Julio
de 1954 marcó un hito con el primer embarque marítimo de la actual Virgen del
Carmen del Puerto de la Cruz. A su llegada, el fervor popular la vistió con su
manto carmelita, le asignó un trono procesional y la calzó con aquellos
zapatitos blancos, ofrenda de los entrañables "ranilleros" de honor.
La
bellísima talla es fruto del talento de Ángel Acosta Martín, escultor portuense
afincado en Tortosa, quien la donó generosamente a su pueblo natal en 1954,
durante la alcaldía de don Isidoro Luz. El arraigo de don Ángel con su tierra
culminaría años después al ser nombrado Hijo Predilecto de la ciudad, bajo el
mandato de don Salvador García Llanos y a iniciativa de una comisión vecinal.
Alrededor
de la magia de este embarque flotan historias imborrables. Mi amiga Laura
González Hernández rescataba del baúl de los recuerdos una entrañable vivencia
del 24 de julio de 2013: “Al hablar del 'Cantador de la Villa' evoco a
Venancio Suárez, hermano menor de mi abuela Carmen. No faltaba nunca al
embarque de la Virgen. Un día, las bromas marineras hicieron que cayera de la
barca en pleno canto, provocando las risas de los ranilleros, que le decían con
guasa: '¡Canta ahora, cantador de la Villa!'. Un tierno recuerdo que heredé de
mi madre”.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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