domingo, 20 de agosto de 2017

“EL MANGA” EN LOS ALTOS DE LA OROTAVA


La memoria del fútbol se nutre de mitos, pero también de sobremesas compartidas a la sombra del Teide. En el año 2005, la Villa de La Orotava tuvo el privilegio de acoger en sus cumbres a una de las leyendas más grandes del balompié español: don Luis Molowny. Conocido universalmente en las canchas como «El Manga» —aquel inolvidable apelativo que se ganó sobre el césped del Santiago Bernabéu por su singular costumbre de jugar con las mangas de la camiseta blanca desprendidas, jugueteando entre sus manos—, el astro tinerfeño llegó a Los Altos invitado por un discípulo leal: Francisco Sánchez García, exalcalde de la Villa y antiguo pupilo suyo tanto en el Real Madrid como en la UD Las Palmas.

Aquel día inolvidable quedó inmortalizado en la finca de Los Sánchez. Lejos del ruido de los estadios, la estampa nos devuelve a Molowny disfrutando de los placeres sencillos de la tierra canaria: saboreando un conejo salvaje de cacería en auténtico salmorejo y brindando con el recio vino de Los Altos. En la mesa, flanqueando al maestro, se encuentran Juan Hernández Sánchez a la izquierda y Santiago Sánchez Rodríguez a la derecha (sobrino y tío respectivamente). Hoy, los tres comparten ya alineación en ese otro gran estadio desconocido del firmamento.

Desde aquel mirador privilegiado de la cumbre, la mirada de Molowny se perdía con nostalgia en el campo de fútbol de La Vera. Las coordenadas de su destino se habían dibujado allí abajo, en la década de los cuarenta, cuando llegó desde Santa Cruz junto a su padre y su hermano mayor para vestir la camiseta del CD Vera. En este humilde barrio portuense se cruzó con un hombre clave: el mítico Bernardino Semán, ídolo indiscutible del fútbol tinerfeño. Semán había sido reclutado para el proyecto por el entonces presidente del club y exalcalde del Puerto de la Cruz, don Isidoro Luz Carpenter. Fue Bernardino quien pulió y preparó el talento innato de Luis Molowny antes de que este diera el salto al CD Marino de Las Palmas y, posteriormente, a la gloria blanca del Real Madrid. El destino, siempre caprichoso y trágico, quiso que Semán partiera muy joven, víctima de la tuberculosis, pero su legado germinó en su mejor alumno.

Don Luis Molowny fue, sin adjetivos que alcancen, un auténtico CRACK del fútbol español. Dejó su sello de genialidad en el Mundial de Brasil de 1950, agigantó la historia del Real Madrid y esculpió con letras de oro el escudo de la UD Las Palmas. Pero aquella tarde de 2005, en Los Altos de La Orotava, demostró que la verdadera grandeza de los mitos reside en su capacidad para volver siempre a las raíces, al calor de los amigos y al aroma del salmorejo y el buen vino.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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