EL ECO INCLINADO DE LA CRUZ CHICA
Hubo
un tiempo en que el fútbol no se medía con tiralíneas ni céspedes perfectos,
sino con el ingenio y la bravura de quienes lo habitaban. Corría el final de
los sesenta en la Villa de La Orotava cuando el balón rodaba por el icónico
Campo de Fútbol de la Cruz Chica, rebautizado en el argot popular como
"Suprema". Aquel rectángulo de juego desafiaba las leyes de la
geometría con un desnivel asombroso: una pendiente casi mítica que dictaba la
suerte de los partidos. Decían los que allí sudaron la camiseta que el equipo
alineado en la parte alta gozaba del privilegio de la gravedad para llegar
antes al esférico, aunque pagara el precio de terminar el encuentro con el
cansancio acumulado de la subida.
Aquel
paisaje de barro, esfuerzo y épica humilde quedó congelado en el tiempo gracias
a una fotografía rescatada del olvido en septiembre de 2019. El remitente no
podía ser otro que «Pololo», guardameta potente y entusiasta del U.D. Orotava,
un amigo de la infancia de la Villa que custodió ese fragmento de historia
local.
La
imagen evoca la intensidad de un derbi de Segunda Regional entre el U.D.
Orotava y el Suprema. En el primer plano de la estampa emerge la figura
imponente de Pololo, guardián de los tres palos; custodiándole las espaldas, se
distingue a Juanito «El Carajito», mientras que a su derecha, recortada de
espaldas contra el horizonte del norte tinerfeño, se adivina la silueta de Goyo
«El Macuto». Una instantánea que no solo retrata a tres futbolistas, sino a una
época entera donde el fútbol se jugaba con el corazón, incluso cuesta arriba.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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