sábado, 29 de julio de 2017

CALLE CALVARIO V

«En la calle del Calvario / faltan tres personas: / María la Sorpuesta, / Rita la Montona, / y le sigue la corriente / Amparo la Reverona…»

LA CALLE DEL CALVARIO EN LOS AÑOS VEINTE

Una magnífica fotografía inmortaliza la calle del Calvario en la Villa de La Orotava durante los años veinte del siglo XX: una de las arterias principales del municipio, puerta de entrada y salida por la que latía el tránsito de la población.

La mirada asciende desde el Llano de San Sebastián —hoy plaza de Franchi Alfaro— en dirección a la ermita del Calvario y la plaza de la Paz, a la altura de la desaparecida ampliación del inmueble que albergó el Hospital de la Santísima Trinidad hasta las postrimerías del siglo XIX.

A la derecha, la arquitectura dibuja un trazado lleno de memoria que arranca en la misma esquina: las casas de Los Jarandines, la familia Dorta, la familia Álvarez y la familia Mesa, seguidas por el arco del antiguo pasaje que conducía al viejo hospital, en cuyo interior se resguardaban varias viviendas. Más adelante se erige la casa de doña Concha Delgado y la emblemática Ferretería de Maestro Francisco, trazada según los proyectos del arquitecto don Mariano Estanga, adquirida tiempo después por la familia Pérez y habitada hoy por sus herederos.

A la izquierda, en primer término, se suceden los hogares que marcaron la vida del barrio: la casa donde vivió Maximino Álvarez —posterior residencia de Ignacio «El Chófer»—, la de los herederos de Martín, la de doña Enriqueta Linares y la morada que corona la esquina con el callejón del Tejar, habitada primero por los Dorta y, más tarde, por don Juan «El Cartero».

Lo más singular de este tramo radica en su vegetación matizada por el tiempo: frondosos árboles flanquean los laterales casi al borde de las aceras. Completan la estampa el canalón de la acera izquierda —diseñado para encauzar las aguas de la lluvia—, los centenarios plátanos de sombra (conservados hoy en el interior de la plaza de Franchi Alfaro) y la elegancia austera en el vestuario cotidiano de sus vecinos.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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