Bajo
el cielo eterno de la Villa de La
Orotava, entre la solera del Llano
de San Sebastián y el aroma de la Huerta del Moral, germinó una historia de amor destinada a
perdurar. En este rincón bendecido de nuestra tierra nacieron y entrelazaron
sus raíces Conchi Domínguez Pérez
y Manuel Cabrera, dos almas
nobles cuyo destino ya estaba escrito con letras de oro.
Conchi,
dueña de una gracia innata, cultivó su mente y su sensibilidad en el entrañable
Colegio de la Milagrosa de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.
Más tarde, su calidez y eterna simpatía se convirtieron en el alma de
emblemáticas firmas de la Villa, dejando una huella imborrable como dependienta
en Bernardo Hernández León (Galerías
Lys) y en Riscota, donde
su mirada atenta iluminaba cada jornada.
Manuel,
por su parte, forjó un camino de constancia y sabiduría. Su juventud se nutrió
en las aulas de los colegios Santo
Tomás de Aquino en La Orotava y San
Agustín en Los Realejos. Su mente brillante lo llevó a conquistar la Escuela Normal de La Laguna como
maestro y la Escuela de Comercio de
Santa Cruz de Tenerife como Perito
Mercantil. Con esa misma entrega y precisión, dedicó varias décadas de
su vida profesional a la contabilidad en el mundo de la hostelería.
Pero
la verdadera obra maestra de sus vidas comenzó el 3 de octubre de 1971, el día en que unieron sus manos y sus
corazones en matrimonio. Desde aquel bendito otoño, han construido un hogar
colmado de felicidad plena y
complicidad inquebrantable. Para nosotros, ser testigos de este amor es
un verdadero privilegio; un lazo sagrado de amistad profunda que trasciende lo familiar, uniendo nuestras
vidas a la suya en un abrazo eterno que el tiempo no hace más que fortalecer.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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