domingo, 23 de agosto de 2026

EN MEMORIA DE FRANCISCO JAVIER GARCÍA AMADOR, «QUICO»

Francisco Javier García Amador vio la luz en la Villa de Los Realejos y en ella misma apuró sus últimos alientos este 23 de agosto de 2026.

Corría el albor de los años setenta. Yo militaba aún como jugador en el Club AA. AA. Salesianos de La Orotava (hoy CB San Isidro), pero la exigencia de mis estudios de Profesorado Mercantil en la histórica Escuela de Comercio de Santa Cruz me obligó a colgar la camiseta. Incapaz de alejarme del parqué, obtuve los títulos de entrenador provincial y regional para volcarme en la formación de las bases.

Dirigía yo al Juvenil Águila del Valle cuando emergió un hito en el baloncesto del norte tinerfeño: la fundación del CB San Agustín de Los Realejos, al amparo del célebre colegio de la localidad. Recuerdo con nitidez la inauguración de su cancha, erigida en los bancales que reposan bajo la plaza del Santuario de Nuestra Señora del Carmen. Allí estaba yo con mis muchachos, mientras mi compañero y amigo orotavense Vicente Vivas tomaba las riendas de aquel nuevo proyecto. En ese plantel principiante comenzaba a despuntar un trío prometedor: Paco González Hernández, Juan Carlos Domínguez y un joven llamado Quico.

Fue en ese ambiente donde conocí a Francisco Javier. Tiempo después, la plantilla orotavense del AA. AA. Salesiano Mayaba fichó a las tres promesas realejeras. Quico quizás no poseía la depurada plástica de Paco o Juan Carlos, pero lo compensaba con un coraje implacable: un escolta incisivo, con excelente tiro exterior y una capacidad magistral para fajarse dentro de la pintura.

Aquel bloque vivió tiempos convulsos. En la temporada 1974-1975, bajo la directiva de Carlos Rodríguez, el club decidió retirar la categoría sénior. Los jugadores, en libertad de acción, recalaron temporalmente en el CB Puerto de la Cruz. La travesía duró poco: para el curso 1976-1977, la baja federativa del conjunto portuense devolvió la plaza a la entidad orotavense, rebautizada ya como CB San Isidro. Quico, Paco y Juan Carlos regresaron a la que era su casa para liderar una época dorada de éxitos hasta sus respectivas retiradas.

Más allá del parqué, la biografía de Quico guarda una impronta imborrable. Tras cursar el Bachillerato y el COU en el Colegio San Agustín, se graduó en la Escuela de Magisterio de La Laguna para ejercer con vocación la docencia. Su compromiso cívico lo llevó también a las actas concejiles en el Ayuntamiento de Los Realejos, donde asumió la cartera de Cultura y firmó un legado memorable junto a la centenaria Sociedad Filarmónica. En el plano deportivo, su talento no pasó desapercibido para la élite: el legendario Pepe Cabrera lo reclutó —junto a Juan Violán— para el CB Canarias. Tras un año en La Laguna, volvió al San Isidro para integrar aquel mítico quinteto que encadenó una temporada invicta, promediando más de cien puntos por partido y disputando las fases de ascenso en la Península.

Fue precisamente su primer mentor, Vicente Vivas, quien me comunicó la penosa noticia de su partida, mientras que el buen amigo Agustín Arias, desde Basketmanía Tenerife, desempolvaba las fotografías que hoy ilustran su recuerdo.

Querido Quico: la vida nos cruzó bajo la sombra de un tablero. Fuiste una persona extraordinaria, tan grande en lo humano como en el juego, comunicador nato y compañero leal. Tus amigos de la canasta te seguimos recordando con el mismo afecto de siempre. Que te acoja ahora un lugar de serena paz y felicidad.

Hasta siempre, amigo Quico.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

PICO

Pedro Rodríguez Marrero, a quien todos conocíamos entrañablemente como «Pico El Palmito», ha fallecido en su querida Villa de La Orotava a los 75 años, a muy pocos meses de cumplir los 76 en este mes de noviembre.

Fue mi amigo desde la infancia en nuestro barrio de El Llano. De niños jugábamos a recrear películas del oeste, batallas bélicas y pasajes históricos; correteábamos tras un balón por las calles, en el campito de la curva de don Casiano en El Torreón y en el campo de deporte del Colegio San Isidro. El baloncesto lo conquistamos en la pista central de la plaza de Franchi Alfaro, el verdadero epicentro de nuestra juventud, nuestros juegos y nuestra alegría.

En aquellos años mozos, Pico formó una piña inseparable junto a Paco «El Cañón» y Toño «El Mecánico». Los tres eran infaltables en las pachangas de la plaza y en las gradas del Estadio Los Cuartos apoyando al fútbol local; su dinamismo, su humor contagioso y su capacidad para animar cualquier ambiente dejaban una huella evidente.

En el ámbito deportivo, Pico defendió la camiseta del Juvenil Orotava dentro de la cadena del CB AA. AA. Salesianos (actual CB San Isidro). También jugó al fútbol en el Infantil Plus Ultra de don Chile, una pasión que mantuvo viva en su madurez enrolado en el equipo de aficionados Sporting Orotava. Aquellas jornadas de sábado no terminaban en el pitido final: el «tercer tiempo» se prolongaba invariablemente entre risas, vino y millo por las bodegas, merenderos y guachinches del norte de Tenerife.

Querido amigo Pico: la vida tiene estas pausas definitivas. Nos conocimos siendo apenas unos niños, compartiendo travesuras e ilusiones alrededor de Franchi Alfaro. Cometimos nuestras pilladas, claro que sí, pero siempre desde la inocencia, sin hacer daño a nadie, unidos por un afecto genuino que supimos conservar intacto con el paso de las décadas cada vez que el destino nos cruzaba por las calles de La Villa.

Fuiste una persona excepcional, inmensa en generosidad y con un don de gentes único. Hoy te despides dejando un vacío enorme, pero nos queda el consuelo de saber que ya descansas en la paz, la misericordia y la tranquilidad que tan bien te has ganado.

Hasta siempre, amigo Pico.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

UN QUÍMICO CRUZANTERO EN LA NOVENA ISLA

Antonio Morales encarna la memoria viva de tantos cruzanteros y canarios que, impulsados por la esperanza de un futuro próspero, se vieron obligados a cruzar el Atlántico.

Nació en La Cruz Santa (Los Realejos) en 1940. En los rincones de ese emblemático barrio creció, entre el cobijo familiar y los juegos de la infancia, hasta que su padre decidió alquilar una vivienda en San Cristóbal de La Laguna para aproximar a la familia al ámbito académico. Antonio cursó el bachillerato elemental en el colegio Las Navas-La Salle de Agüere, mientras que el superior y el curso preuniversitario los completó en La Salle de Santa Cruz de Tenerife.

Posteriormente, alcanzó el grado de doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de La Laguna, formándose bajo la rigurosa tutela del catedrático don Antonio González, eminente intelectual y galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Tras cumplir el servicio militar en la Instrucción Premilitar Superior (IPS) en el campamento de Los Rodeos e instalarse una temporada en la Península, en 1967 puso rumbo a Venezuela. Fijó su residencia en Mérida —la gran ciudad universitaria andina— donde arraigó definitivamente y formó una numerosa familia. Con los años, se trasladó junto a su esposa al Reino Unido para cursar estudios de máster en la prestigiosa Universidad de Oxford, antes de retornar a la docencia universitaria en la propia Mérida.

A pesar de la distancia, jamás rompió los lazos con su tierra natal, regresando en múltiples ocasiones a Tenerife para reencontrarse con sus raíces, familiares y amigos.

Este verano de 2026, durante su estancia en el Puerto de la Cruz, tuve el honor de conocerlo junto a mi esposa, Antonia María González de Chaves y Díaz, su convecina de La Cruz Santa. En ese entrañable encuentro pudimos compartir además unos momentos con su mujer, uno de sus hijos y una amiga venezolana que los acompañaba.

Sentados en la terraza de una cafetería en la portuense calle Luis de la Cruz —cuyo propietario, según me confesó Antonio, guarda parentesco con él desde el propio pago realejero—, compartimos un torrente de vivencias sobre el paisanaje y la vasta trama familiar de La Cruz Santa. Evocamos la historia de un pueblo que, con la dignidad del trabajo por bandera, fue protagonista indiscutible de las grandes oleadas migratorias hacia Cuba y la entrañable Novena Isla venezolana.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

miércoles, 19 de agosto de 2026

SAN AGUSTÍN Y EL AMOR AL PRÓJIMO: A DIOS NO SE LE ENCUENTRA CAMINANDO, SINO AMANDO

(Fotografía de la colección particular del autor, tomada con su propia cámara, que plasma la imagen de San Agustín venerada en el templo agustino de la Villa de La Orotava).

I. LA BÚSQUEDA Y EL DESTELLO DE LA GRACIA

El 28 de agosto de 2020, Agustín Armas Hernández, entrañable amigo del Puerto de la Cruz y miembro de la Fraternidad Agustiniana, nos brindó estas reflexiones, en homenaje al insigne Doctor de la Iglesia.

Recuerda la tradición que Agustín de Hipona se acercó en un primer momento a las Sagradas Escrituras con el orgullo del retórico consumado. Acostumbrado a la elegancia estilística de Cicerón y a la filosofía clásica, la Biblia le pareció una lectura tosca, casi un lenguaje para ignorantes. Incapaz aún de percibir el Espíritu que latía tras la letra, el joven norteafricano permaneció ciego a su verdad interior.

Sin embargo, en el designio divino no hay extravío eterno. En Milán, la elocuencia profunda y alegórica del monseñor San Ambrosio comenzó a desmantelar los prejuicios intelectuales del joven maniqueo. A la par, las lágrimas incesantes y la oración callada de su madre, Santa Mónica —ejemplo imperecedero de fe perseverante—, fecundaban el terreno de su alma. La conversión no tardaría en germinar. Al releer los textos sagrados con el corazón despojado, el filósofo inquieto no pudo sino exclamar con estupor contemplativo: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva! ¡Aquí habita la verdad de la vida!».

II. DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ: CRONOLOGÍA DE UNA CONVERSIÓN

La transformación espiritual de San Agustín, acaecida en el siglo IV, constituye uno de los capítulos cumbres del pensamiento occidental y cristiano. Tras un largo y angustioso proceso de discernimiento, el santo halló la paz definitiva en el verano del año 386 d. C. (hace ya más de dieciséis siglos). Un año más tarde, en la vigilia pascual del 24 de abril del 387 d. C., recibía el sacramento del bautismo de manos del propio San Ambrosio.

A partir de aquel instante, Agustín dejó una huella indeleble en la historia de la humanidad. A través de obras inmortales como Las Confesiones o La Ciudad de Dios, se convirtió en faro espiritual para generaciones de teólogos, pensadores y contemplativos que, a lo largo de los siglos, han arriesgado cuanto tenían para proclamar la palabra del Divino Hacedor por los confines de la tierra.

Ante este testimonio de entrega, cabe preguntarnos: ¿qué ocurre con el discurrir liviano de la existencia humana? ¿Qué acontece con aquellos que transitan por este valle de lágrimas instalados en la monotonía de levantarse, trabajar, comer y dormir, sin comprometerse jamás en la búsqueda de la trascendencia ni en el amor activo? Como nos enseñó el propio Jesús de Nazaret: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas… voy a prepararos un lugar» (Jn 14, 2). En la justicia y paciencia divinas, a cada alma le aguarda la morada que haya sabido labrar a lo largo de su peregrinaje terrenal.

III. EL MISTERIO INEFABLE Y LA VOZ DEL JARDÍN

Mas, ¿bastaron únicamente las lágrimas maternales de Mónica o la sublime oratoria de Ambrosio para obrar la metamorfosis del santo? La teología agustiniana nos recuerda que el esfuerzo humano es vano sin la iniciativa de la Gracia.

El quiebre definitivo aconteció en un jardín de Milán. Sumido en una profunda crisis interior, Agustín escuchó una voz angelical con cadencia de niño que le decía: «Tolle, lege; tolle, lege» («Toma y lee; toma y lee»). Al abrir el volumen de las Epístolas de San Pablo (Rm 13, 13-14), las sombras de la duda se disiparon de golpe y rompió a llorar en un mar de contrición y gozo.

A esta vivencia espiritual se une la célebre leyenda del encuentro en la playa. Cuenta la tradición que, mientras el santo paseaba por la orilla intentando descifrar racionalmente el misterio de la Santísima Trinidad, contempló a un niño que excavaba un hoyo en la arena y vertía en él agua del mar con una pequeña concha. —¿Qué intentas hacer? —le preguntó Agustín, intrigado. El pequeño, fijando en él una mirada penetrante como la luz, respondió: —Pretendo vaciar todo el océano en este hoyo. —¡Eso es imposible! —repuso el sabio retórico. A lo que el niño, revelándose como un enviado celestial, replicó: —Más imposible es aún que tu mente humana pretenda abarcar el misterio infinito de la Trinidad en la pequeñez de tu intelecto.

Agustín buscó la luz con honestidad radical y la halló, recordándonos que, aunque muchos hombres prefieran habitar en la comodidad de la penumbra, el alma humana está hecha para la verdad.

IV. LA SÍNTESIS DEL AMOR: EL CORAZÓN TRANSVERBERADO

Muchos siglos antes de la conversión del Doctor de la Gracia, Dios confió a Moisés en el Sinaí el Decálogo: mandamientos destinados a ordenar la convivencia y el espíritu de los hombres en la tierra para conducirlos a la patria celestial. Sin embargo, San Agustín comprendió que la ley alcanza su plenitud en la caridad.

Por ello, la iconografía cristiana representa singularmente a San Agustín con dos atributos inseparables: un libro y un corazón inflamado (a menudo atravesado por una flecha). El libro simboliza la cumbre de su sabiduría teológica y filosófica; el corazón ardiente encarna el centro de su espiritualidad: el amor indivisible a Dios y al prójimo. Como dejó escrito en sus escritos pastorales, la fe no es un mero ejercicio especulativo, sino una adhesión del corazón: A Dios no se le encuentra caminando con los pies, sino amando con la voluntad.

Ya sea contemplado desde la perspectiva de su compleja personalidad —aquella hondura analítica y temperamento apasionado que algunos atribuyen a las influencias astrológicas de su nacimiento el 13 de noviembre de 354— o desde la perspectiva estricta de la fe, Agustín encarna el prototipo del buscador incansable. Por su nombre de pila y por su pertenencia a la Fraternidad Agustiniana, Agustín Armas rinde con estas notas y su fotografía un justo y devoto homenaje al Santo de Hipona, recordándonos que la verdadera sabiduría consiste en dejarse transformar por el Amor.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

 

martes, 18 de agosto de 2026

LA PIRÁMIDE DEL PODER Y SUS COYUNTURAS. (XII)

El amigo de la Villa de La Orotava ISIDRO FUENTES MELIÁN “MÉDICO” remitió entonces (18/08/2026) estas notas y fotografías que tituló “LA PIRÁMIDE DEL PODER Y SUS COYUNTURAS. (XII).”: “… A modo de epilogo.

En el primer informe oficial publicado en julio de 1918 Yurovsky mintió diciendo que se había fusilado a Nicolás II y que su familia se encontraba en lugar seguro…. Luego se especulaba sobre una masacre que había sido llevada a término por revolucionarios sin control que habían hecho desaparecer los cadáveres. Hoy se sabe, sin equívocos, (¿ni dudas razonables?) quiénes fueron los autores del magnicidio, el papel de cada uno y una serie de detalles escabrosos del magnicidio.

Los restos mortales de Nicolás y su familia fueron encontrados después de muchos años de investigación y búsqueda. Han sido identificados con las más modernas pruebas de ADN. Los 7 miembros de la familia fueron canonizados por la Iglesia Ortodoxa Rusa y sus restos “descansan en paz” en la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo.

Desde ciertos sectores se pretende mantener el debate histórico de si los líderes bolcheviques fueron responsables, por acción u omisión, (in vigilando) de lo sucedido. No hay ningún documento, orden, nota, carta o escrito, público o privado, firmado o sin firmar que incriminen a  Lenin  en los hechos. Los aficionados a la investigación prospectiva (tan de moda en la actualidad), rizando el rizo en una huida hacia adelante, afirman que Lenin dio la orden  en una nota con “lenguaje cifrado”. ¡Bueno, pues allá ellos......!

Yo apostaría por una situación de urgencia, coyuntural,  que hizo que la decisión se tomara en un nivel bajo de la pirámide del poder.- ¡¡ Muchas semejanzas con el asesinato del líder de la derecha Calvo Sotelo, los fusilamientos de Paracuellos del Jarama, el asalto a la Cárcel Modelo de Madrid, la matanza de los capuchinos en El Orinoco y……. hasta con el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante!! ¡¡Coyunturas en las pirámides del poder!!

Los anticomunistas adoctrinados, sobre todo los del dornajo (“por un plato de lentejas”) en su afán por denigrar al comunismo.( ¡Todas las ideologías buscan algo BUENO ! ) insisten, dale que dale, en confundir a los lectores, mezclando “El Terror Rojo” con la Revolución Bolchevique.

El Terror Rojo frente al Terror Blanco marca el comienzo de la Guerra Civil Rusa (1918-1922) cuando ya la revolución bolchevique había triunfado de manera singularmente pacífica. Y fue precisamente por la reacción (tardía) de la alianza internacional anticomunista de al menos 6-8 naciones con zaristas, monárquicos, derechas liberales contra los bolcheviques en el poder.

Esa guerra causó millones de muertos, pero las cantidades aproximadas varían mucho, a veces muchísimo, dependiendo de las fuentes consultadas y las intenciones (ideológicas?) de quienes las utilizan culpando a uno de los bandos de las atrocidades cometidas.

La causa de una gran parte de las muertes fue la epidemia de tifus a la que se sumó una terrible hambruna consecuencia de la crisis económica que aumentó con las circunstancias bélicas.  Las muertes de soldados en los frentes fueron menos de un millón. El Terror Rojo y el Terror Blanco con sus checas, sus torturas y sus asesinatos sumaron “cientos de miles de ejecuciones”. Pero el “Terror Rojo” se prolongó mucho más tiempo (¿innecesariamente??) con el fin de CONSOLIDAR su VICTORIA.  Suele ser el “artículo de fe” en las guerras civiles, que tratan de acabar con “El Mal” arrancándolo de raíz. Esa “limpieza", en algunos casos y no quiero señalar, se prolongó años ….El “Terror Blanco”, sobre todo el ejército, se ensañó con variados tipos de pogromos infames: licencia para matar y robar a los judíos…..

La revolución bolchevique fue tan “pacífica” que hay historiadores que hablan de “implosión” en lugar de “revolución” haciendo referencia al dominio absoluto de las masas populares dirigidas minuciosamente por los soviets (de ahí lo de Sovietica) que controlaban hasta el último y más insignificante rincón del amplio imperio. No hubo un germen de reacción contraria ni siquiera a nivel de “quintas columnas”.

 Las quintas columnas son como abrir los portalones de La Fortaleza para que el enemigo pase cómodamente…. Y es porque pueden jugar un papel capital, si no definitivo, en el desenlace de las contiendas bélicas. Un ejemplo paradigmático podemos encontrarlo en la toma de Madrid por el ejército africano de los rebeldes franquistas en nuestra guerra civil.

 Madrid “per se”, era un auténtico peligro para los republicanos.          Estaba rebosando de golpistas, de antirrepublicanos, de monárquicos “ marchamartillo”, con restos de las cloacas del estado antiguo desparramados por doquier, con sus instituciones infiltradas por conservadores, reaccionarios e inmovilistas, gentes y grupos diversos con consignas concertadas comparables al actual “el que pueda hacer que haga”…

Se trataba de desestabilizar y bien que lo lograron: robos, pillaje, agresiones, ajustes de cuentas,  asesinatos, sabotaje, complots, espias, traidores, mentiras desmoralizantes y  verdades desmoralizadoras.

A ello se sumó bombardeos indiscriminados de la población  con lluvia de octavillas anunciando un apocalipsis justiciero con castigos severos, inmisericordes, a los culpables con tintes obscenos contra la mujeres, tras la conquista de la capital que sería completa en pocos  días.

Consecuencias: un sálvese quien pueda con huida masiva de madrileños hacia donde fuera y  del gobierno en pleno hacia el levante español. Este éxodo alocado de alguna forma propició que las decisiones se tomaran desde un nivel bajo de una pirámide del poder desestructurada. Coyunturas que dieron lugar a la masacre de presos de derechas, (¿a dónde y cómo  llevarlos?) en Paracuellos del Jarama(nov. 36); asalto a la Cárcel Modelo de Madrid,(agosto -36) por milicianos republicanos sin control; precipitación en el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera (nov. 36)  en la cárcel de Alicante en donde estaba desde marzo (1936) precisamente por motivos de seguridad……

 

Foto: Feijóo con su plana mayor y su preocupante, insultante,golpista y hasta guerracivilista consigna:"El sanchismo es una mafia" (organización criminal ?)...... 

¡¡La violencia y el odio abren la puerta de la tragedia!!

Los soviets con sus orígenes de casi “asociación de vecinos (campesinos, obreros y …..soldados) fueron un factor fundamental en el dominio de las masas populares y decisivos en el triunfo de la revolución bolchevique. También  redujeron a la nada la posibilidad de que se creara una “quinta columna” promovida por las derechas.

Es lo que le ha fallado a Feijóo (foto) en intentar una y otra vez un levantamiento popular  lo suficientemente fuerte para derrocar a Pedro Sánchez. Su discurso endeble, inconsistente, voluble y especialmente falso no tiene fuerza más allá de mover a pocos centenares de “madridistas”, algunos madrileñista y, desde luego, centralistas,  tal vez forofos (¿fanáticos?) con ideas poco claras.

Lenin, con su lema “ Paz , Pan y Tierra” acertó plenamente al no emplear la violencia y esperar a que “la fruta cayera por su propio peso”: el movimiento popular, (soviético) que alcanzó, el poder de forma especialmente pacífica.

Lenin murió con 54 años dos años después de la Guerra Civil. Había sufrido varios infartos cerebrales con deterioro físico y mental en los últimos años. Tenía el colesterol alto, probablemente el malo ( LDL) y en la autopsia se encontró “arteriosclerosis galopante y atrofia extrema” con algunas arterias tan rígidas como “tubos rígidos” dijo el patólogo. Por lo visto no tenía factores de riesgo y se achacó a origen genético.

 

Isidro Fuentes Melián.- Médico.     Agosto de 2026…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

ALGO MÁS QUE EL ROQUE Y LA HISTORIA, CARLOS ACOSTA


 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS remitió entonces (18/08/2026) estas notas que tituló “ALGO MÁS QUE EL ROQUE Y LA HISTORIA, CARLOS ACOSTA”: “…Llamó cuando leyó la referencia de la publicación de aquel libro suyo presentado al mediodía de un domingo en la Villa y Puerto, en la plaza de Arriba, “Recordando el pasado de Garachico”, dedicado íntegramente a glosar la alcaldía de Lorenzo Dorta García (1969-1987). La ex rectora de la Universidad de La Laguna, Marisa Tejedor, tuvo a su cargo la intervención principal. Debió ser la última vez que nos vimos y hablamos en persona; luego contactos telefónicos, preguntas por amigos comunes y apreciaciones sobre los acontecimientos que se sucedían en nuestros respectivos pueblos.

      Carlos Acosta García, docente, escritor y periodista nonagenario, nos dijo adiós otro domingo cuando San Roque se pasea en romería y la alegría se desborda. Su última romería. Cuando sabíamos de algún acto en Garachico, Carlos estaba allí. Con eso bastaba para estar seguros de una constancia fiel y equilibrada (Aún recordamos un festival de variedades que presentamos, en tiempos de juventud formando parte del Cima Club, en las escalinatas de la plaza, cuando se nos escapó por el micrófono la orden de continuar a una de las señoritas que exhibía un modelo de moda zíngara y que se había quedado estancada en el escenario. O cuando en una noche gélida, años después, introdujíamos en La Caleta de Interián, en víspera de San Andrés, al ilustre biólogo Carmelo García Cabrera, fundador del Laboratorio Oceanográfico de Canarias). Carlos Estaba allí.

        De sus datos biográficos entresacamos que en 1971 fue distinguido por el Ministerio de Educación y Ciencia con la Orden de Alfonso X el Sabio, categoría de Cruz. Era miembro de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, del Instituto de Estudios Canarios adscrito a la Universidad de La Laguna y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

        A lo largo de los años publicó treinta y cuatro libros, de los cuales treinta y uno versan sobre hechos y personajes garachiquenses. Galardonado con varios premios periodísticos y literarios, intervino como pregonero y mantenedor de celebraciones festeras de numerosas localidades tinerfeñas.

     No pudo encontrar Acosta mejor introducción para aquella obra que estas líneas del que fuera Premio Nacional de Literatura, Enrique Azcoaga Ibas: “A la hora de soñar ya tengo un nuevo pueblo, denominado Garachico, donde la vida sabe a empeño viejo”. Porque la definición, en efecto, condensa los afanes de una población, su lucha contra los elementos, sus anhelos para superar la lejanía, su vocación americanista (sin olvidarse de Génova, de Tavira, sur de Portugal, y de Madeira), su apego a la cultura, su gratitud y su solidaridad. Carlos atesoraba todas esas cualidades; es más, ha sido el puntual cronista de muchas de ellas, como lo probaba aquel libro en el que se relata una alcaldía que Lorenzo Dorta García desempeñó, en el período apuntado, con la dedicación propia de las personas que aman a su pueblo sin reservas. Se trata de un relato muy bien documentado, doscientas páginas, que engloba artículos e informaciones aparecidos en la prensa insular entre el 22 de septiembre de 1969 y el 30 de junio de 1987. Van acompañados de una prolífica selección fotográfica que permiten rememorar la intensa actividad institucional y pública de aquellos años.

        En fin, aquel era otro documento para referenciar un período muy concreto de la historia de Garachico, que está plagada de eso, de empeño y de amor por la obra bien hecha. Cuenta Gabriela Gulisserian, en las páginas de Diario de Avisos, que la noticia de su fallecimiento se conoció con el Santo entrando a la parroquia y al finalizar la eucaristía, la procesión hizo una parada frente a su casa en la calle Pérez Zamora. Allí, el párroco de Garachico, Marcos García, hizo pública la noticia y le dedicó un rezo.

    Además, Mar Gutiérrez, actriz y vecina del municipio, deleitó a los presentes con uno de los poemas que dejó marcado Carlos Acosta en las fiestas, sobre todo en los momentos de la pandemia de la Covid-19 en los que las celebraciones no estaban permitidas.

        "Haya o no haya romería, te seguiremos queriendo como el primer día”, le dedicó a San Roque, palabras con las que se despidió al historiados del municipio con el propio santo en la fachada de su casa…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

domingo, 16 de agosto de 2026

HASTA SIEMPRE DON CARLOS

Fue precisamente durante los días luminosos de la festividad de San Roque cuando nos dijo adiós para siempre don Carlos Acosta García, entrañable amigo y figura verdaderamente emblemática de la Villa y Puerto de Garachico. Natural de este rincón del norte de Tenerife, don Carlos encarnó como pocos el sentir de su tierra. Su amor por el pueblo que lo vio nacer no solo guio su dimensión personal, sino que se convirtió en la brújula de una prolífica vida dedicada a la docencia, la investigación y la crónica de la comarca del Daute.

Como historiador apasionado y divulgador incansable, entregó su existencia con devoción absoluta a rescatar del olvido la memoria de la Isla Baja. Con un trabajo meticuloso entre archivos municipales y parroquiales, plasmó en numerosos artículos, libros y ponencias el devenir de la arquitectura local, las familias ilustres, la religiosidad popular y la singular metamorfosis urbana de Garachico tras la histórica erupción volcánica de 1706.

Pero don Carlos era, ante todo, un hombre volcado en la vida diaria de sus calles. Gran dinamizador cultural y seguidor acérrimo del centenario CD Gara —equipo que defendía como pilar de la identidad y cohesión social del municipio—, representaba la mismísima alma garachiquense. Tanto era así que solía decirse con afecto que él encarnaba una mitad del sentir del pueblo, mientras que la otra mitad pertenecía a su inseparable amigo Lorenzo Dorta. Junto al histórico alcalde y presidente insular formó un tándem irrepetible: mientras Dorta impulsaba desde la política la mayor transformación de infraestructuras que ha conocido la Villa, Carlos Acosta aportaba la visión cultural, el rigor histórico y el celo por la preservación del patrimonio que permitieron catalogar y dar el valor esplendoroso que hoy luce el casco histórico garachiquense.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL