Juan Antonio García Sálamo, entrañablemente conocido como
«Viti», nació en la Villa de La Orotava el 23 de septiembre de 1954 y falleció
en su misma tierra natal el 7 de mayo de 2026.
Lo conocí desde que era un niño, cuando acudía a mi casa
para recibir clases particulares de recuperación. Más adelante, tuve el honor
de dirigirlo en las canchas de baloncesto como jugador de los equipos infantil
CB Águila del Valle y CB Juvenil Orotava. Ambos conjuntos formaban parte de la
cadena del recordado CB Antiguos Alumnos Salesianos, actual CB San Isidro.
Su etapa académica comenzó en los colegios de La
Milagrosa (Hijas de la Caridad) y San Isidro. Posteriormente, se incorporó al
Instituto de La Torrita. Viti formó parte de aquella primera e histórica
promoción de alumnos que inauguraron el centro como sección delegada. Su
vínculo con la institución fue tan fuerte que se integró en su plantilla
administrativa como conserje, desempeñando una labor impecable en el posterior
Instituto Villalba Hervás hasta el día de su jubilación. Compatibilizó además
estas funciones con la gestión de la cantina del centro, convirtiéndose en una
figura imprescindible y querida por generaciones de estudiantes.
En el aspecto deportivo, no fue fácil al principio
adaptarlo a la posición de pívot. Sin embargo, su estatura y físico lo
convertían en el candidato idóneo para esa demarcación. Gracias a su
inquebrantable fuerza de voluntad, progresó con éxito hasta la categoría júnior
e incluso llegó a disputar varios encuentros con el equipo sénior.
Como entrañable anécdota de aquellos años, recuerdo el
día en que se nombró a la dama orotavense Milagrosa García Torrens como madrina
del Infantil Águila del Valle. Al realizar el saque de honor, lanzó el balón
con tanta fuerza y altura que el pobre Viti hizo lo imposible, entre apuros y
estiramientos, por intentar alcanzarlo.
En el plano personal, formó un hogar junto a la también
orotavense Juani Díaz Rodríguez, fruto de cuyo matrimonio nacieron sus dos
adoradas hijas, Nayra y Alba García Díaz. Viti era un hombre profundamente
popular en La Orotava, donde compartía el cariño del pueblo junto a su familia;
cabe recordar que su hermana, Pili García Sálamo, fue durante muchos años el
rostro visible y productora de la emblemática firma comercial local «Tejidos
Antonico».
Viti fue, ante todo, una bellísima persona. Un amigo leal
de sus amigos, noble y siempre dispuesto a tender la mano de forma
desinteresada a cualquiera que le pidiera un favor.
Se nos ha ido demasiado pronto, cuando aún le quedaba
mucha vida por delante para disfrutar de los suyos y ver crecer el legado de
sus maravillosas hijas. Deseo de corazón que ya descanse en ese paraíso eterno,
arropado por la fe y la misericordia. Y allá arriba, Viti, no olvides colocar
bien los pies y las manos, justo como siempre te insistía en los
entrenamientos. Sigue saltando y disfrutando del baloncesto, tu gran pasión, en
esas canchas celestiales que ya nunca se olvidan.
Un abrazo eterno y hasta siempre, amigo.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL




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