Fotografía que me encontré en el baúl de los recuerdos, en los
tiempos del confinamiento por el terrible Bicho Atómico, que nos trajo desgracias
incuestionables, confusas y tristes.
El día 30 de Abril del año 1958, contraían matrimonio
en el templo parroquial y Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de la Villa
de La Orotava. Mi hermana mayor María Dolores Álvarez Abréu (Lola) con Delfín
Padrón Jordán del Puerto de la Cruz. Fueron sus padrinos; Felipe Padrón Álvarez
padre de Delfín Padrón Jordán (operario – chofer de la desaparecida empresa de
“Transporte Tenerife”) y la entonces joven señorita Anita Barbuzano González
prima segunda de nuestra familia.
La ceremonia religiosa fue oficiada precisamente por
el entonces cura párroco del mencionado y monumental templo Barroco orotavenses
entonces Arcipreste; Don Juan Reyes y Reyes, posteriormente estuvo muchos años
en la parroquia de San Francisco de Santa Cruz de Tenerife.
En la fotografía se puedes observar: los monaguillos;
Demetrio Mesa y Juanito “El Capulina”. La niña que soporta las alianza; Ana
Rosa Pérez Barbuzano. Los niños detrás; mi primo Enrique Abréu Rodríguez
(Quique), un servidor con corbata de pajarita y mi prima María Esperanza Abréu
Rodríguez (Peyaya). Detrás de los niños;
Mí tía Esperanza Rodríguez Fernández, mi abuelo materno Bruno Abréu Rodríguez,
las hermanas Chía y Rosario Pacheco López, María Lola Clavijo (amiga de Santa
Cruz), Genoveva Fariña Hernández, su entonces novio Ramón Díaz y mi hermana
Carmen Álvarez Abréu (Carmilla).
El día 30 de Abril del año 2008, mi querida hermana
Lola cumplió 50 años de aquel recordado acontecimiento (Bodas de Oro), no sé si
lo celebró con su propia familia, pero en su trabajo en solitario en la
Estación de gasolineras y suministros de la carretera El Botánico del Puerto de
la Cruz, desde luego, que lo pasó, como lo venía haciendo desde su viudez desde
el mes de diciembre del año 1979, hasta
hace poco que se retiró definitivamente y entregó la explotación a la compañía.
Fueron años de trabajos de constancias de una mujer que aún no conozco la forma
profesional y de inmensa responsabilidad como ella lo perpetraba y que
consiguió siendo una niña de 12 años, cuando se sentó con mi difunto padre al
ayudarle en sus negocios, tras la parálisis cerebral que le sobrevino con 40
años de edad.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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