miércoles, 5 de septiembre de 2018

AMIGO NÉSTOR


Néstor Martín Díaz, nos dijo adiós un cinco de septiembre del 2018. Amigo desde la infancia, nació en la histórica calle de Rodapalla de la Villa de La Orotava.
Estudió con Las Lorencitas, en el Colegio de San Isidro y en la Universidad de la Laguna, en donde comenzó con las ciencias médicas, pero se quedó en el camino.
Montó un restaurante en la antigua fábrica de gaseosas “El Drago” de la Villa, y posteriormente fijó su residencia por un tiempo en Masca, regresando de nuevo a su RODAPALLA.
Miembro activo de la Agrupación Socialista (PSOE) de la Villa de La Orotava. Trabajando como inspector y apoderado en mesa electorales.
Néstor, recuerdo aquellos  bailes de nuestra juventud que organizábamos en lo bajo de tu casa en Rodapalla, participábamos en parranda en la Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza  de la Villa de La Orotava, y nos contrataban de la Laguna para la Romería de San Benito. Que recuerdos aquellos de nuestra juventud.
Un amigo de la infancia orotavense, una persona humana y fiel a sus ideas, una persona social, educada. Amigo de sus amigos.
Néstor descansa en ese paraíso eterno, seguro que te reencontrarás con tus padres; Néstor y Candelaria, seguro,  disfruta de la paz y de la misericordia.
Un abrazo y hasta siempre.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

martes, 4 de septiembre de 2018

LA POLICÍA LOCAL DEL PUERTO DE LA CRUZ CARECE DE COCHES PATRULLA PARA CUMPLIR CON LA SEGURIDAD CIUDADANA


El amigo de la Cuesta -  Puerto de la Cruz, actualmente residente en el Bajo Ampurdán-Cataluña; ZOILO LÓPEZ BONILLA, remitió entonces (18/08/2018), a través de su blog ZOILOLOBO – RETRODEZCAN, estas notas y fotografías que tituló; “LA POLICÍA LOCAL DEL PUERTO DE LA CRUZ CARECE DE COCHES PATRULLA PARA CUMPLIR CON LA SEGURIDAD CIUDADANA: “…Estos últimos días he podido hacerme eco de la noticia con la que encabezo este artículo doméstico que atañe en concreto y muy directamente al Consistorio del Puerto de la Cruz y que tanto me choca por cuanto siempre la Policía Local del municipio me pareció suficientemente dotada de efectivos. Bien es verdad que eran otros tiempos en los que tal vez la delincuencia no resultaba tan numerosa como hoy y que un puñado de agentes bastaba para controlarla y mantenerla a raya.
Era la época en que todavía todos nos conocíamos y resultaba harto difícil no estar reconciliados con unos agentes que por lo regular cumplían bien con su trabajo a pesar de algunas reticencias juveniles respecto de sus maneras en materia de seguridad ciudadana.
Este comentario venido ahora a colación me sirve como pretexto para mostrar un ejemplo de la tranquilidad con las que todos nos tomábamos nuestro trabajo; incluidos los agentes de la autoridad.
Como ejemplo el del agente Correa, natural de Los Rechazos, regula el entonces tráfico rodado en la Plaza del Charco para que este feliz turista, recién llegado en las condiciones de ebriedad que se aprecian, no sea atropellado por ningún vehículo despistado.
Resulta una muestra de la benignidad de la Policía Local para con todos los ciudadanos, fueran éstos borrachos extranjeros o sobrios portuenses y viceversa…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

COSO TAURINO


El amigo de la Cuesta -  Puerto de la Cruz, actualmente residente en el Bajo Ampurdán-Cataluña; ZOILO LÓPEZ BONILLA, remitió entonces (04/09/2018), a través de su blog ZOILOLOBO – RETRODEZCAN, estas notas y fotografías que tituló; “COSO TAURINO”: “…Al otro lado de la carretera general, frente al barrio de San Antonio, este pequeño y modesto coso taurino que no plaza de toros propiamente dicha fue el primero y único que se construyó en el Puerto de la Cruz gracias a la iniciativa de un joven emprendedor holandés de nombre Frank que se establecería en los años 60 en la ciudad durante mucho tiempo para, posteriormente, asentarse en la Isla de la Gomera con el producto de los beneficios obtenidos con sus negocios en Tenerife.
Frank había llegado al Puerto prácticamente con lo puesto y lo primero que hizo con sus pocos ahorros fue montar un bar que en aquel entonces tendría entre la juventud del lugar una repercusión y un éxito sin precedentes. Se trataba del Bar La Rueda, situado al final de una callejuela, conocida hoy como Enrique Talg, que merced a una empinada escalera desembocaba en la calle La Hoya. Un discreto Bar cuyas paredes interiores estaban cubiertas de troncos de pino sin pulir así como las mesas y sillas. Al fondo una pequeña barra de las mismas características que el resto de la decoración y el mobiliario hacía las veces de bar, con una pequeña plancha donde cocinaba salchichas y huevos fritos amén de servir todo tipo de bebidas alcohólicas, desde cervezas hasta whiskys.
Calle Las Damas, hoy conocida como Enrique Talg./Zoilo López
Seguiría siendo su propietario pero mucho más tarde lo arrendaría a un joven alemán de nombre Norbert que lo explotaría durante algunos años más.
Frank era un joven alto, simpático y atractivo a la par que inteligente. Casi siempre acompañado de dos magníficos perros, pastores alemanes ambos, que causaban tanto respeto como miedo. Mientras le conocí se mantuvo soltero aunque tuvo muchísimas amigas de muy distintos países. Sin embargo no era un gran gastador. Sus ahorros solía invertirlos en bolsa y en otro tipo de pequeños negocios que le aportaban por lo general pingües beneficios.
En ocasiones y como medida publicitaria, organizaba en su casa divertidos guateques a los que eran invitados sus clientes más asiduos, españoles y extranjeros,  y que solían durar hasta bien entrada la mañana siguiente.
Tuvo la visión de poder ofrecer al turista de entonces una experiencia taurina única a cambio del precio de una entrada. Montó el coso taurino en cuestión, contrató a un banderillero español de nombre Manolo y compró media docena de vaquillas a las que los cientos de asistentes pretendían torear por turnos bajo la protección del novillero. De cuando en cuando y tal como muestra la foto organizaba también novilladas con banderillas y sin picadores, para regocijo de un público que jamás había asistido a una corrida de toros ni a una vivencia semejante.
Salvando las distancias, el éxito obtenido con aquella primitiva idea taurina fue similar al éxito que despierta hoy en día la llevada a cabo por el propietario del Loro Park…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

domingo, 2 de septiembre de 2018

LA CALLE EL CALVARIO DE LA VILLA DE LA OROTAVA 1905



Hay imágenes que tienen el poder de detener el tiempo y erizar la piel. Reencontrarse con una fotografía de la calle El Calvario —el rincón exacto de La Villa de La Orotava que me vio nacer— es siempre un viaje hacia la emoción más profunda. Esta estampa inédita, capturada por un fotógrafo anónimo en el lejano 1905, retrata la mediana izquierda en su parsimoniosa subida a principios del siglo XX. Es un espejo que nos invita a la reflexión, un contraste directo entre la armonía del pasado y el presente: de aquellas edificaciones neoclásicas, sencillas y elegantes, hoy nos queda un paisaje urbano alterado por construcciones modernas que a menudo olvidan la esencia del clásico estilo canario.

Esta panorámica es un testimonio vivo de esa mutación. En primer término destaca la antigua mansión que, ya en los años cuarenta, adquiriría el matrimonio formado por Pepe Pérez y Aida Pérez. En la imagen aún se aprecian las señoriales escalinatas que daban la bienvenida a su portada principal; una joya de fachada neoclásica donde hoy, guardando el calor de los recuerdos, sigue habitando la hija menor de la familia, Chicha Pérez y Pérez.

Cuesta arriba, la fotografía hilvana las siluetas de las casas que precedieron al comercio actual. Vemos la propiedad de los herederos de don Felipe González, un rincón con memoria de viruta y serrín que primero albergó una carpintería, mutó luego en el establecimiento de Las Afortunadas y terminó convertida en los conocidos Almacenes Miranda. Justo al lado se adivina la casa de la familia Gutiérrez, espacio que con el tiempo acogería a los herederos de la recordada peletería La Campana.

Si la mirada sigue ascendiendo por esa acera izquierda, el recuerdo tropieza con el espacio que ocuparon la residencia de los Fariña, el Bazar de Hernández Fariña y el mítico Bar Fariña. Y coronando la loma, allá en lo alto, se recorta la silueta eterna del convento e iglesia agustinos de Nuestra Señora de Gracia, un edificio con mil vidas que fue Cuartel de Infantería y hoy late como Casa de la Cultura.

Resulta increíble, casi irreal, contemplar cómo un solo encuadre condensa tanta vida, tanta transformación. Al final, detenerse a mirar y a pensar en el destino de estas piedras nos demuestra que intentar atrapar el fluir de la historia es, como en la más hermosa filosofía, perseguir una quimera.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


sábado, 1 de septiembre de 2018

ANÉCDOTAS EN LA OBRA DE RIXO


El amigo  de la Villa de La Orotava; JAVIER LIMA ESTÉVEZ Graduado en Historia por la Universidad de La Laguna y Presidente de la ACH (Asociación Cultural Humboldt de Canarias), remitió entonces (02/09/2018) estas notas que tituló; “ANÉCDOTAS EN LA OBRA DE RIXO”.
Publicadas en La Opinión de Tenerife el 1 de septiembre de 2018: “…De la obra inédita Floresta Provincial del polígrafo portuense José Agustín Álvarez Rixo (1796-1883), depositada por sus herederos en la ULL, extraemos algunos hechos del capítulo que lleva por título Genialidades. La primera anécdota tendría como protagonista a Antonio Sierra, quien fuera capellán real de la Catedral de Canaria. Era un ser con fama de tacaño y esa fama se convirtió en realidad el día en el que uno de los hijos de un medianero pretendía casarse. El joven, tras presentarse y entregar el oportuno obsequio común entre las personas de campo, señaló la necesidad de disponer de algún tipo de ayuda para costear los gastos asociados a ese acto. Hasta en cinco ocasiones el muchacho recibió el aviso de casarse –o no- dependiendo de la opinión que obtuviera de Antonio Sierra, sin ceder éste ni un momento en ayudar al joven que había acudido para obtener algún tipo de ayuda. Del mismo capellán también se recordaba cierta escena en la que, debido a ciertos problemas de salud, no se pudo desplazar hasta la Catedral de Santa Ana. Un amigo acudió hasta el lugar donde vivía y le comentó los detalles de una obra digna de ser admirada. Sin embargo, Sierra le preguntó si sería mejor o no que la Catedral de San Pedro, respondiendo el invitado que de ninguna manera pero que tampoco ello se podría esperar en el contexto de unas Islas. Sierra le respondió lo siguiente: “quien ha vivido sin haber visto la de San Pedro, en Roma, podrá vivir sin ver la de Santa Ana, en Canaria”. Tal sujeto también estaría implicado en otra acción en la que llegaría ser protagonista su propia hermana. Tras el fallecimiento de la misma acudieron ante él para solicitarle dinero con el fin de comprar un hábito para poder dar al cadáver sepultura en la iglesia. Preguntó y observo que si era costumbre vestirla con manto y saya cuando vivía no tendría porque cambiar esa situación. Esa fue la reflexión de Sierra y nadie, ni los frailes ni las monjas, pudieron hacerle cambiar de opinión, cumpliéndose la voluntad de Sierra siendo enterrada su hermana con manto y saya.
Curioso sería también el testimonio que Rixo recopila en atención al presbítero Antonio Tapia, vecino de La Laguna. En cierta ocasión, encontrándose en la barbería para ser afeitado, acudió hasta el lugar el alguacil del corregidor, con la finalidad de solicitar la ayuda del barbero para que acudiera hasta el Hospital “donde se había desriscado un hombre”. El barbero señaló a Antonio que se lavara y abandonara el local pues dudaba poder regresar antes del mediodía. El barbero tras acudir al Hospital se desplazó a su casa, almorzó, realizó una siesta y llegaría a considerar que el clérigo habría realizado lo mismo, sin embargo, al regresar a la barbería se encontró al presbítero en la misma posición en la que lo había dejado, no dudando en exclamar el mismo lo siguiente: “Maestro, aquí he estado esperando por usted”. También correspondería al mismo Tapia, Manuel Machado y otro individuo un curioso suceso durante cierta noche cuando jugaban a las cartas. Cuando se encontraban en el interior de una casa se oyó el grito de alguien exclamando la advertencia de fuego. Rápidamente se produjo un alboroto en el hogar accediendo hasta tal espacio gente de la calle para ver lo que sucedía. Tras entrar observaron que se encontraba Antonio muy tranquilo con las cartas en su mano y como nadie conocía que había sucedido el propio individuo explicó lo siguiente: “El Sr. Machado juega, que ganó con la malilla”.
Manuel Machado viajó en cierta ocasión desde La Laguna con su familia a una fiesta campestre. Pidió que cuando llegara se cocinara pavo pero cuando arribó al lugar y lo pidió la mujer le comentó que se había olvidado de ello. El hombre se empeñó en comer pavo y la mujer no tendría más remedio que ceder a sus deseos. 
Pequeñas anécdotas y sucesos que forman parte de la realidad del pasado canario y que serían objeto de atención y descripción por parte de José Agustín Álvarez Rixo…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL