viernes, 10 de agosto de 2018

CANDELAS, ENTRE EL GEMIDO Y LA TROVA


El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS. Presidente de la Asociación de la Prensa de Tenerife, remitió entonces (11/08/2018) el Pregón de las fiestas de la Villa de Candelaria (A la memoria de Juan José Acosta de León, empleado público del Ayuntamiento).
Que tituló; “CANDELAS, ENTRE EL GEMIDO Y LA TROVA”: “…Candelaria (Tenerife)
Salón de actos del Ayuntamiento. Agosto 8/2018

<<Solo sé, de manera definida,
que en esta noche de la duda incierta,
tengo una puerta que orienté a la Vida
y una ventana a lo Infinito abierta...>>.

Sirva este pensamiento poético del escritor y periodista tinerfeño Luis Álvarez Cruz para que el pregonero agradezca, en primer lugar, la oportunidad de serlo; y afronte el trance con decidido afán tanto de estar a la altura de las exigencias de lo que la fiesta simboliza como de corresponder a quienes la preparan con tanto esmero: al pueblo candelariero.
Alcaldesa, prior, señoras y señores capitulares, dignísimas autoridades, representaciones, amigas y amigos:
Conste que la puerta no es para llenar de vivencias personales y utilitarismos nostálgicos un cometido que asumimos con el entusiasmo y la responsabilidad que se aceptan estos encargos. Todo lo más: admitan que el relato será otra prueba de la vocación latente para plasmar ideas y contar cosas. Es la puerta orientada a una existencia muy pegada al oficio, alternado con el ejercicio de responsabilidades públicas en distintas instituciones que, aunque parezca paradójico, fortaleció aquél, el oficio, labrado en un aprendizaje permanente que nos ha llevado a recorrer caminos y escenarios en pos de conocer mejor la historia, el costumbrismo, los sentimientos y la idiosincrasia de los pueblos.
La ventana al Infinito, pues, está abierta. Desde ella, contemplamos el Soneto del sur, del mismo Álvarez Cruz:

“Primero fue la tierra, la tierra ensimismada
en un sueño grandioso y un parturiento afán;
la tierra interminable, generosa, sagrada:
la que nos da la vida, el reposo y el pan.
Tal como ésta del sur, que arde al sol, impregnada
del sudor de los hombres que por la historia van
trazando, surco a surco, la leyenda dorada
cuyo héroe asume la forma de un titán.
Canta el agua en la acequia. Quema el sol en la altura.
El hombre de estas tierras sabe el hambre y la hartura
del pegujal arisco que escarba con tesón.
Hombre del sur, ¿qué siembras en la heredad que labras?
Siembras algo inaudito que tiembla en mis palabras
¡porque tú echas al surco tu propio corazón!”.

Desde la ventana, nos asomamos a los hitos que tan admirablemente glosara en su obra investigadora y de cronista el profesor universitario Octavio Rodríguez Delgado cuya antología de textos descriptivos, recogida en La evolución de un municipio a lo largo de cinco siglos, constituye la primera entrega de la colección bibliográfica Crónicas de Candelaria.
Desde la época aborigen hasta la aparición de la Virgen, el aluvión de 1826 que arrambló el castillo de San Pedro y la primitiva imagen, el último incendio de 1789 que destruyó el convento y la basílica, la construcción de ésta, romerías, fiestas, costumbres y promesas infinitas, la peregrinación perdurable..., la duda incierta se va despejando ante los testimonios escritos y orales que nutren la historia de Candelaria.
Hay una bendición celta: “Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano”.
El pregonero también es peregrino. Igual que el cristiano que se dirige a Lourdes, o quienes van a Santiago de Compostela, o el musulmán de camino a La Meca, o un hindú hacia Ganges, hay tanto que descubrir. Nos emplaza el periodista y político peruano Ricardo Palma: “Cumple con la gratitud del peregrino, no olvidar nunca la fuente que apagó su sed, la palmera que le brindó frescor y sombra, y el dulce oasis donde vio abrirse un horizonte a su esperanza”.
Peregrino del norte insular, como debió sentirse la inquieta viajera y escritora irlandesa, Olivia Stone quien, durante nueve meses, acompañada de su esposo, recorrió todas las islas. Sus impresiones quedaron reflejadas en Tenerife y sus seis satélites, libro publicado en Londres en 1887. No visitó Candelaria, apunta Rodríguez Delgado, pero aludió a la localidad:
“Cuando Diego de Herrera -escribe- vino a Tenerife en 1464, se llevó a un joven que, tras ser instruido en la religión católica, se convirtió en devoto de la Virgen. Posteriormente, cuando Herrera viajaba entre las islas, este guanche, bautizado con el nombre de Antonio, sintiendo aparentemente deseos de regresar a su hogar, logró escaparse. Inmediatamente informó a sus compatriotas de que la imagen que habían adorado durante tanto tiempo sin saberlo, era, en realidad, la Virgen María. De aquí surgió, sin lugar a dudas -es la tesis de Stone- la idea de que los guanches ya adoraban a la Virgen antes de la conquista”.
Otra peregrina procedente del norte tinerfeño, la poetisa y escritora cubana, académica Dulce María Loynaz, premio Cervantes de Literatura en 1992, residente en la isla en la segunda mitad del siglo XX, nos traslada hasta la Candelaria de entonces, cómo se llegaba, cómo se desenvolvían los peregrinos:
“El camino va por el sur, que es tierra fragosa metida entre barrancos y cráteres más o menos apagados; pero hoy -detalla la fecha del 15 de agosto- el paisaje cobra súbita vida animado por el desfile de automóviles y carretas engalanadas, con palmas, campesinos cabalgando en camellos lentos y gentes que van a pie a cumplir votos salidos casi todos de sus casas desde la noche, en peregrinación al santuario.
“Bajando por los enjutos senderos desovillados, subiendo por hondonadas y torrenteras, afluyen sin cesar hilos hormigueantes de romeros, entreverados algunas veces por gente un tanto ajena a ardores místicos: vendedores de frutas, juglares y solteras en busca de novio”.
Loynaz es rotunda al afirmar que “aquí puede decirse que la devoción a Nuestra Señora de  Candelaria es sincera y de firme arraigo popular. Cada uno, a su modo, invoca a la Virgen, la mima, la acompaña, la emplaza muchas veces y otras muchas conversa tranquilamente con ella.  Porque la Candelaria es la patrona de las islas por derecho propio. Ella llegó primero y conquistó por su sola presencia majestuosa”.
La autora cubana deja unas líneas ilustrativas de cómo se vivía entonces la festividad:
“Al áspero rasgueo de las guitarras hace coro la resaca barriendo las arenas; la muchedumbre gira como un inmenso carrusel de feria arrastrando en su remolino la bella copla desgarrada:

            <<Todas las canarias son
como ese Teide gigante:
mucha nieve en el semblante
y fuego en el corazón>>”.

Pero nadie como un poeta inmenso, como un gomero universal, Pedro García Cabrera, cantó a Candelaria, con tanta plétora metafórica, con tanto sentimiento intimista, con su valentía explícita. El poema, exquisito, de su Vuelta a la isla, merece ser reproducido:

<<Tengo pintadas de un verde
gemelo de las tuneras
la finca de mis amores
mis barcas candelarieras.
Con ellas salgo a pescar
cuando asoman las estrellas;
cho Juan gobierna la mía,
yo llevo la de mi suegra.
Pero esta noche la mar
tiene muy mala madera;
se ha puesto toro y no hay muro
de lluvia que lo detenga,
tajamar que la domine
ni timones que la entiendan.
Esta noche no podrán
ir a ganarme las perras.
Son de talantes esquivos
varadas en la ribera
e íntimamente cordiales
si las espumas las besan.
Y qué gusto da mirarlas
por esas mares afuera
como dos buenas muchachas
columpiando las caderas.
Pero este dichoso sur
se está comiendo una breva
aunque las sardinas campen
como si nada ocurriera.
Y no veré sus gorgoras
ni empuñaré la jareta.
Las sardinas son muy suyas
y van formando una pella,
solo si huelen toninas
se desparraman y riegan.
Desde que tengo razón
son las sardinas mis perlas,
mis relámpagos del gozo,
mis hierbas de curandera,
mis higos chumbos del mar,
mis cheques de Venezuela.
En torno de sus puñales
mi noche está dando vueltas.
Las quiero como a mí mismo,
son los frutos de mi hacienda.
Por los planchados azules
quedan a la descubierta
los almidonados fuegos
que burilan las candelas.
Y viéndolas se me van
las angustias que me arenan,
ardiendo en sus argentíes
la obra muerta de mis penas.
Esta noche no será:
ni agenciaré mi molienda,
ni podré pegar un ojo,
ni dar fondo a la tristeza,
que yo me la paso en blanco
cuando se pone tan negra.
Si siguen así las cosas,
la Virgen me favorezca,
que si todo viene a pelo
soplando el viento a derechas,
me basto solo y me sobro
con mis brazos y mis piernas>>.

Hablemos un poco de la imagen. Si no, el cometido del pregonero quedaría incompleto. Es casi imposible iniciar un aporte sobre la descripción de la Virgen de Candelaria sin plasmar algunos rasgos de sus características iconográficas actuales. La vela de color verde es símbolo de la antigua vela con la que acudían los peregrinos que se dirigían -y continúan haciéndolo- para pedir o agradecer su intercesión. El verde es también un innegable color de esperanza. Esperanza que mueve a todo aquel que con una petición se dirige a la Virgen.  Mientras, el niño Jesús sostiene en su mano un pajarillo.
Con todo, resalta el historiador realejero Javier Lima Estévez, conocer a la imagen es también valorar someramente su historiografía, aproximarnos a los motivos de su presencia entre nosotros y su festividad el 2 de febrero y la celebración del 15 de agosto; celebración, ésta última, que nos trae hoy ante ustedes. Los primeros aportes históricos permiten situarnos ante la obra de fray Alonso de Espinosa. Sería autor de un trabajo bajo el título Del origen y milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de Candelaria, publicado en Sevilla en 1594, pero redactado en 1581. En ella, el dominico nos aproxima a uno de los primeros relatos para saber del pasado aborigen pues sus páginas enlazan apartados con referencias a la antigüedad del pueblo guanche desde diversos puntos de vista. Al mismo tiempo, es una oportunidad para situarnos ante el conocimiento de la llegada de la imagen de la Virgen de Candelaria, concatenándose en la parte final del trabajo milagros y sucesos asociados a personas desde distintos ángulos.
En concreto, fray Alonso de Espinosa recopila cincuenta y siete milagros; milagros que narran curaciones, rescates y otros hechos sin explicación racional y en los que se demuestra, por parte del dominico, rindiendo los guanches culto en la cueva de Achbinico que, con posterioridad, sería cristianizada bajo la advocación de San Blas. De tales milagros nos detendremos en uno, en concreto el milagro cincuenta y seis que dice así:
“Cuando ciertos gomeros, por celos de una pariente suya, mataron a su señor Hernán Peraza, su mujer doña Leonor de Padilla, con el dolor de la muerte de su marido, hizo en los gomeros gran castigo. A unos hizo ajusticiar; a otros llevar cautivos a España; y a otros echar con piedras pesadas a la mar. Y como algunos morían sin culpa, porque no todos la habían tenido en la muerte de su señor, no pudo dejar de imputársele alguna a la sobredicha señora, y aún notarla de cruel. Sucedió, pues, que muchos de los tres que con pesos al cuello echaban a la mar, para que en ella fuesen anegados, invocando a Nuestra Señora de Candelaria, patrona de todas estas islas, salían luego a la orilla y playa de la mar, vivos y sanos, sin peligro alguno; de que no poco admirados los que los veían salir, decían los libres que Nuestra Señora de Candelaria les sostenía los pesos y los traía a la playa vivos”.  
También el cronista Juan Núñez de la Peña, en su Historia de las Islas Canarias, obra impresa en 1676, mencionaría que “aún en nuestros días, estas divinas procesiones –se refiere a los cultos que se empezaban a manifestar- han sido vistas con frecuencia, y cuando al día siguiente la gente descendía a la playa, la encontraban llena de gota de ceras y trozos de vela de un color amarillento, cuyas mechas eran de una desconocida sustancia, porque no era lino, ni algodón, sino algo parecido a seda blanca torcida”.
Si avanzamos en el tiempo y nos adentramos en los siglos XVIII y XIX, encontramos referencias de notable interés para comprender tal proceso en relatos de viajeros de diferentes nacionalidades. Personas que, a pesar de llegar con otras creencias religiosas, no dudaron en acudir a fuentes documentales y contrastar testimonios para intentar ofrecer a sus contemporáneos datos sobre el origen y la evolución del culto de la imagen de Nuestra Señora de Candelaria entre los canarios.
Por citar un ejemplo de esa labor, destacamos el texto del médico y marino inglés George Glas  bajo el título Descripción de las Islas Canarias. Entre sus páginas, nos traslada ante una descripción de su llegada. Asimismo, una breve reseña sobre una imagen que define como “pequeña, como de unos tres codos o tres pies de alto; el color de la cara es atezado, las prendas azul y oro”. Destaca la presencia de ciertas letras romanas para las que no tendría explicación hasta recurrir a la ayuda de Gonzalo Argote de Molina, Provincial de la Santa Hermandad de Andalucía, obteniendo la siguiente interpretación: sobre la chaqueta cerca de la nuca unas iniciales cuya traducción sería: “Eres ilustre (o gloriosa) en el Padre, Hijo y Santo Espíritu, y Madre del Redentor Jesús”; en la faja las palabras: “María parió a nuestro más alto Rey, dio libertad a todos los aprisionados en el reino del infierno”; al borde de la manga, cerca de la candela verde, cuatro palabras: “os he dado la vida eterna”; y finalmente en el faldón de la prenda figuran las siguientes palabras: “Esta jamás abandonará Nivaria; su piadoso nombre invocado, las Islas Afortunadas no temerán ningún adversario”.
El polígrafo realejero José de Viera y Clavijo (1731-1813), en la Historia General de las Islas Canarias, matiza cómo Francisco López de Gómara señaló en Historia General de las Indias, que la imagen de nuestra Señora de Candelaria la adquirieron a través de los cristianos europeos que merodeaban por nuestras costas; afirmando que, a pesar de no ser su objetivo criticar la autenticidad de la aparición que relataron el padre fray Alonso de Espinosa, Antonio de Viana, fray Juan de Abreu Galindo y Juan Núñez de la Peña, quienes ensalzaron nuestras islas con la posesión de una estatua fabricada por los ángeles en el cielo, traída por éstos a Tenerife y celebrada por los mismos en sus playas. Expone Gómara que los citados historiadores fijan la aparición por los años de 1392 o de 1393, época en la que con bastante frecuencia llegaban a estas islas las embarcaciones de los cristianos. Para Viera, “por cualquier parte que se mire, el hallazgo de la santa imagen de Nuestra Señora de
Candelaria es digno del aprecio y admiración de todos los canarios, sensibles a las glorias de su país”. Y se pregunta al mismo tiempo y nosotros recogemos ese mismo interrogante que emitimos ante el público presente en este recinto:
-¿Perdería acaso su estimación por haber sido la imagen obra excelente de un escultor humano o porque la hubiesen desembarcado en las riberas de Tenerife algunos cristianos piadosos?
 También el relato del polígrafo realejero recoge la aparición de la imagen, afirmando que no detendrá su mirada en hacer reflexiones acerca de las maravillosas circunstancias de esta historia, “bien que en el discurso de la obra presente se nos ofrecerán algunas ocasiones favorables de proseguirla, sin que hayamos adelantado hasta aquí otras noticias que las que ha fijado entre nosotros la voz de una tradición respetable, aunque nacida quizá entre los mismos bárbaros, promovida entre los pobladores de Tenerife y sostenida noventa y cinco años después de su conquista por los escritos de fray Alonso de Espinosa, dominico, quien, como advierte, «la alcanzó y pudo sacar a luz de entre aquellos oscuros tiempos, sin que hallase cosa alguna escrita que le satisfaciese”.
Dejando a un lado el siglo XVIII y acercándonos al XIX,  no podemos obviar una cita a la descripción del aluvión de 1826, concretamente al texto redactado por el sacerdote Antonio Santiago Barrios. En el mismo se proporcionan diversos detalles que permiten también advertir el triste final de la imagen, siendo reemplazada la misma por una nueva obra del destacado escultor orotavense, Fernando Estévez de Salas (1788-1854). Se trató de un proceso complejo, tal y como describe el profesor y cronista oficial de Candelaria, ya citado, miembro del Instituto de Estudios Canarios y vicepresidente de la Junta de Cronistas Oficiales de Canarias, Octavio Rodríguez Delgado, en un artículo en su blog con el título “El terrible aluvión que azotó Tenerife en 1826 y sus irreparables daños en Candelaria”.
En esa aportación, apunta cómo incluso antes de solicitar una nueva imagen, llegaron a pedir “que se les cediese la imagen de la Virgen del Socorro, que se veneraba en su ermita de Güímar, pero los vecinos de este pueblo se opusieron a ello frontalmente. Por este motivo, una vez perdida la esperanza de que apareciera y creyendo necesario el que se colocara otra en su lugar, al año siguiente encargaron una nueva imagen”.
Sin embargo, en la ermita de Santa Úrsula, ubicada en el municipio de Adeje, existe otra talla que bien pudiera tratarse de la imagen original, pues los marqueses de Adeje solicitaron con anterioridad a su desaparición una copia y pudieron en realidad entregar el resultado de su petición y no la original, que se guardó en la Casa Fuerte.
Es esta una cuestión sobre la que han reflexionado historiadores como Gerardo Pérez Fuentes; María Jesús Riquelme en su obra La Virgen de Candelaria y las Islas Canarias o incluso el recordado catedrático Jesús Hernández Perera. Todo ello en atención a los rasgos y características que definen la imagen y describiendo sus particularidades.
Para los historiadores y otros especialistas, es lógico pensar en la posibilidad de que la imagen tuviera varias copias y que la que se encuentra en la actual ermita de Adeje sea una más dentro de ese proceso.
Llegados al siglo XX, el pregonero desgrana someramente algunas vivencias, algunas remembranzas, sencillamente para hacer más cercana y más personal esta visión que ya no es, por tanto, la mirada de otros. En la memoria se almacena el recuerdo de aquella peregrinación, vivida junto al agustino padre Federico, que realizó la Virgen de Candelaria en el año 1964. Recorrió pueblo a pueblo de la isla, un periplo que duraría más de tres meses por una misma finalidad: recaudar fondos para la construcción de un nuevo seminario, un espacio que, abierto a la formación de futuros sacerdotes, garantizara que éstos continuasen difundiendo la fe entre la población y desarrollasen la tarea pastoral.
De aquellos años de adolescencia, ya salpicada por la emigración familiar, quedan las conversaciones domésticas sobre la excursión a Candelaria; las reservas de asientos en los camiones adornados por hojas de palma; el paso, siempre inquietante, por la 'Cuesta de las tablas' de la Carretera Vieja y el impacto que significaba asistir a un encuentro de fútbol que se interrumpía cuando pasaba la guagua.
No sería ni la primera ni la última vez que la Virgen emprendió una peregrinación pues ya desde el año 1994 ha cumplimentado una serie de visitas, destacando en ese año por la conmemoración del quinto centenario de Santa Cruz de Tenerife y en La Laguna en 1997, decretando a partir de entonces el obispo la peregrinación cada siete años, a Santa Cruz y luego La Laguna.
Dentro de unos meses, concretamente en octubre, con motivo en esta ocasión del bicentenario de la Diócesis Nivariense, se vivirá una nueva exposición de fervor y entrega hacia una imagen que, como Patrona de Canarias, es un símbolo que agrupa a los canarios, proyecta su significado al exterior y nos cohesiona, sin lugar a dudas, como pueblo. Y atentos todos, porque, con toda humildad decimos que hay que evitar la instrumentalización del hecho religioso.
Su presencia une a su vez América y Canarias, o Canarias y América, tal y como reflejaría el recordado David Fernández en su obra Biografía de Candelaria, citando cómo en el país venezolano su culto se extiende desde el Distrito Federal, al Estado Anzoátegui, y por los estados Apure, Aragua, Bolívar, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Mérida, Miranda, Nueva Esparta, Portuguesa, Sucre, Táchira, Trujillo, Yaracuy y el Estado Zulia.
No cabe duda de que el mar ha unido ambas orillas durante siglos a través de un proceso constante y continuo en la historia de Canarias: la emigración. A través del mar llegó la imagen al lugar y un día triste del año 1826, recordado para los anales de la historia, desapareció a través del mar. El fervor del pueblo recuperaría de nuevo una talla que hoy, desde su Santuario, mira al mar y extiende su visión ante todos.
El pregonero se acerca al final. Lo hace deseando venturas y felices celebraciones. Los candelarieros de Araya, Barranco Hondo, Las Caletillas, Las Cuevecitas, el Casco, Punta Larga, Malpaís, Igueste, Santa Ana, Playa La Viuda o El Pozo, se agrupan junto a isleños de todas las latitudes, para dar vida a una singular estampa de peregrinación, para compartir la solemnidad y también la alegría, el desenfado, los motivos lúdicos y propios de la fiesta popular.
Serviría un poema del recordado Juan Pérez Delgado, el célebre e inolvidable Nijota, quien, de forma magistral, reflejaría el carácter único de una celebración como ésta bajo el título “Candelaria, hace cincuenta años”:

<<Gran calor. Noche serena.
Arena. Miles de ruidos.
Arena. Gente, estampidos.
Silbos, cantos, más arena.
El mar, la playa, una calle
(la de la Arena). Más gente
al por mayor y al detalle.
Vino y cerveza caliente.
Un cantar, un grito, un nombre.
Un baile, una discusión.
Un acordeón y un hombre.
Otro hombre y otro acordeón.
Alegres, pícaras danzas
de doncellas y donceles.
Guanches con pieles y lanzas.
Guanches sin lanzas ni pieles.
Una parranda, una racha
de estribillos de mal gusto.
Cachetada a una muchacha
por madre de ceño adusto.
Uvas de Arafo en su cesta,
Vendidas por guapas mozas.
Si la sed es más molesta
¡Gaseosa, gaseosa!
Fea caída en arena
debida a ruin empujón.
Trifulca a trompada plena.
Guardia Civil en acción.
Maldiciones, vivas, gritos,
ajijídes, oraciones.
Guitarras, hueseras, pitos,
panderetas, acordeones.
Trajes de chillonas telas.
Cien mujeres de rodillas
con una, dos, tres, diez velas,
y chiquillos y chiquillas.
Ruido del mar, ronco ruido.
Grave canto clerical.
Aquí y allá el gran chillido
de una mujer con un <mal>.
La masa espesa se soba.
Y entre el gemido y la trova,
entre el grito y la plegaria
un ciego empieza una <loba>:
<<¡Oh, Virgen de Candelaria!>>.

Serviría. Pero hay una estrofa del himno mariano que parece más apropiada:

            <<Candelaria, pueblo venturoso
relicario de tu imagen santa,
horno y centro del amor isleño,
cuna y fuente de la fe canaria>>.

Hasta aquí, prendado de candelas y flores de genios y artistas como son y serán siempre Martín González y José Aguiar, hemos venido a pregonar con el ánimo de descubrir “cultivos de medianías, tabaibales y balos, basaltos que se elevan -como ensalzaría el poeta e investigador, miembro de la Asociación Española de Etnología y Folclore, profesor Manuel Pérez Rodríguez- hasta coronarse de una crestería de coníferas que juegan con las brumas atrevidas de la vertiente norte”. Y entre las que pueden advertirse personajes nacidos en la localidad como Antonia Tejera Reyes, médium conocida como la Iluminada de Candelaria; Valentín Marrero Reyes, canónigo honorario de la Santa Iglesia Catedral de La Laguna; Pedro Domínguez Torres, jugador de fútbol; Domingo Barrera Corpas, boxeador profesional aspirante al título mundial; Dimas Coello Morales, pintor y poeta, entre muchos otros.
La puerta orientada a la Vida no es más que el deseo de seguir escribiendo y comunicando. Y por la ventana al Infinito entran aires que, como los de este año en Candelaria, solo impulsan los deseos de innovar, hacer más cosas y agradar.
Gracias, candelarieros, por esta oportunidad…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

GILBERTO I


El amigo de la infancia de la Villa de La Orotava; EVARISTO FUENTES MELIÁN, “ESPECTADOR”, remitió entonces (10/08/2018) estas notas que tituló; “GILBERTO I”: “…Gilberto I no recuerdo ahora si jugó el célebre <partido del siglo> de Segunda Regional, el 28 de febrero de 1960, Juventud Silense-Puerto Cruz, ida y vuelta. En el partido de El Peñón aparece un Gilberto de interior en la alineación, pero no aseguro que fuera él. Años más tarde, lo vi en el Estadio Insular, jugar un partido de liga de Primera contra el Barça, noviembre de 1967: Las Palmas 4- Barça 1. Fue un gran triunfo del futbol canario, todos los jugadores alineados en ese partido eran canarios,  excepto-- creo recordar-- el portero que era argentino. Luego volví a ver a Gilberto I en el estadio Heliodoro, cuando, ya veteranos los dos Gilbertos ficharon por el CD Tenerife. Los partidos en el Heliodoro, años 1973, 1974 y 1975, se jugaban los sábados por la noche con luz artificial y fui una decena de veces en coche con mis amigos; algunas veces daban pena y tristeza las filas del Tenerife. Los dos Gilbertos habían dejado a la UD Las Palmas y sus años de gloria, cuando quedó subcampeón de liga de  Primera en 1968.
Salvador García en su crónica cuenta una anécdota del quinielista de Charco del Pino (Granadilla), único acertante de catorce, con treinta y pico millones de pesetas, ¡del año 1968! Fue gracias al gol de Gilberto I en San Mamés, en el último minuto, 0-1, gran sorpresa.
Yo quiero añadir, con la venia salvadoreña, mi comentario inédito: Los viernes de semana santa, una vez al año,  teníamos la costumbre un par de amigos de ir en coche y dar la vuelta a la isla; entonces, al pasar en la carretera general de Charco del Pino, nos tropezamos sorpresivamente en medio de la carretera con la procesión del  Cristo Crucificado. Recientemente, muchos años después, he visitado al referido Cristo y le saqué una foto en el altar de su iglesia en dicho barrio.
Descanse  en paz el jugador silense Gilberto I, y que el Cristo de Charco del Pino le haya ayudado a subir al cielo, máxima categoría sempiterna…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

miércoles, 8 de agosto de 2018

XXXV CONCURSO DE VINOS “VILLA DE LA OROTAVA”. PREMIO “CORDON TRENZADO 2018” AL VITICULTOR ALEJANDRO HERNÁNDEZ ZAMORA

El amigo de la infancia de la Villa de La Orotava; ÁNGEL GARCÍA GONZÁLEZ, remitió entonces (08/08/2018), estas notas y foto que tituló; “XXXV  CONCURSO DE VINOS   “VILLA DE LA OROTAVA”. PREMIO “CORDON TRENZADO  2018” AL VITICULTOR ALEJANDRO HERNÁNDEZ”: “…Alejandro nació en La Perdoma en 1950. Cuando tenía cuatro años, sus padres cogieron de medias la finca propiedad de Don Ventura Hernández en El Sauce, dedicada a viña, papas, millo, frutales y a la cría de animales. También encerraban vino. Sus primeros trabajos fueron los de hacer mandados, repartir el vino en las cosechas y llevar tempranito la leche y los huevos al molino de Don Ventura, allá abajo en La Piedad.
Por el día, araba con una yunta de vacas, la “Aceituna” y la “Pajarita”,  pero era tan pequeño que no tenía fuerzas para girar y alguna de ellas aprovechaba para comerse una col y pobre que lo viera padre .Al atardecer, bajaba a Santa Catalina a la escuela de Maestro Vicente el Barbero y regresaba ya de noche y rendido por el camino. Por eso,  a los diez años dejó la escuela, pero llevó la primera vaca por San Isidro al Campo Quiquirá, con unas lonitas blancas recién lavadas, y los pantalones primorosamente remendados por rodillas y culo.
A los 14 años le salió un trabajo propio en la finca de plátanos  de don Lorenzo Machado en Las Candias.
De su pequeño salario, quitaba medio duro al mes para pagar los sellos en la Sindical, para el día de mañana. Así siguió hasta que  fue al cuartel en Hoya Fría, donde  estuvo 13 meses, 3 semanas y 3 días, llegando a ser instructor. Por mano de don Leopoldo de la Fuente conseguía permisos  de tres días, que aprovechaba para hacer trabajos aislados en la finca  Los Altos, de don Isidoro Sánchez en la Hacienda Perdida. Terminada la mili, se fue fijo con don Isidoro, que además de cultivo de viña tenía una gañanía de catorce vacas, que suministraban la leche a la heladería “El Valle”. Por ese tiempo se casó y tuvo 4 de sus 5 hijos. Y también tuvo  el primer percance serio, pues se partió una pierna cargando uvas con un caballo, a los que se había aficionado. También siguió llevando vacas y carretas a San Isidro, haciendo colleras con flor del mundo y limpiando las campanillas con piedra  pómez.
Después de 18 años, dejó Los Altos al morir sus dueños y se fue a una finca de la familia Salazar y Méndez en Montijos, donde lleva ya 25 años y donde nació su hija pequeña. Aquí sigue cultivando viñas, papas y millo y haciendo carretas por San Isidro, pero con mulas porque no hay vacas. Su único percance fue cuando enfermó de la tripa, lo llevaron al hospital y le quitaron siete centímetros de intestino, pero no le quitaron el vasito vino.
Desde que empezaron los Concursos de Vinos en la Sindical, allí estaba Alejandro  con sus cuatro litros, uno de los cuales servía para la merienda con los allegados, que a su vez traían los armaderos. En todo este tiempo ha conseguido algunos premios, como una máquina de sulfatar, un lote de productos fitosanitarios y un valioso lagar en miniatura, que desgraciadamente tuvo que vender, cuando cayó enfermo.
Pero hoy Alejandro considera que su mayor satisfacción ha sido haber trabajado  toda su vida el cordón trenzado en la viña, como le enseñaron sus antepasados. Y que, recientemente unos señores de Extensión Agraria hayan fotografiado su trabajo ponerlo en un libro que pasará a la posteridad…

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

SAN TELMO


El amigo de la Cuesta -  Puerto de la Cruz, actualmente residente en el Bajo Ampurdán-Cataluña; ZOILO LÓPEZ BONILLA, remitió entonces (08/08/2018), a través de su blog ZOILOLOBO – RETRODEZCAN, estas notas y fotografías que tituló; “SAN TELMO”:  “…Nunca una imagen de San Telmo me sedujo tanto como ésta, perteneciente a una serie de imágenes con marea baja y a una hora muy determinada; pasado el mediodía. Resulta difícil encontrar este rincón del Puerto aparentemente desolado pero su increíble belleza se pone de manifiesto a medida que la marea va subiendo hasta alcanzar la pleamar. Es a lo largo de este tránsito, ayudado por una cruda luz cenital, cuando San Telmo cobra todo su esplendor desde el punto de vista del fotógrafo y ajeno del todo a la presencia de bañistas que puedan empañar su estado virgen y primitivo. La mar acabará por resolver todo el misterio que rodea al paisaje; cuando el agua acabe por inundarlo todo y los jóvenes terminen zambulléndose entre las rocas de este bravo litoral del norte.
En esta otra de la izquierda y coincidiendo con la hora de otro día cualquiera, un pescador, desde lo alto de un peñasco, intenta capturar del poco fondo existente algo que llevarse a casa aunque sólo sea por el prestigio que supone haber cobrado una pieza en San Telmo con esa bajamar y a esa hora del día. Por el contrario, yo sí que puedo presumir de haber capturado este trozo de paisaje inigualable….”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

LUTO EN EL FÚTBOL CANARIO


Fotografía referente al día 20 de febrero de 2016,  el presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez, le impuso a GILBERTO I (centro) la insignia de oro y brillantes del club, en los prolegómenos del partido ante el FC Barcelona en el Estadio Gran Canaria.

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS remitió entonces (08/08/2018) estas notas que tituló; “LUTO EN EL FÚTBOL CANARIO”: “…Durante muchos años, se memorizaba las alineaciones de los equipos. Y se tarareaba aquella: “Oregui; Aparicio o Martín Marrero, Tonono José Luis; Castellano, Guedes; León, Justo Gilberto, José Juan, Germán y Gilberto I”, un equipo mítico, la Unión Deportiva Las Palmas, que llegó a ser, bajo la batuta de Luis Molowny, subcampeón de la Liga española, capaz de codearse con cualquier rival.
Gilberto I era Gilberto Rodríguez Pérez, nacido en Los Silos (Tenerife), en 1941. Fallecía ayer en Las Palmas de Gran Canaria, después de larga enfermedad. Un futbolista que será recordado por sus cualidades (velocidad, desborde, desmarque, remate...) y por su entrega en la cancha.
Gilberto fue el jugador que llegó asustado a la capital grancanaria en el verano de 1962 y en el que confió ciegamente Jesús García Panasco, el todopoderoso secretario técnico del club, aunque en realidad quien le descubrió fue Carmelo Campos. Jugó trescientos tres encuentros vestido de amarillo y anotó setenta y tres goles. Fue protagonista del memorable ascenso a Primera división en la temporada 1963-64 y llegó a disputar la primera eliminatoria de una Copa de Ferias, antesala de la participación amarilla en competiciones internacionales.
Siempre será recordado un lance del encuentro que, en San Mamés, enfrentó a Las Palmas con el Athletic Club. Acoso indecible de los vascos y defensa numantina de la escuadra canaria. Faltaba muy poco cuando un despeje de la defensa amarilla propició la galopada de Gilberto I que ve a Iríbar muy adelantado, de modo que desde la media cancha pudo elevar la pelota y batirle. Ese gol hizo que un ciudadano de Granadilla, Pedro Cano, fuera el único acertante del catorce quinielístico de aquella jornada. Ganó, gracias al gol del Silense, unos treinta y ocho millones de pesetas.
En la temporada 1973-74 se incorporó al Club Deportivo Tenerife, con Felipe Mesones en el banquillo. Entonces, transmitíamos para la COPE los partidos del Tenerife, desde un foso muy cercano al citado banquillo, lo que nos permitía escuchar con nitidez las indicaciones de los técnicos locales. En cierta ocasión, recordamos el monumental enfado de Mesones con el extremo albiazul. Era un partido muy complicado, el Tenerife logró anotar faltando tres o cuatro minutos y el entrenador había ordenado:
-¡Vaya a su extremo Gilberto!
Pero el delantero, ya con el tiempo cumplido y el rival apretando, se enredó en el centro del campo, donde dio un taconazo, perdió el balón y propició el contragolpe que, afortunadamente, terminó en nada. En ese momento, Mesones llama a Gilberto quien se acerca parsimoniosamente a la banda y cuando está cerca del banquillo, tiene que escuchar la voz altisonante del iracundo entrenador:
-¡Váyase a la mierda!
Jugó un par de temporadas más en Segunda vestido de albiazul pero no pudo materializar el sueño de otro ascenso, esta vez con otros colores. En Los Silos, su pueblo natal, ha sido muy lamentada su pérdida. El fútbol canario está de luto…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

martes, 7 de agosto de 2018

GILBERTO I EN EL RECUERDO

Gilberto Rodríguez Pérez “GILBERTO I”, nació en Los Silos el día 4 de Diciembre del año 1941. Falleció a la edad de 76 años, el 7 de Agosto del 2018.
Llegó a la UD Las Palmas en septiembre de 1962, procedente del Juventud Silense. Vistiendo la camiseta amarilla durante 11 temporada (1962 – 1973).
GILBERTO I: internacional absoluto, habilidoso, rápido y potente extremo, disputó 303 encuentros oficiales en las filas de la UD Las Palmas, 268 en Liga y 35 en Copa y anotó 73 tantos.
Durante su etapa de amarillo logró un ascenso a la máxima categoría. Conquistando el sub campeonato de la primera división nacional, seguido del Real Madrid, en la temporada 1968 – 1969, con el recordado equipo compuesto de jugadores canarios, con don Luis Molowny de entrenador.
El 20 de febrero de 2016 el presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez, le impuso la insignia de oro y brillantes del club, en los prolegómenos del partido ante el FC Barcelona en el Estadio Gran Canaria.
La UD Las Palmas quiere expresar su más sentido pesar a la familia y amigos más cercanos. 
Este viernes día 10 de Agosto del 2018, en el encuentro que la UD Las Palmas disputará frente al Cádiz CF en el Trofeo Carranza, la plantilla lucirá brazalete negro.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

lunes, 6 de agosto de 2018

EL HISTÓRICO Y CHICHARREO EDIFICIO DE LA ESCUELA DE COMERCIO EN EL TIEMPO.


En el curso 1968 – 1969, cursé el Preu Universitario en el Instituto Cabrera Pinto de la Laguna (San Agustín), Terminado el Preu decidí meterme en los estudios de Comercio.
Realicé el Perito Mercantil en un solo curso 1969 – 1970, puesto que de los tres cursos, por convalidaciones solo me quedaban superar 16 asignaturas.
En los cursos; 1970 – 1971. 1971 – 1972. 1972 – 1973, cursé el Profesorado Mercantil en el citado Centro, el cual ejercí primero como jefe de contabilidad en una empresa privada, y después como profesor funcionario de educación de enseñanzas medias en la Formación Profesional.
Del histórico y chicharrero edificio habita de la recordada Escuela de Comercio, donado a la ciudad santacrucera por el ilustre; don Imeldo Serís Granier y Blanco, (Santa Cruz de Tenerife, 1848- Madrid, 1904), tengo bonitos y sentimentales recuerdos.
Emblemático edificio que conviví, conjuntamente con la Plaza Los Patos, Carrito de Paco, Bar Torres, Edificio de Correo, templo anglicano y Clínica sanitaria Pompeya.
Me entero por el matutino El Día del 06 de Agosto del 2018, que el inmueble que fue de estudios mercantiles y empresariales, declarado Bien de Interés Cultural, pasa por un tiempo cargado del abismo.
“…Se trata de un edificio de planta rectangular, diseñado por Manuel de Cámara y Cruz a principios del siglo XX, con fachada de composición simétrica en tres plantas, con otros tantos paños verticales sobresalientes (el central y los laterales), que reciben un tratamiento estilístico diferenciado. Los tres cuerpos salientes se conectan mediante paños intermedios con estilizados ventanales de medio punto con montante acristalado, alfiz y pilastras separadoras, mientras que en planta baja dominan los huecos escarzanos. El basamento está decorado con listones horizontales, simulando sillares, mientras que los paños laterales son ciegos con esculturas de plano. En el primer nivel los pilastrones que enmarcan la portada son sustituidos por cuatro pilares redondos. La coronación es con cornisa y sobre los laterales dos frontones triangulares con rosetón, incorporados en la fachada del tercer nivel sostenidos por columnas jónicas sobre plintos cajeados. Se le añadió una tercera planta a las dos originales que alteró la composición y armonía de la edificación original. La fachada está decorada con medallones de Imeldo Serís Granier y Blanco, Marqués de Villasegura, Viera y Clavijo, y Bethencourt y Molina, realizados por Eduardo Tarquis. Aparece rodeado de jardines, con semisótano y dos plantas…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL