sábado, 11 de julio de 2020

TITO

Fotografía del Galería LYS: TITO es el segundo agachado por la izquierda. La ultima fotografía y actual, compartida en el Facebook.

Otra vez en estos tiempos de confinación, de pandemia, producida por un virus malicioso, mortífero que ataca a la humanidad, otra vez me llegan tristes noticias de la marcha al infinito de un grandísimo convecino del entorno de la Plaza de Franchi Alfaro de la Villa de La Orotava. Demasiado triste, puesto que TITO, siempre caminaba acompañado de su perrito.
Como persona comunicativa y fiel con su propia coherencia, me encantaba oírle, sus extraordinarias lecturas, de políticos, y políticas. La verdad que sí. Siempre que nos cruzábamos, con tertuliábamos entre amplios contenidos me encantaban, porque TITO, era una persona que sabía los fines de los políticos y de las políticas en general, fuese de cualquier color, ideas, pensamientos y situación.
Nunca pensé que emprendiera el camino eterno tan pronto. Después del largo confinamiento, nos tropezamos, varias veces, pero con la distancia y las mascarillas. Nunca cambió de sus profundas e inteligentes ideas, nunca. Por lo que debo de decir que TITO siempre fue TITO. Un caballero ejemplar, humano, comunicativo, fraterno y amigo de sus amigos y de sus enemigos.
TITO, ES: ERNESTO JUAN ENCINOSO SÁNCHEZ; nació el ocho de octubre de 1956 en el Puerto de La Cruz, falleció en la Villa de la Orotava el once de Julio del 2020 a los 63 años de edad.
Estudió en Los Agustinos del Puerto de la Cruz, bachillerato en el colegio de San Agustín de Los Realejos.
En el año 1969 su familia vino a vivir en La Villa de La Orotava en el Paseo Domínguez Alfonso número uno (Tito y su hermano iban a estudiar bachillerato al San Agustín y las hermanas a La Milagrosa).
Futbolero de toda su vida, empezó a jugar a fútbol en el Infantil CF. Vera, que después fue absorbido por El Peñón Club de Fútbol.
En La Orotava jugó en los filiales del UD. Orotava y al fútbol aficionado en el Galerías Lys y en el Veteranos Villa de La Orotava.
Tuvo dos hijos: Ladislao Encinoso, profesor de inglés y Alberto Encinoso, estudiante universitario.
Su actividad laboral transcurrió entre la contabilidad del Hotel Belair, Lagos de Martiánez, Bingo de Canarias y finalmente con distintos trabajos como autónomo de la construcción.
TITO de todo corazón deseos que sigas exponiendo tus lecturas del progreso, evidentemente en ese paraíso eterno de paz, de sosiego y de tranquilidad.
Diles a tu padres lo mal que lo estamos pasando aquí, el convivir con una triste pandemia, que nos ha azotado a todos. Descansa de todo corazón amigo.
Un abrazo, hasta siempre.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

HISTORIA LOCAL


El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (10/07/2020), estas notas que tituló; “HISTORIA LOCAL”: “…El historiador Eduardo Zalba pone el alma en todo lo que hace y por eso un acto sencillo y austero como el que concibió para conmemorar el vigesimoquinto aniversario del Ciclo de Historia Local que promovió el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), en colaboración con el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, resultó ameno e interesante, una plétora de evocaciones y una sucesión de retos para seguir emprendiendo desde el punto de vista cultural y cualificar la oferta del municipio en ese ámbito.
A Zalba se le ocurrió hacer un ejercicio de memoria sobre el citado ciclo, ahora que cumplía un cuarto de siglo, y para ello convocó a los intervinientes/conferenciantes que ofrecieron el fruto de sus investigaciones en distintos espacios como el salón noble del Ayuntamiento o la sede del Museo Eduardo Westerdhal en la Antigua Casa de la Real Aduana, acariciada casi siempre por la brisa atlántica. Faltaron algunos y los disculparon su ausencia tuvieron a bien enviar un video o hacer una grabación para completar una serie de testimonios que, junto a los emitidos presencialmente, dieron contenido a un acto relevante, de esos que se agradece haber asistido.
Fue en la sala ‘Andrómeda’, del complejo turístico ‘Costa Martiánez, dispuesto para cumplir las indicaciones administrativas vigentes y para acoger a quienes andan interesados en la historia local, dejando constancia de lo que sucedía pues, salvo de una edición, no se conservan grabaciones audiovisuales de una iniciativa que ha posibilitado conocer hechos, episodios, personajes y relatos de estudiosos que se acercaron a la historia del Puerto atraídos por la singularidad de su conformación, las características de sus costas, la evolución de sus actividades productivas y sociales o el por qué de decisiones que resultaron determinantes en el decurso del pequeño pueblo que gana la autonomía de La Orotava, hace de su agricultura y de la pesca sus afanes más laboriosos, consolida su vocación marítima, atrae a las ideas y a los ilustrados así como a los pioneros del turismo hasta que después de los conflictos bélicos del pasado siglo labró su indeclinable vocación turística para forjar un pequeña industria que cultivó y exportó valores, modelos y recursos, enseñoreándose con todo fundamento durante muchos años en los que encabezó el concierto de los municipios turísticos.
Allí estaba el infatigable Manuel Rodríguez Mesa, en butaca de primera fila, todo un ejemplo para quienes se han ocupado de rescatar las esencias. Y estaban muchos que le acompañaron en los menesteres historicistas o historiográficos del ciclo. Un elenco de postín, sin exagerar, cuya contribución a estudiar y conocer nuestro pasado es relevante.
Los portuenses no hemos sido muy cuidadosos con nuestra historia, con nuestro acervo. Reconozcámoslo. Por eso, cualquier acercamiento a su estudio, cuidado y difusión debe ser valorado. Esa falta de sensibilidad debe ser revisada de inmediato. Los pueblos han de conocer cómo surgieron y cómo y por qué llegaron hasta nuestros días. Se agradecen, en ese sentido, la dedicación y las iniciativas que permitan la accesibilidad a los contenidos de nuestros tiempos pretéritos, algunas de las cuales anticipó, grosso modo, el alcalde, Marco Antonio González Mesa a quien Eduardo Zalba reservó para el final, con el fin de arrancarle los compromisos que, al ejercer competencias en materia cultural, está obligado a asumir y cumplir. Emplazado quedó. Para enriquecer, además, sus esquemas de identidad portuense.
Tan solo por contar entre sus hijos a los ‘agustines’, Bethencourt Molina y Álvarez Rixo, la historia del municipio ya merece un tratamiento y un desempeño más destacados…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL


viernes, 10 de julio de 2020

PLAYA DE LA ARENA EN EL TIEMPO.


Los amigos y compañeros del bachillerato superior promoción 1967 – 1968 del Colegio de San Isidro de la Villa de La Orotava: FERNANDO OLIVA CRUZ Y ANÍBAL GONZÁLEZ GORRÍN, remitieron entonces (10/07/2020), fotografía el primero y datos el segundo de la Playa de La Arena del municipio de Santiago del Teide del principio de los setenta del siglo XX.
Una playa que conserva su encanto original, proyectada a través de la hecatombe del ladrillo y la especulación urbanística. Premiada en varias ocasiones la BANDERA AZUL de la Unión Europea.
El 30 de Abril del año 1964, la visité en una inolvidable excursión con los compañeros de pupitre del Colegio de San Isidro de la Villa de La Orotava, en la guagua encarnada COMMER, conducida por el recordado Félix, auspiciada por los Salesianos, en homenaje a los alumnos miembros de las compañías religiosas del mencionado centro educativo: San Luis y Santísimo.
La fotografía que expongo de La Playa de la Arena corresponde a los setenta del siglo XX, puesto que la carretera está asfaltada, y en los sesenta del siglo XX era una pista de arena.
La guagua con asientos de madera Dodge, llegaba solo al Puerto de Santiago, y la carretera de Tamaimo a Santiago del Teide, era de tierra.
En la panorámica que ya comenzaba a despejar la Playa, se observan los clásicos merenderos de Casa Pancho cubierto hasta con hojas de palmera, por debajo de la pista, y Ravelo por arriba.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

jueves, 9 de julio de 2020

HERMANOS GARCÍA EDODEY


El amigo de la Villa de La Orotava; JESÚS TOMÁS GARCÍA RODRÍGUEZ remitió entonces (09/07/2020) esta fotografía referente a Los HERMANOS GARCÍA EDODEY, puesto que su padre “MUNDO” es el segundo de ellos.
Tomada en los recordados estudios fotográficos de la calle El Calvario de la Villa de La Orotava “FOTO PORTERO”.
Una familia que conozco desde mi infancia, vivieron por debajo del Estadio Municipal “Los Cuartos”, y que su padre Tomás regentaba una lonja de pescado en la calle Los Rosales, primero y posteriormente se hizo cargo de la cantina del Cine Orotava (actual Auditorio Teobaldo Power).
Extraordinario, humano y comunicativo matrimonio de la Villa de La Orotava formado por; Tomás García y Cecilia Edodey, tuvieron cuatro hijos, Tomás, Francisco Edmundo (su padre), Juan José y Pedro Vladimiro (Chicho), todos ellos con el apellido García Edodey (esa es la bonita instantánea fotográfica).
Tomás fue funcionario del Banco Hispano Americano de la Villa, Mundo operario de la Firma Comercial “Casiano García Feo SL.”, al final se independizó en su tienda de objetos típicos Canarios, José estuvo varios años en el extranjero, y el hermano menor Pedro siempre con sus padres.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

SEMILLAS EN LAS BASTILLAS


Fotografías propiedad del amigo ZOILO LÓPEZ BONILLA (auto fotografía). Natural de la Cuesta (La Laguna) -  Puerto de la Cruz, actualmente residente en el Bajo Ampurdán-Cataluña.

 

El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (09/07/2020), estas notas que tituló; “SEMILLAS EN LAS BASTILLAS”: “…“Dicen que el tiempo guarda en las bastillas

las cosas que el hombre olvidó
lo que nadie escribió,
aquello que la historia presintió
y vuelan las gaviotas a la tierra,
trayendo la vida que han robado al mar...”.
Sirvan estos versos del cantautor y poeta chileno Fernando Ubiergo para acercarnos al tributo que Zoilo Lobo quiere rendir a los años 70 del pasado siglo, una de las épocas doradas del Puerto de la Cruz. Zoilo, que en realidad no se apellida así, sino que ha fusionado las primeras sílabas de López y Bonilla, fue sujeto activo entonces, cuando los efluvios de París del 68 se entremezclaban con las suecas, con las extranjeras en general, que, con más desenfado y mayor osadía, venían en busca de bondades climáticas y de la diversión que intuían desde la distancia y hallarían en un punto alejado del Atlántico donde la calidez, la nobleza de la gente y la tolerancia en pleno franquismo habían propiciado un paraíso idóneo para vacaciones o lo que fuese.
Sujeto activo, en este caso, de un estilo de vida más bien desordenado y alternativo que privilegia el arte y la cultura por encima de los convencionalismos sociales, surgido si se quiere como reacción hacia los valores o intereses de la sociedad burguesa y atribuido generalmente a artistas y escritores, Zoilo Lobo se dio a la bohemia, sí, llevó este estilo de vida. Creativo, rebelde, sensible, inconformista, excéntrico, indiferente o ubicado al margen de las convenciones sociales, optó por una vida laboralmente irregular y afectivamente liberal, sin ataduras, interesado en el cultivo del alma a través del arte, en este caso fotográfico que, además, estaba ahí, en la calle, al alcance, en cualquier paso, en cualquier contemplación del cosmopolitismo que ya entonces lucía la ciudad, bien ganada su condición de turística.
Fue el Puerto de entonces, era, el lugar de la animación y del bullicio por antonomasia, al menos en la isla. Se llegó a decir, emulando uno los atributos de New York, solo que salvando las distancias, la ciudad que nunca dormía, tal era, en efecto, su animada vida nocturna. En ese ‘Puerto Cruz la nuit’ tan especial, la pieza que completaba aquel desenvolvimiento casi idílico, en el que no se perdieron del todo las señas costumbristas e identitarias, Zoilo dejó un sello gráfico que hemos de agradecer.
Porque la historia de esa época está aún por escribir, o se ha escrito parcialmente, todo lo más con crónicas volanderas, comentarios interpretativos y reportajes que, a pesar de todo, sobrepasaron la actualidad hasta convertirse en referencias o soportes válidos para conocer cómo éramos, quiénes éramos, cuál era el ambiente que creamos y en el que convivíamos. Cuando éramos felices así y no lo sabíamos.
Menos mal que Zoilo Lobo, cuando ya la década declinaba, se la llevó a Barcelona, a un nuevo hogar, a una nueva vida, a un nuevo rumbo que dio con la licenciatura en Bellas Artes y Grado en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona. Se llevó cantidad de negativos y revelados en blanco y negro que plasman personajes, arquetipos, adelantados a su tiempo, gestualidad, estilos, modas, estrafalarios, atrevidos… estampas, en fin, de los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúe –fue entonces cuando muchos descubrieron al poeta universal, don Antonio Machado- y de aquel mundo que se descubría sobre la marcha y de las innovaciones, de aquella simbiosis diaria en la que nativos y visitantes coexistían respetándose, en la que nadie se sentía extraño y en la que casi todo era posible porque no faltaba de nada.
Durante décadas conservó, sin gran alarde clasificatorio o archivístico, aquellos testimonios gráficos, sin saber que un día habría unos espectaculares saltos tecnológicos e irrumpirían las redes sociales como fenómeno que habría de cambiar para siempre la velocidad y el alcance de la comunicación. Cuando llegó ese día, seguro que con profundo sabor nostálgico, Zoilo se convirtió en un narrador visual, esto es, una persona que, en una red social, comparte imágenes y videos las cuales generan interacciones. Si lo que se quiere es una imagen narrativa, la expresión del personaje, la acción y la sensación deberán estar presentes. Cuando se pretende que la ilustración se transforme en otra forma de escritura, se puede hacer teniendo en cuenta la expresión de los personajes, la acción que realizan, los sentimientos o sensaciones que transmiten los personajes o la escena en el lector y hasta la composición creativa.
Al autor de estas treinta y cinco fotografías, independientemente del rulo o bucle que puede seguirse en la pantalla y que nos da idea de la cantidad y calidad de su trabajo, imbuido de esa condición de narrador visual, con arreglo a los requisitos que hemos mencionado, le dio por insertar en una red social, facebook, parte de una serie que parece inacabable, pletórica de vitalidad y de diversidad. Los años dorados de la ciudad. Y a partir de entonces, el Puerto redivivo. El que gusta de forma perenne y que necesita de estos estímulos gráficos y el que atrae a quienes, más jóvenes, vivieron otros momentos, acaso igual de gozosos y hasta más desenfrenados pero, desde luego, menos originales y menos bullangueros y ajetreados.
Por eso ha habido una reacción tan favorable, tantos usuarios encantados con las inserciones que se contemplan con nostalgia pero con fruición, con curiosidad y con ánimo del presentimiento histórico que verseara el chileno Ubiergo porque las gaviotas, permitan la licencia, siguen volando a la tierra trayendo la vida que han robado al mar.
Hoy nos damos cuenta del valor de aquel joven vanguardista de los sesenta y los setenta, años que homenajea, cuando, siempre con máquinas fotográficas al hombro o colgando del cuello, bien vestido, lucía ropa de marca con elegancia. Fue de los primeros que combinó chaqueta o americana con vaqueros o bluyines. Frecuentaba ambientes juveniles, estudiantiles y sociales que se ponían de moda simplemente con una canción o alguna vestimenta modernista. En San Telmo y Colón, en El Peñón o en el muelle, sobre todo, al mediodía, por la tarde y por las noches. Su recordado y malogrado hermano Pepe, con mucha sensibilidad musical y cinematográfica, fue auxiliar de notaría.
Varios días, semanas ya, de una narración visual; para los portuenses extraordinaria, de verdad. Con fotos de amigos, de rostros, de reuniones, sueños de otrora, de acontecimientos lúdicos… Los usuarios locales de facebook han estado encantados. Muchas veces me pediste que te contara esos años, tituló Juan Cruz Ruiz una de las mejores entregas de su fértil memoria. Fue una época que merecía quedar plasmada. Por eso hay que agradecerle a Zoilo López Bonilla dos cosas: una, que haya conservado fotos y negativos; y otra, que haya decidido darlos a conocer en esta época de comunicación digital e instantánea, cuando unos rememoran, otros reviven y los portuenses ya tienen una rica fuente a la que acudir para entender cómo fue una ciudad en su época de un inusual esplendor.
Sus decisiones han impulsado el retrato de una época. Porque esta es la memoria gráfica de un Puerto de la Cruz en la que no podía faltar un momento de su Carnaval sano y sandunguero, en cierto modo anticipo de las cabalgatas del orgullo cuando no se habían inventado y ya la sensibilidad gay se palpaba con miramiento y con valentía a la vez. Era cuando Pepito ‘el de las flores’ se ganaba la vida vendiéndolas en la calle mientras doña Pepa, tu madre, se recreaba con su arte. Y cuando un mago portuense lucía su porte en la romería mientras cualquier sitio de la avenida Colón, junto a la brisa atlántica, era bueno para el descanso, no importa que la pose de sirenita sea la de un joven de barrio o si Tato Perera exhibe cara de James Dean en La Playita en tanto Leocadio Perdigón y Pedro Garhel salen de los baños, ya desaparecidos, de la plaza Urquinoaona en Barcelona. Sale a buscarles Julio González García, Julito, el niño grande del Puerto según le definieran en una red social, la bondad plasmada en aquel rostro que delataba algo más que un síndrome de Down.
Era la ciudad de genios como Pepe Ozores, el gallego de socio en ‘Paprika’ pero que había heredado título nobiliario de marqués; y como Imeldo Bello, que sabía amenizar las fiestas de César Manrique después de que agotara el tiempo en el taller engendrando arte.
Después, el grupo generacional, Baixas, Lelo, Paco Pérez, Rafa y Frosterus, que pareciera una línea delantera de las que se memorizaban entonces. Pero preferían degustar, allí en la vieja casa de la esquina de Puerto Viejo a Pérez Zamora, las comidas que ellos mismos hacían antes de escuchar música e improvisar canciones.
La parte final de la colección es, si nos permiten, de ahora mismo, aunque algunos ya no estén entre nosotros. Zoilo nos devuelve a Momo, a Mario, a Antonio Serrano ‘el mejicano’, a Polo, a su hermano Pepe, doblado por alguna razón, a Luis Espinosa, a Vicente, a Sebastián, mejor dicho, ‘el chileno’, padre del actual alcalde, esperando desde un ventanal de la Casa de la Aduana la llegada de la Virgen al muelle.
Hasta que la noche del 3 de abril de 1979, cuando la democracia vino al pueblo para quedarse, el autor captó el saludo y el gesto de dos caballeros de la política: Paco Afonso, ganador de aquellos comicios; y Celestino Padrón, su adversario, que había sido su profesor y por eso le saludaba y felicitaba de forma efusiva, dejando para la memoria una prueba de cómo había que conducirse en democracia desde entonces.
Allí se acababa la bohemia de Zoilo Lobo. Al menos, la que había encarnado en el Puerto de la Cruz. Emprendía la ruta de Barcelona y hasta allí se llevaba un bagaje personal que le animó a cursar estudios universitarios de Historia del Arte. Y cargó también con las fotos y los negativos de una ciudad y de una etapa irrepetible. Fotos y negativos que han hecho trayecto de ida y vuelta. No importaba que durante aquella década la economía se estancara y que se rompiera el sistema monetario que regía desde la Segunda Guerra Mundial; ni que los países productores de petróleo declarasen un boicot a quienes habían apoyado a Israel en la guerra de Yom Kippur; ni que el precio del petróleo se multiplicara por cuatro ni que la inflación llegara a extremos disparatados.
Zoilo y su generación salieron de la crisis para emprender rumbos que, se supone, nos acercaban a la modernidad y al progreso. Decía el poeta que en las bastillas guarda el tiempo unas semillas. Hoy ya sabemos cómo germinan las semillas gráficas de la historia. Suerte que el autor no olvidó las cosas que conservó aunque nadie las escribiera. Ahora han hablado…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

domingo, 5 de julio de 2020

INGRESO 1955


El amigo de la Villa de La Orotava, FRANCISCO MORALES RODRÍGUEZ (PACO), remitió (05/07/2020) esta fotografía correspondiente al curso de INGRESO del año 1955, del Colegio de San Isidro de la Villa de La Orotava.
La panorámica tomada en la escalera del portal principal del mencionado centro docente.
De Izquierda a derecha, de arriba abajo: Carballo, Tophan, Juan Carlos Arencibia, Román, Hilario, Abelino Bello, Tabares, Carlos Tomás, Vicente Santos Villar, Pedro Delgado, Benítez, Alfonso, Antonio Hernández Sánchez, Eladio, Isidro León Domínguez, Tino Santos Cruz, Jerónimo Rodríguez Delgado, un portuense del que no recuerdo el nombre pero si el apodo como buen portuense: “El Recluta”, Francis Miranda Oliva, Antonio Jesús García Ruiz, Alberto Hernández, Alberto del Hoyo, Paco Morales Rodríguez, Miguel Hernández González, y Pedro Hernández Álvarez.
Acompañado por los salesianos: Don Pacifico Medina Sevillano (Director), Don José Rodríguez y el clérigo don Manuel Prol Araujo.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

ÑETE AMIGO, HERMANO, TE SEGUIRÉ VIENDO DESDE TU VENTANA



Me he de extrañar, la marcha a la eternidad de este hombre “ÑETE” ya popular de La Villa de La Orotava, amigo desde la infancia, casi hermano. La verdad que no me confina, puesto que es tanto el material que tengo en mi propio pensamiento, para poderlo narrar, puesto que desde niño jugábamos juntos en nuestras casas y en la plaza de Franchi Alfaro de La Villa de La Orotava.
Lo de la hermandad, deseo dejar claro, que su abuelo don Paco Polo Verdugo y mi abuelo paterno José Álvarez Luque (Papajosé como le llamábamos los nietos), llegaron a la Orotava desde Málaga con el Batallón de Borbón correspondiente a la quinta del año 1 del siglo XX. Se acuartelaron en el ex convento de Nuestra señora de Gracia (Agustino), convertido en cuartel, pero como el batallón no cabía en lo que entonces era el recinto conventual, usaron como dormitorio provisional el coro del templo anexo de San Agustín.
ANTONIO POLO REGALADO que conocíamos por “ÑETE”, nació en la calle El Calvario de La Villa de La Orotava el día 3 de Marzo del año 1947. Falleció en la misma Villa el día 5 de Julio del 2020, a los 73 años de edad.
Estudió en el Colegio de San Isidro, Academia Mercantil Atlántida  (ambos de La Orotava) y en el Instituto Técnico Laboral del Puerto de la Cruz. 
La verdad que dejó los estudios a corto plazo (inacabado), solo lo suficiente para defenderse tranquilamente en la vida.
Empezó a trabajar en el Bar familiar, el famoso,  desaparecido y  de gratos recuerdos “El Suizo” y de allí de cocinero a la Pizzería La Palestra.
Es el hermano pequeño de cuatro; Paco, Luisa, Manolo y Ñete. Del matrimonio Víctor Polo Rocío y Esperanza Regalado, todos ya en la gloria eterna. Durante años regentaron el recordado Hostal – Pensión – Bar “El Suizo” en la calle García Beltrán de La Orotava, que heredaron de sus abuelos Paco Polo Verdugo y Agustina Rocío Báez (fallecidos).
Una infancia feliz casi siempre a su lado, sobre todo jugando con los Santos en la semana posterior a la Semana Mayor de la Villa, hacíamos tambores con hojalatas que redoblábamos de acuerdo con la Banda de Tambores y cornetas de la Cruz Roja Local.
A título anecdótico, cuando le colocaron a mi padre Juan Álvarez Díaz en su estación de servicio y gasolinera, los surtidores eléctricos, traían unas tapas metálica ovulada en su parte superior para quitar y colocar la luna con el rotulo de la compañía. Las tapas me las trajes a casa a escondida (era un niño juguetón) y las pinté de marrón y le puse la cruz roja, para utilizar un servidor con el amigo Ñete y así lucir en las pequeñas procesiones que organizaba Chucho Delgado en la calle Juan Padrón hasta que se fue para Venezuela. Pero lo curioso, un día se avería uno de los surtidores, y el mecánico de turno de la compañía, recuerdo que se llamaba “Gregorio”, me llama y me dice que donde están las tapas de los surtidores, puesto que el averiado aparato se lo tenía que llevar al taller a Santa Cruz para su arreglo correspondiente. La sorpresa fue monumental, le entrego las tapas pintadas en marrón con la cruz roja. Gregorio se queda mirándola, y salta como una exclamación muy expatria. Juanito de donde traes estas tapas, pues me suenan a  Casa de Socorro. Asustado de su exclamación personal, le expliqué su uso. En fin el surtido se fue al taller con la  tapa estilo casco de los soldados de la Cruz Roja.
Fueron tantos los  momentos que acompañé al amigo Ñete a lo largo de la infancia y la Juventud, sobre todo la primera, aun ya en la tercera lo seguíamos haciendo en tertulia en nuestra calle El Calvario; colocación de discos musicales en los bailes de casas particulares, acompañamientos a los estudios en los ensayos del grupo de Teatro La Palestra, en esto tuvimos en percance cuando vendíamos las entradas en el Teatro * Cine del Realejo Bajo, puesto que la Guardia Civil nos bloqueó la taquilla, por qué el grupo tenía en escena una obra teatral prohibida.
Tantas otras como la ocurrida en un Verano en clases de repaso en la Academia Mercantil Atlántida de la calle El Calvario de la Villa, estábamos en clases con doña Estela Quintero Estévez, le paso una nota escrita en secreto, coincidiendo con la entrada del inolvidable profesor de Inglés don Félix Calzadilla Rocío (su primo), el cual nos pide la nota y nos lleva arrestado a un  cuarto interior. Y así tantas que no me caben en el texto o quizá importunen a mis lectores. Pero cuento esta ultima ya muy maduros, me lo llevé al IES La Orotava Manuel González Pérez del Barrio San Antonio, donde un servidor ejercía de docente, para que se hiciera cargo del mantenimiento de las maquinas de escribir, puesto que el amigo Ñete fue un pequeño técnico utillero caprichoso, por llamarlo así, igual te colocaba una lámpara, o una tubería, o te arreglaba un transistor, un móvil, in audífono o una máquina de escribir. En el instituto de San Antonio estuvo hasta que llegaron las nuevas tecnologías, que terminaron con las históricas e inolvidables maquinas de escribir.
En el mundo artístico participó; Rondalla de Pulso y Púa Colegio de San Isidro (Laúd), Parranda “Los Divinos” de Higinio (Laúd), Y Cuadro infantil de don Gustavo Dorta Hernández, como bailador y timplísta.
En el deporte; Baloncesto; Juvenil AA.AA Salesiano, Águila del Valle (Sénior)  y CIR 15 (Hoya Fría). También practicó Balonvolea en el Instituto Técnico Laboral del Puerto de la Cruz.
Sus últimos años, han sido el pernoctar felizmente y humanamente entre reuniones con los amigos de la Avenida Canarias (antigua de José Antonio) de La Villa de La Orotava, los paseos con su amigo íntimo Felipe González Casanova y Domínguez por la isla de Tenerife, las islas y la península, con visitas a Lourdes (Francia) y Fátima (Portugal).
Perteneciendo a grupos carismáticos, en la que perteneció a un grupo musical con timbaletas y demás.
Le estamos agradecidos todos los orotavenses, por su solidaridad, por su presencia entre todos y sobre todo un servidor, que cuando me lo tropezaba pasamos largos tiempos en nuestra querida calle El Calvario tertuliando, el pasado lejano y no muy lejano de tiempos felices.
Ñete amigo, hermano, te fuiste para siempre al mundo eterno de la paz y de la misericordia, un domingo como hoy, festividad del Cristo de la Columna “El Diamante” de San Juan Bautista y El Gran Poder de Dios “El Viejito” de La Peña Francia del Puerto de la Cruz, que te acompañan en el viaje, para que sigas disfrutando de los tuyos, de tu aficiones, además que tu voz se siga oyendo en la emisora eterna de la radioafición.
Gracias amigo, y hermano Ñete por tu amabilidad. Un fuerte abrazo, hasta siempre.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL