El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR
GARCÍA LLANOS remitió entonces (21/05/2026) estas notas que tituló “EN
MEMORIA DE GILBERTO MACHADO MÉNDEZ”: “…Decimos hasta
siempre a Gilberto Machado Méndez, farmacéutico del Puerto de la Cruz,
fallecido hace unos días, a la edad de 94 años.
Su céntrico establecimiento que
regentaba junto a su esposa, Mary Duque, hija de un popular sastre y entrenador
de fútbol de Santa Cruz de la Palma (Tenisca y Puerto Cruz), e hijos, fue de
los primeros en introducir la práctica de análisis clínicos en la ciudad
turística.
Gilberto, además de dirigente
futbolero (fue presidente del Club Deportivo Puerto Cruz), fue un apasionado
colombófilo que dedicó muchas jornadas a los célebres viajes que volaban la
ruta atlántica y al seguimiento, tanto de las sueltas como de las llegadas, en
largas jornadas que compartía desde azoteas y palomares.
Apasionado, sí, en sus
descripciones y discusiones sobre las hazañas de quienes disfrutaban -a veces
con evidentes frustraciones- con esta práctica tan popular durante décadas no
solo en la ciudad turística sino en otras muchas localidades del norte tinerfeño.
Eran los tiempos de las “bodas
de palomas”, de los cruces de razas y especies y de las mensajeras, empleadas
incluso como medio de información y comunicación para transmitir, por ejemplo,
resultados de encuentros de fútbol o nacimientos de un nuevo vástago en las
familias.
Gilberto Machado perteneció
durante décadas al Grupo Colombófilo Norte de Tenerife. Siempre puntual a las
citas de las sueltas y siempre presente en los largos actos de entrega de
trofeos y distinciones al final de la temporada, cuando los palomeros se daban
cita para hablar de píldoras de alimentación o de las marcas registradas por
algún ejemplar en trayectos de larga distancia, principalmente con países de
África ribereña.
Machado ahí era uno más.
Cargaba las cestas para su transporte, preguntaba, inquiría, anotaba, dudaba y
estimulaba a compañeros que entretenían la larga espera hasta las llegadas,
transmitía por radio las noticias de las mismas y disfrutaba con las
anotaciones de los registros correspondientes. Una buena persona, en
definitiva, a la que gustaba repetir la frase “hay que limar asperezas” cuando
una discusión subía de tono y alguien exageraba al contar su particular hazaña.
Se volcó con sus hijos en la popular y vanguardista farmacia, donde los
ciudadanos eran atendidos con el afecto que granjeaba confianza.
Bromista, dicharachero, lector
curioso, democrático, aún tuvo tiempo para ser promotor del Partido
Nacionalista Canario y de participar en alguna campaña, nacionalista… Será
recordado…”
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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