Fue precisamente durante los días luminosos
de la festividad de San Roque cuando nos dijo adiós para siempre don Carlos
Acosta García, entrañable amigo y figura verdaderamente emblemática de la Villa
y Puerto de Garachico. Natural de este rincón del norte de Tenerife, don Carlos
encarnó como pocos el sentir de su tierra. Su amor por el pueblo que lo vio
nacer no solo guio su dimensión personal, sino que se convirtió en la brújula
de una prolífica vida dedicada a la docencia, la investigación y la crónica de
la comarca del Daute.
Como
historiador apasionado y divulgador incansable, entregó su existencia con
devoción absoluta a rescatar del olvido la memoria de la Isla Baja. Con un
trabajo meticuloso entre archivos municipales y parroquiales, plasmó en numerosos
artículos, libros y ponencias el devenir de la arquitectura local, las familias
ilustres, la religiosidad popular y la singular metamorfosis urbana de
Garachico tras la histórica erupción volcánica de 1706.
Pero
don Carlos era, ante todo, un hombre volcado en la vida diaria de sus calles.
Gran dinamizador cultural y seguidor acérrimo del centenario CD Gara —equipo
que defendía como pilar de la identidad y cohesión social del municipio—,
representaba la mismísima alma garachiquense. Tanto era así que solía decirse
con afecto que él encarnaba una mitad del sentir del pueblo, mientras que la
otra mitad pertenecía a su inseparable amigo Lorenzo Dorta. Junto al histórico
alcalde y presidente insular formó un tándem irrepetible: mientras Dorta
impulsaba desde la política la mayor transformación de infraestructuras que ha
conocido la Villa, Carlos Acosta aportaba la visión cultural, el rigor
histórico y el celo por la preservación del patrimonio que permitieron
catalogar y dar el valor esplendoroso que hoy luce el casco histórico
garachiquense.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

Su entierro,al mediodía de ayer,llenó la iglesia de Santa Ana.El párroco en su homilía dijo que Carlos había sido soltero porque se había casado con Garachico.La Agrupación Musical los despidió con tres marchas fúnebres . Y San Roque le regaló su última lluvia de cohetes , en forma de atronadora ovación en la Puerta de la Tierra , que fueron derechitos al cielo para señalarle el camino . Hasta siempre , querido maestro.
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