Isidro Fuentes Melián vino al mundo en el año 1937 en el corazón de la Villa de La Orotava. Nació bajo
el techo de la emblemática «Casa Azul» de la calle León, siendo el tercer hijo
del matrimonio formado por don Isidro Fuentes y doña María Luisa Melián, un
hogar que completaban sus hermanos María Luisa, María de los Ángeles, Evaristo
y José Luis.
Su infancia y juventud
corrieron paralelas al despertar de la educación en su villa natal. En 1948,
formó parte de la histórica primera promoción del Colegio San Isidro tras la
llegada de la comunidad salesiana, donde cursó estudios hasta sexto de bachillerato.
El tramo final de su preparación previa a la madurez lo llevó al colegio Santo
Tomás de Aquino para realizar el Preuniversitario, antesala de su paso por el
Selectivo en la Universidad de La Laguna. Poco después, su vocación lo
conduciría a la Universidad Complutense de Madrid, ciudad en la que residió
durante doce intensos años entre las exigencias de la carrera de Medicina y los
cinco años de especialización como médico interno y residente (MIR). Tras
licenciarse y ejercer en la prestigiosa clínica de La Concepción, la nostalgia
y el deber lo trajeron de vuelta a su querida Orotava. Allí, entre las
consultas de la Seguridad Social y su consulta privada, entregó su vida al
cuidado de sus paisanos hasta el día de su jubilación definitiva.
EL GIGANTE DE LAS CANCHAS
Antes de sanar
cuerpos, Isidro Fuentes desafió a la gravedad en las canchas de baloncesto. Su
nombre quedó inscrito con letras de molde en la temporada 1956-1957, cuando fue considerado uno de los mejores pívots de Canarias
vistiendo la camiseta del CB Canarias de La Laguna. En aquella mítica cancha
sin techo de La Alhóndiga, a la sombra del Ayuntamiento lagunero, Isidro
infundía respeto; su imponente estatura y su asombrosa agilidad bajo los
tableros lo convirtieron en un jugador formidable, célebre por la elegancia y
efectividad de sus tiros de gancho con ambas manos.
Sin embargo, sus
primeros pasos bajo la canasta se fraguaron en el CB Independiente de la Villa
de La Orotava, un conjunto poderoso de la segunda categoría del norte de
Tenerife. Fue en la temporada de 1955, bajo la dirección del entusiasta Pepe
Dorta, cuando el equipo se coronó campeón de la zona norte tras una trayectoria
casi impecable, enturbiada solo por una derrota en la pista de la calle
Hércules ante el CB San Fernando de Icod de los Vinos.
Aquel campeonato
norteño era un hervidero de rivalidad local, disputado palmo a palmo entre
cinco escuadras de La Orotava (Independiente, Huracán, Calvario, Juventud
Católica y Liceo Taoro), dos del Puerto de la Cruz (Academia Mercantil y Santa
María) y una de Icod (San Fernando). Aunque el Independiente logró el ascenso
por méritos propios a la máxima categoría del baloncesto tinerfeño, una
reestructuración de la Federación redujo el grupo a nueve conjuntos. Para
determinar quiénes mantendrían la categoría, se organizó una liguilla de
supervivencia.
Al Independiente le
tocó en suerte el grupo de cinco equipos. Los registros de aquella emocionante
liguilla, rescatados del olvido gracias a los apuntes de su hermano Evaristo;
Juventud Laguna, Peña Rambla, Cepsa, Hernán Imperio.
Pese a las victorias
logradas en Franchi Alfaro ante el Juventud Laguna y el Cepsa, el Independiente
cerró la tabla. En aquel torneo despuntó el Peña Rambla de la capital, un
conjunto menudo pero de una técnica exquisita. Sería precisamente antes de que
arrancara la nueva temporada oficial cuando los caminos de los jugadores se
bifurcaron: Isidro Fuentes fichó por el CB Canarias de La Laguna, mientras que
sus compañeros Chago Estévez y Diego Juan Álvarez se marcharon al Peña Rambla.
En las filas del CB
Canarias, Isidro firmó una campaña excelente compartiendo vestuario con el
legendario Elfidio Alonso. Su rendimiento tuvo un mérito doble, pues la
distancia le impedía entrenar con regularidad al tener que desplazarse
constantemente desde La Orotava. El destino quiso que en el Frontón de Santa
Cruz, en el barrio de Duggi, tuviera que enfrentarse en la pista a su viejo
compañero Chago Estévez.
En septiembre de 1957,
un barco alejó a Isidro de las canchas tinerfeñas para llevarlo a estudiar
Medicina a Madrid. El baloncesto federado quedó atrás, reducido a los torneos
de la ciudad universitaria, aunque el cordón umbilical con su tierra nunca se
rompió: durante las vacaciones estivales reforzaba al CB Águila del Valle. Años
más tarde, ya de regreso definitivo en Tenerife, cerraría el círculo de su
pasión baloncestística con los veteranos de su pueblo, conquistando con orgullo
el Trofeo de María Auxiliadora.
Fue precisamente en
sus años de estudiante en Madrid donde el destino le permitió devolver el
afecto a su mentor. Allí se reencontró con su antiguo entrenador, Pepe Dorta,
ingresado en una clínica de la capital por dolencias cardiovasculares. Isidro
no lo dejó solo; lo acompañó con fidelidad hasta que la muerte se lo llevó en
1961, escoltando su féretro hacia su última morada en Madrid junto a otros
amigos orotavenses como Isidoro Sánchez, Eduardo García, Miguel Linares, Fafe
Álvarez de la Peña y Alfonso Dorta.
EL GUARDAMETA QUE PUDO SER
Antes de ser un titán
de las canchas de baloncesto, la figura de Isidro Fuentes se moldeó sobre el
césped. Sus primeras hazañas deportivas fueron con las botas de fútbol en el
Colegio San Isidro, llegando a participar en diciembre de 1949 en la
inauguración de su campo de deportes (por entonces no reglamentario) en un
encuentro frente a la Juventud Católica.
Su planta y reflejos
lo llevaron a convertirse en el guardameta del primer equipo juvenil federado
de la UD Orotava, creciendo deportivamente bajo la dirección de don Chano
Hernández Lorenzo y, posteriormente, de don Nazario Hernández García, conocido
entrañablemente como «Chile».
Su paso por el
balompié no fue anecdótico. Como recordaba con precisión su amigo de la
infancia Ángel García González en unas notas fechadas en noviembre de 2014,
Isidro llegó a debutar con el primer equipo de la UD Orotava al cierre de la
temporada 1954-1955. Aquel día se concertó un amistoso entre los subcampeones
de los grupos Capital y Norte: el Real Unión y el Orotava (mismos equipos que
meses después disputarían la final de la Copa Heliodoro).
En aquella jornada de
debut para los juveniles Jesús, Álvaro e Isidro Fuentes, la UD Orotava desplegó
el mejor fútbol de la temporada, aplastando al Real Unión por un contundente 6
a 2. Mientras los goles visitantes los firmaba Cartaya, la fiesta local la
armaron Bernet con un triplete, Quillo, Juan Hernández Sánchez y Tin. La
alineación de aquel Orotava para el recuerdo quedó grabada de la siguiente
manera:
Ruiz (sustituido por Isidro Fuentes); Rivero, Brígida,
Antonio; Quillo, Martín; Juan Hernández Sánchez, Tin, Bernet, José Hernández
Sánchez (Jesús) y Fariña.
Al término de aquella
triunfal temporada, con la satisfacción del deber cumplido bajo los tres palos,
Isidro Fuentes decidió colgar las botas de fútbol para entregarse por entero,
en cuerpo y alma, a la canasta. Una decisión que transformaría su nombre en
sinónimo de leyenda en el deporte canario.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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