El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR
GARCÍA LLANOS remitió entonces (23/04/2026) estas notas que tituló “ADIÓS
A IMELDO”: “…Esposa e hijos, familiares y
amigos, nos congregamos al mediodía del ventoso sábado pasado, en la zona
recreativa de Pinolere, para entonar el último adiós a Imeldo Bello. El hubiera
sido feliz con la celebración, a su estilo, a su aire, a su espontaneidad… Era
como si el viento hubiera querido acompañarle en aquel postrero tributo a su
pensamiento, a su forma de de ser. Natural, todo natural, como hubiera gustado
decir.
Su esposa, la encantadora Elo
(ísa), sus hijas, sus nietos. Allí estaban, junto a los hermanos Isidoro y Juan
José Sánchez García, Raúl González… emocionados pero sin lágrimas, porque
Imeldo nos quería a todos alegres, distendidos, abiertos, llanos, desenvueltos,
desenfadados… Como lo sentimos en medio de aquellas diapositivas cómicas que hicieron
reír a los asitentes o de aquellos símbolos naturalistas que hicieron de El
Hierro, su segunda casa, el hogar que todos apreciaron.
Rescatamos para la ocasión -y
leímos- un texto de hace diez años, en ocasión del tributo a su hermano Marcos
en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC). Dijimos entonces y
ahora:
“Imeldo Bello es como es. El
artista ácrata, librepensador, inconformista, ingobernable, rebelde hasta el
tuétano, hasta que llegó la hora de mostrar en público todo lo que es capaz de
producir, en silencio, entre fríos de temporada y acompañado por música clásica
que resulta idónea para retocar, afinar, pulir y concluir.
Isidoro Sánchez García -a quien
el Colegio de Ingenieros de Montes de España distinguió entonces, hace diez años- con
su Medalla de Honor- define a Imeldo como artista otoñal pero su peculiar
anarquía no entiende de estaciones y mucho menos de patriarcados. Por eso
expone en el Instituto de estudios Hispánicos de Canarias (IEHC) Tendencias (1970-2016), tributo
a Marcos, a quien incluye en el subtítulo de la colección con una exclamación
significativa: ''iiiAy, mi hermano!!!''. Marcos, el colorado, el pelirrojo, el
maestro que súbitamente dejó su vida en Las Cañadas, mientras excursionaba, le
recomendó en cierta ocasión que se concentrara en el sin igual paisaje de las
azoteas de la isla, que allí hay motivos de sobra para plasmar. ''Préstame un
favor -escribe Imeldo en su memoria- para poder decir: qué bueno es vivir aquí
y en el aire''.
Y entonces hace uno de esos
'happening' -¿se decía así, no?- que tanto gustaban en los setenta, generación
a la que le adscribe Raúl González Suárez quien hace en el catálogo una exacta
definición del artista en pocas palabras: ''Es un gran observador de nuestras
bellezas naturales''. En la estancia principal del IEHC, entre borbotones de
calor, colgaban guirnaldas con pequeñas reproducciones de su obra; el afecto y
la amistad que ha sabido granjearse se vio correspondido con suficiencia (para
gozo de los dirigentes del Instituto, acostumbrados a magras asistencias),
entendidos y no tanto, pero, sobre todo, amigos a los que el arte de Imeldo
Bello siempre les dice cosas nuevas aunque lo hayan visto mil veces, de modo
que el acto cobró, desde el principio, ese aire de informalidad y espontaneidad
que tanto insufla al artista cuando tiene que hablar de sus creaciones entre
amigos. Una delicia sensorial, en atinada expresión de Eduardo Zalba
González (o sea, que la similitud
de elementos, una década después, era evidente. Como faltaba el viento, el
artista (un suponer) lo reivindicó. Y allí soplaba).
Entre esas creaciones,
sobresale una auténtica sinfonía polícroma de tajinastes. Las retamas teideanas
estallan y la materia se torna moldeable y cede para la impresión del artista.
Es la paleta multicolor que interpreta González Suárez: “Sus obras están
marcadas por un estilo figurativo y paisajístico con elementos oníricos y
simbólicos, donde la fuerza y la metáfora visual de la lava volcánica, de la
retama del Teide se refuerza con la escala cromática que sale de su pincel, en
la que usa la gama del arco iris, basada en colores primarios, ardientes, con
el predominio del color sobre el dibujo, poniendo a salvo la belleza desnuda
del paisaje para conseguir un principio básico en la obra de este artista: una
paleta multicolor respetuosa con el entorno”.
El artista portuense, que
también colgó su obra en una de las salas del Museo de Arte Contemporáneo
Eduardo Westerdhal (MACEW) hasta el 27 de octubre de aquel año, en fase de luna
creciente, señaló que “poseemos algunos amigos de siempre y, por ello, no
necesitamos detonantes para atraernos”. Sus cuadros, su obra, estas Tendencias de todo un ciclo
vital reflejan una volubilidad artística fuera de lo común.
Y cuando eclosiona, impacta”…”
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL
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