Fotografía tomada en la plaza de Franchi Alfaro de la Villa de La
Orotava, al mediado de los años cincuenta del siglo XX. De izquierda a derecha
observamos a los entonces taxistas: Sebastián Sánchez Rodríguez, Francisco
Linares Delgado, Silvestre Suarez González, Juan Gómez……
A sus espaldas, la famosa Cruz del Ahorcado, que aún se conserva en la
calle García Beltrán.
LOS TAXISTAS DE LA VILLA DE LA OROTAVA Y SU DEVOCIÓN
POR LOS MAYORES
Silvestre Suárez Hernández, conocido como
"Junio"
y descendiente del mítico taxista de la Villa de La Orotava, Don Silvestre Suárez González, me
persuadió el 3 de septiembre de 2012 para que escribiese sobre los taxistas
orotavenses de antaño. Me explicó que ellos, junto a los de Santa Cruz y La
Laguna, fueron pioneros en honrar y reverenciar a los ancianos que residían en
los entonces asilos de Tenerife.
Una
fecha clave en esta historia coincide con la conmemoración de 1993, celebrada
en la Villa y Puerto de Garachico. Este enclave histórico de la Isla Baja se
sitúa entre el mutismo del mar y el bullicio de las rocas del viejo caletón,
marcado por la lava del volcán que sepultó la capital de la antigua
circunscripción de Daute en el siglo XVIII. Allí organizaron los festejos en
honor a su patrón, San Cristóbal, como un homenaje a nuestros antepasores
acogidos en el Asilo de la Caridad.
Silvestre
Suárez Hernández me facilitó fotografías de estos homenajes de la década de
1950, así como el menú de un almuerzo celebrado en La Orotava en el verano de
1953. Este banquete en honor a los mayores tuvo lugar en la placeta de Franchi
Alfaro, bajo la sombra de los majestuosos laureles de Indias. El menú estuvo
compuesto por jamón york con ensaladilla, empanada gallega, pollo dorado al
horno a la jerezana y, de postre, frutas naturales y dulces.
EL ORIGEN HISTÓRICO DE LOS ASILOS DE LA CARIDAD
Para
contextualizar estos acontecimientos, es útil revisar el origen de los asilos.
El término "asilo" describe a las casas de beneficencia destinadas a
albergar a huérfanos, ancianos, indigentes o enfermos que no pueden ser
atendidos en sus hogares.
Históricamente,
su origen se atribuye a la caridad de Luisa Scheppler (asociada al pastor
Jean-Frédéric Oberlin en la región de los Vosgos), quien cuidaba a niños
abandonados mientras hilaba, fundando así la primera "sala de asilo".
Más tarde, el célebre Robert Owen, fundador de las cooperativas obreras,
instituyó un asilo para los hijos de sus trabajadores en los talleres de New
Lanark (Escocia). Gracias al influjo de figuras como Lord Brougham, Lord
Macaulay y Lord Lansdowne, la idea se propagó por los núcleos obreros de
Inglaterra.
En
Francia, la iniciativa fue impulsada por Madame Mallet en París, y secundada
por Jean-Baptiste Cochin, quien levantó un asilo modelo reconocido por la ley
de 1836. En España, el rey Amadeo I fundó en Madrid un asilo para los hijos de
las lavanderas a orillas del Manzanares. Por lo general, estas instituciones se
distribuían por distritos en las grandes ciudades, contando con baños, lavabos,
retretes y estufas de desinfección, diseñadas para convertirse en hospitales si
fuera necesario. En países como Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, su
administración oficial se confiaba a juntas autónomas para aprovechar la
iniciativa privada.
LAS FIESTAS DE TACORONTE Y LOS PROGRAMAS DE ANTAÑO
Tras
repasar este itinerario histórico, regreso al legado de los taxistas de la
Villa. Revisando el apéndice de un menú inédito de un festejo celebrado en
Tacoronte —delicadamente conservado en un papel amarillento por el paso del
tiempo—, se detalla un agasajo en honor a los mayores. Aunque no tiene fecha
exacta, parece corresponder a finales de la década de 1950.
El
programa describe que, antes del almuerzo, los taxistas de la capital y La
Laguna, con la colaboración de los de La Orotava, organizaban actividades como
carreras de sacos, la actuación de Arroyito y sus muchachos, concursos
de poesía y punto cubano, el Cuarteto Los Chicos del 27, Carlos y su
Filarmónica y la Piñata de San Cristóbal.
A
la una de la tarde, en la plaza del Cristo de Tacoronte, se servía el almuerzo
ante las primeras autoridades y jerarquías. El acto estaba amenizado por la
Banda de Música de la ciudad y los equipos de sonido de Altavoces Toste
y Sony-Radio. Al terminar la comida, se desarrollaba un festival
artístico-musical con un extenso elenco:
·
Perfecto
Camacho (rapsoda)
·
Mary
Fariña ("La Voz de España")
·
Mercy
Marrero (canciones canarias)
·
Irene
Rodríguez (melodías)
·
Juanita
Rosa (vocalista)
·
Anita
Nolasco ("Simpatía y Arte")
·
Pepito
Benavente ("La Voz de Oro")
·
Charito
Galindo ("La Muñeca que Canta")
·
Silvia
Expósito (maquilladora/estilista)
·
Cecilio
Pérez (saxo)
·
Julián
Mena (batería)
·
Esperanza
Gil ("La Voz de Andalucía")
Durante
el evento, el Gobernador Civil de la provincia imponía la Cruz de Caballero de
la Orden de Cisneros a Don Félix Álvaro Acuña Dorta, presidente del Sindicato
de Taxistas. También se entregaba una placa conmemorativa a la dirección de la
casa "AUSTIN" por la última entrega de licencias de auto-taxis. Tras
el reparto de premios, la caravana regresaba a la capital para obsequiar a los
ancianos con una cena en sus respectivos asilos.
La
organización era milimétrica. El orden de la caravana de regreso estaba
estipulado así: Policía de Tráfico, coche guía, altavoces Toste, coche de la
Comisión, Agrupación Folklórica, coches de los ancianos, altavoces Sony-Radio,
ambulancia, coche taller y grúa.
El
viaje de ida recorría: Asilo, Puente Zurita, General Mola, Rambla Pulido,
Imeldo Serís, Bravo Murillo, Plaza de España, Avenida de Anaga, Rambla del
General Franco, General Mola y la Carretera General de La Laguna. En La Laguna
continuaba por la Avenida de la Universidad, Heraclio Sánchez, General Franco,
Plaza de San Cristóbal, Santo Domingo, Plaza del Adelantado, Nava y Grimón,
Plaza del Cristo, Avenida Primo de Rivera (control de paso), Carretera de Las
Mercedes, Carretera de Tejina, Tegueste, Plaza de Tejina, Valle de Guerra y
entrada a la Plaza de Tacoronte. El retorno se realizaba en sentido inverso por
las vías principales hasta regresar al Asilo.
EL RELEVO DE LA PEÑA "EL CASCO" Y EL REGRESO
A LA TRADICIÓN
En
las décadas de 1960, 1970, 1980 y 1990, la inolvidable y ya desaparecida peña
carnavalera "El Casco" de La
Orotava asumió la organización de los festivales para los ancianos del
asilo villero. Se hicieron cargo del evento a finales de los sesenta, cuando
los taxistas de La Orotava dejaron de convocarlo debido a desavenencias
internas. Hasta ese momento, los profesionales de la Villa lo celebraban de
forma independiente respecto a sus homólogos de Santa Cruz y La Laguna. En esta
etapa independiente, los taxistas villeros Cristóbal González, Juan Gómez y Norberto Yánez destacaron como
flamantes organizadores, llegando incluso a invitar a los compañeros de la
vecina ciudad turística del Puerto de la Cruz.
Con
el tiempo, los taxistas de la Villa recuperaron la hermosa tradición de
organizar estos homenajes. Volvieron a volcarse con los ancianos de los
hospitales de La Orotava, Puerto de la Cruz, Icod y Garachico, tal y como
hacían sus antecesores. El primer año de esta nueva etapa se celebró en los
históricos jardines del Hospital de Garachico.
En
estos festejos es imprescindible destacar la labor de un cocinero ejemplar: Sixto Bautista Sacramento. Este
profesional de la cocina, orotavense afincado en Las Palmas de Gran Canaria, se
desplaza cada año a la Villa para encargarse altruistamente de preparar los
sabrosos platos para nuestros mayores. Sixto se formó en el conocido
restaurante orotavense "Tapia" y continuó ejerciendo con éxito su
profesión en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.
BRUNO JUAN
ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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