lunes, 25 de octubre de 2021

FRESCURA DEL RÁBANO


LA FRESCURA DEL RÁBANO: UN VIAJE EN EL TIEMPO AL FÚTBOL DE ANTAÑO

Hay imágenes que no solo guardan un instante, sino que custodian el alma de todo un pueblo. El 25 de octubre de 2021, la Fundación Canaria CD Tenerife sacó a la luz una auténtica joya oculta de nuestro pasado: una fotografía inédita, compartida en sus redes sociales, que nos traslada directamente a los orígenes del balompié en la Villa de La Orotava. La estampa nos devuelve a los tiempos de «La Frescura del Rábano», el singular y cariñoso apodo con el que los orotavenses bautizaron a su primer gran templo del fútbol, el desaparecido campo del «Norte».

Para el ojo nostálgico, la fotografía es un tesoro de valor incalculable. Es la primera vez que podemos contemplar el viejo campo del «Norte», aquel rectángulo de juego alzado en los terrenos de don Rafael Machado, justo a las espaldas del exconvento dominico de San Benito, entre la calle El Agua y Tomás Zerolo. Aquel mítico feudo sirvió de escenario para las primeras batallas futbolísticas de la comarca hasta que, en 1929, el balón rodó hacia su nuevo hogar: el estadio municipal «El Quiquirá», en el paseo de las Araucarias.

Como buen documento histórico, la imagen esconde sus propios secretos y anacronismos visuales. Si uno afina la mirada hacia el horizonte de la Villa, descubrirá un detalle arquitectónico fascinante para los amantes de la historia local: las siluetas del Colegio San Isidro lucen distintas, pues sus emblemáticas torres interiores aún no habían sido construidas. Un testimonio visual único donde el deporte, la arquitectura y la memoria se dan la mano sobre la tierra de juego.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


domingo, 24 de octubre de 2021

DOÑA FINA

Doña Josefina Salazar y Méndez de Lugo, a quien el afecto popular bautizó para siempre como Doña Fina, completó el círculo perfecto de su existencia en la Villa de La Orotava. En esta misma tierra que la vio nacer y florecer, entregó su último aliento al misterio del tiempo el 23 de octubre de 2021. Su partida no fue una ausencia, sino la disolución de una gota de luz en el océano de la eternidad.

Nacida en el seno de una estirpe arraigada en el alma de La Villa, su linaje no se medía por los títulos de la alta sociedad, sino por la nobleza del espíritu. Hija de don Fernando Salazar y Betancourt y de doña Magdalena Méndez de Lugo —cuyas almas se unieron en sagrado vínculo un lejano 23 de agosto de 1911—, Doña Fina compartió el pan de la infancia y los sueños con sus hermanos: Juan Antonio, María Lourdes, María de los Dolores, María del Rosario, Magdalena, Pilar y María Rosa.

En sus venas latía la herencia de la genialidad y el servicio. Su padre, don Fernando, custodiaba el parentesco más cercano con el ilustre don Agustín de Betancourt y Molina, aquella mente universal e inmortal de las ciencias y la arquitectura; un legado de honor refrendado cuando el rey Alfonso XIII lo nombró Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica en 1919. Sin embargo, el mayor galardón de Doña Fina no fue de metal ni de pergamino, sino el manto invisible de su profunda vocación cristiana, su caridad inquebrantable y su don de ser, sencillamente, amiga de todos.

EL TRÁNSITO LUMINOSO DE DOÑA FINA

Doña Josefina Salazar y Méndez de Lugo, a quien el afecto popular bautizó para siempre como Doña Fina, completó el círculo perfecto de su existencia en la Villa de La Orotava. En esta misma tierra que la vio nacer y florecer, entregó su último aliento al misterio del tiempo el 23 de octubre de 2021. Su partida no fue una ausencia, sino la disolución de una gota de luz en el océano de la eternidad.

Nacida en el seno de una estirpe arraigada en el alma de La Villa, su linaje no se medía por los títulos de la alta sociedad, sino por la nobleza del espíritu. Hija de don Fernando Salazar y Betancourt y de doña Magdalena Méndez de Lugo —cuyas almas se unieron en sagrado vínculo un lejano 23 de agosto de 1911—, Doña Fina compartió el pan de la infancia y los sueños con sus hermanos: Juan Antonio, María Lourdes, María de los Dolores, María del Rosario, Magdalena, Pilar y María Rosa.

En sus venas latía la herencia de la genialidad y el servicio. Su padre, don Fernando, custodiaba el parentesco más cercano con el ilustre don Agustín de Betancourt y Molina, aquella mente universal e inmortal de las ciencias y la arquitectura; un legado de honor refrendado cuando el rey Alfonso XIII lo nombró Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica en 1919. Sin embargo, el mayor galardón de Doña Fina no fue de metal ni de pergamino, sino el manto invisible de su profunda vocación cristiana, su caridad inquebrantable y su don de ser, sencillamente, amiga de todos.

EL ALTAR DEL AMOR Y LOS DIEZ BROTES DE LA VIDA

Bajo los techos sagrados y la imponente cúpula del Templo Parroquial y Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, Doña Fina unió su destino al del licenciado en derecho don Juan Zárate y Cólogan. Aquel matrimonio no fue un simple contrato terrenal, sino un pacto sagrado ante el Altísimo.

Como un árbol frondoso que desafía al viento, de su amor brotaron diez ramas vivas, diez promesas al futuro: Lourdes, Fina, Juan, Agustín, Pablo, Pico, Cande, Mila, Elvira y María, quienes a su vez multiplicaron el milagro de la vida en una hermosa constelación de nietos. En el hogar, Doña Fina ejerció el sacerdocio de la maternidad; fue la brújula callada, la ternura que cobija y la palabra que edifica.

DIMENSIÓN FILOSÓFICA Y ESPIRITUAL: EL REENCUENTRO EN EL ELÍSEO

Desde una mirada profunda, la vida de Doña Fina nos recuerda el concepto clásico de la virtud: la búsqueda de la belleza a través de la bondad. Su existencia fue una lección de humildad comunicativa, un puente tendido hacia el necesitado, demostrando que la verdadera grandeza humana se halla en el desapego y el servicio coral a los demás.

Hoy, liberada de las ataduras de la materia y del dolor, imaginamos su alma en el paraíso eterno, ese espacio celeste colmado de la paz que sobrepasa todo entendimiento, de esperanza realizada y de misericordia infinita.

Allí, en la luz que nunca se apaga, las almas afines vuelven a magnetizarse. Doña Fina ha cruzado el umbral para reencontrarse con su inolvidable esposo, don Juan, reanudando ese diálogo eterno que quedó en pausa en la tierra. Siga usted, doña Fina, esparciendo sus dotes de fraternidad y solidaridad en las praderas del Absoluto, tal como nos enseñó a vivir aquí abajo.

Un abrazo del alma que desafía a la muerte. Hasta siempre.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


sábado, 23 de octubre de 2021

UNA ESCALERA DENTRO DE LA PISTA DE BALONCESTO


 

TOMAS LUIS EXPÓSITO que conocemos por “EL COJO”, remitió entonces esta fotografía referente a un encuentro de baloncesto en el patio central del colegio de san Isidro de la Villa de La Orotava.

Llama la atención la escalera de enlace con el patio en el lateral del corredor de la primera planta, pegada a la canasta.

Por ella salió rodando el  primer alumno interno del centro; Baixa Peropadre, que no le pasó nada de gravedad gracias a los milagros que entonces predicaban los padres salesianos. Posteriormente sorribaron los sótanos del colegio citado, e hicieron los enlace por la parte de las torres.

En esa pista no reglamentaria para el baloncesto, se jugó la noche del día 24 de mayo del año 1956, La final del trofeos de María Auxiliadora entre los conjuntos de la Villa; CB. Calvario – CB. Águila del Valle.

En la panorámica observamos el balón sobre la canasta, debajo; Cándido, Leis y Tomás “El Cojo”. Por la derecha Isidoro Sánchez y Manolo Martín. Y de espalda Perico “El Chatarra”.

Lo que más llama la atención es el gentío de espectadores en las barandas de los corredores y en la mencionada escalera del patio. Y los chorros para beber agua debajo de la canasta.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

MARY CARMEN



MARÍA DEL CARMEN JAÉN RAMÍREZ que conocíamos por Mary Carmen, nació en la ciudad de Elche provincia de Alicante y falleció en Santa Cruz de Tenerife el día 23 de octubre del 2021.

Peluquera de profesión, llegó a la Villa de La Orotava a ejercer en la peluquería, aquí se integró en los Coros y Danzas de la Sección Femenina como cantante y bailadora.

Formó parte del grupo que se desplazó a Nueva York a la feria mundial en la primavera del año 1964, residiendo en la capital neoyorquina durante tres meses.

De regreso a la Villa de La Orotava, contrajo matrimonio con el industrial orotavense Juan González “Leal”. Fijando su domicilio primero en la Piedad después en Las Cuevas, y finalmente como viuda  en Santa Cruz de Tenerife.

En la capital tinerfeña ejerció de monitora de ocio y tiempo libre en Aldeas Infantiles SOS.

En el año 2014, Los Coros y Danzas de la sección femenina de la Villa de La Orotava celebraron las bodas de oro de su estancia en la feria Mundial  de Nueva York.

Al grupo se le homenajeo en el salón de pleno del Ayuntamiento, y unos días antes se reunieron en el chalet de Mary Carmen en Las Cuevas para recordar cantando y bailando aquellos días vividos en la ciudad de los rascacielos.

Mary Carmen tenía una voz de oro, a pesar de ser alicantina de Elche, cantaba folias, malagueñas, e isas canarias, con una voz que le salía desde el corazón como una canaria de más.

Mary Carmen fue en su vida una excelente esposa, madre y abuela, además de ser una extraordinaria mujer, humana, solidaria y comunicativa.

Mary Carmen espero que descanse merecidamente, en el paraíso eterno colmado de paz, esperanza y misericordia, sigue con tu voz radiante que nos llegó a todos nosotros humildemente.

Un Abrazo, hasta siempre.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

viernes, 22 de octubre de 2021

PISTA DE TIERRA EN FRANCHI ALFARO

TOMAS LUIS EXPÓSITO que conocemos por “EL COJO”, remitió entonces esta fotografía referente a un encuentro de baloncesto en la pista central de la plaza de Franchi Alfaro de la Villa de La Orotava, cuando era de tierra natural.

Corresponde al año 1955, cuando se jugó en ella, el campeonato de segunda categoría regional de baloncesto de la zona norte, entre ocho conjuntos, cinco de ellos de la Villa de La Orotava; Independiente, Calvario, Acción Católica, Huracán y Liceo de Taoro. Los tres restantes; San Fernando de Icod de Los Vinos y Academia Mercantil y Santa María del Puerto de la Cruz.

La pena que la fotografía es de muy mala calidad, vemos al fondo el colegio de San Isidro. Alrededor de la pista, se ven perfectamente la hilera de sillas eléctricas, y público de pie en dos filas.

Lo que queda demostrado  referente el ambiente baloncestístico orotavense de entonces, que animaban a todos los conjuntos, siendo el campeón de campeones el Independiente del recordado Pepe Dorta.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

DOS ANÉCDOTAS REFERENTES AL ‘BAR PARADA



                   

El amigo de La Villa de La Orotava; EVARISTO FUENTES MELIÁN, “ESPECTADOR”, remitió entonces (22/10/2021) estas notas que tituló; “DOS ANÉCDOTAS REFERENTES AL ‘BAR PARADA”: “…Estimado Bruno Juan:  

    Sobre la exhaustiva y sobresaliente historia que publicas del Bar Parada, calle Calvario, La Orotava, quiero contar un par de anécdotas.  

1.- Corría el año 1953, yo era alumno de la segunda promoción del Colegio Salesiano. Salía los domingos con mis compañeros de curso, Tomás Echandi Casañas y Evelio González Guardia, ambos ya fallecidos.      Pues bien: fuimos al bar Parada, que tenía en la planta alta una azotea con unos compartimentos de madera y celosías de varillas pintadas de verde, donde también servían.  

    Nosotros, jovenzuelos ‘desinquietos’, subimos a la referida planta alta y pedimos unos vasos de menta, porque habíamos oído que la menta era un afrodisiaco...que te ponía en forma…. La verdad es que la menta no tuvo esos efectos, al menos en nosotros. Una pena. Nos esperaban unas chicas, pero esa parte no la contaré, me abstengo. Todo en plan de jolgorio y chanza, una broma como otra cualquiera.  

2.- Corría la semana de las Fiestas Patronales de junio de La Orotava del año  1957; el lunes de la víspera, paseábamos en la plaza de La Alameda, con su Kiosco estilo mudéjar, con nuestro querido amigo Antonio MartÍn Bethencourt, alias ‘El Perrete’. Antonio tenía un pico de oro.  (Años más tarde, en 1984, sufrió un accidente mortal, cuando contemplaba una exhibición aérea de avionetas en el aeropuerto de Los Rodeos. Fue una inmerecida terrible desgracia).  

   Pues bien: ese lunes de junio de 1957, con la anuencia y visto bueno del señor alcalde, se comenzó a demoler el Bar Parada, y en cuestión de un par de días, se terminó el derribo parcial de dicho bar para modificarlo  posteriormente.    

Son las dos anécdotas que quería contar. Muchas Gracias…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL



jueves, 21 de octubre de 2021

CF SAN FERNANDO


Bajo el manto nostálgico del ayer, la memoria se viste de sepia para evocar un instante congelado en el tiempo. Era el año 1950 cuando el recién inaugurado campo de deportes del Colegio de San Isidro, con su caprichosa y trapezoidal geometría, se convirtió en el escenario de un sueño compartido. Allí, entre el eco de risas infantiles y el aroma a tierra batida, un grupo de muchachos del Colegio de San Fernando —entonces cobijado por la fe y la alegría del Oratorio Festivo de la Villa de La Orotava— posó para la eternidad.

La imagen, rescatada del olvido gracias al latido nostálgico de Tomás Luis Expósito, a quien el cariño del pueblo llamaba "El Cojo", es un poema visual a la pureza de la infancia. Al fondo, como testigos mudos y románticos de una época dorada, se recortan las traseras de las casas de los herederos de Gutiérrez Delgado, Balbino Pérez y Domingo González, enmarcando la estampa en el alma misma de la calle de San Francisco.

Es una fotografía que habla desde el silencio del alma. En ella, la pobreza no es carencia, sino una humilde y digna melodía que se respira en la piel desnuda, en las alpargatas gastadas y en los pies descalzos que acarician el suelo orotavense. En el centro de este cuadro de tierna humanidad, se alza imponente y protectora la figura de Don Fernando Álvarez Árbelo, director y maestro, un faro de guía espiritual y educativa para aquellos chicos. Y abajo, entre la complicidad de la mirada y el suelo, el propio Tomás Luis sonríe desde el segundo puesto de la derecha, resguardando para siempre el tesoro de su juventud. Un retrato donde el fútbol era solo la excusa para unir corazones, y donde la humildad resplandecía con la riqueza de la auténtica felicidad.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL