martes, 30 de octubre de 2018

EL CIRUJANO DE LOS POBRES


Aquella tarde de octubre, el cielo del Puerto de la Cruz pareció teñirse de una nostalgia dorada, despidiendo al hombre que había hecho de la medicina un romance eterno con la vida. El Doctor Don Emilio Ruiz, nuestro eterno “Cirujano de los Pobres”, partió hacia la eternidad el 28 de octubre de 2018, a sus 83 años, dejando su amada ciudad natal impregnada de su recuerdo. Había nacido allí, arrullado por el Atlántico en 1935, y allí mismo cerró los ojos por última vez.

Su viaje comenzó lejos, en las aulas de la Universidad de Granada, donde no solo aprendió la ciencia de curar, sino el arte de amar al prójimo. Al regresar, sus manos bendecidas devolvieron la esperanza en los quirófanos de la Clínica San Fernando de su puerto natal, y abrieron un refugio de paz en su consulta de la Villa de La Orotava, esa segunda patria chica que lo adoptó con orgullo.

No era un médico común; Don Emilio albergaba un corazón tan inmenso que parecía desbordarle el pecho. En sus ojos no existían clases sociales, solo almas que aliviar. Con un desinterés absoluto y una devoción infinita, especialmente hacia los ancianos —esos guardianes del tiempo a quienes cuidaba con delicada ternura—, se convirtió en un faro que salvó incontables vidas. Más que un doctor, fue el confidente, el cómplice y el amigo fiel de cada paciente y de cada hogar que tuvo la fortuna de recibirlo. Su sola presencia, envuelta en un talante de medicina tradicional y sabia, transmitía una tranquilidad casi filosófica, un bálsamo de calma que apaciguaba el dolor de los enfermos y el miedo de sus familias.

En sus últimos años, era un regalo de la vida verlo pasear pausadamente por las calles portuenses, llevando a su ciudad no solo en el mapa de sus pasos, sino tatuada en el alma.

Querido Don Emilio, ahora que has emprendido el viaje hacia la luz eterna, deseamos con el corazón encogido que en ese nuevo paisaje te reencuentres con las almas de tus queridos pacientes, quienes sin duda te habrán recibido con los brazos abiertos. Descansa en paz, camina entre la esperanza y el sosiego absoluto que tanto sembraste en la tierra.

Hasta siempre, doctor. Te enviamos un abrazo infinito que cruza el cielo.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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