Al borde del acantilado de Martiánez, donde
la cornisa de La Paz se abre a las vistas del Atlántico y del Valle de La
Orotava, se erige la Ermita de Nuestra
Señora de la Paz y San Amaro. Fundada en 1591 por iniciativa del capitán Juan de Mesa y Lugo junto a los
vecinos de la comarca, nació para subsanar el aislamiento espiritual de una
población distante de la parroquia matriz orotavense, convirtiéndose con el
tiempo en el templo de culto subsistente más antiguo del Puerto de la Cruz.
El inmueble constituye un valioso exponente
de la arquitectura tradicional canaria de raigambre colonial. Su estructura,
sobria y de armónicas proporciones, se articula en torno a una sola nave de
muros encalados reforzados con cantería volcánica local y cubierta a dos aguas
con techumbre de madera de tea.
En
su interior, el recinto custodia importantes testimonios del patrimonio
artístico e histórico del archipiélago:
·
Escultura sacra: Destaca la diminuta y devota talla vernácula de San Amaro, representado
con el hábito benedictino, junto a la venerada imagen de Nuestra Señora de la
Paz.
·
Pintura indiana: Conserva una relevante colección de óleos novohispanos del siglo XVIII
procedentes de México, vivo reflejo del intenso intercambio comercial y
cultural que Canarias mantuvo con América durante la Edad Moderna.
Durante
más de cuatro siglos, la ermita ha actuado como un faro de fe popular en el
Valle de La Orotava. Esta tradición comunitaria alcanza su máxima expresión
cada 15 de enero, fecha en la
que se celebra la festividad en honor a San Amaro.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ
ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL


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