El 16 de agosto de 2022, mi amigo y
compañero del colegio San Isidro de La Orotava, Antonio Hernández González
(«Toño el del Tapia»), compartió una valiosa fotografía de los años treinta del
siglo pasado. La imagen retrata la calle Cólogan en todo su esplendor: al
fondo, la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción con sus torres
gemelas; a la derecha, la plaza del Cantero Patricio García; a la izquierda, la
plaza Casañas.
En
primer término se alzaba el desaparecido convento de San Nicolás de las Monjas
Catalinas y Dominicas. Erigido en 1626, el inmueble sobrevivió a tres voraces
incendios a lo largo de su historia, además de conectarse mediante un
emblemático colgadizo con el vecino Palacio de Celada —destruido por el fuego
en 1716—, desde donde el marqués Diego Benítez de Lugo y Vergara accedía
directamente a la tribuna del templo. Sin embargo, la estructura no sucumbió a
las llamas, sino a la piqueta y a la maquinaria del desarrollismo a comienzos
de la década de 1950.
Un
recinto de mil vidas
Tras la desamortización, el monasterio mudó de piel en repetidas ocasiones:
·
Teatro Municipal «Power»: Su capilla se acondicionó a principios del siglo XX como teatro y cine,
escenario de hitos culturales como el estreno de los Cantos Canarios de
Teobaldo Power.
·
Cárcel política y almacén: Durante la Guerra Civil y la posguerra, sus dependencias sirvieron como
penitenciaría para presos políticos y recinto de racionamiento.
·
El derribo final: Bajo el amparo del Mando Económico, el inmueble fue demolido para
erigir la nueva sede de Correos y Telégrafos.
Resulta
doloroso constatar que, mientras recintos como Santo Domingo —que rozaba la
ruina en aquella época—, San Agustín o San Francisco fueron preservados e
integrados en la vida cultural de la Villa, San Nicolás no corrió la misma
suerte. Su silueta no presentaba amenaza de derrumbe, pero fue sacrificada en
lugar de reconvertirse en un espacio artístico comparable a los grandes tesoros
monumentales de la Península.
Crónica
de una sustitución anunciada En
el acto inaugural de la nueva sede postal, el recién nombrado alcalde, Don José
Estévez Méndez, pronunció un valiente y sentido discurso. Rememoró el valor histórico
del cenobio, las funciones parroquiales que albergó durante la reconstrucción
de La Concepción y la vinculación del escultor Fernando Estévez, bautizado en
sus aguas. Pese a la dignidad de sus palabras, el antiguo edificio ya yazía en
los cimientos de la nueva edificación.
La
trayectoria administrativa del derribo y la posterior construcción quedó
documentada en la prensa de la época:
·
Decreto oficial (25 de mayo de 1953, La Tarde): Se aprobó el proyecto de estilo neoclásico
firmado por el arquitecto Tomás Machado Méndez y Fernández de Lugo, con un
presupuesto total de pesetas distribuido entre los ejercicios de
1953 a 1955.
·
Subasta de materiales (22 de enero de 1955, Canarias): El Ayuntamiento sacó a licitación pies cuadrados de
palos de tea y pies cuadrados de tablas de
la misma madera, procedentes del derribo de la estructura conventual, con un
precio base de pesetas.
·
Inauguración (20 de agosto de 1956, Canarias): A las 19:00 horas se celebró la apertura
oficial con una nutrida representación civil, militar y religiosa, encabezada
por el Gobernador Civil Andrés Marín Martín y el Capitán General Accidental
Lorenzo Machado.
La
Orotava ganaba así un moderno e imponente edificio de comunicaciones, pero
perdía para siempre una joya arquitectónica renacentista, un pedazo
indispensable de su memoria colectiva y un rincón insustituible del Valle de
Taoro.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL


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