domingo, 23 de agosto de 2026

UN QUÍMICO CRUZANTERO EN LA NOVENA ISLA


Antonio Morales encarna la memoria viva de tantos canarios y cruzanteros que, impulsados por el anhelo de un futuro próspero, se vieron obligados a cruzar el Atlántico.

Nació en La Cruz Santa (Los Realejos) en 1940. En los rincones de ese emblemático barrio transcurrió su infancia, entre el calor familiar y los juegos de niñez, hasta que su padre decidió alquilar una vivienda en San Cristóbal de La Laguna para facilitar los estudios de la familia. Allí cursó el bachillerato elemental en el colegio Las Navas-La Salle, completando la etapa superior y el curso preuniversitario en La Salle de Santa Cruz de Tenerife.

Posteriormente, se doctoró en Ciencias Químicas por la Universidad de La Laguna bajo la rigurosa tutela del catedrático don Antonio González, eminente intelectual galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Tras cumplir el servicio militar en la Instrucción Premilitar Superior (IPS) en el campamento de Los Rodeos y tras una breve estancia en la Península, en 1967 puso rumbo a Venezuela. Se estableció en Mérida —la gran ciudad universitaria andina—, donde echó raíces definitivas: formó una amplia familia y ejerció como profesor fundador de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes. Con los años, se trasladó junto a su esposa al Reino Unido para cursar un máster en la prestigiosa Universidad de Oxford, tras el cual regresó a la docencia en la propia Mérida.

A pesar de la distancia, jamás rompió los lazos con su tierra natal, retornando en múltiples ocasiones a Tenerife para reencontrarse con sus raíces, sus familiares y sus amigos.

Este verano de 2026, durante su estancia en el Puerto de la Cruz, tuve el honor de conocerlo junto a mi esposa, Antonia María González de Chaves y Díaz, su convecina de La Cruz Santa. En aquel entrañable encuentro compartimos además un grato momento con su mujer, uno de sus hijos y una amiga venezolana que los acompañaba.

Sentados en la terraza de una cafetería en la calle Luis de la Cruz —cuyo propietario guarda parentesco con Antonio desde el propio pago realejero—, brotó un torrente de vivencias sobre el paisanaje y la vasta trama familiar de La Cruz Santa. Evocamos la historia de un pueblo que, con la dignidad del trabajo por bandera, fue protagonista indiscutible de las grandes oleadas migratorias hacia Cuba y esa entrañable Novena Isla que siempre ha sido Venezuela.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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