domingo, 30 de julio de 2017

COSAS DEL PASADO OROTAVENSE (II)

ESTAMPA I: MEMORIA EN LA CALLE EL CALVARIO (1905)

Una fotografía fijada en el año de 1905 inmortaliza los primeros pasos del siglo XX en la Calle El Calvario de la Villa de La Orotava. En el encuadre se distingue la casona de don Pepe Pérez y doña Aida Pérez, padres de Ana María, Ninina, Chicha y Pepe, flanqueada por sus inconfundibles peldaños de acceso. Al fondo del paisaje urbano emerge sobria la silueta del templo de San Agustín, resto silente del antiguo convento de Nuestra Señora de Gracia.

ESTAMPA II: TIEMPOS DE PENURIA, CORTES Y PLAGAS (1808-1812)

El quinquenio transcurrido entre 1808 y 1812 legó una estela de amargura en la memoria insular. Coincidiendo con los albores del siglo XIX y la Guerra de la Independencia, Tenerife sufría los embates de la escasez mientras en las Islas se avivaba el pulso político entre liberales y conservadores, empañado por la rivalidad entre Gran Canaria y Tenerife por la capitalidad. En lo económico, la ley de Puertos Francos y el auge del cultivo de la cochinilla comenzaban a trazar el rumbo de la economía local.

Entretanto, las Cortes de Cádiz sancionaban en 1812 una Constitución en cuya redacción intervinieron activamente los diputados canarios Ruiz de Padrón, Gordillo, Key Muñoz y Llarena. De aquel debate emanaron decisiones trascendentales: la abolición de los señoríos, el reparto de tierras baldías y el libre acceso de los insulares a los cargos públicos. La controversia mayor brotó con la erección de la provincia única con capital en Santa Cruz de Tenerife, medida que encontró férrea oposición en la representación grancanaria.

Las crónicas del momento dan testimonio de la severidad del periodo, anotando que los cielos enviaron hambre, langostas, epidemias y tumultos. Aunque la peste no llegó a confirmarse plenamente, en 1810 la fiebre amarilla devastó Santa Cruz, cundiendo el pánico por la geografía insular. Entre los caídos figuraron los agresores que, durante las fiestas de Carnaval de aquel año, arrebataron la vida en el Puerto de la Cruz a los ciudadanos franceses Luis B. Bronal y José Bressa; ajusticiados por la enfermedad en el Castillo de Paso Alto antes de encarar el juicio.

La carestía se reflejó en los precios de subsistencia: en 1812, la fanega de trigo alcanzó los catorce pesos y doce reales de plata, subiendo parejos el maíz, los altramuces, las papas y el vino.

       TABLA DE PRECIOS HISTÓRICOS EN TENERIFE (1810-1812)

+------------------------+---------------------------------------+

| Producto               | Precio registrado                     |

+------------------------+---------------------------------------+

| Trigo (fanega)         | De 10 pesos / 10 reales a 14 p / 12 r |

| Cebada (fanega)        | 8 pesos                               |

| Maíz (fanega)          | 13 a 14 pesos                         |

| Papas (fanega)         | 20 pesos                              |

| Carne de vaca / cerdo  | 4 reales libra                        |

| Aceite (cuartillo)     | 1 duro                                |

+------------------------+---------------------------------------+

A la alarma sanitaria sobrevino la plaga de langosta de 1812, que asoló los campos orotavenses en el momento de mayor escasez. Frente a la voracidad de la cigarra, La Orotava organizó brigadas de extinción capitaneadas por los sargentos José Gobea y José de Mora. A las operaciones, iniciadas el 5 de febrero, se sumaron sesenta y cuatro prisioneros franceses alojados en las casas municipales, guiados por un intérprete y bajo la supervisión del jefe de estado mayor, don Laureano de Araux, quien recomendó una gratificación de un real para cada uno por su labor.

ESTAMPA III: ECOS MUNICIPALES EN «LA ASOCIACIÓN» (1868-1873)

Hacia 1869, las páginas del rotativo La Asociación compendiaban el acontecer cotidiano de la Villa. En sus columnas se daba cuenta de la absolución del doctor don Pedro J. Vergara frente a la querella formulada por la sociedad «El Porvenir de las familias», causa que derivó en actuaciones contra la entidad por presunta estafa.

En materia de obras, se reseñaba el fin del empedrado de la calle del Marqués tras subsanarse la reticencia de un propietario, al tiempo que la Alcaldía disponía la inspección de caminos vecinales y tomaderos de agua para prevenir atascamientos en los barrancos, bajo apercibimiento de multas de dos a sesenta reales de vellón. Para el alumbrado de la escuela nocturna impulsada por sectores republicanos, prohombres como el Conde del Palmar, el Marqués de la Florida, don Diego Ponte del Castillo y don Gabriel Pimienta aportaron fondos y suscripciones.

Paralelamente, desembarcaba en la Villa el cirujano dentista don Antonio Tomás Vella, ponderado por curar aflicciones bucales de índole crónica. En el ámbito urbano, los trescientos veinte reales de vellón aportados por don Antonio Lugo y García y don Ignacio F. Llarena, unidos al auxilio de un carro cedido por don Sixto Regalado, permitieron abordar el arreglo del piso de la Alameda, mientras en la plaza de San Francisco se erigía una fuente pública de agua limpia.

 DONANTES PARA LA PROLONGACIÓN DEL MUELLE DEL PUERTO DE LA CRUZ (1868)

---------------------------------------------------------------------

 * Víctor Pérez: 260 reales de vellón

 * Juan Suárez: 230 reales de vellón

 * Lorenzo Cáceres: 100 reales de vellón

 * Augusto Gachon: 100 reales de vellón

 * Juan Nieves y Ascanio: 100 reales de vellón

 * Isidoro María La Luz: 60 reales de vellón

 * Miguel Fernández Montañés: 60 reales de vellón

 * Bernardino Coradini / Francisco Aguilar / José María de Arroyo: 50 r.v. c/u

 * José María Nardony / José Hernández Barrio / Francisco Trujillo: 40 r.v. c/u

 * Belarmino Aguilar / Vicente Díaz / Domingo López / José Gobea: 20 r.v. c/u

---------------------------------------------------------------------

El periodo coincidió con sacudidas políticas mayores. Tras la Revolución de 1868 y la caída de Isabel II, el gobernador civil Camilo Benítez ejerció una mano firme contra los republicanos insulares, hasta su abrupta destitución en 1873 tras proclamarse la I República, siendo despedida su figura en Santa Cruz entre protestas ciudadanas. Le sucedieron en la gestión Miguel Villalba Hervás y José María Pulido, época en que el proyecto de distritación cantonal impulsado bajo la tutela de Nicolás Estévanez no llegó a materializarse.

Con la Restauración de Alfonso XII, don Vicente Clavijo asumió la gobernación, restringiendo la actividad política. Fue asimismo el tiempo de la comandancia del general Weyler, artífice de infraestructuras militares y testigo de la llegada del cable telegráfico a las islas, junto al protagonismo político de don Fernando León y Castillo al frente del Ministerio de Ultramar.

ESTAMPA IV: VELADAS DE ARTE Y SOMBRA TRÁGICA (1902-1913)

La vida cultural del municipio registró una jornada singular el 20 de abril de 1902, cuando el Teatro de La Orotava acogió la función dramático-musical del Colegio de Educación regentado por don Francisco Torréns. El certamen combinó discursos, intervenciones pianísticas y recitales poéticos a cargo del alumnado, concluyendo con las representaciones teatrales de la comedia La Cruz de Plata, de José Nicasio Casal, y el monólogo Tirar la llave, de Juan de Dios Peza.

Siete años más tarde, la crónica negra turbó la tranquilidad de las medianías. El 27 de noviembre de 1909, el periódico Araútapala informaba del crimen perpetrado en el paraje de Bebedero Alto, en Aguamansa. Rosendo Pacheco Gutiérrez, de 26 años, acabó con la vida de su esposa, Casimira Yánez Fariña, de 24 años y gestante de cinco meses. El hallazgo del cadáver en un pajar movilizó a la Guardia Civil e inspecciones judiciales encabezadas por el juez Manuel de la Cueva Donoso y los facultativos Miguel Fernández, Tomás Zerolo y Osmundo Lercaro, cuyos informes detallaron la gravedad de las lesiones infligidas antes de la fuga del agresor.

Años después, la pantalla cinematográfica traería un drama de ficción. El 18 de octubre de 1913, se proyectaba en el teatro villero la película La Peña del mal consejo, producción de tres mil metros de película dividida en cuatro partes. La trama, alabada en la prensa por la pluma de don Antonio Lugo Massieu, narraba el idilio campesino entre la pastora Nina y el joven Toto, roto por las ambiciones del hacendado local tras un fatal accidente. A través de desengaños, agravios y promesas incumplidas, la historia culminaba en el abrupto despeñadero que daba título a la cinta, donde el protagonista consumaba una venganza trágica arrastrando a su antigua prometida al abismo.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


No hay comentarios:

Publicar un comentario