martes, 3 de noviembre de 2026

FEMINISMO, MACHISMO Y…….. HEMBRISMO. (V).

El amigo de la Villa de La Orotava ISIDRO FUENTES MELIÁN “MÉDICO” remitió entonces (03/11/2026) estas notas y fotografías que tituló “FEMINISMO, MACHISMO Y…….. HEMBRISMO. (V).”: “…Hablaba yo de las diferencias abismales que en la esfera sexual existen entre hombres y mujeres. Que ello creaba un muro entre unos y otras como obstáculo insalvable a que pudiéramos comprendernos o entendernos para consensuar soluciones. Y hablaba de los celos, tan diferentes en los varones, los machos, como ejemplo de ello.

Pero otra diferencia, también llamativa, obvia y evidente, radica en sus capacidades reproductivas: potencia germinativa de igual importancia en ambos sexos, claro está, pero con abismal diferencia en la impronta biológica que, en su función, afecta tan desigualmente a los hombres de las mujeres.

El desconocimiento absoluto, por serles fisiológicamente ajenas, de esas dos grandes diferencias, los celos de los “machos” y sus capacidades  reproductivas, incapacita a las feministas, en mayor o menor grado, para erigirse en defensoras  y promotoras de leyes sobre relaciones sexuales o lucha contra la violencia machista, sin la imprescindible colaboración de los varones como protagonistas de primer orden.

En el entorno “femi-hembrista” se dice que    el cuerpo de las mujeres se ha sexualizado, objetualizado y comercializado (incluidas la prostitución, la pornografía, juegos eróticos, etc.) y que  la práctica social masculina es “”usarlos como objetos con los que satisfacer  sus deseos y fantasías sexuales”” (sic.). Con esta simplificación de temas tan complejos, sin contar con las opiniones masculinas, quieren continuar en su lucha por la emancipación, decididas a que sea tipificado como delito, y por tanto penalizado, todo aquello que ellas consensuen por su cuenta y riesgo. Valga como ejemplo la censura de el piropo: ¿incluirá un catálogo permisivo que, para  no dañar sensibilidades, se extienda en simplezas y ñoñerías como, por ejemplo : “hoy estás muy guapa”; sin insistir mucho por si las moscas….?

Todo lo que pudiera ser un intento de racionalizar las cuestiones, las hembristas lo interpretan como “”ofensiva patriarcal que actúa como contrapeso a las conquistas logradas””.(sic.)

El hombre se siente amenazado por el maniqueísmo hembrista que simplifica la cuestión en la supuesta existencia de “hombres malos”;

y su afán por castigarlos (¿revanchismo y venganza ?) desplaza a un segundo término el más creativo deseo de conocer la realidad.

 

Una mujer pierde, si es que lo pierde, un óvulo cada mes, mientras que un varón pierde millones y millones de espermatozoides (¿inútilmente?)….a cada momento…. ¡¡Como si le sobraran!! Y no es un desperdicio, ni un alarde de poder o de fuerza, ni de superioridad machista, (¡¡Dios me valga!!), sino el signo del desborde de la capacidad germinativa de los machos.…..¡Garantía de Procreación!

Esa mujer con su óvulo, su embarazo, parto y lactancia puede ocupar aproximadamente un año de su vida. Sin embargo, “Pancracio”, el protagonista de un “”Cuento de Ciencia Ficción”” con sus 40 años cumplidos, con diferentes mujeres  en cada uno de los 12 meses de un año  tuvo, con suma facilidad, 12 hijos. ¡¡Doce hijos en un año!! Sin exagerar, dice el cuento, pues adecuando las circunstancias podrían ser muchos más…. . .¿Qué les parece?  Y todos con el ADN de Pancracio.(ver dibujo) 

(Dibujo: Pancracio.)

Pancracio estaría entre la sorpresa, incredulidad y la admiración de ciertos sectores. Le lloverían las críticas del vecindario aderezadas con las más impactantes habladurías y su nombre, sin nombrar a las mujeres, estaría en la prensa de tirada nacional y en  los telediarios del mediodía con esa cara de no matar una mosca, que luce en la “foto”

 Pancracio no se hubiera librado de la hoguera en tiempos de la Inquisición, un Tribunal Canónico lo excomulgaría por no sé cuántos pecados graves, incluyendo el sacrilegio; el hembrismo se apresuraría, corriendo, a colgar en Pancracio todas las dianas de los “males machistas” para tirotearlo a balazos. La crítica moral, ética y estética junto a la censura de su ejemplo llenarían los editoriales y, en estos tiempos que corren, tras la denuncia de algún justiciero de pacotilla y fanático con ganas de condenarlo, Pancracio daría con sus huesos ante un Tribunal de Justicia.

Podemos imaginar un Jurado popular formado por Irene Montero, Victoria Rosell, Fallarás, Ione Belarra y Yolanda Díaz, famosas feministas, junto a cuatro juristas varones ( o mejor cinco, por la paridad)  bien informados, por ver cómo influirían  agravantes y atenuantes en la sentencia final a Pancracio que no ha perdido su semblante de buenazo durante el juicio.

 El abogado defensor lo tendría más fácil. Con cierta contundencia, mirando más al componente femenino del jurado, preguntaría: ¿Donde radica el MAL cuando lo hecho por Pancracio solo ha sido utilizar la Potestad conque ha sido Ungido por La Naturaleza en Garantía de la Supervivencia de su Estirpe?

 

(Continuará)

 

 

Isidro Fuentes Melián.- Médico.   Octubre 2026…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

 


 

miércoles, 28 de octubre de 2026

ALBERTO MOLINA, CAPITÁN Y CABALLERO

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (28/10/2026) estas notas, que tituló “ALBERTO MOLINA, CAPITÁN Y CABALLERO”: “…Habíamos escrito en un despiece: “Molina siempre juega bien”. Y cuando, para su revisión, pasamos la prueba al director, Alfonso García Ramos, respondió con aquella imponente voz ronca que tronaba en la Redacción de ‘La Tarde’:

        -Cambia la frase esa, porque alguna vez jugará mal o se equivocará y entonces no sabrás hacia dónde despejar.

        Pero es que Alberto Molina Navarro, de verdad, tenía un rendimiento muy regular, de muy alto nivel, era una constante de entrega y acierto. Y entonces escribimos aquella apreciación que, en efecto, puede parecer maximalista. Hasta que el sabio director nos hizo ver que si el fútbol no es una ciencia exacta, aquel adverbio y aquella idea debían ser revisados.

        Nos acordamos del hecho -son de esos episodios que, ocurridos en la edad juvenil, jamás se olvidan- en el curso del homenaje que hace algún tiempo le fue tributado a Molina en el Puerto de la Cruz. Sus mentores pueden sentirse satisfechos: difícilmente se logra aunar un sentimiento de respeto y afecto tan notable como el que concentró el que fuera defensa central del Club Deportivo Tenerife. Por eso reproducimos aquella grata impresión que conservamos en el retrospecto.

        Allí estaban sus compañeros, presidentes y dirigentes del club, un entrenador como Manuel Delgado Meco, la plana mayor de los veteranos de la U.D. Las Palmas y del club albiazul, políticos como el entonces presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero; y la alcaldesa portuense, Sandra Rodríguez, quien vivía su primer acto público como tal, y otros colegas suyos que quisieron acompañar a Molina que, naturalmente, estuvo arropado por su familia.

        Fue el homenaje un canto a la memoria futbolística. Los recuerdos se desgranaban solos en tanto que algunas imágenes de momentos históricos del equipo suplementaron los testimonios. Alberto Molina pudo probar en carne propia lo que se le quiere, lo que transmitió a la afición tinerfeña dentro y fuera de la cancha. El central que siempre jugaba bien y lució los galones de capitán con solvencia, tiene a gala, además, no haber sido expulsado jamás de un campo de fútbol. En su brillante hoja de servicios, enriquecida desde que se incorporó a la plantilla procedente de los filiales de la Unión Deportiva, figura aquella célebre eliminatoria de Copa con el Real Madrid, feliz y sorprendentemente resuelta para el Tenerife. Molina se las tuvo que ver con Santillana y con Pirri, convertido, a la desesperada, en delantero centro.

        Quedaba por escribir esa página del homenaje que vivió como un juvenil debutante, profesando su militancia tinerfeñista y su canariedad contrastada en cada convocatoria que ha de comentar. Lo hizo con la modestia de siempre, como cuando iba al cruce o sacaba de puerta o se anticipaba al atacante o despejaba de cabeza. Hasta terminó aceptando el envite del presidente para una próxima partida de pericón. Nunca supimos si llegaron a jugarla.

        ¡Quién nos iba a decir que con el paso del tiempo coincidiríamos como comentaristas en la tertulia deportiva de la Cope Tenerife conducida por Guillermo García Saavedra! Ahí estuvimos cuatro o cinco temporadas compartiendo impresiones y criterios. No jugó Molina, prudente y meticuloso, siempre guardaba un apunte que desprendía de su experiencia y sabiduría futbolística. Discrepaba con caballerosidad y recomendaba con nobleza, haciendo gala ante los micrófonos de otro pundonor tan brillante como aquel que derrochaba en su etapa activa. En aquellas sesiones de radio seguía jugando bien.

        Molina se convirtió en leyenda albiazul, claro que sí. Primero, porque ha sido el jugador que más partidos oficiales ha disputado con el Club Deportivo Tenerife. Y luego, porque atesoró los valores que le hicieron acreedor a la Insignia de Oro y Brillantes de la entidad, otorgada en 1976 por la directiva que presidió otro grande, Julio Santaella Benítez, Colo; y a la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, impuesta ese mismo año por el que fuera presidente de la Federación Tinerfeña de Fútbol, Vicente Álvarez Pedreira.

        Durante trece años ininterrumpidos, efectivamente, pudo admirarse a aquel defensa central recio, valiente, sobrio, seguro, eficaz y expeditivo que jamás se arrugaba, que mereció la confianza de varios entrenadores y propició que accediese a la capitanía de su formación. Que nunca fuera expulsado de una cancha, lo dice todo.

        No actuó en Primera División, acaso su gran carencia. Pero él dijo, en más de una ocasión, que jugar en el Tenerife había sido “como estar en el cielo… no había salido de las islas en mi vida”.

        Aquella noche de octubre de 2014, junto a la frondosidad del Jardín Botánico, el homenaje que fue un canto a la memoria futbolística exaltó también las cualidades humanistas del deporte. Los aplausos reconocían la caballerosidad de Molina, envuelto en un aura de modestia y humildad que le había acompañado durante toda su carrera.

        Aquella noche, no es por casualidad, volvió a jugar bien…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


martes, 20 de octubre de 2026

PEPE POLEGRE DE VUELTA A SU OROTAVA NATAL, AÑO 1979

 


EL REGRESO DE PEPE POLEGRE: ABRAZOS Y MEMORIA EN LA OROTAVA (1979)

Hay retornos que no se miden en kilómetros, sino en el latido agitado del corazón al cruzar de nuevo el umbral del hogar. Esta entrañable fotografía, compartida por el querido amigo de la infancia y compañero de pupitre en la inolvidable Academia Mercantil Atlántida, José Polegre Árbelo —nuestro Pepe—, inmortaliza un momento de pura nostalgia y amor familiar.

Corría el año 1979 cuando Pepe, afincado en Caracas desde aquel lejano 1964, logró cruzar el Atlántico de vuelta a su cuna orotavense. El motivo no podía ser más noble ni urgente: estrechar de nuevo entre sus brazos a su abuela y a su tía, dos mujeres venerables y longevas que encarnaban las raíces mismas de su linaje y la calidez de la tierra dejada atrás.

La escena nos sitúa en el íntimo patio de la casa familiar en La Villa. Allí, bajo la luz serena del hogar, Pepe posa rodeado de los suyos: su tía Antonia María al fondo, su querida abuela, su tía Maruca y la joven Yolanda, conformando una estampa donde el tiempo pareció detenerse por un instante para celebrar el regalo de la presencia.

Aquel viaje desde la otra orilla del océano fue mucho más que una visita; fue un acto de amor filial, una tregua a la distancia y la certeza de que, sin importar cuán lejos se vuele, el verdadero puerto de llegada siempre estará en el abrazo de la familia y en el cobijo de La Orotava natal.

 BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


EL VIAJE SIN BASTÓN DE DOMINGO ABRÉU


La muerte no es un punto final, sino el eco lejano de una campana que dobla en el misterio. Todavía resonaba en los muros de la Villa el eco del repique con el que Nuestra Señora de la Concepción despidió al amigo Tomás “El Cojo”, cuando la brisa atlántica me trajo otra noticia inevitable: la marcha hacia el infinito de Domingo Abréu Rodríguez. Hay vidas que son un viaje de resistencia, y la de Domingo fue, durante décadas, una lección silenciosa de dignidad frente a la fragilidad de la carne. Un ictus temprano intentó frenar sus pasos, condenando su cuerpo a una parálisis parcial, pero jamás logró detener su espíritu. Su figura, recortada contra el viento, se convirtió en parte del paisaje eterno del casco histórico orotavense, desafiando a la gravedad y al tiempo, apoyado siempre en su fiel bastón.

El tiempo, ese gran escultor de recuerdos, nos devuelve la imagen de sus años dorados, cuando la juventud era un campo de fútbol y el futuro una promesa abierta. Domingo corrió los estadios futboleros vistiendo el orgullo del Infantil y Juvenil Iberia, de la UD Orotava y del CF Imperial. En los altares del deporte rey dejó grabada una hazaña humilde pero imperecedera: aquel gol de puntera en el Estadio Rodríguez López frente al Juvenil Real Unión. Un disparo certero, casi fortuito pero bendecido por el destino, que selló el empate a uno y coronó al equipo como campeón juvenil de Tenerife en la temporada 1960-61. Aquella puntera no solo empujó un balón; empujó a toda una generación hacia la gloria de la memoria compartida.

La mente de Domingo fue siempre un territorio fértil. Su juventud transitó por las aulas del bachillerato y el Preu en el Colegio Santo Tomás de La Orotava y en el San Agustín de Los Realejos —adonde viajaba en aquel nostálgico micro amarillo que conducía el amigo Pepe—, completando su formación como perito mercantil en la Academia Mercantil Atlántida. Fue en los días luminosos de la Agrupación Juvenil Teide donde el azar y el amor tejieron su mejor jugada: allí conoció a Mary Gloria, la compañera que caminaría a su lado durante el resto de la existencia. Juntos compartieron la vida y el oficio bancario —él en el Banco Exterior de España, ella en el Bilbao—, construyendo un hogar donde la bondad era un habitante más, una luz tan inmensa que apenas cabía en sus corazones.

Encontrarse con Domingo por las calles de la Villa era detener el reloj para abrazar la nostalgia. En nuestras charlas siempre habitaban los ecos de la UD Orotava y las directrices del técnico “Mantinica”, los días de estudiantes y el aroma de los años idos. Domingo poseía el don de la palabra justa, una inteligencia clara y una calidez humana que desarmaba cualquier distancia social. Era, en esencia, un hombre dialogante, un puente tendido hacia los demás.

Hoy, despojado ya de la materia y del dolor, Domingo ha iniciado su último viaje. Querido amigo, búscate un lugar hermoso en ese paraíso eterno que ahora habitas. Camina libre, corre sin prisa y, sobre todo, hazlo ya sin ese bastón que la crueldad de la enfermedad te impuso en el tramo final de tu sendero terrenal. Recupera la ligereza de tus años jóvenes y busca a los compañeros del Juvenil Iberia que se adelantaron en el camino. Imagino que allí arriba el tiempo se detiene, y que en alguna verde pradera eterna estarás disfrutando y riendo con ellos, tal y como hacías hasta hace poco en la finca de Antonio Hernández Sánchez.

La muerte no gana cuando el recuerdo es tan vivo. Hasta siempre, Domingo. Te mandamos un abrazo inmenso que cruce el firmamento.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

domingo, 18 de octubre de 2026

TOMÁS “EL COJO”, LA LEYENDA DEL BALONCESTO EN LA TERRAZA DEL ATLANTE.


El baloncesto, en su mística más profunda, no se juega con las piernas; se juega con el alma y se gobierna con las manos. El pasado 18 de octubre de 2026, la Villa de La Orotava despidió a una de sus mayores leyendas callejeras, un titán que desafió a la biología y convirtió la adversidad en poesía sobre el pavimento: Tomás Luis Expósito, eternamente conocido en la memoria popular como Tomás “El Cojo”.

Nacido en 1936, justo antes de que la guerra incivil española fracturara el país, Tomás desafió desde niño las secuelas de la poliomielitis. Aquella parálisis infantil le dejó un vestigio profundo, un pie apezuñado que para cualquier otro habría sido una condena al sedentarismo. Para él, fue el punto de apoyo de su palanca para mover el mundo. En la mítica Terraza del Atlante, Tomás no pedía permiso ni compasión; pedía el balón.

Poseía unas manos descomunales y un control magnético del esférico que evocaba a los mismísimos Harlem Globetrotters. En una época donde el reglamento permitía retener el balón sin la prisa del reloj de posesión, Tomás era el amo y señor del tiempo. Su juego se desarrollaba en la pintura, como un pívot indomable que jamás temió a los más altos. Cuando la diferencia de estatura parecía insalvable, Tomás recurría a la picaresca pura del deporte de barro y asfalto: con una trastada legendaria, le pisaba el pie al rival justo antes del salto, clavándolo al suelo mientras él se elevaba hacia el aro. Con las reglas de hoy, con esa precisión quirúrgica que tenía, habría sido un letal francotirador de tres puntos.

Líder absoluto de la camiseta roja de “El Águila del Valle”, su agresividad deportiva y su obsesión por ganar lo convirtieron en un jugador temido y respetado a partes iguales. Fue, además, pilar fundamental del deporte villero al convertirse en uno de los fundadores del histórico CB San Isidro en el verano de 1967 (nacido como el CB. AA. AA. Salesianos).

También practicó el deporte rey, el futbol en el oratorio festivo del salesiano de grato recuerdo don Antonio Montero Marroquí.

 Si el destino y la historia hubieran colocado las piezas en su lugar cronológico, Tomás habría sido, sin duda, la primera superestrella y el mejor jugador de unos Juegos Paralímpicos.

Pero reducir a Tomás a la cancha sería restarle colores a un lienzo infinito. Hijo de Francisco el zapatero y músico, y de Eusebia la vendedora del merendero, Tomás heredó ese espíritu de puertas abiertas de los hogares orotavenses. Su vida juvenil era la de un ciudadano normal, pero sazonada con atrevimientos y travesuras que hoy son pura historia local. Dicen los más viejos de la Villa que, enfundado en su uniforme de la Cruz Roja, Tomás aprovechaba los trayectos al volante de la ambulancia para sembrar un caos inofensivo pero desternillante por las empinadas calles orotavenses. Conduciendo a velocidad de infarto, haciendo sonar la sirena a todo volumen y gesticulando de forma exagerada tras el parabrisas, lograba que los transeúntes se apartaran despavoridos hacia las aceras, rezando por la vida del supuesto enfermo que iba detrás. Una vez pasado el susto y al descubrir su sonrisa pícara al volante, el vecindario no podía más que reír ante otra de sus genialidades. Aquellas "monstruosidades" inocentes nunca buscaron dañar a nadie, sino arrancar una carcajada colectiva y regalar felicidad absoluta en tiempos grises.

Fue un hombre de siete oficios y catorce pasiones: monaguillo retozón con la sotana a ristre en la Parroquia de la Concepción, donde se consagró como el mejor repicador de campanas de la Villa; ebanista en el taller de la calle Colegio; celador en la Casa de Socorro; soplador de bombardino en la Academia Municipal; dibujante bajo la mirada de don José María Perdigón; corneta de la Cruz Roja y bailarín internacional con los Coros y Danzas.

Hizo de todo y lo hizo con el corazón por delante. Al final de su viaje, tras pitar mil batallas como un entrañable «arbitrucho», nos queda la estampa eterna del mito.

Imagino ahora mismo el cielo con un estruendo de campanas perfectamente acompasadas, un repique glorioso que anuncia que el ebanista, el músico y el atleta ha llegado a las torres celestiales. Y entre las nubes, me parece verle sonreír, con esa mirada pícara de quien sabe que ha ganado el partido de la vida, mientras hace girar mágicamente el viejo balón de cuero sobre la punta de su dedo pulgar. ¡Hasta siempre, Tomás!.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

CALOS ACOSTA GARCÍA (1929/2026). IN MEMORIAM

Muchos son los motivos por los que tengo que recordar al amigo y mentor Carlos Acosta García, él fue el que me comentó, hace años,  la relación de amistad  entre el garachiquense Salvador Quintero Delgado (1903/1949) y el poeta granadino Federico García Lorca(1898/1936)  que le dedicaría, en 1930, a Quintero  el poema “Baladilla de los tres ríos” con el comienza Lorca el poemario “Cante Jondo” amistad a la que dediqué varios artículos y conferencias  gracias a la información de CARLOS ACOSTA.

Mi amistad  con  Carlos  se remonta a 1978, cuando el Alcalde de El Tanque, Federico Hernández, le pide que escriba un opúsculo que resalte las peculiaridades e historia del pueblo. Libro que publicó, en 1984, y tituló “EL TANQUE. Crónica  apresurada de un Municipio casi desconocido” en el que, entre otros acontecimientos y efemérides, hace mención a la restauración  de una modesta casa campesina conocida como  El Rastradero que  había recuperado como elemento  singular de vivienda rural. Muchas han sido las tertulias en La Plaza de La Libertad (elocuente nombre para una plaza), conocida, popularmente, como Plaza de Arriba, con amigos comunes y opiniones, no siempre coincidentes, donde la cordialidad y el disenso  han sido protagonistas sobre todo en lo referente al uso tradicional de la grafía YCOD que Carlos, espoleado, por nuestro común amigo, Lorenzo Dorta, se niega, respetuosamente, aceptar, defendiendo a capa y espada lCOD.

Son muchos los intercambios de libros, poéticamente dedicados, que agradezco a Carlos  a los que he correspondido con los de Antonio Machado, su poeta favorito. El sabe de mi devoción y admiración por  García Lorca que nos lleva, con vehemencia y educada  pasión, a  contrastar los diferentes estilos de estos popes de la poética contemporánea español

El prolífico y conspicuo escritor Carlos Acosta, nacido en Garachico, comenzó desde muy joven a colaborar, literariamente, en la prensa del desaparecido diario “La Tarde” y El Día, siendo galardonado con el premio de periodismo Leoncio Rodríguez y el de poesía Antonio Reyes  además de los  premios de poesía en: San Andrés y Sauces (1978), Granada (1979) y certamen Pedro Bargeño en su XIII edición. Los artículos y crónicas periodísticas con  los que se prodigó  Carlos, durante años,  son productos de acrisolada invención imaginativa , sintética y original, donde se aprecian  una superposición de  situaciones distintas  de realidad ,reproducidas en una novedosa  invención  semántica,  de  escrupulosa ortodoxia gramatical y a, medio camino entre una realidad moralizante  y aguda ironía.  Carlos Acosta ha publicado una treintena de libros de  plural contenido (etnográfico, histórico, poético, arte sacro,). Miembro de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife (RSEAPT) y del Instituto de Estudios Canarios (IEC), siendo condecorado, en 1971, por el Ministerio de Educación y Ciencia  con La Cruz de Plata  de la Orden de Alfonso X el Sabio.

En 2004 Me comentó Carlos que si tenía interés, me enviaría una serie de frases cortas  para que las leyera y publicara en formato libro. Comentario que  hice con Manuel Feria, catedrático de farmacia, reconocido aforísta  lagunero y, con el arquitecto Hugo Luengo  habitual columnista  del Diario de Avisos y el DIA

Frases cortas  de CARLOS ACOSTA GARCIA que sería su último libro publicado, en 2024, con el título

“B R E V E R I A S”



  Libro que contienen una selección  de  las frases cortas que  Carlos escribió entre los años  1980/82 y que ven la luz  ahora  A-costa de su perseverancia, bonhomía  y prolongada docencia,  ejercida en El Tanque, El Guincho, Villamartín  Cádiz, Garachico y ,17 años, en Ycod, donde se jubiló.

En la laguna, 18 de octubre 2026

Álvaro Fajardo Hernández (alfa)

 

CARLOS:

¡¡ CONFIESO, Y PUEDO AFIRMAR, QUE HAS VIVIDO

EN, POR Y PARA

GARACHICO!!

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

LA CARRERA FINAL DEL XIX

La Carrera a finales del siglo XIX no solo era un escenario para el arte efímero de las flores, sino una auténtica pasarela de época donde el fervor religioso y la alta distinción social se fundían en un despliegue de texturas y elegancia. Alrededor del tapiz de pétalos que cubría el adoquín de esta calle señorial, la sociedad de La Villa de La Orotava se congregaba luciendo sus mejores galas, convirtiendo la procesión en un deslumbrante retrato costumbrista de la burguesía y el pueblo canario.

A lo largo de la vía, frente a los umbrales ilustres de mansiones como la del Marqués de la Florida o la casa natal del escultor Fernando Estévez, el murmullo de la multitud se mezclaba con el crujir de los tejidos más nobles. Las damas de la alta sociedad desafiaban el caluroso día con vestidos de siluetas imponentes y estructuradas, característicos de las últimas décadas del siglo. Lucían faldas de gran empaque con sutiles polisones, cuerpos ceñidos de cuello alto adornados con delicados encajes y las llamativas mangas "pata de jamón" que daban volumen y distinción a sus figuras. Cubrían sus cabezas con elegantes pamelas, sombreros profusamente decorados con plumas o flores, y resguardaban su piel del sol con delicadas sombrillas de encaje, mientras observaban el paso de la comitiva desde los balcones o a pie de calle.

A su lado, los caballeros vestían con una sobriedad rigurosa que acentuaba el carácter institucional del evento. Trajes oscuros de levita o chaqué se combinaban con camisas de cuello rígido, chalecos cruzados y corbatas pulcramente anudadas. La etiqueta de la época exigía el uso del sombrero, por lo que las copas altas, los bombines y los sombreros de fieltro punteaban la perspectiva ascendente de La Carrera, rompiéndose el protocolo solo con los mantos eclesiásticos de las autoridades y las vestimentas tradicionales de los campesinos que bajaban de las medianías.

Entre el aroma a brezo y pétalos rotos, el contraste entre el luto respetuoso de algunas mantillas negras y la paleta de colores claros de los vestidos festivos creaba un lienzo dinámico. Este desfile de sombreros, sombrillas y ropajes decimonónicos envolvía el arte de las alfombras en una atmósfera de rancio señorío, donde el orgullo de estrenar la mejor vestimenta del año formaba parte indisoluble del mismo rito efímero que, al caer la tarde, se desvanecía con los últimos rayos de sol.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL