martes, 31 de marzo de 2026

LOLA Y DELFIN

Fotografía que me encontré en el baúl de los recuerdos, en los tiempos del confinamiento por el terrible Bicho Atómico, que nos trajo desgracias incuestionables, confusas y tristes.

El día 30 de Abril del año 1958, contraían matrimonio en el templo parroquial y Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de la Villa de La Orotava. Mi hermana mayor María Dolores Álvarez Abréu (Lola) con Delfín Padrón Jordán del Puerto de la Cruz. Fueron sus padrinos; Felipe Padrón Álvarez padre de Delfín Padrón Jordán (operario – chofer de la desaparecida empresa de “Transporte Tenerife”) y la entonces joven señorita Anita Barbuzano González prima segunda de nuestra familia.

La ceremonia religiosa fue oficiada precisamente por el entonces cura párroco del mencionado y monumental templo Barroco orotavenses entonces Arcipreste; Don Juan Reyes y Reyes, posteriormente estuvo muchos años en la parroquia de San Francisco de Santa Cruz de Tenerife.

En la fotografía se puedes observar: los monaguillos; Demetrio Mesa y Juanito “El Capulina”. La niña que soporta las alianza; Ana Rosa Pérez Barbuzano. Los niños detrás; mi primo Enrique Abréu Rodríguez (Quique), un servidor con corbata de pajarita y mi prima María Esperanza Abréu Rodríguez (Peyaya).  Detrás de los niños; Mí tía Esperanza Rodríguez Fernández, mi abuelo materno Bruno Abréu Rodríguez, las hermanas Chía y Rosario Pacheco López, María Lola Clavijo (amiga de Santa Cruz), Genoveva Fariña Hernández, su entonces novio Ramón Díaz y mi hermana Carmen Álvarez Abréu (Carmilla).

El día 30 de Abril del año 2008, mi querida hermana Lola cumplió 50 años de aquel recordado acontecimiento (Bodas de Oro), no sé si lo celebró con su propia familia, pero en su trabajo en solitario en la Estación de gasolineras y suministros de la carretera El Botánico del Puerto de la Cruz, desde luego, que lo pasó, como lo venía haciendo desde su viudez desde el mes de  diciembre del año 1979, hasta hace poco que se retiró definitivamente y entregó la explotación a la compañía. Fueron años de trabajos de constancias de una mujer que aún no conozco la forma profesional y de inmensa responsabilidad como ella lo perpetraba y que consiguió siendo una niña de 12 años, cuando se sentó con mi difunto padre al ayudarle en sus negocios, tras la parálisis cerebral que le sobrevino con 40 años de edad.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

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