Pedro Rodríguez Marrero, a quien todos
conocíamos entrañablemente como «Pico El Palmito», ha fallecido en su querida
Villa de La Orotava a los 75 años, a muy pocos meses de cumplir los 76 en este
mes de noviembre.
Fue
mi amigo desde la infancia en nuestro barrio de El Llano. De niños jugábamos a
recrear películas del oeste, batallas bélicas y pasajes históricos;
correteábamos tras un balón por las calles, en el campito de la curva de don
Casiano en El Torreón y en el campo de deporte del Colegio San Isidro. El
baloncesto lo conquistamos en la pista central de la plaza de Franchi Alfaro,
el verdadero epicentro de nuestra juventud, nuestros juegos y nuestra alegría.
En aquellos años mozos, Pico formó una piña
inseparable junto a Paco «El Cañón» y Toño «El Mecánico». Los tres eran
infaltables en las pachangas de la plaza y en las gradas del Estadio Los
Cuartos apoyando al fútbol local; su dinamismo, su humor contagioso y su
capacidad para animar cualquier ambiente dejaban una huella evidente.
En
el ámbito deportivo, Pico defendió la camiseta del Juvenil Orotava dentro de la
cadena del CB AA. AA. Salesianos (actual CB San Isidro). También jugó al fútbol
en el Infantil Plus Ultra de don Chile, una pasión que mantuvo viva en su
madurez enrolado en el equipo de aficionados Sporting Orotava. Aquellas
jornadas de sábado no terminaban en el pitido final: el «tercer tiempo» se
prolongaba invariablemente entre risas, vino y millo por las bodegas,
merenderos y guachinches del norte de Tenerife.
Querido
amigo Pico: la vida tiene estas pausas definitivas. Nos conocimos siendo apenas
unos niños, compartiendo travesuras e ilusiones alrededor de Franchi Alfaro.
Cometimos nuestras pilladas, claro que sí, pero siempre desde la inocencia, sin
hacer daño a nadie, unidos por un afecto genuino que supimos conservar intacto
con el paso de las décadas cada vez que el destino nos cruzaba por las calles
de La Villa.
Fuiste
una persona excepcional, inmensa en generosidad y con un don de gentes único.
Hoy te despides dejando un vacío enorme, pero nos queda el consuelo de saber
que ya descansas en la paz, la misericordia y la tranquilidad que tan bien te
has ganado.
Hasta
siempre, amigo Pico.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL


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