sábado, 26 de agosto de 2017

EL BALONCESTO FEMENINO EN LA TERRAZA DEL ATLANTE (I)




El aire de 1957 en la Villa de La Orotava guardaba el eco de los balones botando sobre el pavimento de la ya desaparecida terraza del Cine Atlante. En aquella cancha improvisada bajo el cielo isleño, un grupo de muchachas desafiaba las costumbres de la época a base de pases, canastas y entusiasmo. Queda la duda de si se hacían llamar el C.B. Santa Catalina o el C.B. Águila del Valle; la memoria se inclina por el primer nombre, un guiño místico a la orden del Colegio La Milagrosa, donde aquellas jóvenes entonces niñas cursaban sus estudios. No eran las únicas: en las aulas de las Hermanas de la Caridad germinaba también el C.B. Milagrosa, un equipo rival de camisetas azules y faldas blancas en el que militaban Fina, Sara Dorta, Ninina Pérez, Chiona Morales y Paula María Pérez.

Pero las protagonistas de la fotografía vestían otra identidad, una estampa de camisetas rojas combinadas con faldas blancas o de un pulcro tono café con leche. De izquierda a derecha, el tiempo se detiene en sus rostros: la número 6 es Irene Méndez, hoy tristemente ausente, quien fuera esposa de Evadio, el recordado jugador de la U.D. Orotava; la sigue con el número 4 Anita Afonso, cuyo nombre sigue ligado al comercio local al frente de Calzados Afonso en la calle de la Carrera; con el 8 y el 10 aparecen Ana María Sánchez y Candelaria Sánchez, la eterna "Yaya", cuya vida transcurriría luego entre partituras como profesora de música; el número 5 lo defiende María del Carmen Rodríguez Reyes, esposa de Mundo García Edodey; y cierra la formación, con el 7, Dolores Martín, "Lolita", hija del constructor don Manuel Martín Méndez.

Aquella tarde, el Atlante vibraba con un choque de rivalidades norteñas frente al combinado femenino del Puerto de la Cruz. La tensión entre las canteras no era nueva. En el patio derecho de La Milagrosa, los ojos de un niño de siete años —que apenas empezaba a descubrir el mundo bajo la tutela de Sor Dolores— contemplaban la pasión desbordada del deporte escolar. En el recuerdo nítido de aquella infancia, resurge la imagen de Yaya Sánchez, indignada ante los supuestos agravios de un arbitraje que parecía inclinarse a favor del bando contrario bajo la mirada cómplice de las monjas.

La justicia del encuentro recaía sobre una figura imponente: una mujer alta y fuerte de la Sección Femenina del Puerto de la Cruz llamada Leonor Carballo. En el ambiente escolar la conocían como “El Látigo Negro”, la estricta profesora de educación física que imponía disciplina en cada zancada. El destino, siempre caprichoso, transformaría los silbatos y el rigor de las canchas en la quietud de los hábitos, convirtiéndola años más tarde en una monja jubilada del colegio de La Pureza de la Montañeta. Queda, sin embargo, el destello de aquel 1957, cuando el baloncesto en La Orotava tenía nombre de mujer y aroma a cine de verano.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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