jueves, 23 de marzo de 2017

EL RECORDADO ACCIDENTE EN EL RAMAL DE LA OROTAVA DEL VIERNES SANTO DEL AÑO 1964



Fotografía referente a la procesión del Encuentro de la Villa de La Orotava saliendo del templo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, donde hacía estación entonces.
Archivos particular de mi amigo desde la infancia en la Calle El Calvario; MANUEL FARIÑA HERNÁNDEZ.

Como es costumbre desde hace muchísimos años, los Viernes Santo, los portuenses sube a la Villa de La Orotava, muy de temprano a presenciar la procesión del Encuentro. Mucho lo hacen caminado, otros en guaguas y otros en sus coches. Todo motivado porqué de madrugada en el Puerto de la Cruz sale de procesión el Cristo Crucificado desde el templo Mayor y parroquial de La Peña Francia. Donde hace su presencia en forma sublime a la llegada al romántico Puerto Pesquero portuense de cara al mar, a la mar brava que entonces faenaban muchísimos pescadores desde tiempos muy lejanos.
El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces estas notas que tituló; “CINCUENTA AÑOS DE UN APARATOSO ACCIDENTE” (1964 - 2014). “…Se cumplieron días pasados cincuenta años de un aparatoso accidente de circulación, ocurrido en las primeras horas de la mañana de un Viernes Santo en el sector El Ramal, carretera de acceso a La Orotava. Seis jóvenes portuenses y un marroquí resultaron heridos leves. Dos de ellos aún viven para contarlo. El furgón en el que se desplazaban quedó completamente inservible. El susto fue mayúsculo. Las primeras informaciones que llegaban al Puerto eran confusas y se extendieron rápidamente. Afortunadamente, la cosa no pasó a mayores. Ya publicamos esta entrada en abril de 2012. Tras una conversación de amigos, plagada de nostalgia y de antiguos sucesos, decidimos reproducirla.
Pedro Rodríguez Perdomo, Domingo Perera Hernández, José Antonio Peláez, Francisco Carrillo, Manolo Cabrera, Francisco Delgado y Maimó viajaban en el furgón marca ‘Commer’ que conducía Peláez. Habían hecho un recorrido que se inició en Santa Cruz de Tenerife, donde asistieron a la popularmente conocida como ‘Procesión del preso’. Desde ahí siguieron a La Laguna, procesión del Silencio, y luego hasta el Puerto de la Cruz, donde querían estar presentes en la del Cristo crucificado que sale del templo a las cinco de la mañana.  
En las inmediaciones del muelle compran una rueda de churros que costó cinco pesetas de entonces. Desayunaron con unas botellas de leche que iban almacenadas en el furgón. Con las primeras luces del día, continuaron su desplazamiento hasta La Orotava donde se proponían contemplar la procesión del Encuentro.
En el asiento delantero del ‘Commer’, van Perera y Perdomo, junto al conductor Peláez. Este comenta que siente sueño y se pone unas gafas de sol negras. Quizá fue en este momento cuando el vehículo chocó contra un árbol del margen derecho de la carretera. El impacto hace que Perdomo, que se golpea con el espejo retrovisor, salga literalmente despedido por el parabrisas. Los demás ocupantes sufren cortes, magulladuras y contusiones de distinta consideración. Aparentemente, el de mayor complicación parece ser Manolo Cabrera en cuyos glúteos se incrustan unos cristales. Domingo Perera vio cómo sus pies y sus zapatos quedan aprisionados en el interior retorcido. Fueron trasladados al hospital de la Santísima Trinidad de La Orotava, donde reciben las primeras curas y atenciones antes de pasar a sus domicilios.
El motor del furgón, emplazado en la parte delantera, fue un aliado decisivo en la suerte de los accidentados.
Se habló del accidente durante mucho tiempo. De hecho, cada Viernes Santo era recordado por más de uno. Los propios protagonistas relataron lo sucedido en muchas conversaciones.
Por fortuna, el suceso no tuvo peores consecuencias. Perera y Perdomo, que entonces no habían hecho el servicio militar, aún lo cuentan…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

martes, 21 de marzo de 2017

LA DOLOROSA DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DE LOS REALEJOS



El amigo de la Villa de Los Realejos; JERÓNIMO DAVID ÁLVAREZ GARCÍA. Remitió entonces (2015), estas notas que tituló; “LA DOLOROSA DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DE LOS REALEJOS (Alto)”: “…Prosiguiendo con los pasos que constituyen la Semana Santa Histórica de Los Realejos, en esta ocasión nos adentramos en la iconografía de Nuestra Señora o Virgen de los Dolores de la parroquia de Santiago de Realejo Alto. La efigie de la Virgen María abatida por el sufrimiento de Cristo ha sido una constante a lo largo de la Historia. La piedad popular atribuye siete dolores principales, a saber: La profecía de Simeón, la Huida a Egipto, el Niño Jesús perdido en el Templo, la Calle de la Amargura, la Crucifixión de Cristo, el Descendimiento de Cristo de la Cruz y la Sepultura de Jesús. Aunque esta festividad es celebrada por la Iglesia el 15 de septiembre, es en Semana Santa cuando cobran un recuerdo especial, pues la visión de esas Dolorosas laceradas fomenta nuevamente la piedad popular.
Citando a ese compendio de información que es  “Semana Santa en Los Realejos”, editado por el Excelentísimo Ayuntamiento recordaremos que: “La devoción a los Dolores y Soledad de la Virgen en la actual Villa de Los Realejos tiene su origen en la fundación de las primeras cofradías penitenciales que se crean en las dos parroquias matrices de este pueblo: la Cofradía de la Santa Vera Cruz, Sangre y Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, fundada en la parroquia de Santiago Apóstol de Realejo Alto, en 1610 y la Cofradía de la Santa Misericordia que se crea en 1623, en la Concepción de Realejo Bajo (…).
 En lo que a la parroquia matriz del Apóstol Santiago respecta, ya se cita una imagen de Nuestra Señora de la Soledad en el inventario parroquial de 1604, imagen de la que fue muy devoto el beneficiado D. Alonso Millán, pues al otorgar testamento ante el Capitán y Escribano Público del lugar don Juan Saenz de Gordejuela y Palacio, el 6 de noviembre de 1615, dispuso que el Mayordomo de Fábrica hiciese una función a Nuestra Señora de la Soledad en Semana Santa, función que se celebraba cada Domingo de Ramos o Lunes Santo. Esta imagen perteneció a la cofradía penitencial de la Santa Vera Cruz, Sangre y Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, fundada en 1610 y refundada en 1614, la cual organizaba la procesión nocturna del Viernes Santo con los pasos de la Santa Vera Cruz (…).
Esta primitiva imagen presentaba deterioro a mediados del siglo XVIII, por lo cual el Beneficiado de esta parroquia, don Agustín García de Chaves, dona una nueva imagen de esta advocación en el año 1769, que se cita ese año como la Imagen nueva de la Soledad que dio Agustín G. de Chaves.
Sin embargo, a mediados del siglo XIX, la escultura no ofrecía un buen aspecto, estando indecente para el culto, hecho que lleva  a los beneficiados de la parroquia a solicitar una de las dos imágenes de la Virgen de la Soledad que habían sido veneradas en el convento de P.P. Agustinos de Realejo Bajo. La autoridad eclesiástica, tras considerar la solicitud, tuvo a bien entregarles la imagen que solicitaban y sus pertenencias, hasta aquel momento en casa del vecino don José Albelo Ramírez, según autorización del Gobernador Eclesiástico fechada el 27 de junio de 1849. Esta imagen de la Dolorosa, que hoy ocupa un lugar en el retablo del Calvario que tallara Antonio Álvarez, fue restaurada en 1959 por Ezequiel de León. Se trata de una escultura de candelero que muestra a María con las manos sobre su pecho y la cabeza ligeramente inclinada”.
Esta ha sido la aportación para el día de hoy, en nuestra difusión de la Semana Santa Histórica de Los Realejos…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

domingo, 19 de marzo de 2017

LOS BAJIOS DE LA COSTA PORTUENSE Y EL FUTURO PARQUE MARITIMO



El amigo del Puerto de la Cruz; AGUSTÍN ARMAS HERNÁNDEZ. Remitió entonces (2017), estas notas que tituló; “LOS BAJIOS DE LA COSTA PORTUENSE Y EL FUTURO PARQUE MARITIMO”: “…Las ciudades y pueblos que, en estos tiempos que corren, se ralenticen o rezaguen perecen. Modernizarse y ponerse al día es esencial. Coger el tren del progreso es lo llamado. Más de treinta años han transcurrido desde que se pusiera la primera piedra del dique de contención del que sería, en el futuro, «Parque Marítimo Portuense». Para construir dicho parque, el Puerto de la Cruz tendría que sacrificar el segundo tramo del otrora exuberante y productivo bajío que media entre el muelle pesquero y el Castillo de San Felipe. Ocuparía en su totalidad la ribera marina lindante con el barrio de pescadores conocido como «La Ranilla». Preludio por el cual muchos buenos y veteranos pescadores tendrían que abandonar sus casas y, con dolor de su alma, instalarse en otros lugares de la Ciudad, e incluso fuera de ella. Alejados, como es obvio, de su medio habitual de subsistencia. La otra parte de aquel interesante bajío de origen volcánico; que con el anterior formaba la casi totalidad del litoral portuense, ya lo habían ocupado, tiempo atrás, las instalaciones del lago y piscinas de Martiánez. En este lugar emblemático del Puerto de la Cruz, dejó sus huellas de gran artista el prestigioso y ahora desaparecido César Manrique (D.E.P.). Osése, en el tramo que comprende desde San Telmo hasta el «Charco de la soga», lindante con la playa de Martiánez. De arena negra, como todos sabemos, es dicha playa cuyo nombre y fama son conocidísimos. El muelle pesquero, con el penitente, dividía y dividen, puesto que la costa no ha desaparecido, en dos partes claramente definidas los mencionados bajíos. Ambos tenían sus nombres que los distinguían. Al de Martiánez se le conocía como «bajío de arriba» y al de la Ranilla como «la brava». ¿Quién no los recuerda? Ciertamente, muchas personas. No solamente lugareños, sino también foráneos; gentes que venían de los pueblos colindantes e incluso allende del mar. Todos ellos se desplazaban al Puerto de la Cruz, no únicamente a disfrutar de su benigno clima, sino también a degustar, precisamente, los ricos mariscos y pescados de aquella ribera marina; ahora desaparecida y que tanto echamos de menos. ¿No reclamará el océano Atlántico algún día lo que le usurparon de sus dominios?... Esperemos que no. Intentos los han habido. Mas la sangre no ha llegado al río. Recordemos algunos de los productos marinos que tan abundantemente se daban en aquellos prodigiosos bajíos: cangrejos, lapas, pulpos, almejas, morenas, viejas, cabrillas, etc. El mar de entonces, limpio y transparente, junto al olor a yodo y a sal que se desprendían de aquel bravo y productivo litoral, además del excelente clima, hacían del Puerto de la Cruz el lugar más atrayente y atractivo para los amantes del mar y sus productos. El fluir de personas a la costa portuense de los pueblos de su entorno fue continuo y progresivo. Sobre todo, a partir de los años 50 con la riada de turistas extranjeros que nos invadían atraídos por la fama de pueblo tranquilo y de belleza sin par.
El llamado «sexo fuerte», no solamente del Puerto de la Cruz, sino también de toda la Isla, se acercaba a la playa de Martiánez no solamente a comer pescado y marisco fresco, sino además para contemplar el curioso contraste y perfecta armonía que se daba entre la arena negra de la playa y las rubias y esbeltas escandinavas tendidas al sol del medio día o de la tarde. Ahora bien, el Puerto de la Cruz que fue granero de media Isla, por no decir de toda, que dio de comer a mucha gente en aquellos años difíciles... Me pregunto: ¿por qué, ahora que nadamos en abundancia, se le tiene tan abandonado? Se hacen construcciones importantísimas con vistas al turismo en varios puntos de la Isla y se terminan rápidamente, mas en el Puerto de la Cruz las pocas que existen van muy lentas o se eternizan. ¿No va siendo hora de que se acelere
la terminación de su Parque Marítimo? ¿Por qué razón siendo el Puerto de la Cruz de tanta importancia turística, su puerto deportivo, pesquero y comercial tiene que ser, de los programados, el último en construirse? ¿Merece el Puerto de la Cruz este pago?... No y mil veces no. Tratemos al Puerto como se merece, ¡saquémoslo adelante! Hacerlo es de bien nacidos y de agradecidos…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

domingo, 12 de marzo de 2017

LA PLAZA DEL CHARCO PORTUENSE



El amigo del Puerto de la Cruz; Agustín Armas Hernández.  Remitió entonces estas notas que tituló; “LA PLAZA DEL CHARCO PORTUENSE”: “… Es deber cívico —nos enseñan— cuidar el bien común. Pues veamos: hace algunos años se viene hablando sobre la conveniencia de remodelar la plaza del Charco y su entorno. Sin embargo, hasta este preciso momento en que escribo estas líneas, no se ha realizado a fondo ni en serio ningún acondicionamiento ni embellecimiento en dicha plaza; exceptuando —como la mayoría de ciudadanos sabemos— algunos conatos de arreglos en su escasa zona ajardinada. Es tiempo ya, que la susodicha plaza y sus aledaños se acondicionen y embellezcan. Pensar que lo típico de la plaza del Charco consiste en su piso terroso, es —para mí—erróneo y retrógrado. Los que estamos directamente relacionados con esta portuense plaza, ya sea porque viven en su alrededor o tengamos comercio, o cualquier tipo de contacto, sabemos las penurias que pasamos, tanto en tiempo ventoso como lluvioso. Muchos se preguntarán ¿y esto por qué?, pues muy sencillo de explicar: cuando hace viento, la tierra procedente del piso de la plaza lo invade todo, tanto las casas, como los establecimientos allí situados, y cuando llueve, como es obvio y bien sabido, la dicha plaza hace honor a su nombre, convirtiéndose no ya en un charco, sino más acertadamente en una laguna de enormes proporciones, impidiendo no solamente la circulación rodada de vehículos, sino también el normal paso de personas que se dirigen hacia cualquier punto de la ciudad (téngase en cuenta que la plaza del Charco está en el centro estratégico que divide la ciudad en dos partes «zona Martiánez, zona San Felipe Tejar». Por lo tanto, propongo y ruego como ciudadano del Puerto de la Cruz que soy, se lleve a efecto y en el más corto tiempo posible la tan deseada remodelación y corrección de estas anomalías, que tantas molestias ocasionan tanto a lugareños como a los turistas que nos visitan. Nuestros ediles municipales aún no se han dado cuenta de que la antaño llamada «plaza de los Camarones» hoy rebautizada plaza del Charco y hasta hace algunos años plaza del General Franco, necesita volver a ser -porque así lo queremos la mayoría de los portuenses- aquella plaza concurrida y alegre, punto estratégico de visitas y  encuentros para novios, amigos, familias, etc.
  ...¿Y por qué dejó de serlo anterior? Todos  sabemos la causa, el cierre de calles al tráfico rodado, para convertirla en zona peatonal, siendo casi imposible llegar con vehículo al centro de la ciudad, «plaza del Charco», sin tener que dar un largo e incómodo rodeo a casi todo el Puerto de la Cruz. Me estoy refiriendo naturalmente a los que vienen del exterior o viven en las afueras, prefiriendo, como es obvio, no venir o desplazarse a otros pueblos con menos complicaciones. ¿Solución?, muy clara, volver a la situación anterior a las medidas tomadas con el cierre, de las calles, o sea abriendo al tránsito rodado algunas de esas estáticas calles, sin olvidar que lo más importante sería sin duda la entrada y salida por el Belair, centro estratégico y neurálgico.
¡Ah! pero no hay mal que por bien venga. Como repercusión del cierre de las calles portuenses que afectó negativamente al comercio en dicha zona, no obstante dio la oportunidad a otros pueblos colindantes para que prosperaran en el comercio e incluso en las construcciones urbanísticas. Véanse La Orotava, Santa Ursula, Los Realejos, con sus barrios, el Toscal, La Longuera, etc. ¡Claro! habiéndose despilfarrado tanto en  fiestas superfluas, incluyendo   los carnavales, quizá esté exhausto el tesoro municipal. Ahorremos, pues… gastos inútiles no. Solo atendamos a lo más necesario. Un saludo y meditemos…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL