ECOS DE PIEDRA Y DEVOCIÓN: UN ACTO CÍVICO EN EL CORAZÓN
DE LA VILLA.
Hay imágenes que
detienen el viento y congelan el latido de un pueblo para siempre. Esta
fotografía, rescatada del olvido y rescatada con cariño por las manos de Concha
Machado y Machado —amiga entrañable desde los días de la infancia en la Villa
de La Orotava—, es una ventana directa hacia el alma de nuestra historia,
abierta en una tarde de octubre de 2018 para devolvernos un pedazo de lo que
fuimos.
El reloj del tiempo
retrocede un siglo exacto, situándonos en los intensos años que abrazan el periodo entre 1923 y 1928. La
emblemática Plaza del Ayuntamiento de
La Orotava se convierte en el escenario de un solemne acto cívico, un punto de encuentro donde el fervor, el
deber y la vecindad se entrelazan bajo la atenta mirada de las fachadas
señoriales.
En esta conmovedora
panorámica, la mirada se clava en la figura de un sacerdote en el flanco
izquierdo, quien con el brazo alzado hacia el cielo y envuelto en una elaborada
capa pluvial, parece bendecir las esperanzas y el futuro de los allí
congregados. A su lado, firmes como la propia piedra de la villa, destacan las
figuras de los militares de infantería, procedentes del histórico Acuartelamiento de San Agustín, con
sus uniformes impecables que narran una época de disciplina y respeto.
Pero el verdadero
pulso de la imagen late en su gente, en los paisanos que contemplan el acto con
solemnidad. Entre ellos, ocupando un lugar de honor hacia el centro-derecha, se
distingue la imponente y respetada figura del entonces alcalde de La Villa: Don Cándido Pérez Estrada. Con el
sombrero en la mano en señal de profundo respeto y una planta que denota el
peso de su responsabilidad, encarna la devoción de un pueblo por sus
instituciones y su identidad.
Esta fotografía no
es solo un registro en sepia de uniformes y autoridades; es el testimonio
emotivo de una Orotava que, incluso en los años de blanco y negro, sabía
unirse, mirarse a los ojos y celebrar su historia común en la plaza que siempre
ha sido el salón de nuestra gran familia.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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