Fotografía
de mi archivo particular tomada de mi cámara.
El amigo del Puerto de la Cruz;
SALVADOR GARCÍA LLANOS remitió entonces (17/07/2026) estas notas que tituló “FUSIÓN
FIESTA Y RELIGIÓN”: “…No será fácil enhebrar las
ideas de esta columna al socaire de las vivencias de la conmemoración de la
festividad de la Virgen del Carmen en el Puerto de la Cruz el pasado martes, la
105 procesión terrestre-marítima, si no están mal las cuentas, desde que el
cura Antolín Fernández, párroco de la Peña de Francia, allá por 1921, impulsara
la iniciativa luego convertida en tradición, al considerar inapropiado que los
pescadores y marinos portuenses tuviesen que celebrar la fiesta de su patrona
en Los Realejos. El cura Antolín hizo todo lo que estuvo a su alcance para que
procesionaran las imágenes de la Virgen del Carmen (del Buen Paso) y de San
Pedro González Telmol, no solo por las calles del pueblo sino por su litoral a
bordo de las embarcaciones existentes. Esa fue, según se estima, la singular
primera procesión que cumplía, decimos, ciento cinco años.
Dando por asumida la dificultad
y respetando las creencias y las modalidades de diversión de cada quien, allí
vibró, en un área que tiene tanto de entrañable como de paisaje urbano
aniquilado y subsistencia con respiración asistida, una mezcolanza de
religiosidad primitiva, de fervor divertido y bullanguero que se abona a lo
lúdico haciendo que trasnochen los insultos y los desórdenes de no hace muchos
años, cuando la celebración rozaba -¿rozaba?- la anarquía y el descontrol que
solo cedía, ya bajo la luna de julio, cuando las calendas, las gargantas y el
cansancio físico iban causando mella.
Es la hora de sublimar los
sentimientos, el fervor y la identificación, como tratamos de explicar ante las
pantallas de RadioTelevisión Canaria, con mensajes de Venezuela, Costa Rica y
México repletos de nostalgia, evocadores de niñez y juventud, de los lares
familiares y de las tradiciones más firmes que se resisten a evaporarse, aunque
no se cultiven, como ya se encargara de contradecir Juan Pérez Delgado, el
célebre dramaturgo y poeta lagunero de original sobrenombre, Nijota, citado en
la narración: “¡Puerto de la Cruz! Pueblo cosmopolita, amado. Por todo lo que
he dicho y por lo que he callado. Tengo mi corazón a tus gracias abierto.
¡Tengo mis ilusiones ancladas en el Puerto!”
Era una mezcla de todo eso y la
que las circunstancias quisieron agregar otro factor de tensión para completar
la estampa surrealista: desde pantallas de televisión que daban a las calles,
por donde circulaban miles y miles de ciudadanos, de toda condición social,
locales y llegados desde muy distintas latitudes, para respirar la
atmósfera envolvente del fútbol televisado: España, ante Francia, disputándose
un puesto en la final mundial de New York.
Hasta la cantante icodense
Fabiola Socas, desde el balcón donde cantan cada año a la Virgen, se entusiasmó
y elevó sus brazos uniéndose al festejo de celebración cuando el grito
universal del fútbol eclosionó en aquel punto de la orilla atlántica, por donde
entró la Ilustración y ahora, algunos siglos después, despertaba el alborozo de
tanta gente que aguardaba la embarcación y participaba del doble gozo. Su
imagen, al mar; y su seleccionado nacional, camino de la final. Tony Acedo
desgranaba sus sevillanas sin reproches al terminar la faena y un mayestático
Santiago Melián puso a prueba por enésima vez sus delicadas cuerdas para
emocionar al personal y cualificar la festividad. Que se lo digan a Alexis
Hernández, narrador intenso y apasionado de la misma.
Fue la tarde en que fusionaron
fiesta y religión, cuando sublimaron los sentimientos, sí. Esos que solo se
entienden cuando los fornidos brazos de los cargadores -siempre acreedores de
vítores- elevan la inigualable imagen de Ángel Acosta sobre la falúa, el pueblo
grita “¡No pasa nada, la Virgen está embarcada!” y un irrepetible
chisporroteante juego de agua de mar anuncia la navegación por el litoral.
Cualquiera se hubiera apuntado
a la fusión. Por algo la imagen entró en el templo a las tres de la madrugada…”
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

























