jueves, 16 de julio de 2026

FUSIÓN FIESTA Y RELIGIÓN


 

Fotografía de mi archivo particular tomada de mi cámara.

 

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS remitió entonces (17/07/2026) estas notas que tituló “FUSIÓN FIESTA Y RELIGIÓN”: “…No será fácil enhebrar las ideas de esta columna al socaire de las vivencias de la conmemoración de la festividad de la Virgen del Carmen en el Puerto de la Cruz el pasado martes, la 105 procesión terrestre-marítima, si no están mal las cuentas, desde que el cura Antolín Fernández, párroco de la Peña de Francia, allá por 1921, impulsara la iniciativa luego convertida en tradición, al considerar inapropiado que los pescadores y marinos portuenses tuviesen que celebrar la fiesta de su patrona en Los Realejos. El cura Antolín hizo todo lo que estuvo a su alcance para que procesionaran las imágenes de la Virgen del Carmen (del Buen Paso) y de San Pedro González Telmol, no solo por las calles del pueblo sino por su litoral a bordo de las embarcaciones existentes. Esa fue, según se estima, la singular primera procesión que cumplía, decimos, ciento cinco años.

Dando por asumida la dificultad y respetando las creencias y las modalidades de diversión de cada quien, allí vibró, en un área que tiene tanto de entrañable como de paisaje urbano aniquilado y subsistencia con respiración asistida, una mezcolanza de religiosidad primitiva, de fervor divertido y bullanguero que se abona a lo lúdico haciendo que trasnochen los insultos y los desórdenes de no hace muchos años, cuando la celebración rozaba -¿rozaba?- la anarquía y el descontrol que solo cedía, ya bajo la luna de julio, cuando las calendas, las gargantas y el cansancio físico iban causando mella.

Es la hora de sublimar los sentimientos, el fervor y la identificación, como tratamos de explicar ante las pantallas de RadioTelevisión Canaria, con mensajes de Venezuela, Costa Rica y México repletos de nostalgia, evocadores de niñez y juventud, de los lares familiares y de las tradiciones más firmes que se resisten a evaporarse, aunque no se cultiven, como ya se encargara de contradecir Juan Pérez Delgado, el célebre dramaturgo y poeta lagunero de original sobrenombre, Nijota, citado en la narración: “¡Puerto de la Cruz! Pueblo cosmopolita, amado. Por todo lo que he dicho y por lo que he callado. Tengo mi corazón a tus gracias abierto. ¡Tengo mis ilusiones ancladas en el Puerto!”

Era una mezcla de todo eso y la que las circunstancias quisieron agregar otro factor de tensión para completar la estampa surrealista: desde pantallas de televisión que daban a las calles, por donde circulaban miles y miles de ciudadanos, de toda condición social, locales y llegados desde  muy distintas latitudes, para respirar la atmósfera envolvente del fútbol televisado: España, ante Francia, disputándose un puesto en la final mundial de New York.

Hasta la cantante icodense Fabiola Socas, desde el balcón donde cantan cada año a la Virgen, se entusiasmó y elevó sus brazos uniéndose al festejo de celebración cuando el grito universal del fútbol eclosionó en aquel punto de la orilla atlántica, por donde entró la Ilustración y ahora, algunos siglos después, despertaba el alborozo de tanta gente que aguardaba la embarcación y participaba del doble gozo. Su imagen, al mar; y su seleccionado nacional, camino de la final. Tony Acedo desgranaba sus sevillanas sin reproches al terminar la faena y un mayestático Santiago Melián puso a prueba por enésima vez sus delicadas cuerdas para emocionar al personal y cualificar la festividad. Que se lo digan a Alexis Hernández, narrador intenso y apasionado de la misma.

Fue la tarde en que fusionaron fiesta y religión, cuando sublimaron los sentimientos, sí. Esos que solo se entienden cuando los fornidos brazos de los cargadores -siempre acreedores de vítores- elevan la inigualable imagen de Ángel Acosta sobre la falúa, el pueblo grita “¡No pasa nada, la Virgen está embarcada!” y un irrepetible chisporroteante juego de agua de mar anuncia la navegación por el litoral.

Cualquiera se hubiera apuntado a la fusión. Por algo la imagen entró en el templo a las tres de la madrugada…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL     

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