sábado, 27 de julio de 2019

LA GENOVESA PATRONA DEL VALLE DE LA OROTAVA




De mi colección particular (fotografía propia).

Contemplamos una soberbia talla de la Virgen del Carmen, esculpida en los talleres del maestro Anton Maria Maragliano. Llegada desde Génova en 1750 gracias a la Cofradía de Los Realejos, esta imagen es el corazón devocional del barrio de San Agustín y un faro espiritual para todo el Valle de La Orotava.

Su historia es la de una hermosa fraternidad costera. En el siglo XVIII, el Puerto de la Cruz —entonces Puerto de La Orotava— era la única ventana al mar de la zona. Compartir el mismo muelle unió de forma natural a los marinos portuenses con los vecinos de Los Realejos. Nació así la tradición de que los hombres del mar subieran a la Villa vecina para portar sobre sus hombros a la Reina del Carmen en la solemnidad de su Octava.

Esta herencia superó cualquier frontera administrativa. Cuando en 1921 el párroco de la Peña de Francia, don Antolín Fernández, instauró la célebre procesión marítima en el Puerto para que los marineros celebraran a la Virgen en su propio hogar, el viejo cordón umbilical no se rompió. Lejos de extinguirse, la tradición de viajar a Los Realejos a vitorear a su Madre continuó intacta, consolidando el origen de una de las advocaciones marineras más singulares, emotivas y profundas de nuestras islas.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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