martes, 9 de octubre de 2018

ACTO CÍVICO EN LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO


ECOS DE PIEDRA Y DEVOCIÓN: UN ACTO CÍVICO EN EL CORAZÓN DE LA VILLA.

Hay imágenes que detienen el viento y congelan el latido de un pueblo para siempre. Esta fotografía, rescatada del olvido y rescatada con cariño por las manos de Concha Machado y Machado —amiga entrañable desde los días de la infancia en la Villa de La Orotava—, es una ventana directa hacia el alma de nuestra historia, abierta en una tarde de octubre de 2018 para devolvernos un pedazo de lo que fuimos.

El reloj del tiempo retrocede un siglo exacto, situándonos en los intensos años que abrazan el periodo entre 1923 y 1928. La emblemática Plaza del Ayuntamiento de La Orotava se convierte en el escenario de un solemne acto cívico, un punto de encuentro donde el fervor, el deber y la vecindad se entrelazan bajo la atenta mirada de las fachadas señoriales.

En esta conmovedora panorámica, la mirada se clava en la figura de un sacerdote en el flanco izquierdo, quien con el brazo alzado hacia el cielo y envuelto en una elaborada capa pluvial, parece bendecir las esperanzas y el futuro de los allí congregados. A su lado, firmes como la propia piedra de la villa, destacan las figuras de los militares de infantería, procedentes del histórico Acuartelamiento de San Agustín, con sus uniformes impecables que narran una época de disciplina y respeto.

Pero el verdadero pulso de la imagen late en su gente, en los paisanos que contemplan el acto con solemnidad. Entre ellos, ocupando un lugar de honor hacia el centro-derecha, se distingue la imponente y respetada figura del entonces alcalde de La Villa: Don Cándido Pérez Estrada. Con el sombrero en la mano en señal de profundo respeto y una planta que denota el peso de su responsabilidad, encarna la devoción de un pueblo por sus instituciones y su identidad.

Esta fotografía no es solo un registro en sepia de uniformes y autoridades; es el testimonio emotivo de una Orotava que, incluso en los años de blanco y negro, sabía unirse, mirarse a los ojos y celebrar su historia común en la plaza que siempre ha sido el salón de nuestra gran familia.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

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