El verano de 1952 quedó congelado para siempre en la arena de Martiánez, esa playa mítica del Puerto de la Cruz que, durante
los estíos de antaño, se convertía en el feudo natural de las familias
villeras. La nostalgia cruzó el Atlántico el 2 de agosto de 2021, cuando el
querido José Polegre Árbelo, «Pepe» —amigo de la infancia y eterno compañero de
pupitre en la Academia Mercantil Atlántida de La Orotava, hoy residente en
Venezuela—, rescató del olvido esta entrañable fotografía familiar.
Por aquellos tiempos,
la playa de Martiánez era el centro neurálgico y el refugio estival de los
orotavenses. Grupos enteros de familias emprendían una auténtica peregrinación
hacia la costa, desafiando a pie la impresionante fuga del acantilado o el
serpenteante camino de Las Cabras, mientras otros abarrotaban las guaguas de la
época llenos de ilusión marinera.
La orilla se
transformaba en un pintoresco campamento. Muchas familias locales lucían
orgullosas sus casetas, verdaderas obras de arte confeccionadas por los ebanistas
de la Villa y techadas con lona de colchón, las cuales custodiaban con celo en
los anexos de los célebres merenderos de Agustín y Felipe. Otras daban cobijo
con humildes estructuras de caña vestidas con sábanas blancas. Bajo esa sombra
transcurrían los días, entre risas y baños diarios en unas aguas que entonces
eran de una transparencia cristalina.
En el retrato, un mapa
de rostros conocidos y profundamente vinculados a La Orotava desafía el paso
del tiempo. De izquierda a derecha, se distinguen las siluetas de Adela
González —esposa del molinero Gregorio Domínguez—, la esposa del taxista Juan
Gómez, y Florentina Árbelo, madre del propio Pepe. Justo delante de ellas posan
la madre de Adela, Isabel González y la señora Teresa. La hilera familiar continúa
con Isabel, su tía Encarnación y Virgilia, la esposa de Dionisio.
A ras de arena,
agachados y cobijados por la brisa, el lienzo humano se completa con los más
jóvenes: «Pepito Polegre», como le llamaban cariñosamente; un niño que la
memoria identifica como Juan José Gómez Dávila; su primo Eloy —hijo de
Encarnación y Ramón, quienes ya vislumbraban su destino en Venezuela—; María
Mercedes Domínguez, hermana de Goyo; Florita; Carmen Teresa González; Maribel
Orta, hija de Isabel; y su hermana, Ñaña Polegre Árbelo.
Aquella estampa
marinera de 1952 capturó el último destello de una época, justo el mismo año en
que la tía Encarnación hizo las maletas para poner rumbo a Venezuela, dejando
esta fotografía como el testimonio eterno de una felicidad compartida junto al
mar.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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