jueves, 1 de marzo de 2018

EL CONVENTO DE SAN JOSÉ

En el solar donde hoy se alza el Palacio Consistorial de la Villa de La Orotava latía, hasta el siglo XIX, el Convento de San José, uno de los cenobios femeninos más monumentales de la provincia de Canarias. Perteneciente a las monjas Clarisas, este imponente conjunto arquitectónico fue víctima de las turbulencias políticas, el proceso desamortizador y el afán urbanístico de una época que decidió demolerlo para levantar, sobre sus cenizas y con sus propias piedras, el actual edificio del Ayuntamiento.

LA PRESIÓN DE LA PRENSA Y LA PUGNA POR EL ESPACIO (1841)

Tras el incendio que redujo a ruinas las antiguas casas consistoriales —la célebre Casa Brier—, la acuciante necesidad de espacio público desencadenó una fuerte ofensiva contra la comunidad de Clarisas. La prensa local de la época reflejó la profunda fractura entre el fervor secularizador y la defensa de las religiosas.

1. EL FRENTE PROGRESISTA Y LA IRONÍA DE LAS DENUNCIAS

En un comunicado publicado el 9 de julio de 1841 (ejemplar n.º 8), un ciudadano anónimo invocaba el «amor al pueblo y el cumplimiento de las leyes superiores» para instar al Gobierno a clausurar el monasterio. Argumentaba que el exiguo número de monjas no justificaba mantener ocupado un inmueble tan vasto, imperiosamente necesario para albergar el Ayuntamiento, la escuela de primeras letras y el cuartel de la Milicia Nacional.

El escrito ironizaba sobre el estancamiento de las órdenes de desalojo, insinuando con picardía si el retraso no se debería a que "los famosos bizcochos de estas monjas habrán extraviado los comunicados de las autoridades", y exigía mayor celo institucional para que las leyes no terminaran vueltas "sal y agua, ni dulces ni tostadas, ni misas ni doñas Luisas".

2. LA RÉPLICA HUMANITARIA Y PATRIMONIAL

Frente al acoso liberal, otra voz se alzó en las páginas del periódico Teide para denunciar la crueldad que entrañaba expulsar a unas ancianas religiosas que apenas "disfrutaban de la triste ventaja de exhalar, bajo su techo, sus gemidos y lamentar la miseria en que el Gobierno las ha sumido", negándoles incluso la modesta pensión prometida a cambio del despojo de sus bienes.

Este autor ponía de relieve la magnitud del monumento —comparable en envergadura a los grandes conventos de San Francisco en Santa Cruz o San Agustín en La Laguna— y refutaba la necesidad del desalojo. Exponía que las monjas no representaban una carga para el Erario Público, ya que se les descontaba un real de vellón por persona en concepto de alquiler.

Además, proponía una alternativa sensata y piadosa: emplear el Convento de San Nicolás (extinguido tras el incendio de 1815 y su posterior reconstrucción, actual edificio de Correos), que por entonces albergaba al Comisionado del Crédito Público. Concluía con un firme alegato:

"Queden estas religiosas en su mansión y guarde el progresista sus empeños para causas que no lleven tan claramente impreso el sello de la injusticia y de la inhumanidad."

EL TRISTE DESENLACE Y EL ABANDONO (1868)

A pesar de la resistencia de las religiosas y de la empatía de parte de la ciudadanía orotavense, la presión política e institucional terminó por consumar la expulsión. Trágicamente, la noche del 12 de octubre de 1868, las últimas monjas clarisas abandonaron para siempre el Convento de San José.

Poco tiempo después, la piconera y la piedra volcánica de sus muros fueron desmanteladas para erigir sobre el mismo solar el actual Palacio Municipal. Desapareció así uno de los grandes hitos del patrimonio claustro-sacro de La Orotava, dejando tras de sí el eco de sus protestas y las huellas fotográficas de su portada como mudo testigo de la historia.

LA PORTADA SUPERVIVIENTE: DE LA PORTADA RENACENTISTA A LA ERMITA DEL CEMENTERIO

Su valiosa portada —con labra de filiación renacentista/plateresca y elementos barrocos añadidos— fue salvada de la demolición y reubicada en el Cementerio Municipal de la Villa. Aunque en un principio se proyectó como portada de acceso al propio recinto cementerial, finalmente se acordó que presidiera la fachada de la capilla del camposanto. Desgraciadamente, dicho templo sufrió un devastador incendio en la década de 1980, por lo que este valioso vestigio de la arquitectura orotavense requiere hoy en día una restauración integral de carácter urgente.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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