
Esta
fotografía, capturada en 1955 bajo la luz de los inolvidables estudios «Fotos
Portero» en la calle El Calvario, resguarda la esencia de una vida entera. Lola
nació en la Villa de La Orotava el 8 de mayo de 1935, en el antiguo camino de
Los Cuartos (hoy Avenida de Emilio Luque Moreno). Falleció en su querida Villa
el 3 de abril de 2023 a los 87 años, a solo un mes de cumplir los 88. Era la
mayor de cuatro hermanos, hijos de Juan Álvarez Díaz (industrial) y María del Carmen
Abréu González (modista de caballeros).
Sus
primeras letras y números los trazó en la escuela de doña Lucía Mesa, para
luego continuar su formación en el Colegio de La Milagrosa de las Hermanas de
la Caridad. Sin embargo, el destino alteró sus planes a los doce años: una
temprana trombosis paralizó la mitad del cuerpo de nuestro padre. Lola abandonó
las aulas para convertirse en su pilar fundamental en el negocio de las
estaciones de servicio.
El
amor llamó a su puerta el 30 de abril de 1958, al contraer matrimonio con el
portuense Delfín Padrón Jordán. La unión fue bendecida por el arcipreste don
Juan Reyes en la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, apadrinada
por Felipe Padrón Álvarez y nuestra prima Anita Barbuzano González. De aquel hogar
enraizado en el valle nacieron tres hijos: Carmen Rosa, Dolores y Delfín.
Tras
el fallecimiento de nuestro padre en octubre de 1965, Lola asumió con firmeza
la administración familiar. En 1969, junto a su esposo, emprendió una nueva
etapa al frente de la estación de suministros en la carretera del Botánico, en
el Puerto de la Cruz. Formaron un equipo incansable hasta el prematuro adiós de
Delfín en diciembre de 1979. Sola, pero con una entereza inquebrantable, tomó
las riendas del negocio durante más de tres décadas, hasta su merecido retiro
en 2012, a los 77 años.
Como
empresaria, destacó por su rigurosa disciplina, su innato don de mando y una
generosidad infinita hacia sus clientes, convirtiéndose en el motor de empleo
de muchas familias. Aquella escuela de vida que comenzó en la infancia la
curtió en jornadas interminables de veinticuatro horas, sin distinguir domingos
ni festivos. Este sacrificio fue reconocido por el Ayuntamiento del Puerto de
la Cruz bajo la alcaldía de don Félix Real, cuando la concejala doña Nieves
García Hernández le entregó el premio al mérito laboral y empresarial femenino.
El
30 de abril de 2008, mi querida hermana cumplió sus Bodas de Oro. Desconozco si
pudo celebrarlo con los suyos, pero sé que pasó ese día trabajando en solitario
en la estación del Botánico, tal como venía haciendo desde su viudez en 1979.
Fueron años de constancia admirable; aún hoy me asombra la inmensa
responsabilidad y profesionalidad con la que gestionaba todo, virtudes que
adquirió desde aquella niñez en la que se sentó a ayudar a nuestro padre.
El
8 de mayo de 2015, hermanos, hijos y sobrinos nos reunimos en una tasca de la
Villa para celebrar su 80 aniversario. Emocionada, nos recordaba que los
ochenta solo se cumplen una vez. Estaba llena de vida y deseaba seguir
disfrutando del camino, tras sesenta largos años dedicados al sector de los
combustibles.
Hermana,
me resulta injusto que, después de haber trabajado tanto por todos a cambio de
nada, tuvieses que sobrellevar una enfermedad tan cruel y dolorosa antes de
partir al paraíso. No merecías un final tan lento y difícil.
Descansa
en paz, hermana. Estoy seguro de que allí te esperan nuestros inolvidables
padres. Te has ganado este descanso eterno en ese territorio donde solo hay fe,
paz y misericordia. Adiós, Lola, algún día nos reencontraremos. Te queremos. Un
abrazo.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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