COTORRAS Y CONTROLES: EL ECO ROMÁNTICO DE LA VOZ DEL
VALLE.
El dial de la memoria se sintoniza en una frecuencia
dorada cuando el corazón viaja a los tiempos de la recordada emisora local y
sindical, "La Voz del Valle". Aquella emisora no solo transmitía ondas a través de
la geografía del norte tinerfeño; propagaba las ilusiones, la música y el pulso
diario de una Orotava que se reconocía en sus voces.
Fue
la entrañable amiga de la infancia, Concha Machado y Machado, quien rescató del
olvido esta preciosa fotografía, un fragmento de vida capturado el día en que
la radio se vestía de gala para honrar a su patrón, San Gabriel. La estampa nos
traslada a los salones de la entrañable Residencia Revé, en la emblemática
calle Viera, escenario de un almuerzo donde las risas y la complicidad eran el
mejor menú.
En
la imagen, ordenados de abajo arriba en una hermosa complicidad que desafía al
tiempo, descubrimos a los verdaderos artífices de las ondas: Pedro Hernández, Isabel Dorta Hernández, Álvaro Morales y la propia Concha Machado. Ellos eran las
"cotorras", apodo cariñoso para los locutores que ponían alma a las
palabras, y los infatigables "controles", esos magos invisibles de
las perillas y los cables que lograban que la magia del sonido entrara limpia
en los hogares villeros.
Verlos
juntos, sonrientes y compartiendo la vida más allá del micrófono, es evocar una
época de romanticismo puro en las comunicaciones. Eran días donde hacer radio
significaba tejer una familia, donde cada dedicatoria musical llevaba un suspiro
escondido y cada boletín informativo un pedazo de alma. Esta entrañable
anécdota, guardada celosamente por Concha, es el poema vivo de un grupo de
jóvenes que, con su juventud y su voz, hicieron que el Valle de La Orotava
sonara más libre, más cercano y, sobre todo, eterno.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL


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