miércoles, 12 de julio de 2017

HOMENAJE A LA VEJEZ DE ANTAÑO


Fotografía tomada en la plaza de Franchi Alfaro de la Villa de La Orotava, al mediado de los años cincuenta del siglo XX. De izquierda a derecha observamos a los entonces taxistas: Sebastián Sánchez Rodríguez, Francisco Linares Delgado, Silvestre Suarez González, Juan Gómez……

A sus espaldas, la famosa Cruz del Ahorcado, que aún se conserva en la calle García Beltrán.

 

LOS TAXISTAS DE LA VILLA DE LA OROTAVA Y SU DEVOCIÓN POR LOS MAYORES

Silvestre Suárez Hernández, conocido como "Junio" y descendiente del mítico taxista de la Villa de La Orotava, Don Silvestre Suárez González, me persuadió el 3 de septiembre de 2012 para que escribiese sobre los taxistas orotavenses de antaño. Me explicó que ellos, junto a los de Santa Cruz y La Laguna, fueron pioneros en honrar y reverenciar a los ancianos que residían en los entonces asilos de Tenerife.

Una fecha clave en esta historia coincide con la conmemoración de 1993, celebrada en la Villa y Puerto de Garachico. Este enclave histórico de la Isla Baja se sitúa entre el mutismo del mar y el bullicio de las rocas del viejo caletón, marcado por la lava del volcán que sepultó la capital de la antigua circunscripción de Daute en el siglo XVIII. Allí organizaron los festejos en honor a su patrón, San Cristóbal, como un homenaje a nuestros antepasores acogidos en el Asilo de la Caridad.

Silvestre Suárez Hernández me facilitó fotografías de estos homenajes de la década de 1950, así como el menú de un almuerzo celebrado en La Orotava en el verano de 1953. Este banquete en honor a los mayores tuvo lugar en la placeta de Franchi Alfaro, bajo la sombra de los majestuosos laureles de Indias. El menú estuvo compuesto por jamón york con ensaladilla, empanada gallega, pollo dorado al horno a la jerezana y, de postre, frutas naturales y dulces.

EL ORIGEN HISTÓRICO DE LOS ASILOS DE LA CARIDAD

Para contextualizar estos acontecimientos, es útil revisar el origen de los asilos. El término "asilo" describe a las casas de beneficencia destinadas a albergar a huérfanos, ancianos, indigentes o enfermos que no pueden ser atendidos en sus hogares.

Históricamente, su origen se atribuye a la caridad de Luisa Scheppler (asociada al pastor Jean-Frédéric Oberlin en la región de los Vosgos), quien cuidaba a niños abandonados mientras hilaba, fundando así la primera "sala de asilo". Más tarde, el célebre Robert Owen, fundador de las cooperativas obreras, instituyó un asilo para los hijos de sus trabajadores en los talleres de New Lanark (Escocia). Gracias al influjo de figuras como Lord Brougham, Lord Macaulay y Lord Lansdowne, la idea se propagó por los núcleos obreros de Inglaterra.

En Francia, la iniciativa fue impulsada por Madame Mallet en París, y secundada por Jean-Baptiste Cochin, quien levantó un asilo modelo reconocido por la ley de 1836. En España, el rey Amadeo I fundó en Madrid un asilo para los hijos de las lavanderas a orillas del Manzanares. Por lo general, estas instituciones se distribuían por distritos en las grandes ciudades, contando con baños, lavabos, retretes y estufas de desinfección, diseñadas para convertirse en hospitales si fuera necesario. En países como Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, su administración oficial se confiaba a juntas autónomas para aprovechar la iniciativa privada.

LAS FIESTAS DE TACORONTE Y LOS PROGRAMAS DE ANTAÑO

Tras repasar este itinerario histórico, regreso al legado de los taxistas de la Villa. Revisando el apéndice de un menú inédito de un festejo celebrado en Tacoronte —delicadamente conservado en un papel amarillento por el paso del tiempo—, se detalla un agasajo en honor a los mayores. Aunque no tiene fecha exacta, parece corresponder a finales de la década de 1950.

El programa describe que, antes del almuerzo, los taxistas de la capital y La Laguna, con la colaboración de los de La Orotava, organizaban actividades como carreras de sacos, la actuación de Arroyito y sus muchachos, concursos de poesía y punto cubano, el Cuarteto Los Chicos del 27, Carlos y su Filarmónica y la Piñata de San Cristóbal.

A la una de la tarde, en la plaza del Cristo de Tacoronte, se servía el almuerzo ante las primeras autoridades y jerarquías. El acto estaba amenizado por la Banda de Música de la ciudad y los equipos de sonido de Altavoces Toste y Sony-Radio. Al terminar la comida, se desarrollaba un festival artístico-musical con un extenso elenco:

·                Perfecto Camacho (rapsoda)

·                Mary Fariña ("La Voz de España")

·                Mercy Marrero (canciones canarias)

·                Irene Rodríguez (melodías)

·                Juanita Rosa (vocalista)

·                Anita Nolasco ("Simpatía y Arte")

·                Pepito Benavente ("La Voz de Oro")

·                Charito Galindo ("La Muñeca que Canta")

·                Silvia Expósito (maquilladora/estilista)

·                Cecilio Pérez (saxo)

·                Julián Mena (batería)

·                Esperanza Gil ("La Voz de Andalucía")

Durante el evento, el Gobernador Civil de la provincia imponía la Cruz de Caballero de la Orden de Cisneros a Don Félix Álvaro Acuña Dorta, presidente del Sindicato de Taxistas. También se entregaba una placa conmemorativa a la dirección de la casa "AUSTIN" por la última entrega de licencias de auto-taxis. Tras el reparto de premios, la caravana regresaba a la capital para obsequiar a los ancianos con una cena en sus respectivos asilos.

La organización era milimétrica. El orden de la caravana de regreso estaba estipulado así: Policía de Tráfico, coche guía, altavoces Toste, coche de la Comisión, Agrupación Folklórica, coches de los ancianos, altavoces Sony-Radio, ambulancia, coche taller y grúa.

El viaje de ida recorría: Asilo, Puente Zurita, General Mola, Rambla Pulido, Imeldo Serís, Bravo Murillo, Plaza de España, Avenida de Anaga, Rambla del General Franco, General Mola y la Carretera General de La Laguna. En La Laguna continuaba por la Avenida de la Universidad, Heraclio Sánchez, General Franco, Plaza de San Cristóbal, Santo Domingo, Plaza del Adelantado, Nava y Grimón, Plaza del Cristo, Avenida Primo de Rivera (control de paso), Carretera de Las Mercedes, Carretera de Tejina, Tegueste, Plaza de Tejina, Valle de Guerra y entrada a la Plaza de Tacoronte. El retorno se realizaba en sentido inverso por las vías principales hasta regresar al Asilo.

EL RELEVO DE LA PEÑA "EL CASCO" Y EL REGRESO A LA TRADICIÓN

En las décadas de 1960, 1970, 1980 y 1990, la inolvidable y ya desaparecida peña carnavalera "El Casco" de La Orotava asumió la organización de los festivales para los ancianos del asilo villero. Se hicieron cargo del evento a finales de los sesenta, cuando los taxistas de La Orotava dejaron de convocarlo debido a desavenencias internas. Hasta ese momento, los profesionales de la Villa lo celebraban de forma independiente respecto a sus homólogos de Santa Cruz y La Laguna. En esta etapa independiente, los taxistas villeros Cristóbal González, Juan Gómez y Norberto Yánez destacaron como flamantes organizadores, llegando incluso a invitar a los compañeros de la vecina ciudad turística del Puerto de la Cruz.

Con el tiempo, los taxistas de la Villa recuperaron la hermosa tradición de organizar estos homenajes. Volvieron a volcarse con los ancianos de los hospitales de La Orotava, Puerto de la Cruz, Icod y Garachico, tal y como hacían sus antecesores. El primer año de esta nueva etapa se celebró en los históricos jardines del Hospital de Garachico.

En estos festejos es imprescindible destacar la labor de un cocinero ejemplar: Sixto Bautista Sacramento. Este profesional de la cocina, orotavense afincado en Las Palmas de Gran Canaria, se desplaza cada año a la Villa para encargarse altruistamente de preparar los sabrosos platos para nuestros mayores. Sixto se formó en el conocido restaurante orotavense "Tapia" y continuó ejerciendo con éxito su profesión en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


No hay comentarios:

Publicar un comentario