viernes, 2 de octubre de 2026

MERECIDO HOMENAJE AL MAESTRO


Bajo la luz dorada de esta mañana de viernes, 2 de octubre de 2026, el tiempo se ha detenido ritualmente en los salones de la Sociedad Liceo Taoro. En el corazón latente de la noble y leal Villa de La Orotava, el Grupo la Pintadera ha convocado a la memoria a través de un acto de sutil y profunda trascendencia: la presentación de un matasello conmemorativo. Este pequeño cuño, lejos de ser un mero trámite postal, se erige hoy como una impronta de eternidad, un puente de tinta que rescata del olvido el centenario del nacimiento de un titán de nuestra identidad estética: don Ezequiel León Domínguez.

Ezequiel León Domínguez no solo esculpió la materia; dialogó con lo sagrado. Como escultor, imaginero y alfombrista cumbre del siglo XX, su arte fue un acto de devoción pura y una búsqueda incesante de la Belleza Absoluta. En la madera y el volumen, consagró su existencia a descifrar el misterio del dolor y la compasión universal, tallando con una unción casi mística el rostro doliente de Cristo y la mirada compasiva de su Santísima Madre, la Virgen María. Pero su sensibilidad canaria, enraizada en la tierra y el espíritu de las islas, también supo modelar la humildad y el desapego en la figura del Santo Hermano Pedro de Betancur; capturó la esencia de aquel pastor de Vilaflor que, con su rebaño a cuestas, descendía los ásperos caminos de Chasna para fundirse con el silencio de la cueva del Médano.

Sin embargo, si la madera le otorgó la permanencia, las flores le concedieron la gloria de lo efímero. Sobre el asfalto de La Orotava, donde el arte se vuelve ofrenda que expira con el viento, don Ezequiel obró el milagro. Allí plasmó su célebre versión del Cristo de Velázquez, una obra monumental en pétalos que desafió las leyes de la gravedad y el tiempo. Aquella alfombra, aclamada por los grandes rotativos de la época y catalogada unánimemente como la mejor de las mejores, demostró que lo verdaderamente sublime nace para ser contemplado una vez y recordado para siempre.

Este matasello presentado hoy por el Grupo la Pintadera no es solo un tributo; es un acto de justicia poética. Al estamparse sobre el papel, cada marca recordará al mundo que en esta Villa nació un hombre que supo coser de la gloria a la tierra con el hilo de su talento, transformando la fe en arte y el arte en el patrimonio eterno de un pueblo.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

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