UN CAMPEONATO CON COLES EN EL CORAZÓN: LA GLORIOSA MAÑANA DE LOS CUARTOS EN
1972
Hay páginas de la
historia deportiva que se escriben con el sudor del campo, pero se sellan para
siempre en el alma de un pueblo. Esta crónica viva y su evocadora fotografía
nos llegan de la mano de Jaime Orta,
entrañable amigo, para trasladarnos a una época eufórica: abril de 1972, el momento exacto en
que la U.D. Orotava se coronó,
por segunda vez en su trayectoria, reina de la primera preferente tinerfeña
(una categoría entonces experimental, según recuerda con precisión el
aparejador jubilado y amigo de siempre, Ángel
García González).
Eran los tiempos
dorados de la presidencia del Doctor
Machado Melián, un hombre cuya gestión cambió por completo la fisionomía
del estadio de Los Cuartos. Como
bien afirma el ilustre orotavense Don Juan del Castillo y León, el Doctor
Machado merece, sin duda, un monumento de bronce en el propio feudo villero.
Aquella inolvidable
mañana del 10 de abril, Los Cuartos
era una olla a presión. Mientras la capital tinerfeña esperaba el choque
vespertino entre el C.D. Tenerife y el Rayo Vallecano —donde militaba Alfonso,
artífice del primer título orotavense—, la Villa se jugaba su propio destino
frente a la U.D. Tacoronte.
El partido comenzó
cuesta arriba. En el minuto 17, Memo adelantó a los visitantes tras una jugada
de Pancho. El Tacoronte plantó cara con un once combativo: Berto (Juanito),
Luzbel (I), Hucho, Lacito, Manolo, Manzano, Luzbel (II), Marino, Pancho, Sito y
Memo. Pero el Orotava, dirigido magistralmente por el joven técnico local Antonio Hernández Sánchez, alineó una
escuadra dispuesta a morder el césped: Manolo, Juanito, Galindo, Santos,
Chanito, Siverio, Juan Jesús, Sánchez (I), Sánchez (II), Moli (Ojeda) y Goyo.
El encuentro contó además con el impecable arbitraje del colegiado aragonés Emilio Soriano, quien sustituyó de
urgencia al tinerfeño Martín Trujillo tras sufrir este un aparatoso accidente
días antes.
La locura estalló en
el segundo tiempo. El gaditano-orotavense Moli firmó el empate con un soberbio tiro cruzado de factura
personal. La alegría fue efímera, pues Luzbel (II) volvió a adelantar al
Tacoronte desde el borde del área. Sin embargo, la casta villera no tardó en
aparecer: en el minuto 22, Sánchez (I)
desbordó con furia y su remate, desviado involuntariamente por el defensor
tacorontero Hucho, se coló en las mallas. Los Cuartos eran ya un clamor. Poco
después, Sánchez (II), libre de
marca tras una desatención de la zaga rival, conectó un testarazo inapelable a
pase de Moli para poner el 3-2.
Con el estadio
vibrando de puro enternecimiento, el destino reservó lo mejor para el minuto
38. El lateral Santos cazó un
balón a 15 metros del área grande y soltó un zambombazo monumental, un trallazo
limpio que se coló entre un mar de piernas haciendo inútil la estirada de
Berto. Un gol de bandera para sellar el 4-2
definitivo. Al pitido final, el delirio: afición, jugadores y presidente
se fundieron en un abrazo eterno, izando a hombros a los héroes bajo los
enérgicos riqui-racas de rigor. El diario La Tarde se rindió en
elogios ante el técnico Antonio Hernández, el hombre de la Villa que supo
llevar a su nave hasta el Campeonato Provincial.
La celebración tomó
las calles en una ruidosa caravana de coches, pitas y pancartas. Y como
mandarían las sanas rencillas futbolísticas de la época, las coles —en alusión al pueblo de
Tacoronte— tomaron el protagonismo: la afición llegó a formar un auténtico
ruedo de coles frente a la casa del presidente Machado Melián.
Sin embargo, aquel
alirón tuvo que cantarse dos veces. Los despachos de la Federación Tinerfeña
intentaron arrebatarle el título a la U.D. Orotava alegando alineación indebida
de Sánchez (II) —el querido Nani
Sánchez, años más tarde profesor de la Universidad de La Laguna—. A Nani
se le había impuesto una injusta sanción de seis meses por negarse a viajar con
la Selección Juvenil a Murcia, un viaje que su propio padre le había prohibido
para no perjudicar sus estudios.
Aunque el Orotava
batalló en Tenerife, la federación regional falló en su contra. Con valentía y
estricta justicia, la directiva apeló ante la Federación Nacional en Madrid. La
justicia divina y deportiva llegó desde la capital de España, ratificando la
legalidad del jugador y devolviendo la corona a sus verdaderos dueños. Cuando
la noticia llegó a la Villa de madrugada, los motores rugieron de nuevo. Los
aficionados salieron en masa a las calles, las pitas despertaron la noche
orotavense y, entre risas y coles, sacaron de la cama a su querido presidente
para festejar el título que se ganó, con toda la ley, sobre la tierra de Los
Cuartos.
En la imagen, para el
recuerdo eterno (de izquierda a derecha y de arriba abajo): Manolo, Juanito,
Galindo, Santos, Esteban, Siverio, Domingo, Chano, Juan Jesús, Moli, Nani
(Sánchez II), Francisco (Sánchez I), Goyo, Marcelino y Raúl.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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