lunes, 28 de octubre de 2024

LUIS HERNÁNDEZ LUGO “PRACTICANTE”


Luis Hernández Lugo, nuestro eterno “Practicante”, nació bajo el cielo de la Villa de La Orotava un 18 de agosto de 1923, y partió el 29 de octubre de 1999, apenas seis meses después de perder al gran amor de su vida. Su alma, noble y profundamente unida a la de su esposa, simplemente no supo habituar este mundo sin ella.

Luis fue un hombre ejemplar, un faro de bondad infinita cuyo corazón latía siempre al compás de las necesidades de su familia y de sus amigos. Su generosidad era tal que su hogar jamás conoció la soledad: era casi imposible cruzar su umbral a la hora de comer y no encontrar un comensal extra en la mesa, un invitado acogido con la calidez que solo él sabía brindar.

Como enfermero, profesión que dignificó con una trayectoria intachable, fue mucho más que un sanitario; fue un guardián de la salud de su gente. En aquellos tiempos difíciles, cuando los medios de transporte eran un lujo inexistente, Luis recorría caminos y acudía a las llamadas de auxilio desafiando cualquier distancia, forjando un sinfín de anécdotas que hoy guardamos como tesoros de entrega y vocación. Dejó su huella profesional y humana en Sanidad y en el ambulatorio del Puerto de La Cruz durante sus últimos años, así como en el hospital de La Santísima Trinidad de su amada Villa de La Orotava, donde asumió con orgullo y respeto el relevo de su padre, don Felipe Hernández.

La vida también le reservó zarpazos mudos y desgarradores. En 1971, la trágica e inesperada pérdida de su hijo Justo Luis tiñó de luto su alma, abriendo una herida profunda que jamás llegó a cerrar del todo, un dolor compartido en el silencio cómplice de toda una familia que aprendió a vivir con esa ausencia.

Hoy, al cumplirse el 25 aniversario de su partida, este tributo nace del alma para honrar a un villero de pura cepa. Un hombre que amó profundamente su tierra y a sus gentes, y que llevó el orgullo de sus raíces orotavenses más allá de nuestras fronteras, en cada rincón del mundo que le tocó visitar.

Nos quedan grabadas a fuego sus largas charlas, alimentadas por una memoria prodigiosa y una vasta cultura que convertía cada conversación en un regalo. Nos enriquecía el intelecto y nos reconfortaba el espíritu. Hoy te extrañamos, Luis, pero tu luz, tu mesa siempre puesta para el prójimo y tu intachable recuerdo siguen vivos en cada uno de nosotros.

 

BRUNO JUAN  ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


 

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