MEMORIA VIVA DE LA HUERTA DEL MORAL (VI):
EL LATIDO IMPERECEDERO DE LOS CUARTOS
En estos tiempos extraños de zozobra
colectiva, en los que resistimos al embate de un bicho atómico y mortífero que
confina los cuerpos pero no los recuerdos, se vuelve más
necesario que nunca el refugio de la memoria. Fue en este escenario de
supervivencia cuando el amigo y alumno Emiliano Ramos Amaro encendió una luz
del pasado, remitiendo unas fotografías que son oro puro: el testimonio visual
de la inauguración del entrañable barrio de Los Cuartos,
erigido sobre las tierras fértiles de la antigua Huerta del Moral.
Aquel territorio original, que la geografía del alma no
olvida, extendía sus dominios desde la Carretera General de Los Pinos y El
Recodo, cobijándose en la parte baja del Colegio de La Milagrosa hasta llegar a
la Cañada. Con el devenir del tiempo y el bautismo popular como Los Cuartos, el
mapa del barrio estrechó sus lazos con el Estadio Municipal, el propio colegio
y el viejo camino de la Cañada; un trozo de suelo orotavense destinado a hacer
historia.
Corría el año 1945
cuando el Excelentísimo Ayuntamiento de la Villa, de la mano del Mando
Económico liderado por el Capitán General de Canarias, don Francisco
García-Escámez e Iniesta, y bajo la alcaldía de don Cándido Acosta Hernández,
levantó aquellas recordadas «casas baratas». Eran hogares humildes y dignos de
una sola planta, coronados por tejados que dibujaban el horizonte y chimeneas
que albergaban el calor de la posguerra. La naturaleza, siempre caprichosa,
quiso dejar su huella en 1957,
cuando un feroz temporal de viento arrancó los tejados de cuajo, obligando al
vecindario a sustituirlos por cubiertas de mampostería, cambiando para siempre
la fisonomía de sus techos pero no la fortaleza de sus gentes.
La fe y el agradecimiento del barrio encontraron su altar
en 1984.
Por iniciativa y generosidad de la familia González Yumar, quienes asumieron
prácticamente la totalidad de los costes, se alzó la Capilla junto al Depósito
del agua a presión, un faro espiritual en honor a la Virgen Milagrosa. Aquel
inolvidable 17 de noviembre de 1984,
siendo párroco y arcipreste de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la
Concepción don Jacinto Barrio Acosta, la pequeña ermita fue bendecida por el
Obispo Nivariense, don Damián Iguacen Borau, sellando un pacto de devoción
eterna.
Los
Cuartos es, en esencia, el escenario de mi infancia, un territorio
sagrado donde habitan mis raíces, mis grandes amigos y mi familia. Por eso
duele el olvido. Cuesta comprender el desdén institucional hacia lo que ya está
históricamente escrito y forjado con el sudor de los nuestros. La Villa tiene
una deuda de gratitud y reconocimiento con nombres que cimentaron este rincón:
desde la visión de don Antonio Hernández (de Las Tapias) y el alcalde don
Cándido Acosta, hasta la entrega de la familia González Yumar; pero también con
la intrahistoria de sus calles, encarnada en personajes irrepetibles como María
«la de la Venta» o el Maestro Francisco Mesa el herrero, artesano del fuego y
el metal.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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