sábado, 2 de octubre de 2021

ESTILO LUIS XVI


EL TRONO DEL TIEMPO: EL ESPEJO DE LA MEMORIA Y UN BARNIZ IMPERIAL

Los objetos cargados de historia poseen una vibración silenciosa, un alma de madera que custodia los secretos de quienes alguna vez los habitaron. Hay muebles que no fueron hechos para el simple descanso, sino para sostener el peso de la dignidad, del poder y del espíritu de una época. Tal es el caso de este majestuoso sillón de estilo Luis XVI, una pieza que parece susurrar crónicas de la antigua clase señorial y eclesiástica que tejieron la identidad de la Villa de La Orotava, y que hoy duerme su sueño patrimonial bajo el amparo de la Casa Consistorial.

Pero la nobleza de la madera, como la de los hombres, se marchita si no hay unas manos que la cuiden. En el arte de conservar reside una profunda filosofía: la de rebelarse contra el olvido. La madera exigía un maestro que devolviera el reflejo de su antigua gloria, y el destino unió este baluarte del pasado con Vicente Santos Villar. Embarnizador de profesión y pulcro guardián de los espacios públicos como conserje del Parque Cultural Municipal Doña Chana – Villa Remedio, Vicente asumió el delicado reto. El barniz corrió por su cuenta; no como una simple tarea técnica, sino como un acto de devoción hacia el patrimonio de su pueblo. Cada pasada de su mano fue una caricia al tiempo, devolviendo la luz a las vetas que una vez presenciaron la historia orotavense.

La fotografía que detiene el instante nos traslada al año 2011, en la quietud de los jardines de Doña Chana. Fue compartida una década después, el 24 de septiembre de 2021, por el propio Vicente, a quien la memoria afectiva de las esquinas del pueblo conoce bien como «El Amigo de la Calle El Calvario». En la imagen, Vicente posa con humilde orgullo junto al sillón Luis XVI.

Esta estampa nos regala una hermosa paradoja filosófica: el encuentro simbiótico entre la opulencia de la corte francesa reflejada en la Villa y la sencillez del artesano local. El sillón ya no pertenece solo a los antiguos linajes ni a las dignidades eclesiásticas; ahora lleva impreso, de forma invisible pero eterna, el sudor y el mimo de un hombre del pueblo. El barniz de Vicente hizo algo más que proteger la madera contra la carcoma de los años: selló un pacto de respeto entre el pasado señorial y el presente trabajador de La Orotava.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

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