Gracias
a la generosidad de Francisco Morales Rodríguez («Frasco Míreles»), esta
fotografía de 2014 nos devuelve la esencia de la Romería de San Isidro de 1972.
Es una estampa llena de nostalgia y costumbrismo: el recordado folclorista
Agustín «El Gigante» sonríe desde los caballitos de un decorado fotográfico
callejero. A su lado, la juventud de Francisco Morales, guitarra en mano, y
Carlos Tomás González, custodiando las cañas ritmáticas, completa una estampa
inolvidable.
La
plaza de la Constitución y la calle de San Agustín sirven de escenario para
este ensayo improvisado. Los músicos ponen a punto sus notas antes de subir
hacia San Francisco y fundirse con el clamor de la parranda romera.
Más
que una foto, es un tributo a Agustín «El Gigante», alma errante de las calles
empedradas de la Villa. Su figura agigantada era habitual en los bodegones
locales, especialmente en su querida taberna La Mereja. En esos mostradores, el
vino tinto se pagaba con el arte de su timple. Al compás de sentidas folías,
malagueñas y vibrantes isas, Agustín sembraba en cada esquina un trozo de su
inmensa alegría y amor por la vida.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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