Candelaria
Sánchez Perera, cariñosamente conocida por todos como Yaya, falleció en la
madrugada del 23 de mayo de 2026. Con su partida, la Villa de La Orotava pierde
a una de sus figuras culturales más insignes; la profesora de música que elevó
el arte de la partitura villera al más alto nivel jamás conquistado.
Su
vocación pedagógica transformó la vida de generaciones de jóvenes orotavenses.
Como profesora titular en la filial del Conservatorio Superior de Música de la
Villa, Yaya sembró una semilla imborrable. De sus aulas brotó un número
incalculable de músicos que culminaron sus carreras con calificaciones
sobresalientes. Hoy, ese legado se extiende por toda la geografía europea y
mundial: sus antiguos alumnos ejercen con éxito en institutos, conservatorios,
bandas municipales y prestigiosas orquestas sinfónicas. Asimismo, muchos de
ellos brillan hoy como compositores y arreglistas en la vanguardia de la
creación musical.
Yaya
fue también una firme defensora de las filiales de los conservatorios en las
islas, una oportunidad que desgraciadamente se perdió en el archipiélago y que
podría haber consolidado la red de conservatorios profesionales que hoy existe
en el territorio peninsular. Su profunda preparación como musicóloga, unida a
una innata facilidad para la comunicación y la empatía, le permitieron
transmitir el arte con una sensibilidad única, posicionando a su amada Orotava
en el Olimpo musical que hoy legítimamente disfruta.
El
orgullo y agradecimiento de sus alumnos quedó grabado en la historia cultural
de las islas. Ellos erigieron el prestigioso Festival de Música de Cámara Villa
de La Orotava y fundaron el Ensemble Villa de La Orotava, un grupo
consolidado hoy como un referente único en el archipiélago canario. En un acto
de profunda justicia y admiración, concedieron a su maestra el Título de Honor
durante la apertura de la segunda edición de este festival.
Los
inicios de Yaya se remontan al Colegio de la Milagrosa de la Villa, donde dio
sus primeros pasos al piano bajo la tutela de Sor Carlota y Sor Sofía. Más
tarde, se matriculó en el Conservatorio de Música de Santa Cruz de Tenerife,
compaginando sus estudios oficiales con las lecciones particulares que recibía
en su domicilio con el virtuoso profesor don Antonio Sosa Hernández, organista
oficial de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción.
En
el ámbito personal, Yaya formó una hermosa familia junto a su esposo, el
orotavense Melchor García Hernández, doctor en Ciencias Químicas por la
Universidad de La Laguna e integrante del célebre equipo de investigación del
catedrático don Antonio González y González. De su unión nacieron tres hijos
que decidieron seguir los pasos artísticos de su madre: Raquel, Úrsula y
Melchor García Sánchez.
Más
allá de las aulas y los escenarios, Yaya demostró desde joven su vitalidad en
el ámbito deportivo. Formó parte del CB Águila del Valle femenino, disputando
históricos partidos en el patio interior del Colegio de la Milagrosa y en la
mítica terraza del desaparecido Cine Atlante.
Yaya,
toda la Villa siente profundamente tu marcha. Fuiste una pedagoga
extraordinaria, una comunicadora excelente y, por encima de todo, una gran
persona y una amiga incondicional para tus alumnos, de cuyos éxitos siempre te
sentiste profundamente orgullosa.
Deseamos
que, en la eternidad, sigas disfrutando del bello arte de la partitura, del
cariño de tus músicos y de aquello que guio cada día de tu vida: la música
escrita en mayúsculas.
Un
abrazo eterno y hasta siempre, maestra.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL




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