AQUEL GLORIOSO BARRO
DE 1953: EL ORATORIO FESTIVO EN LOS CUARTOS.
Hay fotos que no se miran con los ojos, se miran con el
corazón y con esa sonrisa gamberra que solo te brota cuando te acuerdas de las
peripecias del colegio. Esta joya del archivo de la memoria nos la envió Tomás Luis Expósito, a
quien todos los conocemos entrañablemente como “El Cojo”. Es el retrato vivo de un
combinado futbolero de leyenda, una selección de auténticos "cracks"
forjada en el patio sagrado del Oratorio
Festivo del Colegio de San Isidro, en nuestra Villa de La
Orotava.
La instantánea nos hace viajar en el tiempo hasta el año 1953. Imagínense el
subidón de adrenalina colectiva: estábamos pisando el césped del flamante y
recién inaugurado Estadio
Municipal Los Cuartos. Dejábamos atrás las batallas de polvo,
barro y rodillas raspadas del viejo estadio del Quiquirá, donde hasta entonces nos
batíamos el cobre en los campeonatos de los clubes adheridos. Estrenar Los
Cuartos era, para nosotros, como jugar la final de la Copa de Europa en el
mismísimo Bernabéu.
Aquel año 53 no fue un año cualquiera en las aulas ni en
el patio. Coincidió con la llegada de un personaje que dejó una huella
imborrable en el alma de los jóvenes villeros: el recordado e inolvidable
salesiano Don Antonio
Montero Marroquí. Como prefecto del colegio, Don Antonio se
echó a la espalda el Oratorio Festivo. ¡Y qué bendita labor hizo! Con su sotana
al viento y una energía incombustible, se convirtió en el mayor defensor de la
causa oratoriana, ganándose el respeto y el cariño de toda la juventud
orotavense a base de balones, disciplina y un corazón de oro.
En la foto, posando alineados con la clásica planta de
los equipos de antes —esos que jugaban por el bocadillo de mortadela y el
orgullo del barrio—, de izquierda a derecha y de arriba abajo, se inmortalizan
los rostros de la alineación eterna:
·
Anselmo
(siempre fiel como paisano)
·
Manuel, Antonio y José Antonio
·
Juan y
el gran Manolo Árbelo
·
Pedro
·
El propio Tomás “El Cojo” (haciendo patria como
paisano en la banda)
·
Isaac, Quico, Manolo y Chicho
·
Fernando, Sixto y Bernardo (cerrando el grupo de
paisanos)
Mírenlos bien. Ahí están los chicos del San Isidro, con
las medias caídas, el pelo engominado por el sudor del partido y esa mirada de
complicidad absoluta. Un equipo de hermanos que, bajo la mirada atenta de Don
Antonio, corrieron la banda de la juventud dejando el alma en cada jugada y
grabando sus nombres en el libro de oro de los recuerdos de La Orotava.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



