EL TRONO DEL TIEMPO: EL ESPEJO DE LA MEMORIA Y UN
BARNIZ IMPERIAL
Los objetos cargados de historia poseen una vibración
silenciosa, un alma de madera que custodia los secretos de quienes alguna vez
los habitaron.
Hay muebles que no fueron hechos para el simple descanso, sino para sostener el
peso de la dignidad, del poder y del espíritu de una época. Tal es el caso de
este majestuoso sillón de estilo Luis
XVI, una pieza que parece susurrar crónicas de la antigua clase señorial
y eclesiástica que tejieron la identidad de la Villa de La Orotava, y que hoy duerme su sueño patrimonial bajo el
amparo de la Casa Consistorial.
Pero
la nobleza de la madera, como la de los hombres, se marchita si no hay unas
manos que la cuiden. En el arte de conservar reside una profunda filosofía: la
de rebelarse contra el olvido. La madera exigía un maestro que devolviera el
reflejo de su antigua gloria, y el destino unió este baluarte del pasado con Vicente Santos Villar. Embarnizador de
profesión y pulcro guardián de los espacios públicos como conserje del Parque Cultural Municipal Doña Chana – Villa
Remedio, Vicente asumió el delicado reto. El barniz corrió por su
cuenta; no como una simple tarea técnica, sino como un acto de devoción hacia
el patrimonio de su pueblo. Cada pasada de su mano fue una caricia al tiempo,
devolviendo la luz a las vetas que una vez presenciaron la historia orotavense.
La
fotografía que detiene el instante nos traslada al año 2011, en la quietud de los jardines de Doña Chana. Fue
compartida una década después, el 24 de
septiembre de 2021, por el propio Vicente, a quien la memoria afectiva
de las esquinas del pueblo conoce bien como «El Amigo de la Calle El
Calvario». En la imagen, Vicente posa con humilde orgullo junto al sillón
Luis XVI.
Esta
estampa nos regala una hermosa paradoja filosófica: el encuentro simbiótico
entre la opulencia de la corte francesa reflejada en la Villa y la sencillez
del artesano local. El sillón ya no pertenece solo a los antiguos linajes ni a
las dignidades eclesiásticas; ahora lleva impreso, de forma invisible pero
eterna, el sudor y el mimo de un hombre del pueblo. El barniz de Vicente hizo
algo más que proteger la madera contra la carcoma de los años: selló un pacto
de respeto entre el pasado señorial y el presente trabajador de La Orotava.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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