A Mauro le decían <el
Patanga>. Era bravo, temperamental, a veces genial. Pundonoroso. Un poco
anárquico en su desempeño. Le conocimos en aquellos años, cuando frecuentábamos
hasta los entrenamientos en el maltrecho “Rodríguez López” y empezamos a
transmitir en Radio Popular de Tenerife, junto a los involvidables César
Fernández Trujillo y Álvaro Castañeda.
Precisamente, en una de esas
transmisiones (Tenerife-Barakaldo, temporada 1973-74), se produjo el lance por
el que Mauro será recordado toda la vida. José Miguel Galarza lo ha evocado con
detalle en su semblanza del jugador. Aún recordamos la carcajada de César y la
reacción destemplada de los espectadores cuando Esteban falló el célebre
penalty.
Este es el relato de Galarza:
“Recuerdo que atacábamos hacia la puerta de Herradura y que Cabrera me envió un
pase en profundidad, algo bombeado, a la espalda de la defensa”, contó Mauro en
el libro Centenario de una pasión,
conmemorativo del primer siglo del CD Tenerife. “Yo entré en velocidad para
ganarle medio metro al central, por lo que dejé picar el balón para controlarlo
con el pecho […], luego intenté acomodármela con la mano para rematar, pero él
me cargaba hombro con hombro […], así que seguí corriendo unos metros con el
balón agarrado, como si fuera un jugador de rugby”.
Sigue: “Entonces, miré de reojo
a la banda y vi que el juez de línea estaba descolocado; y el árbitro venía
veinte metros atrás”, explicaba Mauro, a quien en ese momento le salió su vena
de futbolista callejero.
Agrega Mauro: “Le puso el balón
en las manos a Madariaga —“toma, cógelo”, le dijo— y, tras frenar en seco y
separarse de su defensor, se giró hacia Fernández Quirós con los brazos en
alto. “Árbitro, penalti”, reclamó. El colegiado, que llegaba exhausto a la
carrera, observó una imagen que no admitía dudas y señaló el penalti.
“El central me dijo de todo, me
quería matar”, recordaba el jugador, que no le confesó su pecado a Esteban, el
lanzador de la pena máxima, que mandó el balón “a las nubes”.
Aún sentimos la carcajada de
César. Y conservamos en la memoria la habilidad de aquel futbolista que luego
entrenaría al legendario Juventud Concepción y a los sureños Unión Isora, San
Lorenzo y Chío. En cierta ocasión, cuando nos reencontramos, en un
I’Gara-Puerto Cruz en Cabo Blanco, nos dijo:
-Antes de que me lo preguntes,
¿te acuerdas cuando le puse el balón en las manos a aquel vasco y el árbitro
concedió penalti?
Sí, fue un lance inolvidable.
Hasta siempre Mauro…”
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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