Una tarde de Reyes lluviosa me trasmiten la triste noticia del
fallecimiento de un amigo desde la infancia colegial; Antonio Pizarro Hernández
que conocíamos por “Tonchu”, un notable ingeniero graduado en la escuela
superior de Madrid.
Nació en la Villa de La Orotava en el año 1951, falleció en Madrid el seis
de enero del 2026, hijo de un conocido matrimonio orotavense; Bernardo Pizarro Alzamora
(Licenciado en Ciencias Químicas), y Coral Hernández y González de Chaves.
Su abuelo materno un centenario industrial de la confecciones y tejidos,
originario del Pago de la Cruz Santa (Los Realejos) don Bernardo Hernández
León, que desde el principio del siglo XX, empezó con su tienda de tejidos en
la calle de la Carrera de La Villa de La Orotava que sus herederos la
convirtieron en una gran empresa al por mayor que se denominó “Galerías Lys”.
Tonchu fue mi compañero en los párvulos de Sr Catalina y Sor Dolores en el Colegio
de la Milagrosa de las Hermanas de La Caridad. Cumplido este periodo pasamos al
colegio de San Isidro en la clase que se llamaba “La Chica”, colegio que
abandoné entonces pues no me hallaba en sus aulas, por lo que pasé al Colegio
de San Fernando en la calle de San Francisco, y Tonchu permaneció en el colegio
de San Isidro con los Salesianos hasta sexto de bachillerato.
En el curso 1963-64, regresé al colegio de San Isidro, pero no pude
reencontrarme en la misma aula que permanecía entonces Tonchu, pues los
salesianos me hicieron repetir segundo curso, mientras Tonchu siguió en tercer
curso.
El amigo Tonchu cursó un preuniversitario extraordinario cuyas pruebas de
madurez en la universidad de la Laguna las superó con notas de muy alto nivel,
lo que le facilitó realizar el selectivo de Ciencias e irse a la capital de
España a estudiar Ingeniero Superior, graduándose con sobresalientes calificaciones.
Trabajó en empresas con la categoría de ingeniero, pero al final entró de
profesor de radios en la escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife.
Un amigo irrepetible, tenía una personalidad con una enorme dotación
comunicativa con sus amigos y familia.
Como estudiante, ingeniero y profesor, fue una figura de muy alto nivel,
con facilidad de llegar a cualquiera que necesitaba saber y dotarse de sus
conocimientos.
En los últimos años antes de la Pandemia me lo tropezaba con frecuencia en
los conciertos que se celebraban en el auditorio Adam Martín de la capital
Tinerfeña de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, en donde apreciaba y se
entusiasmaba en ver y oír a mis hijos con la orquesta.
Después de la pandemia, me enteré que sufría una enfermedad generativa, y
se encontraba en silla de ruedas, compartiendo residencias entre Madrid (donde
residía su hija) y su hogar familiar en Santa Cruz de Tenerife.
Tonchu, recuerda aquellos años de nuestra juventud, donde nos divertíamos
en los bailes en casa de; Nena Martín, Marisol Cabrera, María Luz Hernández,
Toño Martín, Paco Hernández Álvarez, Felipe Hernández y demás, formamos una
parranda para la Romería de San Isidro, que todos los años nos contrataban para
San Benito en la Laguna.
Tus veraneos con tu familia en Los Cristianos, entonces un desierto tipo
paraíso con una sala cinematográfica de tercera y una discoteca poco ortodoxa,
pero los baños en el muelle y los paseos por la playa eran una quimera.
Descansa
en paz amigo Tonchu en ese paraíso eterno colmado de fe y misericordia, no
olvide aquellas reuniones de la juventud en la plaza del Kiosco villero.
Un
abrazo amigo mío hasta siempre.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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