La Virgen de la Gloria, concebida entre
1799 y 1806 bajo la técnica de lienzos encolados, se alza como la plasmación
más sublime de la Madre de Dios esculpida por las manos del genial imaginero
grancanario José Luján Pérez. Acaeció su llegada a La Orotava atraído por el
renombre del Santísimo Cristo a la Columna, obra insigne del sevillano Pedro
Roldán. Cuentan que, tras pasar tres días enteros absorto en la contemplación
de la imagen del Redentor, el maestro grancanario no pudo sino rendirse al
prodigio con un clamor apasionado: «¡Perfecto, perfecto!».
De
ese mismo virtuosismo brotó la célebre Dolorosa que, cada noche de Jueves
Santo, camina junto al Cristo doliente por el entramado de las calles
orotavenses. En su discurrir penitencial, la Santísima Virgen no camina sola;
la arropa la Cofradía de Damas de Gloria —fundada por el presbítero, párroco y
canónigo honorario don Domingo Hernández González—, cuyos pasos la acompañan
para velar y consolar su infinito dolor de Madre.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL
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