Aquella
vieja fotografía, enviada desde la Villa de La Orotava por su sobrino Jesús Rocío Ramos, rescató del olvido una estampa
formidable: Doña María Luisa Rocío Báez posando desinhibida sobre una motocicleta.
Ella fue la mujer que conquistó el corazón del confitero alemán afincado en el
municipio, Don Egon Alfred
Wender Bard.
El
destino entre ambos se tejió en el obrador. Entre el ir y venir de los
empleados que Egon contrataba para su floreciente industria, apareció Luisa. En
aquel momento, el confitero ni siquiera alcanzaba a imaginar que esa joven
sería el gran amor de su vida, pues sus ojos y sus cortejos se dirigían
entonces hacia otra muchacha de la Villa. Sin embargo, el azar y la convivencia
diaria terminaron por unir irremediablemente sus caminos para siempre.
El
idilio culminó en el verano de 1920. Bajo los majestuosos techos de la
Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, Egon y Luisa se dieron el
«sí, quiero». Aquel enlace se convirtió en un acontecimiento histórico para La
Orotava. Pocas veces los vecinos habían presenciado el exótico matrimonio entre
una humilde villera y un caballero venido de Alemania. Las calles se llenaron
de murmullos y expectación, y una multitud de curiosos, más allá de los propios
invitados, se agolpó a las puertas del templo para ser testigos de una unión
que desafiaba las distancias y unía dos mundos en el corazón de la Villa.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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