jueves, 13 de abril de 2023

ALUMNAS DEL COLEGIO DE LA MILAGROSA

La amiga de la Villa de La Orotava ANA AFONSO, remitió entonces (13/04/2023) estas dos fotografías correspondientes a un grupo de alumnas de cultura general del Colegio de la Milagrosa de las hermanas de la caridad de San Vicente Paul de la Villa.

Engalanadas con el uniforme de gala de los inviernos, posan para el fotógrafo acompañadas de dos hermanas, la de la izquierda Sor Francisca Bove-Superiora, la del centro sor Florentina, en los jardines del colegio.


En la primera fotografía de izquierda a derecha: Armenia Pérez, Yaya Sánchez, Candelaria Valencia, Lolita Tabares, Ana Afonso, Ana Mari Sánchez y Conchita Oliva.


En la segunda fotografía: Armenia Pérez, Yaya Sánchez, Candelaria Valencia, Lolita Tabares, Ana Afonso, y Conchita Oliva.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

PROCESION MARIA AUXILIADORA EN EL TIEMPO

Fotografía sobre la magna procesión de María Auxiliadora del final de los cincuenta y principio de los sesenta del siglo XX, tomada de la  exposición sobre la sagrada imagen expuesta en la  plaza de  La Constitución de La Villa de La  Orotava, referente a su coronación y el 75 aniversario de la llegada de  los salesianos a la Villa.

En los cargadores del paso, el de la derecha es Valerio Zamora que fue agente municipal de La Villa de La Orotava, padre de los amigos; Antonio, Valerio y Lolo conocido cariñosamente por “El Cabecita” y Viberti en el futbol aficionado. Vivian en Los Cuartos. El del centro es el popular JALICO, el padre del riqui---raca, que durante décadas cargó a la virgen, la que consideraba su madre.

El paje es un alumno del colegio de San Isidro de la época que no identifico.

En la procesión me llama la atención el jardín de flores que le rodean, y la abrillanté de sus fiestas, así como los grandes adornos de  los escaparates por donde desfilaba el paso.

Recuerdo el de doña María Dolores de Santos, que era adornado con mucha plata y flores blancas, en la calle El Calvario, por encima de mi casa.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

LUIS ESPINOSA, LA SAPIENCIA DEL DOCTOR


Fotografía cedida por el amigo y convecino de mi calle El Calvario de la Villa de La Orotava: ISIDORO SÁNCHEZ GARCÍA, Ingeniero de Montes, Villero de Honor, en donde observamos al Doctor Don Luis Espinosa con corbata y camisa blanca

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (05/04/2023) estas notas que tituló: “LUIS ESPINOSA, LA SAPIENCIA DEL DOCTOR": “…La última vez que nos cruzamos y pudimos saludarnos, él en una silla de ruedas conducida por un sobrino, en la esquina de un perímetro de la portuense plaza del Charco, dijo:

-Te conocí por la voz. Siempre la tuviste de locutor.

Luis Espinosa García-Estrada, ‘don Luis’, el médico, había sido todo con uno: preceptor en bachillerato, doctor, consultor, exégeta, escuchante en la edad provecta… En fin, una de esas personas venerables que, por amistad con el padre entre otras cosas, te va ganando desde la adolescencia hasta terminar considerándole como un referente serio que de todo entiende y al que conviene seguir, siempre para aprender, siempre.

El doctor Espinosa sobrellevó su enfermedad con esa resignación ejemplar que reconoce, sin necesidad de expresarlo, la cohabitación con los achaques se senectud.

En cierta ocasión, pidió:

-No me envíes más emails porque cada vez veo y leo menos.

E interrumpimos, consecuentemente, aquel contacto periódico en el que trataba de nutrirle de información y opinión local. De alguna versión sobre episodios históricos que, procesada en las neuronas de su prodigiosa memoria, merecía algún comentario que contrastábamos e intercambiábamos con fruición.

Con Luis Espinosa aprendimos botánica y geología cuando llegada la hora de la elección de bachiller entre ciencias y letras, hubo que decantarse. El médico enseñaba sin omitir las ocurrencias:

-Dime el color del feldespato. Y no me contestes ni claro ni oscuro, porque esos no son colores, sino tonos-, advirtió en una de aquellas clases vespertinas en que, pese a sus esfuerzos, no hubo manera de que cambiáramos el estudio de los minerales por la inclinación hacia las letras, por los clásicos griegos o La Eneida, la epopeya latina de Virgilio.

En otra oportunidad, nos escayoló en su consulta de la calle Esquivel el hueso escafoides de la mano derecha, tras una caída absurda en El Peñón. “Ven dentro de cuarenta días”, prescribió. ¡Qué precisión la suya! En esa fecha, después de tocar y comprobar, recomendó que uno mismo se desprendiera del yeso, ya gastado. Así lo hicimos y pidió que estirásemos el pulgar hasta que sonasen los huesos.

-¿Duele algo?-, preguntó.

-Nada, don Luis-, respondimos, en un tono de visible liberación.

-Pues venga, a por la siguiente-, despachó en aquella indispensable consulta.

Ya en aquellos años supimos de sus excursiones, de su amor por la naturaleza y el senderismo, practicado a conciencia en sábados, domingos y festivos. Luis Espinosa perteneció a la célebre Peña Baeza que, con Imeldo el fotógrafo al frente, recorrió con fruición los bosques, montes y parajes de la isla, saboreándolos y hasta mimándolos, trazando rutas, disfrutando de nuestro medio natural, de la lluvia, de la neblina, de las mañanas despejadas y límpidas. El médico recomendaba hasta las dosis de avituallamiento doméstico y atendió sobre la marcha alguna lesión sobrevenida, fruto de un resbalón o de una caída. De toda esa experiencia, surgió “Tenerife a pie” (Cabildo Insular), un libro que condensaba las caminatas y otras andanzas, escrito por Vicente Jordán padre.

Espinosa, perteneciente a una extensa familia de educadores y docentes, tuvo una directa relación con el inolvidable colegio de segunda enseñanza ‘Gran Poder de Dios’ a cuyo patronato y claustro contribuyó para estimular la formación de varias generaciones de portuenses. Igualmente, estuvo vinculado al Hospital de la Inmaculada Concepción, donde todas las pacientes esperaban su visita a cualquier hora. Su aportación al nivel asistencial y a las prestaciones de lo que hoy es una residencia de mayores resultó decisiva en diferentes etapas de su existencia.

La sapiencia del doctor Espinosa, su entrega y su sensibilidad, serán recordadas siempre…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

miércoles, 12 de abril de 2023

LOS AGENTES DE LA VILLA DE LA OROTAVA EN EL TIEMPO (III)

Fotografía que remitió entonces (12/04/2023, el amigo de la calle El Calvario; Carmelo Santos Villar, tomada en la histórica confitería Taoro de don Egon Weber de La Villa de La Orotava. En el que celebraban algún acto de su festividad.

Plantilla total de los agentes que formaban el cuerpo municipal de la villa de la Orotava al final de la década de  los setenta y principio de los ochentas.

De izquierda a derecha: Celestino, Chicho, Mauro, Tomás, Luis, Juan Pamis, Primo, Pacheco, Pedro Luis, Santiago, Víctor Manuel, Juan de Dios, Manolo (no agente), y Marcelino.

Que me perdonen pues los conocí a todos pero no recuerdo sus apellidos.

La mayoría pertenecen al cuerpo entonces renovado por la época de la transición de la política española, viviendo las primeras elecciones democráticas al ayuntamiento en el año 1979.

Mucho orden ponían en las procesiones de la Semana Mayor y en las fiestas Mayores, así como regularización del tráfico rodado y demás características de misiones municipales de La Villa de La Orotava.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

martes, 11 de abril de 2023

HASTA LOS CIEGOS IBAN A VER AL IRREPETIBLE JUAN BARBUZANO

El amigo y compañero de profesión ANTONIO SALGADO PÉREZ PROFESOR MERCANTIL, remitió entonces (11/04/2023), estas notas y fotografía, que publicó en el Diario de avisos 11/04/2023 y que tituló: “…HASTA LOS CIEGOS IBAN A VER AL IRREPETIBLE JUAN BARBUZANO”: 



 

“…SU CAMISETA DE BREGA SE HACÍA INSUFICIENTE PARA EMBOLSAR, EN SUS TARDES TRIUNFALES, EL DINERO QUE, A PUÑADOS, LE TIRABAN Y ENTREGABAN DESDE LAS MÁS RECÓNDITAS GRADAS

En la lucha canaria y en el ecuador de la década de los 60 hizo aparición una especie de Aquiles. Pero así como este fue héroe de la Iliada homeriana, invulnerable excepto en el talón, nuestro héroe vernáculo, aquel acaparador de masas, tenía aspecto de monolito teidetano, espaldas de Platón, brazos de escultura griega, veinte años y 105 kilos en la báscula.

Tengo que confesar con cierto sonrojo que aún siendo un gran aficionado a todas la manifestaciones del músculo, apenas me atraían las luchadas porque, a mi juicio, las encontraba plomizas, de cierta rutina, muy convencionales y carentes de emoción, aunque, claro está, era una opinión muy personal y apresurada. Sin embargo, tras la irrupción del invicto, procuré no perderme una. Y cuando en el cartel figuraba Juan Barbuzano trataba por todos los medios de comprar la entrada con la suficiente antelación para evitar el cartelito de “no hay localidades”. 

Se quedaba solo en el terrero, sobre el círculo mágico de la lucha canaria. Era mole que prodigaba con acrisolada maestría aquella gama de cangos, garabatos, traspiés, burras… Era luchador que hasta “agarraba” de distinta manera, bastándole su índice y pulgar para asirse perfectamente al pantalón antagónico; era hombre que parecía no querer lucirse con los enemigos de corta talla y escaso peso, haciéndolo con los mas corpulentos, siempre escudándose en su ejemplar mesura, a los que dejaba sentados como niños; mordiendo el polvo, la arena del terrero; impotentes en el vacío…. Temperamento tranquilo y despreocupado, contrastaba con su juventud, siempre más propicia a la inquietud que a la parsimonia.

Humilde

MUCHACHO MODESTO QUE PARECÍA RUBORIZARSE CUANDO EN MEDIO DEL RECINTO IBA A RECOGER CÁLIDOS APLAUSOS

Su camiseta de brega se hacía insuficiente para embolsar, en sus tardes triunfales, el dinero que, a puñados, le tiraban y entregaban desde las más recónditas gradas y desde las confidentes sillas taurinas. Era como un terremoto que había arrancado casi de cuajo algunos de los espíritus conservadores que aún vivían con los intocables e inmarchitables recuerdos de las grandes hazañas de los Angelito, El Sopo, Camurria y otros. Era pródigo industrial que fabricaba aplausos colectivos, estos ruidos indiscriminados y mostrencos que están siempre dispuestos a la aprobación abusiva. Todos han visto a esos toreros que, cuando un compañero ha levantado el paroxismo del público, dan la vuelta al ruedo con él, aprovechando, el trío, una abusiva proindivisión de entusiasmo. 

Sí, la lucha canaria tenía un nuevo fenómeno, una especie de Aquiles, sin su famoso talón, afortunadamente, pero con cuello de toro y torso con aspecto de tronco de encina. Había comenzado la pesadilla para los Chavales, Pollos de Máguez, El Pala, Pollo de las Canteras, Felipe del Castillo, Gregorio Dorta, flor y nata de nuestro autóctono deporte, bastiones de prestigio dentro de nuestra típica manifestación del músculo que se veían apabullados por aquel joven de veinte calendarios que repartía cangos y garabatos con asombrosa facilidad, con una movilidad que nos hacía olvidar sus ciento cinco kilos.

Ya conocía la tipografía mayúscula, el constante halago de las multitudes, pero teníamos la impresión de que iba a conservar su sencillez original, que sería inmune al peligroso “mareo” de la popularidad.

Los aficionados a la lucha estaban de enhorabuena. Intuían que los próximos campeonatos estarían muy reñidos. El dúo Sosa Barbuzano era el favorito, pero los otros puntales podían dar la sorpresa. La lucha canaria se había salpicado de sal y pimienta, que habría que dosificar para evitar las úlceras del desbordante fanatismo que, como norma habitual, no hizo aparición.

 

CRECIMIENTO DE JUAN BARBUZANO

Nuestro típico deporte, de limitadas fronteras, había roto, sin embargo, ciertas metas. En torno a los clásicos viejos de rostros curtidos por las faenas del campo, enmarcados en sombreros de fieltro negro, espectadores habituales de esta antigua manifestación, había surgido una nueva ola, con mechones, mandíbulas con actividad de chicle y suéteres anudados a la espalda. Era detalle muy significativo del auge que este deporte había cobrado entre aquella juventud.

Pero quizá uno de los detalles más sugeridores y sorprendentes, el más elocuente, fue el presenciado en una de aquellas tardes gloriosas teniendo como marco incomparable nuestra mudéjar plaza de toros, con motivo del encuentro Hespérides-Benahoare, en el que Juan Barbuzano, inspiradísimo, derribó y eliminó a siete adversarios y donde en primera fila, un ciego, en dolorosa y amarga limitación, acompañado de su lazarillo, había acudido para oír el clamor, el entusiasmo, la pasión de unas escenas que nunca pudo ver…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

miércoles, 5 de abril de 2023

LAS TÁCTICAS DE ISIDRO FELIPE ACOSTA

Fotografía compartida EN EL FACEBOOK con mi amigo ISIDRO FELIPE ACOSTA

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (05/04/2023) estas notas que tituló: “LAS TÁCTICAS DE ISIDRO FELIPE ACOSTA": “…Ayer mismo se despedía en Facebook, que es un lugar (red social) donde la gente saca a pasear hechos y circunstancias del pasado y del presente para que la gente esté al tanto de sus vidas. La casualidad quiso que coincidiéramos por la tarde en las inmediaciones del refugio pesquero del Puerto de la Cruz y allí le deseamos toda la suerte del mundo, ahora que ha puesto punto final a su etapa en activo y todavía con sesenta y pocos podrá disponer de más tiempo para seguir cultivando las semillas con las que ha sido feliz en su Realejos natal y en tantos lugares donde ha plasmado momentos inigualables.

“Ha sido un gran honor haber servido a la difusión de los tesoros de Los Realejos durante treinta y tres años. Seguiré en la medida de lo posible y ya desde un más que merecido “semiretiro” poniendo en valor la naturaleza, la etnografía, las tradiciones y a las personas que hacen posible que éstas pervivan. MIL GRACIAS”, escribía en su muro Isidro Felipe Acosta, con sencillez y el propósito de un hasta luego. Isidro ha sido una suerte de factótum en la comunicación realejera de la democracia: una foto, Isidro; un texto, Isidro; una referencia histórica, Isidro; un apunte radiofónico o televisivo, el mismo Isidro… el que siempre estaba allí, predispuesto, esmerado, competente… un seguro, un compromiso aún sin haberlo requerido.

El gerente de la asociación cultural Pinolere, Jesús Tomás García Rodríguez, dijo de su “mirada fotográfica” que “tiene un arsenal de tácticas a su disposición y las usa dependiendo de la estrategia que desee establecer... Isidro Felipe Acosta, el fotógrafo, domina la sintaxis de la imagen. Es un artista. Un perfeccionista… Uno de los individuos con una de las mejores miradas de estas tierras… Las del mundo, me refiero”.

Por eso, Isidro Felipe Acosta es autor de un tomo excepcional, “Los Realejos y sus fiestas tradicionales (Ayuntamiento de Los Realejos), una generosa mirada a las esencias de la localidad norteña, del inolvidable ocho de los caminos, de su espectacular desarrollo de las últimas décadas en las que Isidro ha estado ahí, con sus cámaras, con su participación activa en múltiples manifestaciones artísticas, tradicionales y creativas. “El pueblo que  marca el tiempo por sus fiestas”, escribió el historiador del Arte, Manuel Jesús Hernández González. La memoria gráfica de Los Realejos es, en efecto, la que, en medio de singulares celebraciones, ha plasmado un Isidro Felipe Acosta del que, sino fuera una exageración desproporcionada, se diría que han visto estallar todos los cohetes de la noche del 3 de mayo cuando dos calles rivalizan o se unen en una singularísima exhibición pirotécnica que la gente del valle sigue, en expectativa creciente desde azoteas y márgenes de caminos y carreteras.

Isidro Felipe Acosta ha llegado al final de su trabajo intenso e inagotable.  El trabajo de un cronista plenamente dedicado al que nada humano de lo realejero, le es ajeno.

Dejemos que siga disfrutando (ahora más) de todo aquello que supo captar y transmitir durante treinta y tres años.

Enhorabuena!...

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 

martes, 4 de abril de 2023

GÁNIGOS EN EL MAZAPÉ



Fotografía referente a la participación en GÁNIGOS EN EL MAZAPÉ de Salvador García Llanos, compartida con mi amigo Felipe Hernández Ruiz.

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (04/04/2023) estas notas que tituló: “GÁNIGOS EN EL MAZAPÉ": “…Todo lo necesario para que la cita resultase un éxito estaba entre los asistentes, allá arriba, en El Mazapé, en los altos de San Juan de la Rambla. Un vaso de vino, unas sabrosas especialidades culinarias, una conversación, unos cánticos. Un intercambio, sobre todo ganas de hablar de los asuntos que nos interesan y apasionan. La cultura, en cualquiera de sus vertientes; la amistad que se reafirma al cabo de reencuentros; poderse abrazar. Todos, cuando se cumplían cuarenta y cuatro años de la primera vez que los españoles elegían  en democracia a sus representantes locales. 

Las costumbres y las novedades que pasan o salen al capítulo de los desusos. Un buen rato de charla, de alegría canora, de reconocer las cualidades y las trayectorias. Ese es el culto a la amistad. Lo dijo el escritor italiano, Alberto Moravia: “La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea”.

Hasta allí acudieron, en efecto, a reír con los chistes, aunque no fueran tan buenos; y a condolerse de los problemas, aunque no fujeran tan graves.

Los promotores y organizadores de la convocatoria, integrantes del colectivo Gánigo, donde el encanto de las medianías se brinda en todo su atractivo, se esmeraron para que, sin alharacas, disfrutásemos y cultivásemos la amistad como a lo largo de muchos años han ido haciéndolo con mayor o menor intensidad. Agradecimos la oportunidad que nos ofrecían Felipe, Juanelo, Antonio García Fleytas y todos ellos para acompañarles y convivir como uno más en esta jornada.

Nos congratulamos de haber compartido estos sentimientos con dos colectivos, ‘Cestos y Bollos’, de Santa Bárbara, en Icod de los Vinos; y ‘Los Alzados’, de Icod el Alto, con su creatividad inagotable y contagiosa.

Con Tino Aguiar, intérprete, compositor y arreglista; y con el profesor Manuel Lorenzo Perera, acaso el mayor estudioso contemporáneo de la cultura tradicional canaria, premio Canarias,  nos satisface reconocer valores y exaltar, desde dentro, con el estilo desenfadado y sin alharacas que caracteriza las celebraciones canarias, una parte, unas manifestaciones y unos destacados exponentes del acervo cultural de las islas.

A los que se sumó Elfidio Alonso, siempre con ganas de saborear una parranda y de seguir siendo sujeto activo de toda esa expresión de alegría y desenfado que va brotando con fuerza allí donde se convoca.

Hubo tiempo hasta para recordar que Los Sabandeños, por iniciativa del sin par Juanelo, vieron rotulada con su nombre una calle del municipio ramblero. Con razón entregó al director eterno de Los Sabandeños el recuerdo del gánigo.

Y con razón las medianías, en tan alegre fecha, se vieron inundadas con música y cánticos que siguen dando vida al genuino folklore de la vertiente norte de la isla…”

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL