Antonio Morales encarna la memoria viva de
tantos cruzanteros y canarios que, impulsados por la esperanza de un futuro
próspero, se vieron obligados a cruzar el Atlántico.
Nació
en La Cruz Santa (Los Realejos) en 1940. En los rincones de ese emblemático
barrio creció, entre el cobijo familiar y los juegos de la infancia, hasta que
su padre decidió alquilar una vivienda en San Cristóbal de La Laguna para
aproximar a la familia al ámbito académico. Antonio cursó el bachillerato
elemental en el colegio Las Navas-La Salle de Agüere, mientras que el superior
y el curso preuniversitario los completó en La Salle de Santa Cruz de Tenerife.
Posteriormente,
alcanzó el grado de doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de La
Laguna, formándose bajo la rigurosa tutela del catedrático don Antonio
González, eminente intelectual y galardonado con el Premio Príncipe de Asturias
de Investigación Científica y Técnica.
Tras
cumplir el servicio militar en la Instrucción Premilitar Superior (IPS) en el
campamento de Los Rodeos e instalarse una temporada en la Península, en 1967
puso rumbo a Venezuela. Fijó su residencia en Mérida —la gran ciudad
universitaria andina— donde arraigó definitivamente y formó una numerosa
familia. Con los años, se trasladó junto a su esposa al Reino Unido para cursar
estudios de máster en la prestigiosa Universidad de Oxford, antes de retornar a
la docencia universitaria en la propia Mérida.
A
pesar de la distancia, jamás rompió los lazos con su tierra natal, regresando
en múltiples ocasiones a Tenerife para reencontrarse con sus raíces, familiares
y amigos.
Este
verano de 2026, durante su estancia en el Puerto de la Cruz, tuve el honor de
conocerlo junto a mi esposa, Antonia María González de Chaves y Díaz, su
convecina de La Cruz Santa. En ese entrañable encuentro pudimos compartir
además unos momentos con su mujer, uno de sus hijos y una amiga venezolana que
los acompañaba.
Sentados
en la terraza de una cafetería en la portuense calle Luis de la Cruz —cuyo
propietario, según me confesó Antonio, guarda parentesco con él desde el propio
pago realejero—, compartimos un torrente de vivencias sobre el paisanaje y la
vasta trama familiar de La Cruz Santa. Evocamos la historia de un pueblo que,
con la dignidad del trabajo por bandera, fue protagonista indiscutible de las
grandes oleadas migratorias hacia Cuba y la entrañable Novena Isla venezolana.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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