Fotografía: Fortaleza de San
Telmo 1912 Puerto de la Cruz.
El
amigo del Puerto de la Cruz, SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (31/052020),
estas notas que tituló; “DESCUBIERTOS POR SU BOICOT A LA CONTRIBUCIÓN”: “…Durante décadas se llamó la Contribución (aunque era frecuente el uso del
plural, Contribuciones), un tributo que habría de abonar el contribuyente o
beneficiario de una utilidad económica que se justificaba por la obtención por
parte del sujeto pasivo de un aumento del valor de sus bienes, como
consecuencia de la ejecución de obras públicas o del establecimiento y
ampliación de servicios públicos. La denominación en nuestros días es Impuesto
de Bienes Inmuebles (IBI). La Contribución era una figura legal de Derecho
Público para el sostenimiento de los gastos públicos de forma proporcional y
equitativa.
En agosto de 1821, se produjo
un caso curioso en el Puerto de la Cruz que relata el que fuera cronista
oficial del municipio, Nicolás Pestana Sánchez. El día 9, se reunió el
Ayuntamiento para tratar “de todas las personas que se habían resistido al
pago”. El acaloramiento, promovido por un miembro de la corporación, el
personero Gabriel Perera, llegó a grado tal que, dado lo avanzado de la hora,
la sesión fue aplazada hasta el día siguiente.
Cuando se reanuda, el
presidente manifestó que había recibido un escrito del comisionado, Ildefonso
Larroche, para activar el cobro. Comunicaba que el plazo para que se ingresara
en tesorería el resto de la cantidad correspondiente al pueblo finalizaba el 20
de agosto. En caso contrario, se debía proceder “a los apremios contra la
corporación y no podían oírse las reclamaciones de los que se considerasen
perjudicados hasta después de haber satisfecho sus asignaciones por cuanto el
tiempo se hallaba muy adelantado para observar los prescrito en el Reglamento”.
En su virtud, se hizo responsable del cobro a los encargados del mismo”.
Terminada la exposición del
asunto, brotó el conflicto. El presidente mostró la convocatoria de la sesión,
en la que, al pie, figuraba una nota del corporativo Gabriel Perera, causante
del alboroto del día anterior. La nota expresaba que “...no concurriría a
ninguna sesión hasta que el señor presidente le justificase haber aconsejado a
los vecinos de este Puerto que no pagasen la Contribución”.
El cronista Pestana detalla que
el alcalde ordenó una investigación que estaría a cargo del Ilustre Cuerpo o
una comisión del mismo para determinar quiénes eran las personas que se habían
negado a abonar el tributo y que tuviesen relación con el citado personero. Con
un segundo apartado: “Si era cierto que él mismo se había negado a pagar la
suya en las cuatro distintas veces que fue requerido para ello”. El cronista
pone de relieve la paradoja: el regidor ¡era uno de lols encargados de cobrar
la Contribución!
De las actas de la época se
desprende que hubo muchas discusiones y enemistades que dieron lugar a
actuaciones judiciales. El último día de ese mes de agosto de 1821 fue aprobado
un plan de todo el pueblo en el que eran señaladas las calles y casas con sus
nombres, así como las que no estando rotuladas, debían estar debidamente
clasificadas y numeradas con la finalidad de haver más fácil y llevadera la
recaudación de contribuciones “y establecer el orden que debía observarse en
todos los demás casos, correspondientes al mejor gobierno del pueblo”, apunta
Pestana.
Entonces, se dispuso la
colocación de tarjetas que debían quedar fijadas en las correspondientes
calles. Cada vecino recibía el número asignado que colocaría la persona
destinada por el Ayuntamiento. El dueño de la vivienda o finca debía satisfacer
el importe de la numeración de la misma. Era un intento de racionalizar y
apremiar el sistema tributario…”
BRUNO JUAN ÁLVAREZ
ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL
No hay comentarios:
Publicar un comentario