sábado, 21 de septiembre de 2019

LA PRIMITIVA ENTRADA A LA VILLA DE LA OROTAVA




VESTIGIOS DEL UMBRAL: LA PRIMITIVA ENTRADA A LA VILLA

A principios del siglo XX, la mirada de los emblemáticos estudios «Baeza» del Puerto de la Cruz detuvo el tiempo en el enclave que abraza La Piedad, la Cruz de los Álamos y Los Peralitos. Allí, donde la topografía se rinde ante la majestuosidad del valle, la fotografía inmortaliza el latido primigenio de La Orotava: el umbral histórico que abría las puertas de la Villa hacia Los Realejos y el mar del Puerto de la Cruz.

Fue en este sobrio escenario donde hallaba su remanso el añejo Camino Real, aquella arteria serpentante que, tras atravesar las frondas de Pino Alto, hilvanaba los destinos de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife con el corazón orotavense. Sobre el paisaje, como venas suspendidas en el tiempo, destacan las acueductos y acanaladuras de madera que concurrían desde las alturas de Aguamansa; cauces líricos que no solo transportaban el agua vital de las cumbres, sino también la energía impetuosa destinada a hacer girar las rotundas piedras de los centenarios molinos de gofio, alma y sustento de esta nobilísima Villa.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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