domingo, 30 de julio de 2017

EL CB. INDEPENDIENTE DE LA OROTAVA (V)

MEMORIA Y DESTINO DEL CB INDEPENDIENTE DE LA OROTAVA

La lente del recordado fotógrafo chileno Luis Portero, afincado en la calle El Calvario, inmortalizó una estampa para el recuerdo: el CB Independiente coronándose campeón de la segunda categoría del Baloncesto Zona Norte en la primavera de 1955. En la imagen, los jugadores lucen con orgullo unos chándales negros donados por el ejército gracias a la mediación de su compañero Antonio Hilario, tristemente fallecido tiempo después.

LOS PROTAGONISTAS DE LA FOTOGRAFÍA:

·                De pie (fila superior): Tomás Luis Expósito «El Cojo» (de paisano), Isidro Fuentes Melián, Antonio Hilario, Chago Estévez y Ernesto «El Jarandín» (de paisano).

·                De pie (fila central): Tina Dorta (madrina del club, sosteniendo el trofeo de campeón), flanqueada por el inolvidable presidente y entrenador Pepe Dorta y su hermano José Antonio Dorta.

·                Agachados: Alfonso Dorta, Cristóbal González y Diego Juan Álvarez.

·                Los niños: Fefa Dorta, Chucho Dorta (conocido como «Benahuya») y José Ángel Dorta.

LA GLORIA DE 1955: PISTAS DE TIERRA Y LUZ DE FAROLAS

Aquel torneo de Segunda Categoría Provincial arrancó en enero de 1955 reunió a un nutrido mapa del baloncesto norteño. Junto al potente Independiente compitieron cuatro plantillas villeras más (CB Huracán, CB Calvario, CB Liceo Taoro y CB Juventud Católica), dos del Puerto de la Cruz (CB Santa María y CB Academia Mercantil) y el CB San Fernando de Icod de los Vinos.

Se jugaba sobre el firme irregular de las pistas de tierra de la Plaza de Franchi Alfaro en La Orotava, El Charco en el Puerto de la Cruz y la cancha de la calle Hércules en Icod. Para cumplir con el apretado calendario, que debía concluir en mayo, los partidos se disputaban bajo la tenue iluminación de los miércoles por la noche o bajo el sol del mediodía dominical. El Independiente impuso una superioridad aplastante, cediendo un solo encuentro en tierras icodenses y alzándose merecidamente con el título y el ascenso directo.

EL LABERINTO FEDERATIVO Y EL AMARGO DESENLACE

Pese a haber ganado el derecho a competir en la máxima categoría del baloncesto tinerfeño, una reestructuración de la Federación Tinerfeña de Baloncesto para la campaña 1955-1956 truncó la gesta. Con el pretexto de ajustar fechas, la Federación ideó una liguilla previa eliminatoria dividida en dos grupos (uno de seis equipos y otro de cinco).

El Independiente cayó en el grupo de cinco junto a potencias como el Peña Rambla. Tras una exigente serie de encuentros entre septiembre y diciembre de 1955 —con victorias orotavenses en Franchi Alfaro ante el Juventud Laguna (28-27) y el Cepsa (28-21)—, el equipo quedó en el último lugar del grupo y resultó eliminado.

Como recuerdan los amigos de la infancia Evaristo Fuentes Melián («Espectador») e Isidro Fuentes Melián, participante de aquella gesta, la desaparición del campeonato de Segunda Norte dejó al club sin competición oficial. A partir de 1956, el Independiente limitó su actividad a partidos amistosos en la nueva pista de la ya desaparecida Terraza del Cine Atlante.

LA DIÁSPORA DE UNA GENERACIÓN DORADA

El talento del grupo no pasó desapercibido y la plantilla terminó disgregándose:

·                Isidro Fuentes, Chago Estévez y más tarde Javier Arbelo recalaron en el CB Canarias de La Laguna.

·                Diego Juan Álvarez y el propio Chago Estévez militaron también en el Peña Rambla de Santa Cruz.

·                Deogracias emigró un tiempo a Venezuela.

·                Antonio Hilario se trasladó a la Península para ingresar en la carrera militar.

El baloncesto de competición en la Villa entró en un letargo hasta 1958, cuando el CB San Isidro —surgido del colegio de los Padres Salesianos— tomó el testigo e intentó, sin suerte frente al Peña Rambla, dar el salto a la élite tinerfeña. Queda, sin embargo, el recuerdo imborrable de aquel CB Independiente de 1955: un equipo campeón que mereció volar más alto de lo que los despachos le permitieron.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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