz y expeditivo que jamás se arrugaba, que mereció la confianza de varios entrenadores y propició que accediese a la capitanía de su formación. Que nunca fuera expulsado de una cancha, lo dice todo.

        No actuó en Primera División, acaso su gran carencia. Pero él dijo, en más de una ocasión, que jugar en el Tenerife había sido “como estar en el cielo… no había salido de las islas en mi vida”.

        Aquella noche de octubre de 2014, junto a la frondosidad del Jardín Botánico, el homenaje que fue un canto a la memoria futbolística exaltó también las cualidades humanistas del deporte. Los aplausos reconocían la caballerosidad de Molina, envuelto en un aura de modestia y humildad que le había acompañado durante toda su carrera.

        Aquella noche, no es por casualidad, volvió a jugar bien…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


martes, 20 de octubre de 2026

EL VIAJE SIN BASTÓN DE DOMINGO ABRÉU


La muerte no es un punto final, sino el eco lejano de una campana que dobla en el misterio. Todavía resonaba en los muros de la Villa el eco del repique con el que Nuestra Señora de la Concepción despidió al amigo Tomás “El Cojo”, cuando la brisa atlántica me trajo otra noticia inevitable: la marcha hacia el infinito de Domingo Abréu Rodríguez. Hay vidas que son un viaje de resistencia, y la de Domingo fue, durante décadas, una lección silenciosa de dignidad frente a la fragilidad de la carne. Un ictus temprano intentó frenar sus pasos, condenando su cuerpo a una parálisis parcial, pero jamás logró detener su espíritu. Su figura, recortada contra el viento, se convirtió en parte del paisaje eterno del casco histórico orotavense, desafiando a la gravedad y al tiempo, apoyado siempre en su fiel bastón.

El tiempo, ese gran escultor de recuerdos, nos devuelve la imagen de sus años dorados, cuando la juventud era un campo de fútbol y el futuro una promesa abierta. Domingo corrió los estadios futboleros vistiendo el orgullo del Infantil y Juvenil Iberia, de la UD Orotava y del CF Imperial. En los altares del deporte rey dejó grabada una hazaña humilde pero imperecedera: aquel gol de puntera en el Estadio Rodríguez López frente al Juvenil Real Unión. Un disparo certero, casi fortuito pero bendecido por el destino, que selló el empate a uno y coronó al equipo como campeón juvenil de Tenerife en la temporada 1960-61. Aquella puntera no solo empujó un balón; empujó a toda una generación hacia la gloria de la memoria compartida.

La mente de Domingo fue siempre un territorio fértil. Su juventud transitó por las aulas del bachillerato y el Preu en el Colegio Santo Tomás de La Orotava y en el San Agustín de Los Realejos —adonde viajaba en aquel nostálgico micro amarillo que conducía el amigo Pepe—, completando su formación como perito mercantil en la Academia Mercantil Atlántida. Fue en los días luminosos de la Agrupación Juvenil Teide donde el azar y el amor tejieron su mejor jugada: allí conoció a Mary Gloria, la compañera que caminaría a su lado durante el resto de la existencia. Juntos compartieron la vida y el oficio bancario —él en el Banco Exterior de España, ella en el Bilbao—, construyendo un hogar donde la bondad era un habitante más, una luz tan inmensa que apenas cabía en sus corazones.

Encontrarse con Domingo por las calles de la Villa era detener el reloj para abrazar la nostalgia. En nuestras charlas siempre habitaban los ecos de la UD Orotava y las directrices del técnico “Mantinica”, los días de estudiantes y el aroma de los años idos. Domingo poseía el don de la palabra justa, una inteligencia clara y una calidez humana que desarmaba cualquier distancia social. Era, en esencia, un hombre dialogante, un puente tendido hacia los demás.

Hoy, despojado ya de la materia y del dolor, Domingo ha iniciado su último viaje. Querido amigo, búscate un lugar hermoso en ese paraíso eterno que ahora habitas. Camina libre, corre sin prisa y, sobre todo, hazlo ya sin ese bastón que la crueldad de la enfermedad te impuso en el tramo final de tu sendero terrenal. Recupera la ligereza de tus años jóvenes y busca a los compañeros del Juvenil Iberia que se adelantaron en el camino. Imagino que allí arriba el tiempo se detiene, y que en alguna verde pradera eterna estarás disfrutando y riendo con ellos, tal y como hacías hasta hace poco en la finca de Antonio Hernández Sánchez.

La muerte no gana cuando el recuerdo es tan vivo. Hasta siempre, Domingo. Te mandamos un abrazo inmenso que cruce el firmamento.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

domingo, 18 de octubre de 2026

TOMÁS “EL COJO”, LA LEYENDA DEL BALONCESTO EN LA TERRAZA DEL ATLANTE.


El baloncesto, en su mística más profunda, no se juega con las piernas; se juega con el alma y se gobierna con las manos. El pasado 18 de octubre de 2026, la Villa de La Orotava despidió a una de sus mayores leyendas callejeras, un titán que desafió a la biología y convirtió la adversidad en poesía sobre el pavimento: Tomás Luis Expósito, eternamente conocido en la memoria popular como Tomás “El Cojo”.

Nacido en 1936, justo antes de que la guerra incivil española fracturara el país, Tomás desafió desde niño las secuelas de la poliomielitis. Aquella parálisis infantil le dejó un vestigio profundo, un pie apezuñado que para cualquier otro habría sido una condena al sedentarismo. Para él, fue el punto de apoyo de su palanca para mover el mundo. En la mítica Terraza del Atlante, Tomás no pedía permiso ni compasión; pedía el balón.

Poseía unas manos descomunales y un control magnético del esférico que evocaba a los mismísimos Harlem Globetrotters. En una época donde el reglamento permitía retener el balón sin la prisa del reloj de posesión, Tomás era el amo y señor del tiempo. Su juego se desarrollaba en la pintura, como un pívot indomable que jamás temió a los más altos. Cuando la diferencia de estatura parecía insalvable, Tomás recurría a la picaresca pura del deporte de barro y asfalto: con una trastada legendaria, le pisaba el pie al rival justo antes del salto, clavándolo al suelo mientras él se elevaba hacia el aro. Con las reglas de hoy, con esa precisión quirúrgica que tenía, habría sido un letal francotirador de tres puntos.

Líder absoluto de la camiseta roja de “El Águila del Valle”, su agresividad deportiva y su obsesión por ganar lo convirtieron en un jugador temido y respetado a partes iguales. Fue, además, pilar fundamental del deporte villero al convertirse en uno de los fundadores del histórico CB San Isidro en el verano de 1967 (nacido como el CB. AA. AA. Salesianos).

También practicó el deporte rey, el futbol en el oratorio festivo del salesiano de grato recuerdo don Antonio Montero Marroquí.

 Si el destino y la historia hubieran colocado las piezas en su lugar cronológico, Tomás habría sido, sin duda, la primera superestrella y el mejor jugador de unos Juegos Paralímpicos.

Pero reducir a Tomás a la cancha sería restarle colores a un lienzo infinito. Hijo de Francisco el zapatero y músico, y de Eusebia la vendedora del merendero, Tomás heredó ese espíritu de puertas abiertas de los hogares orotavenses. Su vida juvenil era la de un ciudadano normal, pero sazonada con atrevimientos y travesuras que hoy son pura historia local. Dicen los más viejos de la Villa que, enfundado en su uniforme de la Cruz Roja, Tomás aprovechaba los trayectos al volante de la ambulancia para sembrar un caos inofensivo pero desternillante por las empinadas calles orotavenses. Conduciendo a velocidad de infarto, haciendo sonar la sirena a todo volumen y gesticulando de forma exagerada tras el parabrisas, lograba que los transeúntes se apartaran despavoridos hacia las aceras, rezando por la vida del supuesto enfermo que iba detrás. Una vez pasado el susto y al descubrir su sonrisa pícara al volante, el vecindario no podía más que reír ante otra de sus genialidades. Aquellas "monstruosidades" inocentes nunca buscaron dañar a nadie, sino arrancar una carcajada colectiva y regalar felicidad absoluta en tiempos grises.

Fue un hombre de siete oficios y catorce pasiones: monaguillo retozón con la sotana a ristre en la Parroquia de la Concepción, donde se consagró como el mejor repicador de campanas de la Villa; ebanista en el taller de la calle Colegio; celador en la Casa de Socorro; soplador de bombardino en la Academia Municipal; dibujante bajo la mirada de don José María Perdigón; corneta de la Cruz Roja y bailarín internacional con los Coros y Danzas.

Hizo de todo y lo hizo con el corazón por delante. Al final de su viaje, tras pitar mil batallas como un entrañable «arbitrucho», nos queda la estampa eterna del mito.

Imagino ahora mismo el cielo con un estruendo de campanas perfectamente acompasadas, un repique glorioso que anuncia que el ebanista, el músico y el atleta ha llegado a las torres celestiales. Y entre las nubes, me parece verle sonreír, con esa mirada pícara de quien sabe que ha ganado el partido de la vida, mientras hace girar mágicamente el viejo balón de cuero sobre la punta de su dedo pulgar. ¡Hasta siempre, Tomás!.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

CALOS ACOSTA GARCÍA (1929/2026). IN MEMORIAM

Muchos son los motivos por los que tengo que recordar al amigo y mentor Carlos Acosta García, él fue el que me comentó, hace años,  la relación de amistad  entre el garachiquense Salvador Quintero Delgado (1903/1949) y el poeta granadino Federico García Lorca(1898/1936)  que le dedicaría, en 1930, a Quintero  el poema “Baladilla de los tres ríos” con el comienza Lorca el poemario “Cante Jondo” amistad a la que dediqué varios artículos y conferencias  gracias a la información de CARLOS ACOSTA.

Mi amistad  con  Carlos  se remonta a 1978, cuando el Alcalde de El Tanque, Federico Hernández, le pide que escriba un opúsculo que resalte las peculiaridades e historia del pueblo. Libro que publicó, en 1984, y tituló “EL TANQUE. Crónica  apresurada de un Municipio casi desconocido” en el que, entre otros acontecimientos y efemérides, hace mención a la restauración  de una modesta casa campesina conocida como  El Rastradero que  había recuperado como elemento  singular de vivienda rural. Muchas han sido las tertulias en La Plaza de La Libertad (elocuente nombre para una plaza), conocida, popularmente, como Plaza de Arriba, con amigos comunes y opiniones, no siempre coincidentes, donde la cordialidad y el disenso  han sido protagonistas sobre todo en lo referente al uso tradicional de la grafía YCOD que Carlos, espoleado, por nuestro común amigo, Lorenzo Dorta, se niega, respetuosamente, aceptar, defendiendo a capa y espada lCOD.

Son muchos los intercambios de libros, poéticamente dedicados, que agradezco a Carlos  a los que he correspondido con los de Antonio Machado, su poeta favorito. El sabe de mi devoción y admiración por  García Lorca que nos lleva, con vehemencia y educada  pasión, a  contrastar los diferentes estilos de estos popes de la poética contemporánea español

El prolífico y conspicuo escritor Carlos Acosta, nacido en Garachico, comenzó desde muy joven a colaborar, literariamente, en la prensa del desaparecido diario “La Tarde” y El Día, siendo galardonado con el premio de periodismo Leoncio Rodríguez y el de poesía Antonio Reyes  además de los  premios de poesía en: San Andrés y Sauces (1978), Granada (1979) y certamen Pedro Bargeño en su XIII edición. Los artículos y crónicas periodísticas con  los que se prodigó  Carlos, durante años,  son productos de acrisolada invención imaginativa , sintética y original, donde se aprecian  una superposición de  situaciones distintas  de realidad ,reproducidas en una novedosa  invención  semántica,  de  escrupulosa ortodoxia gramatical y a, medio camino entre una realidad moralizante  y aguda ironía.  Carlos Acosta ha publicado una treintena de libros de  plural contenido (etnográfico, histórico, poético, arte sacro,). Miembro de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife (RSEAPT) y del Instituto de Estudios Canarios (IEC), siendo condecorado, en 1971, por el Ministerio de Educación y Ciencia  con La Cruz de Plata  de la Orden de Alfonso X el Sabio.

En 2004 Me comentó Carlos que si tenía interés, me enviaría una serie de frases cortas  para que las leyera y publicara en formato libro. Comentario que  hice con Manuel Feria, catedrático de farmacia, reconocido aforísta  lagunero y, con el arquitecto Hugo Luengo  habitual columnista  del Diario de Avisos y el DIA

Frases cortas  de CARLOS ACOSTA GARCIA que sería su último libro publicado, en 2024, con el título

“B R E V E R I A S”



  Libro que contienen una selección  de  las frases cortas que  Carlos escribió entre los años  1980/82 y que ven la luz  ahora  A-costa de su perseverancia, bonhomía  y prolongada docencia,  ejercida en El Tanque, El Guincho, Villamartín  Cádiz, Garachico y ,17 años, en Ycod, donde se jubiló.

En la laguna, 18 de octubre 2026

Álvaro Fajardo Hernández (alfa)

 

CARLOS:

¡¡ CONFIESO, Y PUEDO AFIRMAR, QUE HAS VIVIDO

EN, POR Y PARA

GARACHICO!!

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

viernes, 9 de octubre de 2026

PEDRITO, HONOR Y GLORIA DEL FÙTBOL TINERFEÑO

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS remitió entonces (10/10/2026) estas notas que tituló “PEDRITO, HONOR Y GLORIA DEL FÙTBOL TINERFEÑO”: “…Tuvimos el placer de acompañar a los padres de Pedro Rodríguez Ledesma, Pedrito, futbolista, cuando la Asociación Española de Prensa Deportiva (APDT) le concedió, por votación directa de sus componentes, el reconocimiento de Mejor Deportista Masculino. Alguna vinculación familiar, siquiera lejana, quedaba con el Puerto de la Cruz, de donde procedía un pariente, Andrés Ledesma, que alcanzó cierta notoriedad en el arbitraje tinerfeño.

Aquellos padres, rezumaban nerviosismo y orgullo, da igual el orden, con un hijo cuya profesionalidad futbolística despertaba admiración. Por sus cualidades, por su entrega, por su humildad. Jugaba en el FC Barcelona, procedía del Raqui San Isidro. Era ambidiestro, jugaba en las puntas izquierda y derecha. Tenía una excelente visión de juego, lo que le permitía estar siempre bien ubicado en el campo para recibir balones aéreos. Destacaba por ser un jugador altruista y técnico, con una buena resistencia. Thierry Henry, compañero de Pedro durante su estancia en el Barcelona, acaso hizo el mejor comentario sobre su estilo. En una entrevista, comentó: «La forma en que juega, la forma en que se comporta, no habla, no crea un problema, es un jugador ideal en el equipo». Hasta quienes no eran aficionados al Barcelona, reconocían sus virtudes. El paisanaje, su personalidad, hizo todo lo demás.

Completó su ciclo en el equipo blaugrana después de haber anotado el quinto gol de su equipo en una final de la Supercopa de Europa ante el Sevilla. Probó en el Chelsea londinense con éxito. Cuando expiró su contrato, al cabo de cinco años, emprendió la aventura del fútbol italiano para convertirse en un trotamundos. Le esperaban la Roma y la Lazio. Allí también brilló. Jugó más de doscientos partidos y vibró, desde los dos bandos, con la tremenda y singular rivalidad romana. José Manuel Pitti, que seguía sus pasos, no perdía ocasión de manifestar su admiración por aquel delantero nacido en Abades, cerca de su Granadilla del alma.

Redondeó 65 internacionalidades y 17 goles con el entorchado absoluto. Y lo mejor acaso sea es que superó a Messi -también diciendo adiós esta semana a la selección argentina- en una de sus plusmarcas: Pedrito, don Pedro, marcó en todas las competiciones que disputó. Casi nada. Como su título de campeón del Mundo obtenido en Sudáfrica (2016).

Y todavía queda: Luce la Medalla de Oro de Canarias, es Hijo Ilustre de Tenerife y está en posesión de la Real Orden del Mérito Deportivo…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL      


 

martes, 6 de octubre de 2026

HUGO


El silencio se ha adueñado de las calles de la Villa de La Orotava. Nos cuesta aceptar la partida prematura de Hugo Esteban Rodríguez Cabrera, un joven magnífico cuya luz se ha apagado para siempre, dejando un vacío inmenso en el corazón de todos los que tuvimos la dicha de conocerlo.

Hugo no solo era un alma noble y generosa, sino también el hermano de Hipólito Rodríguez, aquel querido compañero de pupitre con quien compartí tantas vivencias y risas en las aulas del Colegio de San Isidro y en el San Fernando. Los lazos de la infancia y la juventud nos unen de una manera inquebrantable, y hoy el dolor de su pérdida nos toca en lo más profundo.

En mis archivos atesoro con nostalgia una foto tuya tomada en tu Barrio orotavense de la Cruz del Teide. Un abrazo y hasta siempre.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABREU

PROFESOR MERCANTIL

 

viernes, 2 de octubre de 2026

PACHÓN


La noticia de tu partida llegó como un golpe frío en el viento de la tarde, traída por los labios de mi hijo Juan Félix, quien pasa unos días de descanso aquí, en el corazón de su Villa de la Orotava. Me habló del dolor de su íntima amiga Isa, Isabel García, esa creadora que hoy llora la ausencia del gran artífice de sus días. Nos conmovió saber que la parca te encontró, Plácido García Pacheco, de la forma más trágica e inesperada: un accidente mortal en el noble laberinto de la construcción, el lugar donde habías entregado tu sudor y tus sueños.

Los ojos de mi hijo reflejaban una tristeza despojada de artificios, una pena absoluta. Ver apagarse una vida a los 74 años hiere el alma, más aún cuando el destino trunca un camino en plena labor, cuando te encontrabas al pie del cañón, cuidando de tus empresas con la misma energía de tu juventud. Cuesta asimilar el misterio de la tragedia cuando golpea a un hombre de bien, a una mente intelectual y despierta, a alguien tan profundamente querido y respetado por cuantos tuvieron la fortuna de cruzar su senda.

Para todos siempre fuiste Pachón, un villero de pura cepa, nacido en las entrañas de la Florida. Fuiste un gigante de nuestra noble lucha canaria, un bregador espectacular que defendió con orgullo y gallardía las ropas de brega del Club de Lucha La Florida y del Tijarafe de Santa Úrsula. La historia de nuestro pueblo guarda con letras de oro aquel año de 1970, cuando el Club de Baloncesto San Isidro te proclamó el Mejor Deportista de la Villa de La Orotava, dejando en el segundo peldaño de la gloria a aquel recordado guardameta del Unión Deportiva Orotava, Manolo “El Loco”.

Dedicaste tu existencia entera al arte de construir el mundo. Empezaste desde el escalón más humilde, como operario, con las manos manchadas de cal y de esfuerzo, para luego transformarte, con los años, en el gran empresario, promotor y urbanista que fuiste. Tenías un talento innato y una personalidad magnética. Eran legión quienes te buscaban, quienes te pedían consejo o favor, porque sabían que tu pecho albergaba un corazón capaz de romper las barreras de la bondad material; una generosidad casi inaudita en este planeta, y un milagro viviente en el rudo universo de los negocios y las inmobiliarias.

Tu despedida fue el reflejo exacto de la huella que dejaste en la tierra. La capilla ardiente en San Francisco, el antiguo Hospital de la Santísima Trinidad, y el posterior funeral en el templo parroquial y matriz de Nuestra Señora de la Concepción, se desbordaron de un río incontable de almas. Rostros de todas las profesiones, amigos de toda la vida y vecinos devotos se unieron en un solo duelo. El cortejo caminó unido hacia el camposanto villero, ese recinto del silencio que trazara el genio del romanticismo, Fernando Estévez. Bajo un manto de paraguas, el cielo de La Orotava se sumó al desconsuelo: la lluvia fina que caía desde la alta gloria parecía fundirse con el llanto de la tierra, despidiendo al hombre de corazón inconmensurable, al emprendedor magnífico, al amigo de lealtad asombrosa.

Tu fiel compañera, esa dama orotavense que es Adelaida Pacheco Cabrera; tus amados hijos Jesús Iván, Isabel y Juan Manuel; y tus nietos Mario, Claudia, Guillermo, María, Julia y Alberto, formaron una suerte de convento celestial, una escolta de amor puro para guiarte hasta tu última morada. Las coronas de flores, incontables y majestuosas, se alzaban hacia el firmamento, siendo bendecidas y regadas por la misma lluvia que custodiaba la comitiva.

Plácido, amigo querido, que este descanso eterno sea el lienzo donde sigas practicando tus pasiones. Que en la arena celestial continúes con tu noble deporte, que tus manos de luz sigan edificando en ese palacio eterno, y que gobiernes tu nueva morada con la fe y la misericordia que te caracterizaron en la tierra.

Un abrazo eterno, Pachón. Hasta siempre.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

MERECIDO HOMENAJE AL MAESTRO


Bajo la luz dorada de esta mañana de viernes, 2 de octubre de 2026, el tiempo se ha detenido ritualmente en los salones de la Sociedad Liceo Taoro. En el corazón latente de la noble y leal Villa de La Orotava, el Grupo la Pintadera ha convocado a la memoria a través de un acto de sutil y profunda trascendencia: la presentación de un matasello conmemorativo. Este pequeño cuño, lejos de ser un mero trámite postal, se erige hoy como una impronta de eternidad, un puente de tinta que rescata del olvido el centenario del nacimiento de un titán de nuestra identidad estética: don Ezequiel León Domínguez.

Ezequiel León Domínguez no solo esculpió la materia; dialogó con lo sagrado. Como escultor, imaginero y alfombrista cumbre del siglo XX, su arte fue un acto de devoción pura y una búsqueda incesante de la Belleza Absoluta. En la madera y el volumen, consagró su existencia a descifrar el misterio del dolor y la compasión universal, tallando con una unción casi mística el rostro doliente de Cristo y la mirada compasiva de su Santísima Madre, la Virgen María. Pero su sensibilidad canaria, enraizada en la tierra y el espíritu de las islas, también supo modelar la humildad y el desapego en la figura del Santo Hermano Pedro de Betancur; capturó la esencia de aquel pastor de Vilaflor que, con su rebaño a cuestas, descendía los ásperos caminos de Chasna para fundirse con el silencio de la cueva del Médano.

Sin embargo, si la madera le otorgó la permanencia, las flores le concedieron la gloria de lo efímero. Sobre el asfalto de La Orotava, donde el arte se vuelve ofrenda que expira con el viento, don Ezequiel obró el milagro. Allí plasmó su célebre versión del Cristo de Velázquez, una obra monumental en pétalos que desafió las leyes de la gravedad y el tiempo. Aquella alfombra, aclamada por los grandes rotativos de la época y catalogada unánimemente como la mejor de las mejores, demostró que lo verdaderamente sublime nace para ser contemplado una vez y recordado para siempre.

Este matasello presentado hoy por el Grupo la Pintadera no es solo un tributo; es un acto de justicia poética. Al estamparse sobre el papel, cada marca recordará al mundo que en esta Villa nació un hombre que supo coser de la gloria a la tierra con el hilo de su talento, transformando la fe en arte y el arte en el patrimonio eterno de un pueblo.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

EL ECO DE NUESTRAS RAÍCES: EL RETORNO AL ABRAZO FRATERNO DE LA FAMILIA ÁLVAREZ DÍAZ

La historia de nuestro linaje no se escribe solo con fechas, sino con los latidos compartidos que desafían al tiempo. Todo comenzó en aquel lejano 2005. Con el alma encogida y los ojos empañados tras despedir a nuestro querido tío político Antonio Ordóñez León, el entrañable “Tío Ton”, mi primo hermano Pepe Álvarez encendió una chispa de luz en medio de la penumbra de la ausencia. Me propuso algo hermoso en su sencillez: convocar a la gran saga de la familia Álvarez - Díaz. El deseo nació puro: reconocernos en la mirada del otro, fundirnos en abrazos postergados y descubrir los nuevos brotes que, con frescura, iban ensanchando las ramas de nuestro árbol común.

Le respondí con el corazón abierto de par en par. Le dije que para que un árbol crezca fuerte hacia el cielo, primero debe nutrirse de sus cimientos, de sus raíces más profundas. Sabía que debíamos reunir primero a quienes sostenían la primera línea familiar en ese instante. Si plantábamos con mimo aquella semilla, la vida misma se encargaría de regalarnos frutos benditos. Y el tiempo, ese sabio silencioso, nos dio la razón. Hoy, aquella promesa de sobremesa es un altar de fraternidad donde se sientan cinco generaciones unidas, cobijadas por la belleza inigualable de nuestro amado Valle de La Orotava.

En aquel año fundacional, Pepe y yo nos entregamos a la tarea con la ilusión de unos niños. Al poco tiempo, nuestro querido primo José Luis se sumó a este viaje con idéntico entusiasmo. En este caminar, y exceptuando tres encuentros entrañables que el destino dejó en manos y corazón de María del Carmen García, su hija Escarlata y María del Carmen Ordóñez, fuimos tejiendo una red inquebrantable. Año tras año, estas citas anuales dejaron de ser simples almuerzos para convertirse en auténticos templos de amor, humanidad, memoria y compasión, donde los primos hermanos acudíamos con la devoción de quien asiste a un ritual sagrado.

Nuestros pasos han dejado una estela de afecto en la Villa de La Orotava y sus rincones hermanos. Desde aquel tierno inicio hasta que el mundo se detuvo y la pandemia nos privó del abrigo de los cuerpos, nuestros recuerdos se grabaron a fuego en los muros que nos vieron reír. El Liceo Taoro nos amparó en tres ocasiones; el Sabor Canario y El Algarrobo nos abrieron sus puertas dos veces cada uno. Guardamos también en el cofre del alma las vivencias compartidas en Dios los Cría, Lercaro, Los Gemelos en el Puerto de la Cruz, y la entrañable Casa Pedro el Cruzantero en la Cuesta de la Villa, Santa Úrsula. Cada rincón es hoy un mapa de nuestra felicidad.

En este sendero de amor, la vida también nos ha exigido el tributo de la ausencia. Algunos de nuestros pilares más firmes nos dijeron adiós para convertirse en faros que hoy nos cuidan desde la eternidad. Los recordamos con una melancolía dulce y una gratitud perenne. Pensamos en Tía Carmen, Rosalba Barbuzano, Anita Barbuzano, Lola Álvarez; en los guardianes de la generación de 1941: Paquito, Pepito, Dominguito y Pila. De la generación de 1947, honramos a nuestra querida Vicentita Álvarez “Centa”. Y de la de 1948, a mi inolvidable compañero de ruta y organización, José Luis Álvarez. Junto a ellos, abrazamos en el recuerdo a sus amados compañeros de vida, quienes tanto sumaron y enriquecieron nuestra mesa: Jesús Tarjujo, Cándido León, Gilberto Naranjo y Pili Abréu. Su esencia no se ha ido; habita en cada risa que estalla y en cada copa que brindamos al cielo.

Hoy, la providencia nos regala la guía de María Nieves Álvarez Espejo, quien se erige con nobleza como la gran matriarca de nuestra gran familia. Ella, con la sabiduría serena que solo otorgan los años y la experiencia, ha sido el alma cansada en el cuerpo pero inquebrantable en el espíritu que insistió, con amorosa terquedad, en que el hilo de nuestra unión no podía romperse, en que debíamos volver a encontrarnos.

Debo abrirles mi corazón y confesarles que, tras la dolorosa partida de mis queridos primos Pepe y José Luis, mis fuerzas flaquearon. El ánimo se me volvió esquivo y no encontraba el camino ni el sentido para volver a ponerme al frente de nuestra comida anual. El vacío pesaba demasiado. Pero la familia tiene una magia mística: sana y resucita las ganas. Hoy quiero agradecer desde lo más hondo de mi ser a la prima Elena, a su esposo y a su hija, a Álvaro y a mi sobrina María José Naranjo “Koki”. Con un corazón que no les cabe en el pecho y un despliegue de ternura a través de las redes y los chats, obraron el milagro. Consiguieron convocar a cincuenta adultos y diez niños. Fue una apoteosis de amor, un renacer colectivo que nos devolvió la vida en un reencuentro impresionante.

La jornada fue un río desbordante de felicidad pura. El aire se llenó de anécdotas, de memorias rescatadas del olvido y de un orgullo profundo por la sangre que nos corre por las venas. Sin embargo, el instante más místico y sagrado del día ocurrió cuando nuestra querida María Nieves recorrió las mesas. Verla caminar despacio entre nosotros, con los ojos brillantes por la emoción contenida, envuelta en un aplauso cerrado, unánime y cargado de un respeto casi sagrado por parte de todos sus primos, fue un milagro que nos quebró la voz y nos inundó las mejillas de lágrimas de pura gratitud.

Con el alma ensanchada y desbordando dicha, al final de la velada decidimos, por una absoluta y hermosa unanimidad, seguir sembrando el futuro. Nuestra próxima estación de amor en 2027 nos llevará a la Isla Bonita de La Palma, directos a la finca de nuestro querido pariente Tito Méndez. Nos aguarda una tierra con memoria, la misma geografía noble donde él y su hijo tuvieron el inmenso honor de encarnar al enano número uno en las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves.

Les entrego a cada uno de ustedes un abrazo infinito, tejido con hilos de gratitud y besos que viajan desde el fondo del alma. Que los meses venideros nos mantengan custodiados en el mismo afecto de siempre. Nos vemos muy pronto para seguir honrando la vida, la memoria y el milagro de ser familia en La Palma. Con todo mi amor.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL



martes, 15 de septiembre de 2026

UN LANCE INOLVIDABLE, MAURO


El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS remitió entonces (15/09/2026) estas notas que tituló “UN LANCE INOLVIDABLE, MAURO”: “…No nos olvidamos de Mauro Pérez, futbolista pprofesional del Club Deportivo Tenerife, fallecido el pasado sábado a los 80 años. Jugaba preferentemente de centrocampista, aunque también aparecía de extremo derecha en el Arenas, Toscal, el juvenil del reresentativo, Nivaria y Canarias, dos equipos venezolanos en los que militó durante su estancia en el país sudamericano. Probó, sin fortuna,en el Real Madrid y jugó en el Recreativo de Huelva, Hércules y Celta de Vigo antes de lucir los colores albiazules repescado por el presidente José González Carrillo cuando el Tenerife militaba en Tercera División. Acumuló casi ciento cincuenta partidos y fue autor de treinta y cinco goles. Fue, junto a Juanito, Jorge, Cabrera, Molina y Manolo Ramos, un jugador determinante en el ascenso de categoría de 1971.

A Mauro le decían <el Patanga>. Era bravo, temperamental, a veces genial. Pundonoroso. Un poco anárquico en su desempeño. Le conocimos en aquellos años, cuando frecuentábamos hasta los entrenamientos en el maltrecho “Rodríguez López” y empezamos a transmitir en Radio Popular de Tenerife, junto a los involvidables César Fernández Trujillo y Álvaro Castañeda.

Precisamente, en una de esas transmisiones (Tenerife-Barakaldo, temporada 1973-74), se produjo el lance por el que Mauro será recordado toda la vida. José Miguel Galarza lo ha evocado con detalle en su semblanza del jugador. Aún recordamos la carcajada de César y la reacción destemplada de los espectadores cuando Esteban falló el célebre penalty.

Este es el relato de Galarza: “Recuerdo que atacábamos hacia la puerta de Herradura y que Cabrera me envió un pase en profundidad, algo bombeado, a la espalda de la defensa”, contó Mauro en el libro Centenario de una pasión, conmemorativo del primer siglo del CD Tenerife. “Yo entré en velocidad para ganarle medio metro al central, por lo que dejé picar el balón para controlarlo con el pecho […], luego intenté acomodármela con la mano para rematar, pero él me cargaba hombro con hombro […], así que seguí corriendo unos metros con el balón agarrado, como si fuera un jugador de rugby”.

Sigue: “Entonces, miré de reojo a la banda y vi que el juez de línea estaba descolocado; y el árbitro venía veinte metros atrás”, explicaba Mauro, a quien en ese momento le salió su vena de futbolista callejero.

Agrega Mauro: “Le puso el balón en las manos a Madariaga —“toma, cógelo”, le dijo— y, tras frenar en seco y separarse de su defensor, se giró hacia Fernández Quirós con los brazos en alto. “Árbitro, penalti”, reclamó. El colegiado, que llegaba exhausto a la carrera, observó una imagen que no admitía dudas y señaló el penalti.

“El central me dijo de todo, me quería matar”, recordaba el jugador, que no le confesó su pecado a Esteban, el lanzador de la pena máxima, que mandó el balón “a las nubes”.

Aún sentimos la carcajada de César. Y conservamos en la memoria la habilidad de aquel futbolista que luego entrenaría al legendario Juventud Concepción y a los sureños Unión Isora, San Lorenzo y Chío. En cierta ocasión, cuando nos reencontramos, en un I’Gara-Puerto Cruz en Cabo Blanco, nos dijo:

-Antes de que me lo preguntes, ¿te acuerdas cuando le puse el balón en las manos a aquel vasco y el árbitro concedió penalti?

Sí, fue un lance inolvidable. Hasta siempre Mauro…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL      


 

martes, 8 de septiembre de 2026

LORENZO EL DE LA MARZAGA

 

Lorenzo Rodríguez Alonso, a quien todos conocíamos y recordamos entrañablemente como Lorenzo «El de la Marzaga», nos ha dejado. Nació, creció y formó su hogar en ese rincón emblemático de la Villa de La Orotava, tierra de agricultores y plataneros que marcó su identidad y su vida entera.

La triste noticia de su partida nos estremece hoy, 8 de septiembre de 2026, una fecha señalada por la devoción y la festividad de nuestras Vírgenes, como si el cielo reclamara su presencia en un día de luz para su querida Villa.

En la memoria colectiva y en el calor de mis archivos fotográficos, custodio una estampa inolvidable de los años sesenta. En ella se dibuja la viva imagen de Lorenzo en su juventud, cuidando con esmero y orgullo el porte de dos hermosas yeguas blancas en una finca de la carretera del histórico barrio de La Luz. Un reflejo exacto de su elegancia y de su amor por las cosas bien hechas.

Se nos va un amigo ejemplar. Aquel joven brillante que obtenía calificaciones de sobresaliente en las aulas del Colegio de San Isidro, pero que pronto decidió encauzar su camino hacia el trabajo, iniciándose con madurez temprana en la hostelería del Puerto de la Cruz.

Fue en las tertulias de la plaza de Franchi Alfaro donde tuve la fortuna de conocerlo. Allí, rodeado de amigos orotavenses, Lorenzo compartía horas de conversación donde se arreglaba el mundo, y donde siempre salía a relucir su gran pasión: el automovilismo, del que fue un aficionado acérrimo y entusiasta. Los veranos en la playa de El Bollullo completaban su estampa vital; ese era su refugio estival, el escenario de su felicidad junto a su familia y sus seres queridos.

Lorenzo fue, por encima de todo, una persona magnífica, grata y de una amabilidad desbordante. Poseía el don de la palabra y un corazón generoso, siempre dispuesto a tender la mano y a acudir al auxilio de cualquier amigo que requiriera su presencia. Su generosidad no conocía condiciones.

Buen viaje, amigo Lorenzo. Que descanses en la paz que tanto mereces, en ese lugar eterno colmado de fe y misericordia.

Un abrazo hasta siempre.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


martes, 25 de agosto de 2026

SANTA MÓNICA

Esta talla anónima de Santa Mónica, custodiada en la iglesia del convento agustino de Nuestra Señora de Gracia de La Villa de La Orotava, rinde culto a una de las figuras esenciales del cristianismo del siglo IV, célebre por ser madre del gran filósofo y doctor de la Iglesia, San Agustín.

Su figura se erige como un emblema universal de la perseverancia en la fe y la oración inquebrantable. Tras décadas de lágrimas y constante devoción —orando durante casi tres decenios por el rumbo errante de su hijo—, logró no solo la conversión de Agustín, sino también la de su esposo Patricio. Por esa pacífica entereza frente a las tormentas familiares y la rebeldía juvenil, la tradición venera hoy en ella a la patrona y consuelo de las madres, las esposas y las viudas.

 

BRUNO JUAN  ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

domingo, 23 de agosto de 2026

EN MEMORIA DE FRANCISCO JAVIER GARCÍA AMADOR, «QUICO»

Francisco Javier García Amador vio la luz en la Villa de Los Realejos y en ella misma apuró sus últimos alientos este 23 de agosto de 2026.

Corría el albor de los años setenta. Yo militaba aún como jugador en el Club AA. AA. Salesianos de La Orotava (hoy CB San Isidro), pero la exigencia de mis estudios de Profesorado Mercantil en la histórica Escuela de Comercio de Santa Cruz me obligó a colgar la camiseta. Incapaz de alejarme del parqué, obtuve los títulos de entrenador provincial y regional para volcarme en la formación de las bases.

Dirigía yo al Juvenil Águila del Valle cuando emergió un hito en el baloncesto del norte tinerfeño: la fundación del CB San Agustín de Los Realejos, al amparo del célebre colegio de la localidad. Recuerdo con nitidez la inauguración de su cancha, erigida en los bancales que reposan bajo la plaza del Santuario de Nuestra Señora del Carmen. Allí estaba yo con mis muchachos, mientras mi compañero y amigo orotavense Vicente Vivas tomaba las riendas de aquel nuevo proyecto. En ese plantel principiante comenzaba a despuntar un trío prometedor: Paco González Hernández, Juan Carlos Domínguez y un joven llamado Quico.

Fue en ese ambiente donde conocí a Francisco Javier. Tiempo después, la plantilla orotavense del AA. AA. Salesiano Mayaba fichó a las tres promesas realejeras. Quico quizás no poseía la depurada plástica de Paco o Juan Carlos, pero lo compensaba con un coraje implacable: un escolta incisivo, con excelente tiro exterior y una capacidad magistral para fajarse dentro de la pintura.

Aquel bloque vivió tiempos convulsos. En la temporada 1974-1975, bajo la directiva de Carlos Rodríguez, el club decidió retirar la categoría sénior. Los jugadores, en libertad de acción, recalaron temporalmente en el CB Puerto de la Cruz. La travesía duró poco: para el curso 1976-1977, la baja federativa del conjunto portuense devolvió la plaza a la entidad orotavense, rebautizada ya como CB San Isidro. Quico, Paco y Juan Carlos regresaron a la que era su casa para liderar una época dorada de éxitos hasta sus respectivas retiradas.

Más allá del parqué, la biografía de Quico guarda una impronta imborrable. Tras cursar el Bachillerato y el COU en el Colegio San Agustín, se graduó en la Escuela de Magisterio de La Laguna para ejercer con vocación la docencia. Su compromiso cívico lo llevó también a las actas concejiles en el Ayuntamiento de Los Realejos, donde asumió la cartera de Cultura y firmó un legado memorable junto a la centenaria Sociedad Filarmónica. En el plano deportivo, su talento no pasó desapercibido para la élite: el legendario Pepe Cabrera lo reclutó —junto a Juan Violán— para el CB Canarias. Tras un año en La Laguna, volvió al San Isidro para integrar aquel mítico quinteto que encadenó una temporada invicta, promediando más de cien puntos por partido y disputando las fases de ascenso en la Península.

Fue precisamente su primer mentor, Vicente Vivas, quien me comunicó la penosa noticia de su partida, mientras que el buen amigo Agustín Arias, desde Basketmanía Tenerife, desempolvaba las fotografías que hoy ilustran su recuerdo.

Querido Quico: la vida nos cruzó bajo la sombra de un tablero. Fuiste una persona extraordinaria, tan grande en lo humano como en el juego, comunicador nato y compañero leal. Tus amigos de la canasta te seguimos recordando con el mismo afecto de siempre. Que te acoja ahora un lugar de serena paz y felicidad.

Hasta siempre, amigo Quico.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

PICO



Pedro Rodríguez Marrero, a quien todos conocíamos entrañablemente como «Pico El Palmito», ha fallecido en su querida Villa de La Orotava a los 75 años, a muy pocos meses de cumplir los 76 en este mes de noviembre.

Fue mi amigo desde la infancia en nuestro barrio de El Llano. De niños jugábamos a recrear películas del oeste, batallas bélicas y pasajes históricos; correteábamos tras un balón por las calles, en el campito de la curva de don Casiano en El Torreón y en el campo de deporte del Colegio San Isidro. El baloncesto lo conquistamos en la pista central de la plaza de Franchi Alfaro, el verdadero epicentro de nuestra juventud, nuestros juegos y nuestra alegría. 

En aquellos años mozos, Pico formó una piña inseparable junto a Paco «El Cañón» y Toño «El Mecánico». Los tres eran infaltables en las pachangas de la plaza y en las gradas del Estadio Los Cuartos apoyando al fútbol local; su dinamismo, su humor contagioso y su capacidad para animar cualquier ambiente dejaban una huella evidente.

En el ámbito deportivo, Pico defendió la camiseta del Juvenil Orotava dentro de la cadena del CB AA. AA. Salesianos (actual CB San Isidro). También jugó al fútbol en el Infantil Plus Ultra de don Chile, una pasión que mantuvo viva en su madurez enrolado en el equipo de aficionados Sporting Orotava. Aquellas jornadas de sábado no terminaban en el pitido final: el «tercer tiempo» se prolongaba invariablemente entre risas, vino y millo por las bodegas, merenderos y guachinches del norte de Tenerife.

Querido amigo Pico: la vida tiene estas pausas definitivas. Nos conocimos siendo apenas unos niños, compartiendo travesuras e ilusiones alrededor de Franchi Alfaro. Cometimos nuestras pilladas, claro que sí, pero siempre desde la inocencia, sin hacer daño a nadie, unidos por un afecto genuino que supimos conservar intacto con el paso de las décadas cada vez que el destino nos cruzaba por las calles de La Villa.

Fuiste una persona excepcional, inmensa en generosidad y con un don de gentes único. Hoy te despides dejando un vacío enorme, pero nos queda el consuelo de saber que ya descansas en la paz, la misericordia y la tranquilidad que tan bien te has ganado.

Hasta siempre, amigo Pico.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL