miércoles, 21 de octubre de 2026

LUIS “EL PICHINI”, PERSONAJE POPULAR OROTAVENSE


El enigma villero ya tiene su nombre inscrito en las estrellas, y su recuerdo no nos trae hoy amargura, sino la luminosa alegría de quien supo vivir a su manera. Luis Hernández Heredia, nuestro entrañable «El Pichini», ha emprendido ese viaje definitivo que no es más que la continuación natural de sus eternos paseos por la Villa de Arriba.

La muerte no es un apagón para un alma tan singular; es el merecido descanso del caminante que ahora cuida el Casco Histórico desde un plano más alto, con la misma mística y libertad que siempre lo caracterizaron.

UN ADIÓS QUE CELEBRA LA VIDA

La noticia nos llega a través del afecto de Domingo Eduardo Hernández y Hernández y las valiosas notas que en su día rescató el compañero docente Jesús García Delgado. Nos recuerdan que Luis —hermano de Carmelo y Carlos, e hijo de doña Gregoria— perteneció a una estirpe de gente estupenda, criados entre los ecos de la calle Buenaventura Machado (la entrañable calle del Duque), el campo de La Garrota y la Plaza de San Juan.

Aunque algunos los conocieran también bajo el viejo apodo familiar de "Los Panzudos", Luis esculpió su propia leyenda en el paisaje urbano de La Orotava. Detrás de aquel aire anacoreta —de barbas rulfianas, bastón firme y cabellera alborotada— se escondía un hombre honorable, un carnicero-matarife del antiguo matadero municipal que transformó su silencioso misterio en una de las poesías cotidianas más hermosas de nuestro pueblo.

LA FILOSOFÍA DE LA LIGEREZA Y EL SALUDO ETERNO

La partida de un personaje popular nos enseña que la vida es un soplo que merece ser vivido con autenticidad. «El Pichini» no necesitaba encajar en moldes; su estrafalaria indumentaria y sus caprichos para aceptar el cariño de los orotavenses eran el reflejo de un espíritu indomable. Saludaba desde una elegante trastienda espiritual, repartiendo una cortesía pura y sin dobleces que calaba hondo en el corazón de los villeros.

Por eso, este adiós se tiñe de una sonrisa. Cerramos los ojos y lo imaginamos en el paraíso de la eternidad:

Sentado en su muro eterno, tal como hacía en el flanco sur de la Plaza de Franchi Alfaro.

Disfrutando de esa Coca-Cola fresca que siempre le brindaban los amigos.

Regalando su saludo de rigor a las almas que ahora cruzan por su nuevo camino de fe y misericordia.

Gracias, Luis, por haber adornado nuestras calles con tu presencia irrepetible. No hay tristeza en tu partida, sino gratitud por el enigma sonoro de tu nombre y la libertad de tus pasos. ¡Buen viaje, Pichini, un abrazo eterno hasta el cielo de la Villa!

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

martes, 20 de octubre de 2026

PEPE POLEGRE DE VUELTA A SU OROTAVA NATAL, AÑO 1979

 


EL REGRESO DE PEPE POLEGRE: ABRAZOS Y MEMORIA EN LA OROTAVA (1979)

Hay retornos que no se miden en kilómetros, sino en el latido agitado del corazón al cruzar de nuevo el umbral del hogar. Esta entrañable fotografía, compartida por el querido amigo de la infancia y compañero de pupitre en la inolvidable Academia Mercantil Atlántida, José Polegre Árbelo —nuestro Pepe—, inmortaliza un momento de pura nostalgia y amor familiar.

Corría el año 1979 cuando Pepe, afincado en Caracas desde aquel lejano 1964, logró cruzar el Atlántico de vuelta a su cuna orotavense. El motivo no podía ser más noble ni urgente: estrechar de nuevo entre sus brazos a su abuela y a su tía, dos mujeres venerables y longevas que encarnaban las raíces mismas de su linaje y la calidez de la tierra dejada atrás.

La escena nos sitúa en el íntimo patio de la casa familiar en La Villa. Allí, bajo la luz serena del hogar, Pepe posa rodeado de los suyos: su tía Antonia María al fondo, su querida abuela, su tía Maruca y la joven Yolanda, conformando una estampa donde el tiempo pareció detenerse por un instante para celebrar el regalo de la presencia.

Aquel viaje desde la otra orilla del océano fue mucho más que una visita; fue un acto de amor filial, una tregua a la distancia y la certeza de que, sin importar cuán lejos se vuele, el verdadero puerto de llegada siempre estará en el abrazo de la familia y en el cobijo de La Orotava natal.

 BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


EL VIAJE SIN BASTÓN DE DOMINGO ABRÉU


La muerte no es un punto final, sino el eco lejano de una campana que dobla en el misterio. Todavía resonaba en los muros de la Villa el eco del repique con el que Nuestra Señora de la Concepción despidió al amigo Tomás “El Cojo”, cuando la brisa atlántica me trajo otra noticia inevitable: la marcha hacia el infinito de Domingo Abréu Rodríguez. Hay vidas que son un viaje de resistencia, y la de Domingo fue, durante décadas, una lección silenciosa de dignidad frente a la fragilidad de la carne. Un ictus temprano intentó frenar sus pasos, condenando su cuerpo a una parálisis parcial, pero jamás logró detener su espíritu. Su figura, recortada contra el viento, se convirtió en parte del paisaje eterno del casco histórico orotavense, desafiando a la gravedad y al tiempo, apoyado siempre en su fiel bastón.

El tiempo, ese gran escultor de recuerdos, nos devuelve la imagen de sus años dorados, cuando la juventud era un campo de fútbol y el futuro una promesa abierta. Domingo corrió los estadios futboleros vistiendo el orgullo del Infantil y Juvenil Iberia, de la UD Orotava y del CF Imperial. En los altares del deporte rey dejó grabada una hazaña humilde pero imperecedera: aquel gol de puntera en el Estadio Rodríguez López frente al Juvenil Real Unión. Un disparo certero, casi fortuito pero bendecido por el destino, que selló el empate a uno y coronó al equipo como campeón juvenil de Tenerife en la temporada 1960-61. Aquella puntera no solo empujó un balón; empujó a toda una generación hacia la gloria de la memoria compartida.

La mente de Domingo fue siempre un territorio fértil. Su juventud transitó por las aulas del bachillerato y el Preu en el Colegio Santo Tomás de La Orotava y en el San Agustín de Los Realejos —adonde viajaba en aquel nostálgico micro amarillo que conducía el amigo Pepe—, completando su formación como perito mercantil en la Academia Mercantil Atlántida. Fue en los días luminosos de la Agrupación Juvenil Teide donde el azar y el amor tejieron su mejor jugada: allí conoció a Mary Gloria, la compañera que caminaría a su lado durante el resto de la existencia. Juntos compartieron la vida y el oficio bancario —él en el Banco Exterior de España, ella en el Bilbao—, construyendo un hogar donde la bondad era un habitante más, una luz tan inmensa que apenas cabía en sus corazones.

Encontrarse con Domingo por las calles de la Villa era detener el reloj para abrazar la nostalgia. En nuestras charlas siempre habitaban los ecos de la UD Orotava y las directrices del técnico “Mantinica”, los días de estudiantes y el aroma de los años idos. Domingo poseía el don de la palabra justa, una inteligencia clara y una calidez humana que desarmaba cualquier distancia social. Era, en esencia, un hombre dialogante, un puente tendido hacia los demás.

Hoy, despojado ya de la materia y del dolor, Domingo ha iniciado su último viaje. Querido amigo, búscate un lugar hermoso en ese paraíso eterno que ahora habitas. Camina libre, corre sin prisa y, sobre todo, hazlo ya sin ese bastón que la crueldad de la enfermedad te impuso en el tramo final de tu sendero terrenal. Recupera la ligereza de tus años jóvenes y busca a los compañeros del Juvenil Iberia que se adelantaron en el camino. Imagino que allí arriba el tiempo se detiene, y que en alguna verde pradera eterna estarás disfrutando y riendo con ellos, tal y como hacías hasta hace poco en la finca de Antonio Hernández Sánchez.

La muerte no gana cuando el recuerdo es tan vivo. Hasta siempre, Domingo. Te mandamos un abrazo inmenso que cruce el firmamento.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

domingo, 18 de octubre de 2026

TOMÁS “EL COJO”, LA LEYENDA DEL BALONCESTO EN LA TERRAZA DEL ATLANTE.


El baloncesto, en su mística más profunda, no se juega con las piernas; se juega con el alma y se gobierna con las manos. El pasado 18 de octubre de 2026, la Villa de La Orotava despidió a una de sus mayores leyendas callejeras, un titán que desafió a la biología y convirtió la adversidad en poesía sobre el pavimento: Tomás Luis Expósito, eternamente conocido en la memoria popular como Tomás “El Cojo”.

Nacido en 1936, justo antes de que la guerra incivil española fracturara el país, Tomás desafió desde niño las secuelas de la poliomielitis. Aquella parálisis infantil le dejó un vestigio profundo, un pie apezuñado que para cualquier otro habría sido una condena al sedentarismo. Para él, fue el punto de apoyo de su palanca para mover el mundo. En la mítica Terraza del Atlante, Tomás no pedía permiso ni compasión; pedía el balón.

Poseía unas manos descomunales y un control magnético del esférico que evocaba a los mismísimos Harlem Globetrotters. En una época donde el reglamento permitía retener el balón sin la prisa del reloj de posesión, Tomás era el amo y señor del tiempo. Su juego se desarrollaba en la pintura, como un pívot indomable que jamás temió a los más altos. Cuando la diferencia de estatura parecía insalvable, Tomás recurría a la picaresca pura del deporte de barro y asfalto: con una trastada legendaria, le pisaba el pie al rival justo antes del salto, clavándolo al suelo mientras él se elevaba hacia el aro. Con las reglas de hoy, con esa precisión quirúrgica que tenía, habría sido un letal francotirador de tres puntos.

Líder absoluto de la camiseta roja de “El Águila del Valle”, su agresividad deportiva y su obsesión por ganar lo convirtieron en un jugador temido y respetado a partes iguales. Fue, además, pilar fundamental del deporte villero al convertirse en uno de los fundadores del histórico CB San Isidro en el verano de 1967 (nacido como el CB. AA. AA. Salesianos).

También practicó el deporte rey, el futbol en el oratorio festivo del salesiano de grato recuerdo don Antonio Montero Marroquí.

 Si el destino y la historia hubieran colocado las piezas en su lugar cronológico, Tomás habría sido, sin duda, la primera superestrella y el mejor jugador de unos Juegos Paralímpicos.

Pero reducir a Tomás a la cancha sería restarle colores a un lienzo infinito. Hijo de Francisco el zapatero y músico, y de Eusebia la vendedora del merendero, Tomás heredó ese espíritu de puertas abiertas de los hogares orotavenses. Su vida juvenil era la de un ciudadano normal, pero sazonada con atrevimientos y travesuras que hoy son pura historia local. Dicen los más viejos de la Villa que, enfundado en su uniforme de la Cruz Roja, Tomás aprovechaba los trayectos al volante de la ambulancia para sembrar un caos inofensivo pero desternillante por las empinadas calles orotavenses. Conduciendo a velocidad de infarto, haciendo sonar la sirena a todo volumen y gesticulando de forma exagerada tras el parabrisas, lograba que los transeúntes se apartaran despavoridos hacia las aceras, rezando por la vida del supuesto enfermo que iba detrás. Una vez pasado el susto y al descubrir su sonrisa pícara al volante, el vecindario no podía más que reír ante otra de sus genialidades. Aquellas "monstruosidades" inocentes nunca buscaron dañar a nadie, sino arrancar una carcajada colectiva y regalar felicidad absoluta en tiempos grises.

Fue un hombre de siete oficios y catorce pasiones: monaguillo retozón con la sotana a ristre en la Parroquia de la Concepción, donde se consagró como el mejor repicador de campanas de la Villa; ebanista en el taller de la calle Colegio; celador en la Casa de Socorro; soplador de bombardino en la Academia Municipal; dibujante bajo la mirada de don José María Perdigón; corneta de la Cruz Roja y bailarín internacional con los Coros y Danzas.

Hizo de todo y lo hizo con el corazón por delante. Al final de su viaje, tras pitar mil batallas como un entrañable «arbitrucho», nos queda la estampa eterna del mito.

Imagino ahora mismo el cielo con un estruendo de campanas perfectamente acompasadas, un repique glorioso que anuncia que el ebanista, el músico y el atleta ha llegado a las torres celestiales. Y entre las nubes, me parece verle sonreír, con esa mirada pícara de quien sabe que ha ganado el partido de la vida, mientras hace girar mágicamente el viejo balón de cuero sobre la punta de su dedo pulgar. ¡Hasta siempre, Tomás!.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

CALOS ACOSTA GARCÍA (1929/2026). IN MEMORIAM

Muchos son los motivos por los que tengo que recordar al amigo y mentor Carlos Acosta García, él fue el que me comentó, hace años,  la relación de amistad  entre el garachiquense Salvador Quintero Delgado (1903/1949) y el poeta granadino Federico García Lorca(1898/1936)  que le dedicaría, en 1930, a Quintero  el poema “Baladilla de los tres ríos” con el comienza Lorca el poemario “Cante Jondo” amistad a la que dediqué varios artículos y conferencias  gracias a la información de CARLOS ACOSTA.

Mi amistad  con  Carlos  se remonta a 1978, cuando el Alcalde de El Tanque, Federico Hernández, le pide que escriba un opúsculo que resalte las peculiaridades e historia del pueblo. Libro que publicó, en 1984, y tituló “EL TANQUE. Crónica  apresurada de un Municipio casi desconocido” en el que, entre otros acontecimientos y efemérides, hace mención a la restauración  de una modesta casa campesina conocida como  El Rastradero que  había recuperado como elemento  singular de vivienda rural. Muchas han sido las tertulias en La Plaza de La Libertad (elocuente nombre para una plaza), conocida, popularmente, como Plaza de Arriba, con amigos comunes y opiniones, no siempre coincidentes, donde la cordialidad y el disenso  han sido protagonistas sobre todo en lo referente al uso tradicional de la grafía YCOD que Carlos, espoleado, por nuestro común amigo, Lorenzo Dorta, se niega, respetuosamente, aceptar, defendiendo a capa y espada lCOD.

Son muchos los intercambios de libros, poéticamente dedicados, que agradezco a Carlos  a los que he correspondido con los de Antonio Machado, su poeta favorito. El sabe de mi devoción y admiración por  García Lorca que nos lleva, con vehemencia y educada  pasión, a  contrastar los diferentes estilos de estos popes de la poética contemporánea español

El prolífico y conspicuo escritor Carlos Acosta, nacido en Garachico, comenzó desde muy joven a colaborar, literariamente, en la prensa del desaparecido diario “La Tarde” y El Día, siendo galardonado con el premio de periodismo Leoncio Rodríguez y el de poesía Antonio Reyes  además de los  premios de poesía en: San Andrés y Sauces (1978), Granada (1979) y certamen Pedro Bargeño en su XIII edición. Los artículos y crónicas periodísticas con  los que se prodigó  Carlos, durante años,  son productos de acrisolada invención imaginativa , sintética y original, donde se aprecian  una superposición de  situaciones distintas  de realidad ,reproducidas en una novedosa  invención  semántica,  de  escrupulosa ortodoxia gramatical y a, medio camino entre una realidad moralizante  y aguda ironía.  Carlos Acosta ha publicado una treintena de libros de  plural contenido (etnográfico, histórico, poético, arte sacro,). Miembro de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife (RSEAPT) y del Instituto de Estudios Canarios (IEC), siendo condecorado, en 1971, por el Ministerio de Educación y Ciencia  con La Cruz de Plata  de la Orden de Alfonso X el Sabio.

En 2004 Me comentó Carlos que si tenía interés, me enviaría una serie de frases cortas  para que las leyera y publicara en formato libro. Comentario que  hice con Manuel Feria, catedrático de farmacia, reconocido aforísta  lagunero y, con el arquitecto Hugo Luengo  habitual columnista  del Diario de Avisos y el DIA

Frases cortas  de CARLOS ACOSTA GARCIA que sería su último libro publicado, en 2024, con el título

“B R E V E R I A S”



  Libro que contienen una selección  de  las frases cortas que  Carlos escribió entre los años  1980/82 y que ven la luz  ahora  A-costa de su perseverancia, bonhomía  y prolongada docencia,  ejercida en El Tanque, El Guincho, Villamartín  Cádiz, Garachico y ,17 años, en Ycod, donde se jubiló.

En la laguna, 18 de octubre 2026

Álvaro Fajardo Hernández (alfa)

 

CARLOS:

¡¡ CONFIESO, Y PUEDO AFIRMAR, QUE HAS VIVIDO

EN, POR Y PARA

GARACHICO!!

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

LA CARRERA FINAL DEL XIX

La Carrera a finales del siglo XIX no solo era un escenario para el arte efímero de las flores, sino una auténtica pasarela de época donde el fervor religioso y la alta distinción social se fundían en un despliegue de texturas y elegancia. Alrededor del tapiz de pétalos que cubría el adoquín de esta calle señorial, la sociedad de La Villa de La Orotava se congregaba luciendo sus mejores galas, convirtiendo la procesión en un deslumbrante retrato costumbrista de la burguesía y el pueblo canario.

A lo largo de la vía, frente a los umbrales ilustres de mansiones como la del Marqués de la Florida o la casa natal del escultor Fernando Estévez, el murmullo de la multitud se mezclaba con el crujir de los tejidos más nobles. Las damas de la alta sociedad desafiaban el caluroso día con vestidos de siluetas imponentes y estructuradas, característicos de las últimas décadas del siglo. Lucían faldas de gran empaque con sutiles polisones, cuerpos ceñidos de cuello alto adornados con delicados encajes y las llamativas mangas "pata de jamón" que daban volumen y distinción a sus figuras. Cubrían sus cabezas con elegantes pamelas, sombreros profusamente decorados con plumas o flores, y resguardaban su piel del sol con delicadas sombrillas de encaje, mientras observaban el paso de la comitiva desde los balcones o a pie de calle.

A su lado, los caballeros vestían con una sobriedad rigurosa que acentuaba el carácter institucional del evento. Trajes oscuros de levita o chaqué se combinaban con camisas de cuello rígido, chalecos cruzados y corbatas pulcramente anudadas. La etiqueta de la época exigía el uso del sombrero, por lo que las copas altas, los bombines y los sombreros de fieltro punteaban la perspectiva ascendente de La Carrera, rompiéndose el protocolo solo con los mantos eclesiásticos de las autoridades y las vestimentas tradicionales de los campesinos que bajaban de las medianías.

Entre el aroma a brezo y pétalos rotos, el contraste entre el luto respetuoso de algunas mantillas negras y la paleta de colores claros de los vestidos festivos creaba un lienzo dinámico. Este desfile de sombreros, sombrillas y ropajes decimonónicos envolvía el arte de las alfombras en una atmósfera de rancio señorío, donde el orgullo de estrenar la mejor vestimenta del año formaba parte indisoluble del mismo rito efímero que, al caer la tarde, se desvanecía con los últimos rayos de sol.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

jueves, 15 de octubre de 2026

FEMINISMO, MACHISMO Y…..HEMBRISMO. (IV)

El amigo de la Villa de La Orotava ISIDRO FUENTES MELIÁN “MÉDICO” remitió entonces (15/10/2026) estas notas y fotografías que tituló “FEMINISMO, MACHISMO Y…..HEMBRISMO. (IV)”: “…En aquello del “yo con mi cuerpo hago lo que me apetezca”, si lo miras con lupa, encuentras indicios de “emancipación del dominio machista”. Es como una liberación que parece contener desafío y enfrentamiento, lo que, en tal caso, yo lo llamaría hembrismo.

El “destape” que , al menos, aun y por aquí, no he visto en los varones, el destape, digo, con su asalto al pudor ¿es una tendencia imparable hacia el nudismo? Pues bienvenido sea: ¡¡ todo radica en acostumbrarse….. !!  

En tal caso, ¿qué lugar de los cuerpos, esbeltos y no tan esbeltos, de varones y mujeres, sería el preferido para lucir el piercing sin que  estorbe….? ¿ Sería el nudismo un “quiero pero no puedo” entre un retorno a la naturaleza y la fiesta del narcisismo y el exhibicionismo?

Mientras se disipan las dudas, evitemos las extravagancias y excentricidades fuera de tiempo y de lugar por aquello de que…. un “desvestido”, un tanga, un tatuaje grotesco, un piercing descolocado, etc. emborronan la belleza que, como les decía, no necesita escenarios impúdicos para manifestarse en todo su esplendor.

 

Yo llamo hembrismo a un movimiento de mujeres infiltrado o camuflado dentro del feminismo que se caracteriza por su extremismo en cuanto a culpar a los hombres, los machos, de casi todos sus males destacando aquellos consecuentes a la represión sexual  ejercida sobre ellas con quiebra de sus libertades.

 

  Figura: el afilado tacón del hembrismo.   

Con sus tacones afilados , las hembristas intentan crucificarnos. Dicen que somos violadores en potencia y que disfrutamos  violando por puro  hedonismo- (¡ manda huevos !)-. Que, salvo excepciones, las utilizamos como objetos de placer. Que somos pederastas en potencia por la simple razón (simpleza)  de que la pederastia es muchísimo más frecuentes en los hombres que en las mujeres, saltándose todos los interrogantes aún por contestar sobre tan importante problema. Dicen que somos monstruos por acecharlas en los túneles oscuros de las noches para saciar nuestra hambre de sexo. Que disfrutamos intimidándolas obscenamente con el piropo callejero en cuanto pasean indefensas por las esquinas del barrio.

En los trágicos finales de la “violencia machista”, por mal estudiados,  peor explicados y pesimamente PREVENIDOS pueden encontrar las hembristas (¿tambien las feministas?) los argumentos para hablar de la perversidad de los hombres que llevamos, poco menos, los gérmenes del mal en nuestro adn.

 

Dicen las hembristas (aquí sí con el apoyo de muchas feministas)  que un matriarcado hubiese sido mucho mejor que el patriarcado que adjetivan de autoritario, represor y machista y sostienen como pilar fundamental que con ellas, por lo menos, se hubieran evitado las guerras….

¿Qué quieren ustedes que les diga? Pues tenemos dudas ya que: insultan con palabras y gestos beligerantes, se tiran de las greñas en la grada y agreden al árbitro asaltando el campo de fútbol en los partidos de alevines en donde juegan sus hijos y ….los hijos de la vecina. Exagero ""paque""se me entienda o...¿no exagero?

Siempre hay alguna hembrista, en el frente de la manifestación feminista, con  proclamas y gestos agresivos  que exagera si ve que tu, inocente macho que andabas por allí. la estás mirando…No te acerques ni aunque vayas sonriente. Aléjate..... para evitar que te atice con el palo de la pancarta si te coge a tiro… ( Si esto no es verdad, doy fe de que es la percepción mental que inquieta a algunos varones)

Por cierto y que sirva de relax: si al frente de la manifestación feminista ves a un macho furibundo jugando un papel protagonista, ¡ojo, …..mucho ojo!: tal vez sea un machista fanático, por lo que conviene  recordar aquello de que, “”al frente de los bomberos puede ir el pirómano””…..buscando limpiar su currículo y, de camino, una  coartada para el futuro.

Se suele confundir o mezclar la llamada “violencia machista”, originada por los celos, con los otros tipos de violencias, doméstica, familiar o de convivencia, en que los celos no juegan papel alguno. Y les recuerdo que los celos son un instinto ancestral, por lo tanto, muy difícil, si no imposible, de controlar. En los animales inferiores, por ejemplo, perros y gallos, los lleva a una pelea a muerte en defensa de la pureza de los propios genes.

 Parece claro que el movimiento feminista crea en nosotros los varones cierto rechazo, ciertas desconfianzas y hasta temor y preocupación por las derivas  social, jurídica y hasta sexual que pueda tomar la lucha contra la Violencia Machista si es orquestada y dirigida por el componente hembrista de los feminismos.

 

  Al varón poco le molesta que SU MUJER (unidad-proyecto ideal de la supervivencia de su estirpe) sea catedrática, premio nacional de literatura, que triunfe como virtuosa del arpa, el violín o el piano, que destaque en la política o en la investigación científica, que gane mucho dinero vendiendo sus cuadros o se haga millonaria jugando al tenis o al fútbol.….Tal vez, quién sabe, quizás, le molestaría vivir bajo su paraguas,(¿cuestión de dignidad?) pero lo que entraría en su vida como una tempestad arrolladora sería la sospecha de su infidelidad sexual.

 En los hombres comienza por una vigilancia estricta, dia y noche, un control “cuasi policial” sobre la pareja, que merma su libertad y, de camino, la convivencia. Si no se pone un remedio consensuado, razonado y PREVENTIVO a esta situación, ya sabemos cómo puede acabar en un final dramático con su “venganza vicaria” tan difícil de conceptuar cuando se perpetra en inocentes del entorno del ejecutor. ¡¡¡No tiene nombre!!!

 

(Continuará)

 

 

Isidro Fuentes Melián.- Médico.   Octubre.- 2026…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL