Lorenzo Rodríguez
Alonso, a quien todos conocíamos y recordamos entrañablemente
como Lorenzo «El de la Marzaga», nos ha dejado. Nació, creció y formó su hogar
en ese rincón emblemático de la Villa de La Orotava, tierra de agricultores y
plataneros que marcó su identidad y su vida entera.
La triste noticia de su partida nos estremece hoy, 8 de septiembre de 2026,
una fecha señalada por la devoción y la festividad de nuestras Vírgenes, como
si el cielo reclamara su presencia en un día de luz para su querida Villa.
En la memoria colectiva y en el calor de mis archivos
fotográficos, custodio una estampa inolvidable de los años sesenta. En ella se
dibuja la viva imagen de Lorenzo en su juventud, cuidando con esmero y orgullo
el porte de dos hermosas yeguas blancas en una finca de la carretera del
histórico barrio de La Luz. Un reflejo exacto de su elegancia y de su amor por
las cosas bien hechas.
Se nos va un amigo ejemplar. Aquel joven brillante que
obtenía calificaciones de sobresaliente en las aulas del Colegio de San Isidro,
pero que pronto decidió encauzar su camino hacia el trabajo, iniciándose con
madurez temprana en la hostelería del Puerto de la Cruz.
Fue en las tertulias de la plaza de Franchi Alfaro donde
tuve la fortuna de conocerlo. Allí, rodeado de amigos orotavenses, Lorenzo
compartía horas de conversación donde se arreglaba el mundo, y donde siempre
salía a relucir su gran pasión: el automovilismo, del que fue un aficionado
acérrimo y entusiasta. Los veranos en la playa de El Bollullo completaban su
estampa vital; ese era su refugio estival, el escenario de su felicidad junto a
su familia y sus seres queridos.
Lorenzo fue, por encima de todo, una persona magnífica,
grata y de una amabilidad desbordante. Poseía el don de la palabra y un corazón
generoso, siempre dispuesto a tender la mano y a acudir al auxilio de cualquier
amigo que requiriera su presencia. Su generosidad no conocía condiciones.
Buen viaje, amigo Lorenzo. Que descanses en la paz que
tanto mereces, en ese lugar eterno colmado de fe y misericordia.
Un abrazo hasta siempre.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL












