sábado, 25 de noviembre de 2017

SANTA CATALINA

El 26 de febrero de 2017, el apreciado amigo de la infancia Luis Perera tuvo a bien compartir una valiosa fotografía histórica de la ermita de Santa Catalina Mártir —templo originario del segundo tercio del siglo XVI— en La Villa de La Orotava.

El principal interés de esta instantánea, fechada en la bisagra entre los siglos XIX y XX (hacia 1900), estriba en la impecable conservación de su fachada primitiva y en el aspecto orgánico de su entorno: la plaza figuraba por entonces totalmente cubierta de tierra virgen, mostrando además una pendiente sensiblemente más suave y tendida que la rampa escalonada que conocemos en la actualidad.

Sobre los orígenes e impronta de este rincón del patrimonio orotavense, el historiador y compañero de la infancia Antonio Luque Hernández nos ofrece una precisa semblanza en su obra La Orotava, corazón de Tenerife (pág. 291):

«Ermita de Santa Catalina, mártir, en El Farrobo (Villa de La Orotava). Enclavada en el histórico eje del camino viejo a Aguamansa, fue erigida en 1559 bajo el patronato del capitán y regidor don Antonio de Franchi Luzardo (el Viejo) y su esposa, doña Inés López Doya.

Este patronato fue adquirido en las primeras décadas del siglo XIX, junto a las tierras y el predio limítrofe, por don José Cullen y Ferraz (1784-1856).

Santa Catalina de Alejandría, martirizada según la tradición sobre una rueda dentada, es la celestial patrona y protectora de los trapiches azucareros y los caminantes. En el templo se venera su efigie —adornada con corona y espada de cazoleta, finamente labradas en plata—, flanqueada por las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y San Lázaro.

Su portada destaca arquitectónicamente por un notable arco de cantería escoltado por columnas laterales de pulcra factura plateresca».

 

BRUNO JUAN  ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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