Esta talla anónima de Santa Mónica,
custodiada en la iglesia del convento agustino de Nuestra Señora de Gracia de
La Villa de La Orotava, rinde culto a una de las figuras esenciales del
cristianismo del siglo IV, célebre por ser madre del gran filósofo y doctor de
la Iglesia, San Agustín.
Su
figura se erige como un emblema universal de la perseverancia en la fe y la
oración inquebrantable. Tras décadas de lágrimas y constante devoción —orando
durante casi tres decenios por el rumbo errante de su hijo—, logró no solo la
conversión de Agustín, sino también la de su esposo Patricio. Por esa pacífica
entereza frente a las tormentas familiares y la rebeldía juvenil, la tradición
venera hoy en ella a la patrona y consuelo de las madres, las esposas y las
viudas.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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